Entrevista a Richard Louv, autor de “Last Child in the Woods” (El último niño en los bosques)

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Los niños de la sociedad actual viven una “infancia desnaturalizada”, escribe Richard Louv en su libro Last Child in the Woods (El último niño en los bosques). Según el autor, nuestros niños están cada vez más desconectados del mundo natural y pasan más tiempo encerrados que al aire libre.

Según Louv, el reemplazo de praderas, bosques y pantanos por manipulados céspedes, campos de golf y urbanizaciones ha apartado a los niños del mundo natural, creando situaciones tan inverosímiles como la que explica un estudio realizado en Inglaterra en 2002, el cual reflejaba que los niños de 8 años podían identificar más fácilmente a los personajes de Pokemon que, por ejemplo, a un escarabajo, una nutria o un álamo.

Por otro lado, lo que el autor llama la “afección del déficit natural” está provocando en nuestros niños el ADD-Attention Deficit Disorder (problema de atención) y aumentos de obesidad y depresión. La cifra de prescripción de antidepresivos en niños se ha doblado en los últimos cinco años y estudios recientes demuestran que el uso excesivo de ordenadores acaba provocando un problema de desarrollo cerebral.

Louv nos muestra,  a través de numerosos ejemplos prácticos, cómo la exposición directa a la naturaleza es esencial para un desarrollo saludable de la infancia –físico, emocional y espiritual-. Según el autor, la educación basada en el medio ambiente mejora considerablemente el rendimiento escolar, estimula la creatividad y proporciona una mayor habilidad en la resolución de conflictos, pensamiento crítico y toma de decisiones.

Sin embargo, afirma, en la sociedad actual, ordenadores, televisión y videojuegos acaparan el tiempo libre de nuestros niños. También el miedo de los padres a accidentes de toda índole, la obsesión por estructurar los horarios, la creciente imposición de deberes escolares y la falta de medios para acceder a los espacios naturales dificultan la relación de los niños con el medio ambiente.

En Last Child in the Woods, el autor habla con padres, niños, maestros, científicos, líderes religiosos, investigadores del desarrollo infantil y medioambientólogos quienes reconocen la amenaza y ofrecen soluciones. Louv nos muestra un futuro alternativo en el que los padres ayudan a sus hijos a experimentar con el mundo natural de una manera más profunda, encontrando en el proceso la dicha de la conexión familiar.

Last Child in the Woods se ha convertido en un bestseller en Estados Unidos, ha provocado una conversación a nivel nacional sobre la desconexión de los niños con la Naturaleza y ha dado lugar a movimientos y plataformas como “Children&Nature” o “No Child Left Inside”, cuya tarea consiste en recuperar los escenarios al aire libre como lugares insustituibles para los juegos y el aprendizaje.

En Inspira consideramos que Richard Louv, con su libro, ha iniciado un debate imprescindible para el futuro de nuestros niños. Por ese motivo, nos hemos puesto en contacto con él para que nos explique cómo surgió la idea de escribir este libro, cuáles son las consecuencias de la falta de contacto con la Naturaleza en los niños y qué repercusión ha tenido su trabajo.

¿Cómo le vino la idea de escribir “Last Child in the woods”?

Mientras estaba investigando para otro libro, entrevisté a casi 3.000 niños y padres por todo Estados Unidos, en zonas urbanas, suburbanas y rurales. En las aulas y en los hogares familiares, el tema de las relaciones de los niños con la naturaleza salía a colación en algunas ocasiones. No tuve más remedio que darme cuenta de la división en aumento existente entre los jóvenes y el mundo natural, y las implicaciones sociales, espirituales, psicológicas y medioambientales de este cambio.

¿Cómo fue el proceso de escritura del libro? ¿Estuvo en contacto con organizaciones que promoviesen la necesidad de los niños de estar en contacto con la naturaleza?

Descubrí rápidamente que había individuos y organizaciones que ayudan a introducir a los niños en la naturaleza, sin embargo en su mayoría estaban trabajando tranquilamente, en su propia región, y normalmente no podían compartir su conocimiento con un público más amplio. Hubo también investigación científica para corroborar la necesidad de estos esfuerzos aunque no la suficiente, y no se expandió en términos generales. Bajo mi punto de vista, necesitábamos explicar lo mala que era la situación, y ofrecer soluciones, para conseguir la atención de gente que pudiese provocar a un cambio social. Me alegra decir que, desde la publicación del libro, organizaciones, políticos, familias e individuos se han reunido por todo Estados Unidos para intentar darle la vuelta al déficit de naturaleza.

¿Qué déficits básicos de los niños consideraría como los más importantes para aquellas personas que no están en contacto con la naturaleza?

Esa podría ser una larga lista aunque sería importante incluir a la salud, el aprendizaje y la autoestima personal. Los niños que entran en contacto con el juego de la naturaleza están más sanos, consiguen mejores resultados en la escuela y probablemente son más felices que sus compañeros, que vuelven a casa de la escuela y miran a una pantalla en vez de experimentar con lo que está de puertas para afuera. Por ejemplo, unos fascinantes estudios recientes realizados por el Laboratorio de Investigación Humana-Medioambiental de la Universidad de Illinois muestran que el contacto directo con la naturaleza puede aliviar los trastornos de déficit de atención. En comparación, las actividades de interior, tales como ver la televisión, o actividades en el exterior en áreas pavimentadas y no verdes, hacen que estos niños funcionen peor. Investigaciones recientes sugieren que la exposición a la naturaleza puede mejorar todas las habilidades cognitivas de los niños y la resistencia al estrés y a la depresión – más de 100 estudios revelan que uno de los beneficios principales de pasar tiempo en la naturaleza es la reducción de estrés. Los psicólogos medioambientales informaron en 2003 que simplemente el hecho de tener una habitación con vistas a la naturaleza puede ayudar a proteger a los niños contra el estrés, y que el impacto protector de la naturaleza cercana es lo más beneficio para los niños más vulnerables – aquellos que sufren los niveles más altos de vida estresada. Otros estudios indican que la naturaleza puede ser una terapia potente para enfermedades como la obesidad y la depresión. Además, las pruebas sugieren que la creatividad se estimula con las experiencias infantiles en la naturaleza. Se pueden encontrar links a estudios en la página web de Children and Nature Network (Red de Niños y Naturaleza): www.childrenandnature.org.

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¿Cuáles consideraría que son para los niños los beneficios básicos más importantes al estar viviendo en contacto con la naturaleza?

En primer lugar, que forman parte de un mundo más grande. Pasar tiempo en la naturaleza puede ayudar a los niños a aprender a tener confianza en ellos mismos; los niños hiperactivos pueden volverse más calmados, más capaces de centrarse en algo. Los estudios de creatividad muestran que los niños que juegan en zonas de recreo naturales son mucho más propensos a inventar sus propios juegos y mucho más propensos a jugar de forma cooperativa. Los niños que tienen experiencia jugando en la naturaleza también consiguen mejores notas en Ciencias. Hemos aprendido que los niños que se desarrollan como líderes en zonas de recreo planas y de superficie dura tienden a ser los más fuertes, mientras que los líderes que se desarrollan jugando en zonas naturales suelen ser los más listos. No tiene ningún sentido contener la necesidad innata de un niño de jugar y, a través de ese juego, desarrollar diversas habilidades mentales y físicas. Jugar en la naturaleza no es obviamente una cura para todo, pero es una gran ayuda, especialmente para los niños que están acuciados por circunstancias que van más allá de su control. El gran valor de los programas al aire libre es su enfoque en los elementos que siempre han unido a la humanidad: la lluvia conductora, el fuerte viento, el sol caliente, el profundo y oscuro bosque, la piedra – y el temor y el asombro que inspira nuestra Tierra, especialmente durante los años formativos del niño. El contacto con la naturaleza les permite a los niños ver que son parte de un mundo mayor que les considera parte de él.

Sabemos que el “Last Child in the Woods” ha tenido un importante éxito de publicación en Estados Unidos; ¿será traducido pronto al español?

El libro está ahora en ocho lenguas. Me encantaría que el libro estuviera disponible en español y he tenido muchas solicitudes para ello. Quizás su artículo provocará un mayor interés entre las editoriales de libros en español.

Su libro ha inspirado diferentes movilizaciones que reconectan al niño con la naturaleza, tales como Children and Nature Network, http://www.childrenandnature.org, ¿está en contacto con ellas?

Diariamente. Soy el cofundador y presidente de la organización sin ánimo de lucro Children and Nature Network y trabajamos muy duro para animar y apoyar a las personas y organizaciones que están trabajando para volver a comunicar a los niños con la naturaleza. C&NN tiene disponibles las últimas noticias e investigaciones en el campo y se ha convertido en una red de igual a igual para investigadores, individuos y organizaciones dedicadas al bienestar de los niños. Le recomiendo que eche un vistazo. Únase a nosotros.

Fuente:  Inspira, información sobre salud infantil y medio ambiente

“Los niños corren más peligro en casa que en la naturaleza” Heike Freire, autora del libro “Educar en verde”

Barcelona. Entrevist

Niños encerrados en casa, en guarderías, en colegios sin nada verde. El resultado: niños sobreprotegidos que no saben enfrentarse a los peligros, con peor salud y más estrés, obesidad, depresión o hiperactividad. Así lo señala Heike Freire, autora del libro Educar en verde (Ve y compra en Amazon)Esta psicóloga y filósofa defiende que los niños necesitan un poco de “salvajismo” diario, mancharse las manos con barro o subirse a un árbol, y apela a los padres para que apoyen la tendencia innata de sus hijos por lo natural, incluso al lado de casa: oír los pájaros, ver las flores, investigar, observar. “Los niños y la naturaleza se necesitan mutuamente“, asegura Freire.

En su libro asegura que los niños, como el resto de la sociedad, viven de espaldas a la naturaleza.

Hemos creado a los niños un mundo artificial, abstracto”

Les hemos creado un mundo artificial, abstracto. En el colegio, las flores, los animales, son de plástico. Para mi, educar en verde es recuperar la conexión real con la naturaleza y asumir que la naturaleza también necesita a los niños. Presentar como ejemplo de educación ambiental a niños frente al ordenador con temas de naturaleza es equivocado.

¿La tecnología es mala?

Sirve para muchas cosas, pero no para acceder a lo esencial. Los niños necesitan contacto directo, el olor de una flor, el tacto de una oveja, etc. Después pueden utilizar Internet para ampliar la información o para conocer otros mundos. Pero su primer contacto no puede ser mediante un ordenador.

¿Qué se puede hacer?

Cuando se les pregunta a los niños cómo mejorarían su ciudad, piden espacios verdes”

En el colegio, en la familia y en la ciudad se pueden hacer todos los días muchas pequeñas cosas para que los niños tengan ese contacto real con las cosas. No es necesario ir a un gran espacio natural. Además, hoy en día casi todo es ciudad. Por ello, como comenta una urbanista americana, tenemos que reinyectar naturaleza en la ciudad. Cuando se les pregunta a los niños cómo mejorarían su ciudad, piden espacios verdes.

¿Qué ventajas tiene “educar en verde”?

Muchos de los problemas de la infancia hoy en día, como el estrés, la obesidad, la depresión o la hiperactividad, se pueden achacar a esa falta de contacto con la naturaleza. Numerosos estudios señalan que los niños que pasan más tiempo al aire libre:

  • Tienen mejor salud y caen menos enfermos que quienes van a guarderías cerradas.
  • Desarrollan más sus habilidades motoras, algo básico para otros desarrollos mentales, cognitivos, del lenguaje, etc.
  • Sufren menos problemas de acoso escolar, bullying o conflictividad cuando están en espacios abiertos, aunque no tienen por qué ser verdes.
  • Desarrollan más su capacidad de concentración. Se ha visto que ayuda a niños con problemas de TDAH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad). Muchos de los problemas de atención de los niños se deben a que están hiper estimulados. Tienen juguetes de colores, luces, sonidos estridentes, mientras que la naturaleza es más suave. Por eso también invitaría a un consumo responsable. No les llenemos de cosas a los niños

¿Los niños de ahora tienen una menor conciencia ecológica?

Muchos de los problemas de la infancia hoy en día se pueden achacar a la falta de contacto con la naturaleza”

Los niños desde pequeños tienen una atracción innata hacia la naturaleza. Pero necesitan un poco de “salvajismo”, mancharse las manos con barro, subirse a un árbol, etc., y lo están perdiendo, aunque en cuanto se lo ofreces, lo disfrutan.

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¿No es contradictorio inculcar el respeto a la naturaleza y que los niños sean “salvajes” en ella?

La naturaleza hay que cuidarla, es verdad, pero al transmitirlo a los niños podemos cortarles esa relación con ella. Mucha de la gente comprometida en la defensa de la naturaleza ha tenido en su niñez un contacto íntimo con ella. El periodista ambiental Carlos de Prada ha reconocido que de pequeño “mató muchos pájaros”.

Sin embargo, lo más escuchado en un parque es “no te manches, no toques, no rompas, no hagas…”

Los niños superprotegidos se enfrentan peor a los peligros”

Vivimos en un mundo donde todo tiene que ser perfecto, limpio. Parece que la naturaleza es suciedad, desorden. Pero nos da la vida y nos enterramos vivos en espacios excesivamente limpios. Estudios sobre desarrollo infantil señalan que los niños en casa corren tanto o más peligro que fuera. Los niños superprotegidos se enfrentan peor a los peligros. La infancia es la época de la vida más peligrosa. Si no se exponen a riesgos y no aprenden a evaluarlos y a asumirlos, en realidad, les desprotegemos.

Pero la naturaleza también puede ser letal.

No digo que haya que dejarles a su suerte. Hay que trabajar con ellos el “análisis riesgo-beneficio”: animarles a que observen, a que vean los riesgos y qué beneficios pueden sacar si los asumen y cómo se pueden proteger. La vida implica riesgos.

¿Qué principales consejos les daría a los padres?

En vez de regalarles un cervatillo de peluche, hay que llevarles a que vean uno de verdad”

Que acompañen y apoyen la tendencia de los niños hacia el mundo natural. En vez de regalarles un cervatillo de peluche, llevarles a que vean uno de verdad. Y que ese contacto sea diario, aunque sea en el parque de al lado, acompañarles y que disfruten de estar en el verde, oír los pájaros, ver las flores, investigar, observar.

¿Qué opina de las áreas de juegos infantil?

No tienen nada de naturaleza. Ya en los años veinte un arquitecto danés contaba que los niños jugaban fuera de los parques que él diseñaba. Les lleva a un rol pasivo, no se les deja interactuar, construir, etc. Richard Louv, autor de “El último niño en los bosques”, el libro en el que me he inspirado, señala la contradicción de que somos responsables de la destrucción de muchas cosas naturales y la desaparición de tantas especies, y cuando un niño rompe el tallo de una planta en un parque, armamos un escándalo.

¿Se pueden hacer actividades “verdes” en las ciudades?

En los parques infantiles se les lleva a un rol pasivo, no se les deja interactuar, construir, etc.”

En vez de esos parques, se podría hacer lo que los anglosajones llaman “adventure playgrounds”, áreas donde los niños pueden investigar, crear, tocar, construir cosas en el mundo natural. Las familias pueden hacer muchas actividades para que los niños tomen conciencia de la naturaleza en torno a su hogar, incluso en una ciudad, los árboles, las pequeñas plantitas. Se puede favorecer que apadrinen árboles. Los huertos urbanos pueden servir para que vean cómo crecen las plantas, cómo se puede reciclar, para que jueguen con barro, con plantas, con los elementos, que construyan, etc. En las comunidades de vecinos, las azoteas se pueden transformar en huertos. Además, los niños necesitan contacto con personas y niños de otras edades. Hay que recuperar los lazos comunitarios, vecinales.

Los colegios tienen programas educativos ambientales como la Agenda 21 escolar. ¿Son suficientes?

No. Hay muchísimo que hacer. La educación ambiental no es una prioridad. Estamos dos pasos más atrás de lo que defiendo en el libro. Se imparten contenidos abstractos y, además, la mayor parte no están bien tratados, según un estudio de Ecologistas en Acción, que apunta a España como uno de los países más atrasados en este sentido.

¿Qué se podría hacer?

En el colegio se imparten contenidos abstractos y la mayor parte no están bien tratados”

En el libro hablo de experiencias de escuelas que tienen acuerdos con granjas, con espacios naturales, para que los niños salgan allí, o de escuelas con sus propios huertos y espacios verdes. En algunos países europeos, como Reino Unido, se plantea la idea de impartir la primaria y secundaria en los bosques. Hay experiencias de escuelas que se basan en huertos para dar todo el currículo, desde las matemáticas a, por supuesto, las ciencias naturales. En España, muchas escuelas de Madrid piden ayuda al ayuntamiento para hacer huertos en los patios, en Mallorca he oído hablar de eco-escuelas que llevan a los niños al bosque. Hay muchas fórmulas, desde estar todo el día en el bosque hasta salir un rato. Lo que no es de recibo es que se haga una excursión una vez al año.

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¿Algún mensaje clave que quiera destacar?

Los niños son el futuro. Tenemos que cultivar ese sentimiento de amar a la naturaleza que está en todo ser humano, porque lo necesitamos, tanto la Tierra como nosotros. Vida siempre habrá, pero si no asumimos una vida sostenible, la especie humana desaparecerá.

Fuente: EROSKI CONSUMER

51iX0EAFiiL._AA160_Para compras y más información del libro de Heike Freire entra a este enlace: Educar en verde

¿Educación o condicionamiento?

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Dado que nadie puede enseñarnos a ser padres (o madres), educar a los hijos es el compromiso más exigente y desafiante que podemos asumir en la vida. Estamos hablando de crear y desarrollar el potencial de un nuevo ser, por lo que no puede ni debe tomarse a la ligera. Cabe recordar que una vez nos adentramos en esta gran aventura no hay marcha atrás.

Empezar a ejercer de padre: ningún otro acontecimiento supone un punto de inflexión tan radical en nuestra experiencia como seres humanos. Durante muchos años deberemos responsabilizarnos del cuidado, la protección y la educación de un bebé, la criatura más frágil, inocente y hermosa que habita en este mundo. Es como una semilla que requiere de un jardinero competente, atento y, sobre todo, muy amoroso. No hay mejor abono que el cariño.

Como en cualquier otra profesión, el verdadero éxito suele conseguirse cuando los padres vivimos y disfrutamos de nuestra nueva función con vocación de servicio. Y ésta puede cultivarse cuando nuestro hijo es fruto de una decisión libre y consciente, movida por el profundo anhelo de aprender a amar incondicionalmente. Si somos correspondientes y merecedores de recibir el regalo de la paternidad, es necesario que nos preguntemos honestamente por qué y para qué queremos dar este importante paso.

¿PARA QUÉ SE TIENEN HIJOS?

Para liderar a tus hijos primero has de aprender a liderarte a ti mismo” (Kenneth Blanchard)

Para desenmascarar la verdadera motivación que nos mueve a desear un hijo, algunos psicólogos proponen que nos hagamos cuatro preguntas: 1. ¿Para cumplir con lo que la familia y la sociedad espera de nosotros? 2. ¿Para crear un vínculo emocional con nuestra pareja, de la que nos sentimos distanciados? 3. ¿Para tener un juguete con el que entretenernos y escapar así del aburrimiento y la monotonía? Y 4. ¿Para llenar el vacío de una vida sin sentido? Sin duda, son preguntas muy serias, que requieren respuestas todavía más maduras y reflexivas.

Nuestros deseos egoístas no son justificación suficiente para concebir un hijo. En el caso de llegar el momento oportuno, nuestro corazón siente una aspiración mucho más trascendente y altruista: contribuir con nuestro granito de arena en la evolución consciente de la humanidad. Y para lograrlo, primero hemos de echarnos un vistazo a nosotros mismos.

Para poder ser un buen padre se debe contar con la comprensión suficiente para disfrutar de una vida equilibrada y plena. Antes de dedicarnos a atender emocionalmente a nuestros hijos, primero hemos haberlo hecho con nosotros mismos. Sólo así asumiremos nuestro nuevo rol de forma madura y responsable. Ese es precisamente uno de los objetivos del autoconocimiento y el desarrollo personal. No hemos de olvidar que ser padre es un milagro biológico; es el don más preciado de nuestra existencia y requiere cierto esfuerzo por nuestra parte ser dignos de disfrutarlo.

CUESTIÓN DE COMPROMISO

Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve pianista” (Michael Levine)

Los padres comprometidos comienzan a serlo meses antes del embarazo, aunque nunca es tarde para asumir esta responsabilidad. Son conscientes de la importancia de cuidar su salud, con lo que echan mano de su fuerza de voluntad para eliminar ciertos hábitos como el alcohol, el tabaco y la negatividad. Y esto se acentúa todavía más en el caso de las mujeres, que durante nueves meses nutren a su futuro hijo a través de su cuerpo (cobijo, calor y alimento) y su mente (pensamientos, emociones, sentimientos y estados de ánimo).

Cuando nacen, los niños son como una hoja en blanco: limpios, puros y sin limitaciones ni prejuicios de ningún tipo. Al ver el mundo por primera vez, se asombran por todas las cosas que en él suceden. Ése es el tesoro de la inocencia. Tan sólo hay que ver la cara que ponemos los adultos cuando miramos cómo juega un niño a nuestro alrededor. Solemos sonreír, disipando por unos momentos la nube gris que normalmente distorsiona nuestra manera de ver y de interpretar la realidad.

OTOÑO EN ZURICH

Y es justamente ese asombro el que echamos de menos. Los niños nos recuerdan nuestra capacidad de ser felices en cualquier momento. Nos enseñan que el secreto se encuentra en nuestra actitud, la cual escogemos en cada instante. Nuestro proceso de crecimiento, cambio y evolución pasa por aprender a mirar y aceptar la realidad tal como es, maravillándonos conscientemente de todo lo que nos ofrece, recuperando así el contacto con el niño que fuimos.

POR EL BIEN DE LOS HIJOS

El crimen más grande en contra de la humanidad es contaminar la mente de un niño inocente con falsas creencias que limiten y obstaculicen su propio descubrimiento de la vida” (Osho)

Hoy en día existen dos formas muy diferentes de vivir la paternidad. Los hay que la ejercen consciente y amorosamente y quienes la ejecutan mecánicamente. Los primeros han tomado conciencia de que sus hijos vienen a través de ellos, pero que no les pertenecen. Saben que algún día comenzarán a vivir su propia vida e intentan cuidarlos y apoyarlos durante todo su proceso de crecimiento. De ahí que su estilo de vida les permita conciliar, haciendo lo posible para dedicar a sus hijos tiempo de calidad.

Los padres inconscientes, por otra parte, creen erróneamente que sus hijos son una más de sus posesiones, y los tratan como si fueran una prolongación de sus egos. En vez de darles lo que verdaderamente necesitan (cariño, atención, aceptación, libertad y mucho amor) les ponen todo tipo de límites, inculcándoles creencias, normas y valores que definan quienes han de ser y cómo deben vivir. No están interesados en que crezcan y se desarrollen siguiendo su propio camino, sino en que se conviertan en los adultos que han decidido que tienen que ser.

Así, los padres inconscientes hacen con sus hijos exactamente lo que les hicieron a ellos cuando eran niños: inculcar los patrones automáticos de pensamiento y conducta con los que fueron programados, frenando así la evolución natural de la nueva generación. En el caso de que estos padres sean infelices, obstaculizarán la búsqueda y la conquista de la felicidad de sus hijos. De ahí que se diga que las buenas intenciones son peligrosas en manos de gente inconsciente.

LAS FASES DE LA PERSONALIDAD

Es un milagro que la curiosidad sobreviva a la educación reglada” (Albert Einstein)

Expertos en el campo de la psicología de la personalidad afirman que la creación de nuestra identidad atraviesa tres fases. La primera se produce hasta los 12 años, período en el que nos creemos indiscriminadamente todo lo que nos dicen, pues no tenemos ninguna referencia con qué compararla. La segunda fase transcurre durante la pubertad, una vez ya se ha conformado nuestro sistema de creencias. Al empezar a funcionar siguiendo la programación introducida en nuestra mente, nos sentimos profundamente inseguros y confundidos, lo que ocasiona la crisis de la adolescencia.

La tercera fase suele comenzar a los 18 años. Una vez revisadas nuestras creencias, podemos decidir voluntariamente qué nos gusta, qué nos sirve o qué nos conviene mantener de nuestra forma de ser, insertando nueva información y desechando la vieja. Es entonces cuando adquiere una enorme importancia confirmar la veracidad o falsedad de los dogmas que nos han sido impuestos. Detrás de cualquier malestar siempre se esconde una falsa creencia.

En la medida que pensamos y funcionamos a partir de nuestro sistema de creencias, el condicionamiento inculcado se va consolidando en nuestra mente, formando así nuestra personalidad. Al repetirnos una y otra vez determinados mensajes e ideas escuchados en nuestra infancia sobre lo que hemos de ser, hacer y tener para ser aceptados como individuos “normales” por nuestra sociedad, finalmente terminamos convirtiéndonos en eso que creemos ser.

BUSCAR LA VERDAD

No puedo enseñaros nada, solamente puedo ayudaros a buscar el conocimiento dentro de vosotros mismos, lo cual es mucho mejor que traspasaros mi poca sabiduría.” (Sócrates)

Mientras el condicionamiento nos esclaviza, la auténtica educación tiene como finalidad liberarnos. Etimológicamente, uno de los significados de la palabra latina “educare” es “conducir de la oscuridad a la luz”, es decir, “extraer algo que está en nuestro interior, desarrollando así nuestro potencial humano”. Así, nuestra función como padres no consiste en proyectar nuestra manera de ver el mundo sobre nuestros hijos, sino en ayudarles para que ellos mismos descubran su propia forma de mirarlo, comprenderlo y disfrutarlo.

¿Qué sentido tiene que nuestros hijos deban estudiar Derecho o Económicas si lo que les gusta es el arte y los proyectos sociales? ¿Qué sentido tiene que nuestros hijos deban trabajar 11 horas al día en una profesión que odian para ganar mucho dinero y ser respetados por los demás? ¿Qué sentido tiene que nuestros hijos deban jugar con soldaditos si prefieren las muñecas? ¿Qué sentido tiene que nuestros hijos deban convertirse en cristianos, judíos, musulmanes, hinduistas, budistas o lo que sea si no lo han escogido voluntariamente? ¿Qué sentido tiene que nuestros hijos deban seguir los dictados de la mayoría cuando anhelan descubrir su propio camino en la vida?

No es nada fácil ser padre. Pero tampoco lo es ser hijo de alguien que no se preocupa realmente por el desarrollo de tu bienestar. El condicionamiento provoca que siendo niños nos desconectemos y olvidemos de nuestra naturaleza más esencial: la alegría y vitalidad con la que nacimos. Al convertirnos en adultos, nuestra verdadera identidad queda sepultada por una máscara construida con creencias, normas y valores de segunda mano. De nosotros depende mirarnos al espejo, y ver que es necesario cambiar.

Y esto es algo que viene de lejos. Ya en el siglo VI a. C., antes incluso que el inicio de la historia de la filosofía, se inscribió el aforismo “Conócete a ti mismo” en la puerta del templo de Apolo en Delfos, lugar de culto en la antigua Grecia. Desde entonces, sabios de diferentes épocas y culturas han inspirado con su ejemplo y sus enseñanzas a que los seres humanos cuestionemos el condicionamiento que nos ha sido impuesto para emprender el camino que nos conduce hacia nosotros mismos.

El gran trauma del parto

“El día más feliz de mi vida fue el nacimiento de mi hijo”. Eso es lo que suelen decir la mayoría de personas que han sido padres. Paradójicamente, es el más horrible en la historia del recién nacido. Tras pasar 270 días descansando en un paraíso natural, de pronto irrumpe violentamente en la vida. Su primer contacto con la realidad está marcado por el dolor, la tensión y la angustia del parto. Le cortan el cordón umbilical antes de que empiece a respirar por sí mismo y le pegan un cachetito en el culete de bienvenida. Algunos expertos bromean (aunque hablando en serio) con que los seres humanos necesitamos por lo menos una vida para sanar las heridas psicológicas que se abren tras ser expulsados del útero materno. Al parecer, la calidad de la atención y el amor recibido durante los tres primeros años nos marca de por vida.

Fuente: Inspirulina

¿Sabes lo que se pierde tu hijo por no estar en contacto con la Naturaleza?

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Ni videojuegos, ni películas ni series de televisión, ni aplicaciones informáticas… Nada puede sustituir lo que un niño aprende en plena naturaleza. El olor de las flores, el vuelo de las mariposas, el viento en su cara… Experimenta todo lo que existe a su alrededor. Un grupo de investigadores ha constatado ahora que, además, el medio natural hace a los niños más fuertes para afrontar el estrés y ser más respetuosos con el medio ambiente. En definitiva, contribuye a su bienestar.

Los expertos llegaron a esta conclusión mientras intentaban conocer y definir un nuevo trastorno denominado «trastorno de déficit de Naturaleza», es decir la falta de contacto directo con el medio natural. «La vida cotidiana actual nos aleja de los espacios naturales y nuestro sistema nervioso y el funcionamiento psicológico requiere contacto continuo con la naturaleza para nuestro bienestar. Al fin y al cabo, vivimos en las ciudades desde hace poco», explica José Antonio Corraliza, catedrático de Psicología Ambiental en la Universidad Autónoma de Madrid, uno de los investigadores en colaboración con Silvia Collado, investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Mayor bienestar

«Solo nos damos cuenta del bienestar que proporciona la Naturaleza cuando estamos en el medio natural, cuando damos un paseo por el bosque o tenemos frente a nosotros unas vistas maravillosas», matiza el profesor. En el caso de los niños, lo ha podido comprobar. El equipo de Corraliza realizó un estudio entre mil niños teniendo en cuenta la naturaleza que se encontraba cerca de su domicilio. Se establecieron tres grupos: aquellos que disfrutaban de elementos naturales cerca de su domicilio (jardín propio, árboles, parque, vistas de la casa…), los que tenían la naturaleza a una media distancia y los que la tenían lejos.

«Vimos —explica Corraliza— que los niños que vivían más cerca de elementos naturales tenían menos estrés percibido. Esto no quiere decir que si se separan sus padres o se muere su abuelo o tienen sobrecarga de deberes no se estresen, sino que disponen de mayor capacidad para afrontar estos eventos». Además, los niños en contacto con la naturaleza cuentan con mayor conciencia ambiental.

Los investigadores también han comprobado que el «trastorno de déficit de Naturaleza» se puede producir en cualquier entorno.Tanto en la ciudad como en el medio rural, a ambos han llegado los nuevos hábitos infantiles y se ha incrementado el consumo de nuevas tecnologías. «Un niño ya puede jugar al tenis con la Wii», insiste el investigador.

El «trastorno de déficit de Naturaleza» se vincula, a su vez, con cuatro patologías: aumento de la obesidad,enfermedades respiratorias, déficit de atención con hiperactividad e hipovitaminosis D (falta de la vitamina D, que se obtiene en buena medida de la exposición al sol).

Por eso, Corraliza aboga por romper los actuales hábitos infantiles, centrados en las nuevas tecnologías, y recuperar los espacios naturales públicos: jugar en la calle, en jardines, en parques, aprovechar salidas al campo los fines de semana, a granjas… Por ejemplo. «Se puede aprender cómo es una mariposa a través de un microscopio, peromotiva más si se ve la mariposa al aire libre», concluye el profesor.

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Fuente: ABC. es

20 Herramientas alternativas al castigo

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Cuando un límite es transgredido, evita el castigo. No se aprende nada cuando los niños son lastimados o humillados. Deja atrás la idea de que para hacer que los niños aprendan de sus actos, primero deberás hacer que paguen por ellos. Las herramientas que te presento a continuación son ideas alternativas que tú como papá, mamá, o cuidador, podrás tomar para educar a tu hijo(a) o a un niño(a).
Ten presente que cada individuo y familia son únicos, es por eso que deberás escoger aquellas herramientas que sean funcionales de acuerdo a ello.

1. Haz preguntas: ¿Qué pasó?; ¿Y ahora, cómo lo resolverás?; ¿Qué crees que ocasionó que pasara?; ¿Qué aprendiste de esto? Es probable que las primeras veces que implementes esta herramienta, tus hijos contesten “no sé” porque están desconcertados sobre la nueva forma en que actúas cuando ellos sobrepasan un límite, entonces, si te contesta “no sé” tú simplemente dile: “eres bueno(a) resolviendo problemas, ¿porqué no lo piensas un momento y luego retomamos para que me cuentes tus conclusiones?”.

2. Evita las luchas de poder. Cuando tu hijo esté en negación y no te haga caso, evita entrar en lucha de poderes para tratar de obligarlo porque esto puede ser muy desgastante y un círculo visicioso. En muchas ocasiones es muy efectivo decirle lo que tú harás en lugar de obstinarse en que él cumpla una orden en ese mismo instante, por ejemplo: “Lavaré solo la ropa que esté en el cesto”, ó “Si no juntas tus juguetes luego de jugar con ellos, como quedamos, lo recogeré yo y quedarán guardados por un día”.

3. Expresa cómo te sientes: “Estoy muy molesta(o) por lo que acabas de hacer y me gustaría contar con tu ayuda para solucionarlo”.

4. Confía en que tu hijo(a) sea quien es diciendo: “Estoy seguro(a) que puedes pensar en una solución útil para resolver este problema, confío en ti”.

5. Motiva el respeto diciéndole a tu hijo(a): “Sé que puedes decir lo mismo de una manera respetuosa, no responderé a esos modos”.

6. Aplica tiempo fuera positivo diciendo: “Estoy muy enojada(o) con lo que acabas de hacer, pero como me importas, esperaremos a que podamos calmarnos ambos para ser respetuosos y continuar con esta conversación.

7. Actúe sin hablar: Simplemente tome la mano del niño(a) y muéstrele lo que debe hacer.

8. Utilice frases amables y firmes a la vez: “Es momento de subirnos al auto, jugaremos a lo que tú quieres más tarde”.

9. Cuando el niño está en pleno berrinche (fuera de casa), lo tomas de la mano (o en brazos) y le dices:“Es necesario irnos ahora, lo intentaremos otro día”.

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10. Aplica la consecuencia lógica que se haya acordado en la junta familiar: Habla previamente con tus hijos y diles qué pasará si una regla no se cumple para que esté prevenido y sepa que sus elecciones tienen consecuencias.

11. Re-dirige la conducta: Los niño(a)s (y todas las individuos), están más dispuestos a reflexionar sobre sus actos cuando sus padres (u otras personas), les dan la posibilidad de intentarlo nuevamente en lugar de humillarlos por lo que hicieron. Así que si tu hijo hace algo que te disgusta, invítalo a hacer algo útil para la familia como una forma de recuperarse de su error.

12. Sé un ejemplo congruente: Si lo que estás tratando de pedirle a tu hijo(a) es que se calme y reconsidere sus acciones, no podrás hacerlo desde el enojo o la ira que sientes por lo que él/ella hizo. Deberás primero poder calmarte tú y pensar para saber que le dirás o cómo actuarás.

13. Aplica la fórmula: “privilegio = responsabilidad / falta de responsabilidad = pérdida de privilegio”.Tener cosas que nos alegran o facilitan la vida es un privilegio, la responsabilidad que acompaña a ese privilegio es cuidarlas.

14. Juntas Familiares: Cuando un límite sea transgredido una y otra vez, en lugar de caer en cantaletas del tipo “pero lo hemos hablado cien veces”, retoma el asunto para discutirlo en junta familiar y entre todos elaboren una alternativa más efectiva.

15. Considera los comportamientos desafiantes como oportunidades para adquirir habilidades de vida:Por ejemplo, después de un berrinche ya en la etapa de calma, invita a tu hijo a platicar sobre lo sucedido, enséñales cuáles son las formas correctas de hacer o pedir las cosas. Conforme vaya creciendo, irá incorporando estos aprendizajes.

16. Ayúdalo a identificar sus emociones: Expresar lo que pensamos y sentimos no es cosa fácil. Ni siquiera muchos adultos pueden hacerlo. Crea una cartulina con caritas (emoticons) con expresiones básicas como alegría, tristeza, enojo, miedo, asombro, etc. y enseña a tu hijo sobre esas emociones. Dile que cuando no pueda decirte como se siente, puede recurrir a la cartulina para señalártelo.

17. Usa cuentos y juegos para entrar en su mundo. El juego y los cuentos son primordiales en la infancia y un excelente camino para educar. Adquiere libros que fomenten valores, que hablen de hábitos y situaciones de la vida cotidiana que pudiera vivir tu hijo y léelos con él/ella. En algún momento que vivas una situación relatada en alguno de los cuentos, recurre a esa información como auxiliar en el problema.

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18. Entrena y da seguimiento: Nadie nace sabiendo, por tanto, si queremos que nuestros hijos sean cooperadores y hagan las cosas que les pedimos, en necesario tomar el tiempo previo para entrenarlos y explicarles los procedimientos. Jugando también se puede enseñar, no olvides que el aprendizaje se adquiere mejor si está relacionado a una experiencia positiva.

19. Conecta con tu hijo(a): Nunca olvides que el arma más poderosa para evitar el mal comportamiento es darle a tu hijo(a) el mensaje de amor. Asegúrate de hacerle saber que es importante y valioso(a). Como dijo el Dr. Dreikurs: “Un niño mal portado es un niño desalentado” Alienta a tu hijo(a) con amor y conéctalo a tu familia.

20. Sigue la regla de oro de la crianza respetuosa: Ponte en el lugar del niño y trátalo cómo te gustaría ser tratado en la misma situación.

Fuente:DISCIPLINA POSITIVA PEQUEÑO GRAN HUMANO

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A mí me criaron así y soy una persona de bien

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¿Cuántas personas en el mundo creen que validan la idea de que pegarle a un niño  y aquí van incluidas las famosas “palmaditas a tiempo” es una alternativa educativa? ¿Cuántos padres creen que se sienten con el derecho a imponer violencia, ya sea física o psicológica a sus hijos con tal de “educarlos” e “imponer límites”? ¿Cuántos padres en el mundo se han sentido alguna vez agobiados y descontrolados emocionalmente por las conductas de sus hijos y como respuesta a esto han encontrado el camino fácil que simboliza el castigo físico? La respuesta es MUCHOS. Entonces ¿cuántos niños creen ustedes que existen en el mundo asustados, atemorizados, confundidos, tristes, con sensación de abandono, humillados, agresivos, de baja autoestima y que sienten desconfianza hacia sus padres? BASTANTES. Porque todo esto último y más provoca en los niños el recibir castigo físico por parte de sus progenitores.

Aquí les adjunto un artículo que tiene estrecha relación con lo que planteo anteriormente. Da a conocer el cómo algunos padres ven de manera normal y casi natural el castigo físico como método educativo. Y después nos preguntamos…¿Por qué tenemos el mundo que tenemos?

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A mí me criaron así y soy una persona de bien

Decimos: gracias a que mi mamá me pegaba y me castigaba, ahora soy una persona de bien. Pero no vemos que el mundo está lleno de personas de bien medicadas para poder dormir.

Decimos: a mi me pegaron y doblegaron mi carácter incivilizado de niño, ahora soy una persona de bien. Pero no vemos que el mundo está lleno de personas de bien que ven con naturalidad la crueldad de pegar a niños indefensos.

Decimos: gracias a que mis padres me dieron correazos, me castigaron y aplicaron férrea disciplina soy una persona de bien. Pero no vemos que el mundo está lleno de personas de bien víctimas de depresión (Pandemia Mundial).

Decimos: menos mal que mis padres me pegaron y castigaron porque yo si que era tremendo, un niño terrible,  y gracias a eso soy ahora una persona de bien. Pero el mundo está lleno de personas de bien padeciendo neurosis,  desiertos afectivos y  cuyas vidas discurren en una sucesión de accidentes emocionales.

Decimos: Más de una vez mis padres me dieron mi jalón de orejas y me dejaron llorando para que aprendiera a respetar y gracias a eso soy una persona de bien. Pero no vemos cómo el mundo está lleno de personas de bien incapaces de resolver los conflictos sin violencia.

Decimos: gracias a que mis padres me pegaron y castigaron, soy una persona de bien. Y no nos damos cuenta de que el mundo está lleno de personas de bien enganchadas a distintas adicciones. Gente de bien que somatiza y se enferma como única salida posible al trauma infantil no registrado conscientemente.

Así nos criaron y así criamos los terrícolas, y somos “personas de bien” llevando a este planeta hacia un  auténtico desastre ecológico…

Berna Iskandar @conocemimundo

Fuente: Inspirulina 

La neuroeducación demuestra que emoción y conocimiento van juntos

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La neuroeducación es una nueva visión de la enseñanza basada en el cerebro. Es una visión que ha nacido al amparo de esa revolución cultural que ha venido en llamarse neurocultura. La neuroeducación aprovecha los conocimientos sobre cómo funciona el cerebro integrados con la psicología, la sociología y la medicina, en un intento de mejorar y potenciar tanto los procesos de aprendizaje y memoria de los estudiantes, como los de enseñanza por parte de los profesores.

En el corazón de este nuevo concepto está la emoción. Este ingrediente emocional es fundamental tanto para el que enseña como para el que aprende. No hay proceso de enseñanza verdadero si no se sostiene sobre esa columna de la emoción, en sus infinitas perspectivas.

La neurociencia enseña hoy que el binomio emoción-cognición es indisoluble, intrínseco al diseño anatómico y funcional del cerebro. Este diseño, labrado a lo largo de muchos millones de años de proceso evolutivo, nos indica que toda información sensorial, antes de ser procesada por la corteza cerebral en sus áreas de asociación (procesos mentales, cognitivos), pasa por el sistema límbico o cerebro emocional, en donde adquiere un tinte, un colorido emocional. Y es después, en esas áreas de asociación, en donde, en redes neuronales distribuidas, se crean los abstractos, las ideas, los elementos básicos del pensamiento.

De modo que el procesamiento cognitivo, por el que se crea pensamiento, ya se hace con esos elementos básicos (los abstractos) que poseen un significado, de placer o dolor, de bueno o de malo. De ahí lo intrínseco de la emoción en todo proceso racional, lo que implica aprender y memorizar.

Los seres humanos no somos seres racionales a secas, sino más bien seres primero emocionales y luego racionales. Y, además, sociales. La naturaleza humana se basa en una herencia escrita en códigos de nuestro cerebro profundo, y eso lo impregna todo, lo que incluye nuestra vida personal y social cotidiana y, como he señalado, nuestros pensamientos y razonamientos. Esa realidad se debe poner hoy encima de cualquier mesa de discusión sobre la educación del ser humano.

Es esta realidad la que nos lleva a entender que un enfoque emocional es nuclear para aprender y memorizar, y, desde luego, para enseñar. Y nos lleva a entender que lo que mejor se aprende es aquello que se ama, aquello que te dice algo, aquello que, de alguna manera, resuena y es consonante (es decir, vibra en la misma frecuencia) con lo que emocionalmente llevas dentro. Cuando tal cosa ocurre, sobre todo en el despertar del aprendizaje en los niños, sus ojos brillan, resplandecen, se llenan de alegría, de sentido, y eso les empuja a aprender.

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Solo el que aprende bien sobrevive más y mejor. Seguir vivo en un mundo exigente (y el mundo vivo lo es), desde vivir en la selva hasta vivir en un mundo social duro y competitivo, requiere  aprender, y aprender bien. El que no es capaz de aprender suele vivir menos, ya lo hemos señalado. Y aprender requiere inexcusablemente basarse en la emoción.

Pero esa emoción en la enseñanza exige matices profundos cuando es aplicada al ser humano a lo largo de su arco vital. Aprender (y, por lo tanto, enseñar) no es lo mismo para un niño de 2 o 3 años, que, con enseñanzas ya regladas, para el niño de 6 años (cuando comienza con el tambor de las ideas en Primaria), el púber o el adolescente (que vive en un mundo cerebral convulso donde los haya), o bien el adulto joven, el adulto medio o el que atraviesa la ahora larga senescencia. Hoy habría que añadir el periodo prenatal y al perinatal (aquel que va desde la semana prenatal 32 hasta los 2 meses postnatales). Hoy la neuroeducación alcanza a todo ese amplio y, en el terreno específico de la educación, casi desconocido arco vital del ser humano.

Con todo lo que antecede, es claro, como ya he señalado, que lo que enciende el aprendizaje es la emoción y, en ella, la curiosidad y, luego, la atención. Pero la atención no se puede suscitar simplemente demandándola, ni la curiosidad tampoco. Hay que evocarlas desde dentro del que aprende.

Hoy comenzamos a saber que lo que llamamos curiosidad no es un fenómeno cerebral singular, sino que hay circuitos neuronales diferentes paracuriosidades diferentes,y que no es lo mismo la curiosidad perceptual diversificada, aquella que despierta de modo común en todo el mundo cuando se ve algo extraño y nuevo, que aquella otra conocida como curiosidad espistémica, que es la que conduce a la búsqueda específica del conocimiento.

Y lo mismo podemos decir sobre la atención, cuyo sustrato cerebral nos lleva hoy a reconocer la existencia de muchas atenciones cerebrales. Atenciones que van desde la atención básica, tónica, que es la que todos tenemos cuando estamos despiertos, a aquellas otras de alerta, de foco preciso (ante un peligro),orientativa (buscar una cara entre cientos), ejecutiva (la del estudio), virtual(procesos creativos) o digital (utilizada en internet).

Y es claro, además, que todos estos procesos difieren en el niño y el adulto, y aun en el niño para cada edad. Claramente el tiempo atencional que precisa el niño no es el mismo que el requerido por el adulto para atender una percepción concreta simple o aprender un concepto abstracto altamente complejo. Precisamente, conocer los tiempos cerebrales que se necesitan para mantener la atención a cada edad o periodo de la vida puede ayudar a ajustar tiempos de atención reales durante el aprendizaje en clase de una manera eficiente. Ytambién conocer cómo estos tiempos pueden ser modificados.

Y lo mismo que el aprendizaje consiste en momentos seriados de asociaciones de fenómenos o conceptos que se repiten en ese juego mental de aciertos y errores,memorizar requiere también de repetición constante de lo ya aprendido. El maestro o el profesor universitario hoy comienzan a utilizar adecuadamente fórmulas que pueden ser enormemente útiles en esa memorización de lo aprendido.

Neuroeducación alcanza pues a todo el arco de la enseñanza, desde los niños de los primeros años a los estudiantes universitarios, o en la enseñanza de formación profesional o de empresa. Y, por supuesto, también a los maestros y los profesores, sobre la forma más eficiente de enseñar. La neuroeducación comienza a poner en perspectiva, más allá de los procesos cerebrales mencionados como la curiosidad y la atención, otros factores como la extracción social de la familia y la propia cultura como determinantes del aprendizaje.

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Y, más allá, la neuroeducación intentar destruir los neuromitos (falsosconocimientos extraídos de la neurociencia) y conocer la influencia de los ritmos circadianos, el sueño y su poderosa influencia en el estudio, o factores tan importantes como la arquitectura del colegio, el ruido, la luz, la temperatura, los colores de las paredes o la orientación del aula.

Y también ayuda a hacerse preguntas como estas: ¿Por qué los niños están siempre preguntando?¿Se puede enseñar por igual a niños crecidos en culturas y de etnias diferentes? ¿Hay que ser de raza judía para ser académicamente brillante? ¿Por qué el ambiente familiar de estudio es tan determinante en las capacidades de aprender de los niños? ¿Se puede memorizar mejor durmiendo mejor? ¿Qué hace que se aprenda y memorice mejor si uno se equivoca más? ¿Por qué es más interesante una pregunta brillante que una contestación brillante? ¿Por qué hoy la letra con sangre ya no entra? ¿Es lo mismo enseñar arte o matemáticas, medicina o derecho, fontanería o filosofía? ¿Cómo enseñar que hay dos formas cerebrales de aprender matemáticas? ¿Podrán los nuevos ordenadores de alto procesamiento (relación y reconocimiento personal del estudiante) sustituir a la relación maestro-alumno?

De este modo y por este camino, la neuroeducación se adentra en el conocimiento de aquellos cimientos básicos de cómo aprender y memorizar, y cómo enseñar. Y cómo hacerlo mejor en todo el arco de adquisición del conocimiento y los múltiples ingredientes que lo constituyen. Dilucidando así los entresijos de la individualidad y las funciones sociales complejas, el rendimiento mental, el desafío cerebral de Internet y las redes sociales, o cómo llegar a ser un maestro o un profesor excelente. Añadiendo a ello la formación del pensamiento crítico y analítico, y, más allá, el pensamiento creativo. O evaluando en los primeros años a niños que sufren procesos cerebrales o psicológicos que dificultan el proceso normal de aprendizaje, para permitir así aplicar tratamientos tempranos muy eficaces.

La neuroeducación es, pues, un campo de la neurociencia nuevo, abierto, lleno de enormes posibilidades que eventualmente debe proporcionar herramientas útiles que ayuden a aprender y enseñar mejor, y alcanzar un conocimiento mejor en un mundo cada vez de más calado abstracto y simbólico y mayor complejidad social.

Fuente: EL PAÍS

Neuropsicología y Educación

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El sistema educativo español aún no se ha dado cuenta de que la neurociencia avanza a pasos agigantados y poco se está haciendo por tratar de ajustar las enseñanzas de los niños a los nuevos conocimientos de neuropsicología. Pero esto pasa porque, seguramente, los legisladores apenas conocen esta nueva ciencia y no se ponen al tanto de los apasionantes descubrimientos que en los diez últimos años están teniendo lugar.

En más de tres décadas en contacto directo con el ámbito educativo, no he conocido profesores que tuvieran nociones sobre cómo funcionan ambos hemisferios cerebrales en los niños, y cómo se podía sacar el mayor y mejor potencial de la estimulación y combinación de ambos. Tampoco tengo conocimiento de que se recoja, a modo de información o guía en los libros de texto,… será porque las diferentes leyes, tampoco lo han contemplado,… seguramente es algo desconocido para muchas editoriales y para muchos (¿o casi todos?) los legisladores educativos.

Y es que, a día de hoy, ya sabemos (por estudios que comenzaron eminentes neuropsicólogos como Luria, Benton, Bandura, y más recientemente A. Damásio, o el neurocientífico Dan Siegel, y otros muchos) que no hay necesidad de bombardear con contenidos a los niños para que aprendan. 

Es más importante el vínculo de apego (término que en psicología se usa para describir la relación del niño con sus cuidadores-educadores y que le provee de seguridad emocional cuando es aceptado y protegido incondicionalmente, y cuyas vivencias pasan por la amígdala cerebral, centro de las emociones), que los estímulos de aprendizaje en sí, puesto que un niño está a la expectativa del entorno, aprendiendo constantemente sin necesidad de parcelar su conocimiento en áreas cerradas y horarios rígidos.

Los docentes y, en general, los profesionales que trabajan en educación, debieran tener presente constantemente que el hemisferio izquierdo es el del razonamiento lógico, la planificación, las matemáticas, atención, memoria a largo plazo, lenguaje…

El hemisferio cerebral derecho alberga la imaginación, la intuición, la comprensión, el sentido artístico, la creatividad, la genialidad, la síntesis, la música,…

Y lo bueno es que ambos hemisferios están conectados a través del cuerpo calloso, pero no se suelen estimular a la vez. Si hiciéramos esto, el rendimiento de los niños y de todas las personas sería mucho mayor. Pero si los adultos lo desconocemos,… ¿cómo inculcarlo en los niños?, ¿Cómo organizar el contenido de lo que queremos transmitir (lado izquierdo) con lo que sentimos y pensamos? (lado derecho)… Porque el orden en el que pensamos y decimos las cosas hace que el cerebro las comunique y entienda de forma diferente. Todos sabemos que no es lo mismo un viejo amigo que un amigo viejo,… pero es que hay muchas más expresiones importantes que apenas advertimos y que condicionan el mensaje.  Y múltiples situaciones en el aula que solo se ven desde un hemisferio, habitualmente el izquierdo.

Como los adultos hemos perdido gran parte de nuestra capacidad de asombro por las pequeñas cosas y las maravillas que nos rodean, (usamos más el cerebro izquierdo, y nos jactamos de ello), nos da la impresión de que los niños perciben igual el mundo, pero no es cierto, porque ellos van descubriendo y asombrándose cada día con nuevas imágenes y matices de las cosas, la naturaleza, las personas y las relaciones (los niños utilizan más la parte derecha del cerebro). Y seguimos matando la capacidad de descubrimiento e introspección al dar casi todo por supuesto y al estar condicionados por nuestro ritmo frenético de adultos, y apenas nos maravillamos ante el cambio de la naturaleza en el transcurrir de las estaciones. Pero los niños viven en esa dimensión mental de asombro (cerebro derecho), que es la más rica fuente de aprendizaje.

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Y podemos preguntarnos,… ¿qué puede hacer un sistema educativo en este caso? Pues muchísimo, porque los niños pasan bastantes horas en los centros educativos, lugar al que se va a aprender y no debemos olvidar que aprenden por descubrimiento, con su maravillosa fantasía, dirigidos por una disciplina acorde a la edad.

Y es que, a través del asombro, de la sorpresa, de la fascinación (cerebro derecho), el niño sintoniza con el mundo y con su entorno y, si le permitimos asombrarse, tenemos gran parte de la motivación ganada y, así, es mucho más fácil interiorizar los aprendizajes y que realmente sean válidos y significativos en su vida. Y no solo unos conocimientos memorísticos (cerebro izquierdo), muchas veces inconexos que, en escasas ocasiones, les permiten descubrir cómo es el mundo a su alrededor.  Y, en realidad, todo esto no es difícil. Muy al contrario, es la forma natural de aprender y debiera ser la forma natural de enseñar, porque son capacidades innatas en el ser humano.

Los adultos somos los intermediarios entre los niños y el mundo, se asombran de cada cosa que les enseñamos, que les contamos, que les ayudamos a descubrir.

Con tanto bombardeo de nuevas tecnologías (muy útiles y necesarias, sin duda, pero no la única fuente de conocimiento), los niños están demasiado en contacto con las máquinas, siendo algo que les va a acompañar el resto de sus vidas y las van a dominar con mucha facilidad,… pero quizá no sea tan fácil desarrollar el pensamiento crítico, la socialización, la solución de conflictos, las artes, el aprendizaje por descubrimiento,… si no somos capaces de inculcárselo desde bien pequeños.  A partir de los 8 años, si no hemos hecho esto antes, prácticamente habremos perdido el tren.

Así que muchas innovaciones educativas que pasan por poner más ordenadores en las aulas, puede que no sean tan innovadoras si se dejan de lado los auténticos aspectos necesarios en el desarrollo del ser humano en sus primeros años de vida. Los legisladores debieran conocer esto, también los docentes para reflexionar y comenzar a dar más peso específico a lo verdaderamente importante.

Mientras avancemos en el uso de la tecnología y no lo hagamos de forma paralela en el conocimiento del ser humano, la neuropsicología, los hemisferios cerebrales y lo que albergan, la capacidad de la mente, las relaciones, las emociones,… y no aprendamos ni enseñemos a decidir a la vez con la cabeza y el corazón, creando un sólido vínculo de apego, no estaremos acertando, sino abriendo una brecha cada vez más grande en el planteamiento de una educación integral, holística, que eduque a los niños en descubrir todo lo que llevan dentro con el objetivo de autorrealizarse, siendo felices y útiles a la comunidad en la que les ha tocado vivir.

Así que, para empezar, se hace absolutamente necesario un poco de formación sobre neuropsicología y educación para asesores y legisladores educativos, editoriales, políticos del ramo, docentes, padres,… y toda la colectividad educativa.

Fuente: Ciudad Virtual de la Gran Hermandad Blanca

¿Falta de atención o falta de interés? ¿Cómo despertar la curiosidad en los niños?

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Es habitual escuchar a los padres aconsejar a sus hijos, en la puerta de la escuela antes de ingresar, “Presta atención, hazle caso a la maestra”, “Por favor concéntrate”, deseando que está vez el niño le haga caso y no genere problemas.
También se escucha a los maestros y profesores en las aulas, exigir: “¡Presten atención!”, “¡Por favor, silencio y escuchen!”, “¡¡Sentados!!”, o pedidos similares.

La atención no se pide, el silencio no se exige, la concentración no se fuerza. Son estados anímicos que se generan, se ganan, se conquistan. Si un niño tiene curiosidad, si le gusta lo que mira y le llama “la atención”, lo querrá aprender, y naturalmente, va a disponerse a escuchar en silencio, con atención y concentración.

La atención es un resultado de un proceso, de un clima del espacio en donde están niño, educador y lo que se quiere enseñar.

Por supuesto que un maestro puede pedir y exigir respeto; también es correcto que un padre le recuerde al niño que debe ser considerado, hacer caso, prestar atención. Pero, si esto se reclama verbalmente desde afuera, el niño solo lo percibirá como un deber impuesto.
Si no hay una motivación, algo que lo toque anímicamente, no surgirá el compromiso desde adentro; a lo sumo, el niño se mostrará obediente y en aparente atención, para no recibir un castigo posterior.

¿Cómo despertar la curiosidad?

La neuroeducación es la ciencia que estudia el funcionamiento del cerebro, y aporta conocimientos para ayudar, a niños y sus educadores, en su proceso de aprendizaje y enseñanza.

La nueroeducación ha demostrado que desde la anatomía y funcionalidad del cerebro, la emoción y la razón están ligadas. Es decir, que no se puede aprender algo, si no se siente nada por ello. A lo sumo, algo puede ser memorizado abstractamente, pero si esto no tocó emocionalmente nada dentro del alumno, lo olvidará en el tiempo.

Dicho desde un lugar científico, toda información sensorial, aquello que entra por el oído, vista, olfato, tacto, gusto, antes de ser procesada por la corteza cerebral (áreas del cerebro destinadas a los procesos mentales y cognitivos), pasa por el sistema límbico o cerebro emocional, en donde adquiere un sentido emocional: un gusto, placer, una relación con algo propio, simpatía.
Una vez que el cerebro límbico aceptó gustoso el ingreso de la información, permitirá su paso a la corteza cerebral, la cual admite el aprendizaje desde la razón.

En otras palabras, la información llega desde afuera, golpea las puertas de las emociones. Si estas se despiertan, el niño se entusiasma, siente alegría, placer por lo que escucha, ve, toca.
Si el niño se entusiasma, se interesa. Si el niño se interesa, está listo para aprender, memorizar, fijar ideas y conceptos de forma natural y no forzada.

Seguramente ustedes recordarán, en su infancia, aquel profesor o pedagogo que los llevó a dar un paseo y les enseñó sobre el ecosistema; o cuando hicieron un experimento y se sintieron tan entusiasmados que nunca olvidaron su resultado. Seguramente también recuerdan aquel maestro apasionado, que los hacía reír, los hacía sentir, y sus clases eran maravillosas, y maravillosas eras las notas de las evaluaciones, ¡y no les costaba estudiar y aprender!

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Ese maestro les hizo sentir y amar lo que les quería enseñar.

Lo que enciende el aprendizaje es la emoción, que despierta curiosidad y, luego, la atención. Insisto, la atención no se puede producir simplemente demandándola, exigiéndola; menos aún, la curiosidad. Hay que despertarlas desde dentro del que aprende.

La neurociencia demuestra que es más sencillo y fácil aprender, prestar atención, despertar la curiosidad, si aquello que me quieren enseñar, me toca por adentro, me hace sentir, me despierta amor.
Cuando el amor se hace presente, los ojos de los niños brillan repletos de curiosidad y alegría, y eso es el combustible que los impulsa a aprender.

Por supuesto, sepan que puede haber otros factores afectando el cerebro del niño, e imposibilitando un proceso de aprendizaje saludable. Las horas de sueño y descanso, mala alimentación, excesivas horas frente a una pantalla, vivencias estresantes en la familia, son algunas de ellas.
Un buen docente, un docente capacitado, emocionalmente comprometido con lo que hace, con vocación y dedicación, puede estar dando todo, pero se empieza en la casa. Si el niño no descansa bien, las horas que necesita, no come saludablemente, pasa sus horas libres delante de la pantalla, o sufre situaciones de estrés en su hogar, no estará disponible para aprender, para razonar, para prestar atención.

Entre padres, maestros y terapeutas compartimos un compromiso. Si entre todos somos conscientes y amamos lo que damos, el niño naturalmente crecerá, y aprenderá.

Por último, recordemos que no solo somos seres emocionales y racionales. Esto, está recubierto y permeado por un Espíritu. Somos seres espirituales, emocionales y racionales, en un cuerpo físico. Estos cuatro pilares nos conforman, nos abarcan, y necesitan de buenas experiencias para evolucionar desde el amor y la alegría.

Nancy Erica Ortiz

Fuente: Caminos al SER

Método Ferber. Testimonio de unos padres arrepentidos

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Cada noche en el mundo millones de niños lloran desconsoladamente en sus cunas porque sus bienintencionados padres se han dejado convencer por falsos gurus de crianza y la inercia social para abandonar a la soledad a sus bebés y no consolarles en su sufrimiento.

El método Ferber es el verdadero método Estivill ya que fue creado 12 años antes y este último se limitó a copiarlo y divulgarlo en castellano.

Y aquí tenéis el testimonio de una familia estadounidense que lo aplicó con uno de sus hijos y las consecuencias.

El testimonio aparece en un blog de una madre consciente que vivió esta tortura de pequeña en su familia y afortunadamente no lo reprodujo en sus hijos.

Estas son las palabras de la madre del blog y de “la familia Ferber”:

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CONVERTIRSE EN UNA FAMILIA FERBER
Son las 2 am, pienso en todos los niños que no son acunados en brazos. En todos los niños que no serán acunados en brazos. En los llantos que la mayoría de los bebes sienten como si nadie los amara. Pero alguien, muy probablemente, sí los ama. Solo que no lo demuestran.

Recuerdo que mis padres pensaban que estaban haciendo lo correcto al permitir que mi hermano menor y mi hermana llorasen para dormir solos. Recuerdo las histerias. Era muy triste y yo encendía mi radio para no escuchar. Algunas veces me acercaba sigilosamente a sus cuartos y acariciaba sus espaldas. Algunas veces los gritos eran durante la cena. Nadie aparentaba notarlo.

Por lo tanto yo llevé en brazos a mis hijos hasta un año o algo más. Ellos durmieron en mi cuarto, frecuentemente en mi cama. Y así tenían un cuerpo cálido y suave al cual pegarse. Usted pensará que soy una súper madre por tener el tiempo- por elegir tener ese tiempo-. Un año, o dos, o tres que es poco, diminuto, una fracción de toda mi vida. Si no tuviera el tiempo para abrazar y cuidar los tesoros que parí de mi propio ser, entonces ¿cuándo se hace?. ¿Cuándo se ama tanto?.

La historia de abajo me hace emocionarme y sentir mucha empatía:

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LA CULPA COMO CARGA
Culpables, lo hicimos. Nos quedamos en la cama  una noche y dejamos a nuestro hijo de 8 meses llorando en la oscuridad. No teníamos planes de implementar el método Ferber. De hecho mi esposo y yo, ambos creíamos fuertemente que era cruel dejar a un niño en la oscuridad. Nos declaramos temporalmente como en estado de demencia o como auto defensa.

Todos han escuchado sobre el método Ferber. Con el que tu enseñas a tu hijo a dormir solo incrementando espacios de tiempo para consolarle cuando él llora. No le tocas o no le coges en brazos. Pero le haces saber que estas ahí. Es un programa de modificación de comportamiento que enseña a tu hijo a consolarse él solo. Nunca soñé que podría pasar por esto como experiencia propia.

Nosotros ciertamente no tuvimos la paciencia suficiente para mecer a nuestro segundo hijo cada noche como lo hicimos locamente con nuestra hija de ahora ya 7 años. La hora de irse a la cama fue una ardua tarea con ella- fue más complicado y delicado que robar secretos de estado-.

Después de cantar canción tras canción, debíamos llevarla suavemente hacia su cuna, meciéndola mientras verificábamos sus parpados palpitar. Debíamos bajarla cm a cm hasta que su cuerpo tocara el colchón. Muy lentamente debíamos retirar primero una mano luego la otra, dejando solo los dedos para mantener contacto. Luego cuidadosamente podíamos levantar el dedo deslizándolo mientras nos ibamos sigilosamente de la habitación. Con cualquier paso, los ojos podrían abrirse y exponer nuestro engaño y todo el proceso tendría que comenzar de nuevo.

Años más tarde, aun bostezamos pensando en el procedimiento. ¡Nos pusimos de acuerdo que nuestro segundo niño simplemente tendría que aprender a dormir!.

Convertirse en una familia Ferber es cuestión de oportunidad. Nuestro pequeño niño requirió mecerle, cantarle y llevarle en brazos desde el principio. Gradualmente llegó a ser un tirano, despertándonos hasta 10 veces por noche. Durante las vacaciones con la familia de mi esposo fue el colmo, debimos hacer turnos para mecerle y cantarle en nuestro diminuto cuarto, sabiendo que toda la familia se despertaba con cada grito, frecuente y escandaloso.

Volvimos del viaje y pensamos que ciertas cosas deberían mejorar una vez que todos estuviéramos durmiendo en nuestras camas. La primera noche en casa, a la 1 am después de la tercera vez que llamó despertándonos, en nuestro delirio de estar privados de sueño le dimos una oportunidad al doctor Ferber.

Fueran cerca de una hora de gritos y cuidadosas salidas y regresos programados y así sucesivamente hacia la cuna, pero todos finalmente dormimos esa noche. Después de dos noches de cada vez menos despertares frecuentes fuimos una familia Ferber.

Suena bastante simple, ¿no es cierto?.

Pero cuando te despiertas a las 3 am y sientes tu corazón roto por los múltiples gemidos ahogándose que son como cuchilladas y que tú sabes que deberían ser escuchadas, parece simplemente inhumano. Cuando caminas hacia la habitación y una cara roja de tanto gritar y cubierta de lágrimas y mocos, te confronta acusándote, tú simplemente quieres tener a tu hijo en tus brazos y calmar la situación con abrazos y susurros tranquilizantes.

Aunque el método Ferber funciona, tú no puedes evitar creer que si fueras mejor padre tendrías ganas de estar cantando y meciéndole toda la noche, o hacer un espacio en tu dormitorio, en tu cama para un pequeño cuerpecito extra.

Es como si nos diésemos una paliza a nosotros mismos, aun cuando descubrimos que el método funcionaba. Nada acerca de esto parece correcto – excepto por el hecho de que funcionó. Pronto pudimos poner a nuestro hijo en su cama y él pudo sobrellevar esto solo. Pero yo eché de menos estas ocasiones para mecerlo. Eché de menos su suave cabeza en mis brazos y la tranquila respiración contra mi piel.

Ahora “nuestra pequeña historia de éxito Ferber” va al fondo de las escaleras cada noche y pide para ir a cama. Si tratas de mecerlo o abrazarlo a la hora de acostarse se aleja retorciéndose, aun en medio de la noche, con un terrible frío. Él rehuye a ser mecido o cantado.

Le enseñamos a consolarse él solo, sin saber que estuvimos dejando escapar nuestra propia capacidad de hacer eso por él…

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Fuente: elblogalternativo