Entrevista a André Stern: “No necesitamos de calificaciones en la vida, basta con tener competencias que son el efecto del entusiasmo, entonces entusiasmémonos”, autor del libro “Yo nunca fui a la escuela”

 

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Para comenzar debemos referir que André Stern es hijo de Arno Stern, sin embargo algunos de ustedes aún se preguntarán ¿quién es Arno Stern?

Arno Stern hoy en día ha permitido que el dibujo infantil se vea con ojos más profundos gracias a sus trabajos e investigaciones. Para este investigador y educador de origen alemán el dibujo libre y espontáneo es el medio a través del cual se expresa nuestra “memoria orgánica”, que todos poseemos y es universal, y se forma ya en el útero de la madre. Todo lo anterior da lugar a lo que él llama la Formulación. 

Para plasmar su trabajo e investigación trabaja en su “Closlieu” que es un lugar cerrado, preparado y diseñado para favorecer la emergencia de la Formulación en cada uno. Un lugar donde personas de diferentes edades, niños y adultos, se sienten en plena libertad para desarrollar el juego de pintar libremente, sin juicios, sin inhibiciones, evaluaciones ni competiciones. Lo recién expuesto movido solo por el deseo y la pasión de hacerlo, sin tampoco esperar algún refuerzo ni recompensa a cambio. Lo otro es que los dibujos o pinturas que se realizan no están destinados a ser vistos o expuestos a otras personas. Los participantes, ya sean niños o adultos, no deben ser influenciados ni condicionados. Pintan lo que desean o sienten y deciden cuando su trabajo está acabado.

Es importante, para su equilibro, que la persona tenga la posibilidad de escapar a la vigilancia de su razón para entregarse a un acto no intencional“ Arno Stern.

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Algunos de los beneficios que se pueden lograr con la práctica de esta técnica son:

  • Se mejora la capacidad de iniciativa.
  • Se fomenta la creatividad.
  • Se aprende estabilidad.
  • Se desarrolla la personalidad del niño.
  • Se afianza la personalidad el adulto.
  • Se fomenta la relación con los demás.
  • Se adquiere seguridad en uno mismo.

Para más información sobre Arno Stern y su trabajo: Arno Stern Official Web Site

Ahora bien, después de haber expuesto el valioso trabajo de Arno, ahora nos enfocaremos en su hijo André Stern, conocido por su libro: Yo Nunca Fui A La Escuela

Haciendo honor al título de su obra, André efectivamente es una persona que nunca asistió a la escuela. Lo que no fue un impedimento para que se convirtiera en músico, compositor, escritor, conferenciante, periodista.

En el video que presento a continuación nos habla de su experiencia. Donde nos expone el cómo nunca fue expuesto a horarios estrictos. Plantea que lo primero que hace un niño cuando se le deja tranquilo fuera de restricciones y condicionamientos es JUGAR, y si no lo interrumpimos lo que hará siempre es jugar.

Menciona que ha tenido la suerte de trabajar con neurobiólogos y lo que la neurobiología postula es la convicción de que venimos al mundo con el medio ideal de dispositivos de aprendizajes, que es nada más y nada menos que el JUEGO. 

Sabiendo que el juego es lo mejor para aprender, no hay nada mejor que el juego para aprender” André Stern

Igualmente expone que el juego ha sido degradado hoy en día, enmarcándolo solo como una actividad de ocio, no teniendo la importancia que se merece. Se le mira desde una perspectiva como algo externo o alejado del aprendizaje, siendo que debería enfocarse de manera contraria, como el motor del aprendizaje por excelencia.

André a través de la entrevista, deja entrever la posibilidad que si a un niño se le dejara jugar durante toda su vida, no necesariamente se convertirá en un salvaje, antisocial, analfabeto, desempleado…, ya que él mismo es la prueba de esto.

El que pensemos que no es favorable dejar a un niño jugar libremente la mayor parte del tiempo, es resultado de la errónea idea que existe hoy en día que si un niño no es controlado o forzado para que aprenda, simplemente no lo hará y se convertirá en alguien que no avanzará. Sin embargo se sabe que actualmente la ciencia ha demostrado justamente lo contrario. Lo primordial es respetar los ritmos y la espontaneidad de los niños para que el aprendizaje se active y desarrolle.

Nos habla también de la importancia que merece el ENTUSIASMO a la hora de aprender y desarrollar nuestras capacidades. En estado de entusiasmo podemos experimentar y lograr muchas cosas.

Cabe destacar que hace hincapié en el APEGO, y que respecto a esto se ha creído equivocadamente que se tiene que forzar a los niños a la autonomía, pero es al revés.

Es con apego profundo y sincero que un día el niño dará sus primeros pasos en autonomía”. André Stern.

Lo que motivó a los padres de André a no escolarizarlo, fue que sus padres creían profundamente en el tesoro que trae cada niño consigo.  Un tesoro lleno de potenciales que debía expresarse libremente por medio de la espontaneidad, la naturalidad y curiosidad. De esta manera sus padres tomaron la decisión de no enviarlo ni a él ni a su hermana a la escuela.

La competencia no es más que el efecto secundario del entusiasmo. Eres entusiasta y entonces tu competencia aumenta. De pronto hay encuentros, todo el universo conspira”. André Stern

En resumen, en esta imperdible entrevista, André, una persona que nunca fue a la escuela, nos cuenta con una pasión y sabiduría: “Que no necesitamos de calificaciones en la vida, basta con tener competencias que son el efecto del entusiasmo, entonces entusiasmémonos”.

Por Evelyn E.

 958 (1).jpg Si quieres acceder a compras y más información del libro de André Stern entra a este enlace: Yo Nunca Fui A La Escuela

Entrevista a Naomi Aldort, autora de: “Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos”

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Naomi Aldort, Además de autora del libro, asesora a familias que buscan mejorar su dinámica familiar y fortalecer el vínculo entre padres e hijos. Es una persona con gran experiencia a nível internacional en conferencias y talleres sobre el tema de la crianza respetuosa en todas las etapas de la vida de los niños y en temas de educación, madurez emocional y aprendizaje.

Esta pregunta tiene muchas ramificaciones, pero en tu opinión ¿Qué es en esencia el trabajo de los padres?

Los padres están aquí para acompañar a una nueva alma en la experiencia de existir como ser humano.

Es el trabajo de velar por el proceso de desarrollo de los hijos. Es como cuidar una planta. Cuando cuidamos una flor no interferimos en su desarrollo, no la forzamos a que abra sus pétalos ni la pintamos de colores. El tipo de flor que es nos es indiferente. La cuidamos para que florezca a su ritmo y a su manera, única y magnífica. No cuidamos de la flor solo cuando florece, la cuidamos para que florezca.

Este cuidado respeta a Dios, la naturaleza y la vida. Conlleva un amor incondicional, con una humildad y un respeto totales hace la Creación.

Por lo tanto, la tarea de los padres va acompañada de un profundo trabajo interior. Para cuidar a un niño con amor incondicional, confianza y respeto, uno también necesita desarrollarse y florecer. En cierta forma, es un trabajo divino, es decir, requiere que nosotros los padres busquemos la auto-realización y la paz para que podamos velar por la auto-realización de otra persona, con amor y orientación, pero sin estorbar la labor de la Creación, sin interferir en la naturaleza del niño.

¿Por qué a los padres nos cuesta tanto confiar en nuestros hijos y en nuestra propia intuición?

El problema de la confianza en los hijos y de nuestra propia intuición viene de la educación que hemos recibido y de la cultura moderna. De niños, la mayoría de nosotros fuimos educados para no confiar en nosotros mismos a obedecer a la autoridad y a dar mucho valor a las opiniones de los demás.

La lección, “no confíes en ti mismo, sigue a los demás” es profunda y subliminal. Aparece a diario en la vida de un niño sin que nadie se de cuenta de ello ni lo cuestione. Por ejemplo, cuando de niños quisimos dormir con nuestra madre nos dijeron que lo que sentíamos era equivocado y lo que teníamos que hacer era dormir solos. El deseo de permanecer junto a nuestra madre se transformó en confusión y duda en nosotros mismos. Los profesores en la escuela, aún con la mejor de las intenciones, afianzan este mensaje diciendo “haz lo que te digo” aunque eso vaya en contra de la voz interior del niño.

Aquí no estoy hablando de deseos y caprichos, estoy hablando de necesidades primarias y la autenticidad de nuestra voz interior. En mis talleres y charlas esclarezco la distinción entro los deseos superfluos y la verdadera autonomía de un niño.

En tu página web te presentas como “facilitadora de la auto-realización a través de la crianza de los hijos”.¿Qué quiere decir eso exactamente? ¿Cómo funciona en la práctica de tus talleres y en tus consultas privadas?

Todo y todos en la vida son un reflejo de nuestras percepciones. Uno mira al mundo desde su punto de vista particular. Los niños son nuestro mejor reflejo porque ellos todavía no tienen una historia propia, muestran un reflejo perfecto de sus padres. Cuando los padres trabajan conmigo adquieren herramientas que les ayudan a liberarse de pensamientos limitantes, se liberan de sentimientos dolorosos e historias previas que les frenan en la vida. Aprenden a ver su reflejo en sus hijos y se vuelven mejores padres, más capacitados y más cariñosos.

Puede que unos padres tengan un niño agresivo o que reacciona muy a menudo con ira e impaciencia. A través de nuestro trabajo conjunto esos padres aprenden a reconocer que las emociones fuertes de su hijo son un reflejo de sus emociones y comportamientos. Hasta la madre o el padre más tranquilo puede descubrir que lleva dentro un volcán dormido.

Cuando por conveniencia o convicción intentamos controlar a un niño perdemos la oportunidad de crecer y transformarnos en el padre o la madre que somos de verdad. Cada padre o madre conoce esos momentos de no haber actuado desde el amor sino desde un lugar emocionalmente doloroso o pesado, desde un lugar que le aprisiona. En esos momentos en vez de librarse de ese dolor y esas respuestas negativas el padre se auto-limita exigiendo que el hijo cambie su comportamiento. Eso dificulta la conexión entre padre e hijo y ambos salen perdiendo. Esta necesidad de control por parte de los padres es obviamente inconsciente y no es nada que tenga que hacernos sentir culpables.

Ser padres puede ser un camino espiritual hacia el despertar de nuestra conciencia si lo queremos aprovechar como tal.

¿Cómo se puede aplicar tu trabajo con los padres en un contexto general de cambio social en el mundo entero?

Nuestra meta a nivel global es la paz. Hemos aprendido que debemos convivir con gente de etnias, culturas, religiones y nacionalidades diferentes de la nuestra. Si no encontramos la paz dentro de nosotros mismos, no encontraremos la paz con nuestras familias, nuestras parejas y nuestros hijos, ni tampoco en la comunidad en la que vivimos o la sociedad en general. Tenemos que empezar en casa. La paz empieza en la crianza de los niños.

Los niños llegan al mundo que les ofrecemos y adoptan la forma de ser, pensar, sentir y relacionarse que nosotros les ofrecemos. No tienen otro marco de referencia que aquel que les enseñamos a través de nuestras acciones y la forma en que les tratamos.

La crianza de los niños es la forma más rápida de buscar la paz en este mundo. La guerra empieza en casa y la paz también. Empieza en el alma de cada persona, de cada madre y padre. Centrarnos en crear la paz interior en cada momento y llevar la paz a la relación padre-hijo es el único remedio para la guerra, y la herramienta que debemos usar es el amor incondicional.

Obviamente, estamos muy lejos de conseguir este objetivo. Los gobiernos insisten en que no tienen fondos para cursos de apoyo a padres, pero tienen dinero para desarrollar máquinas de guerra y armar ejércitos. La guerra empieza en casa en la forma en que respondemos a nuestras parejas e hijos.

Todos los problemas de nuestra sociedad derivan de la separación y la desconexión. Lo que enseño es unidad y conexión. Los niños que crecen de esta forma traen paz y honran a la humanidad.

Hasta ahora la crianza de los niños ha sido una lucha contra ellos. Nos hemos esforzado por darles una forma que encajase con nuestro propio molde, porque creíamos que no la tendrían si no se la imponíamos.

Algunos padres creen que no es posible hacerlo de otra manera y que los niños se portan mal cuando no les coaccionamos, controlamos y moldeamos. Sin embargo, en cada caso en el que he hablado directamente con los padres hemos terminado descubriendo que el comportamiento del niño había sido provocado justamente por ese afán de control. La transformación, la comprensión y la conexión siempre acaban con esa lucha y lo que queda es un niño cariñoso que se preocupa y actúa por los demás.

Lo que enseño no es permisividad, ni autorización para que el niño haga lo que quiera. Lo que enseño es cómo los padres pueden llegar a ser verdaderos líderes. Los verdaderos líderes traen la paz, no por medio de la fuerza, sino del amor.

La perspectiva que aplico a la crianza de los hijos forma parte de las corrientes de pensamiento moderno: el llevar el amor a la fuente, a los comienzos de la vida.

Si conseguimos evitar el esfuerzo negativo que supone manipular a los niños y, en su lugar, aprendemos formas de nutrir su magia innata, educaremos a gente pacífica que, a su vez, llevará la paz al mundo.

©Copyright Naomi Aldort

Naomi Aldort es la autora de “Raising Our Children, Raising Ourselves”, publicado en 14 idiomas y que en castellano se titula “Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos” de la editorial Medici, ISBN: 8497990765. Padres de todo el mundo piden su consejo a través de Skype/teléfono, en persona, escuchando sus CDs, asistiendo a sus talleres y telecursos o sus sesiones intensivas de familia. También proporciona asesoramiento a través de artículos y columnas en revistas de educación vanguardista de todo el mundo.

  • Para obtener su boletín informativo gratuito, información sobre sus telecursos, grabaciones en audio y vídeo, y sesiones privadas o en familia a través del teléfono o presenciales, visitar: www.AuthenticParent.com
  • Para aprender un poco sobre las ideas de Naomi Aldort, Ideas Educativas de Vanguardia ha creado una pagina de Facebook donde cada día cuelgan una cita o un video suyo que sirva de reflexión sobre la crianza de los hijos: https://www.facebook.com/ideaseducativasdevanguardia2014

Enlace relacionado: Naomi Aldort

Fuente: Autocrecimiento

«Los padres estamos a tiempo de evitar que la infancia de nuestros hijos se acorte”, Catherine L’Ecuyer

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La investigadora Catherine L’Ecuyer considera que se ofrecen demasiados contenidos a los niños reduciendo su capacidad de asombro ante el entorno y, por tanto, su infancia.

Catherine L’Ecuyer, autora de Educar En El Asombro  y creadora del blog Apegoasombro considera que muchos padres son víctimas de la industria del consejo empaquetado. «En los últimos años nos hemos dedicado a poner en práctica pautas, consejos, instrucciones, pensando que, de lo contrario, nuestros hijos no van a tener éxito ni estar bien educados». Sin embargo, L’Ecuyer aboga por volver a conectar con la sensibilidad, por conocer mejor a nuestros pequeños para encontrar respuestas a lo que debemos de hacer. «Hay que volver a lo esencial, a lo de siempre, lo que que no significa hacer lo mismo que antes».

—¿Por dónde empezar?

—Primero debemos preguntarnos  cómo es el  niño , su forma de ser… No hay que olvidar que un niño nace asombrado, entendiendo el asombro como su deseo por conocer, lo que le llevará a explorar y descubrir por él mismo todo lo que le rodea. Nos preocupamos mucho por pensar que los  niños no están motivados  o no aprenden al ritmo esperado. Estos dos problemas se producen porque se ha perdido el sentido del asombro. Debemos respetar sus propios ritmos, su inocencia, y las etapas de la infancia porque estamos acortando la infancia y logramos una adolescencia más larga. También hay que respetar su silencio para que puedan interiorizar el aprendizaje; mantener su sed de misterio, así como rodear a los niños de belleza, porque hoy solo están rodeados de juguetes.

—¿Por qué se ha acelerado tanto este ritmo a los niños?

—Hay muchos mitos en neurociencia que se han importado al ámbito de la educación, y uno de ellos es que «cuanto más y antes, mejor». Pero la neurociencia demuestra que no es verdad. Estas conclusiones están muy documentadas, pero no hay debate sobre ello. Ese es el problema. Es más, si vemos los resultados educativos de Finlandia se observa que más no es mejor. Hay una obsesión de los padres por que sus hijos sean competitivos, productivos. Es un error porque si queremos que sean emprendedores e innovadores lo que tenemos que hacer es fomentar su asombro, que es lo que hace que una persona busque retos que se ajusten a sus capacidades. Otro motivo, y no es culpa de los padres, es que trabajan muchas horas y no pueden conciliar tanto como quisieran y llega un momento en que no saben qué hacer con los niños. Lo más cómodo: darles pantallas para que se entretengan.

—¿Cuál es el verdadero problema de que estén jugando delante de una pantalla?

—Los niños se han acostumbrado desde muy pequeños a consumir pantallas. La Academia Americana de Pediatría dice que de 0 a 2 años los niños no tendrían que ver ninguna pantalla, sin embargo, ven contenidos que no les toca por edad.

—¿Qué consecuencias tiene este comportamiento?

—Que con dos años piden contenidos de cinco, y con cinco años contenidos de siete, lo que contribuye a que les acostumbremos a una sobrestimulación cada vez mayor. El niño entra en lo que llamo «el círculo vicioso de la diversión». Cuando le sobrestimulamos desde fuera hacia dentro, el niño deja de asombrarse, pasa a depender de la fuerza externa de estímulos para motivarse, y llega un momento en que se muestra completamente pasivo, con el riesgo de que pase a otra fase que es de adicción y pida contenidos cada vez más fuertes.

—¿A qué edad están preparados?

—No hay una edad determinada. Los niños son distintos a las niñas, depende de su maduración, de sus padres, de si es el primer hijo o no… No podemos ir por la vida con recetas. Pero el criterio general es que los hijos estén preparados porque han desarrollado diferentes virtudes y cualidades que les permiten estar inmersos en ese mundo, como es el sentido de intimidad, el respeto por los demás… cualidades que deben desarrollar antes de entrar en el mundo online.

—¿Hay vuelta atrás? ¿Se puede poner freno a esta tendencia y volver a dar a cada etapa lo que le corresponde?

—Sí. Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos. Ellos no actúan así por mala fe. Sí por falta de información. Debemos preguntarnos por qué la información correcta no llega. Nos llegan de EE.UU. las hamburguesas y las series violentas, pero no los estudios que realizan y advierten de lo que hace daño a nuestros hijos.

—Un niño muy estimulado, ¿será en el futuro una persona frustrada?

—Algunos informes dicen que por cada hora de televisión, los niños con menos de tres años tienen un 10% más de probabilidades de tener inatención con siete. Muchas madres cuando se enteran se llevan las manos a la cabeza porque todos hemos hecho eso alguna vez. También existe la creencia de que los juguetes educativos que hablan, aprender inglés con dos años o que vean DVD son buenos para su desarrollo. No es verdad. Hay estudios que asocian que el entrenamiento de los DVD con una disminución del vocabulario. Todo eso se tiene que divulgar. Hay que informar a la población.

—¿Dónde pueden encontrar los padres esta información?

—Hace falta una figura de divulgación entre el mundo académico y la calle. Es dificilísimo encontrarla. Además, hay mucho marketing educativo que no está reglamentado ni tiene fundamento científico.

—¿Están los padres a tiempo de corregir esto?

—La marcha atrás siempre es difícil. Conozco a familias que lo han hecho y han conseguido grandes logros en dos meses. Son dos meses muy duros porque quitar una iPad a un niño que está acostumbrado a acceder de forma ilimitada es muy difícil de soportar. Hay que estar preparado para unas pataletas impresionantes.

—Sin embargo, los hermanos pequeños estarán mucho más estimulados siempre…

—Es normal, pero podemos explicar todo esto a los más mayores para que se sientan partícipes y cuenten a los pequeños de la casa que, por ejemplo, no pueden ver la tele para que así se sientan ellos responsables. Es bueno explicar los porqués.

Fuente: ABC.es

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¿Por qué los niños se aburren en la escuela?

Young Boy Learning --- Image by © Royalty-Free/Corbis

Este video-entrevista expone la importancia de hacer un cambio rotundo en la educación imperante hoy en día, debido a todos los cambios que ha experimentado la sociedad y el mundo en general. Lo anterior gracias a la información que se maneja hoy en día en cuanto a avances científicos y tecnológicos, estudios sobre el cerebro y comportamiento humano, haber descubierto la influencia que tienen las emociones en el aprendizaje y que tanto las  ideas como la creatividad juegan un rol fundamental a la hora de educar.

La tarea fundamental que nos queda es transformar la educación de tal forma que llegue a estimular las habilidades y/o capacidades individuales que posee cada persona, apuntando a un tratamiento más personalizado. Una educación que de cabida y trascendencia a la pasión, las emociones, la creatividad y el talento.

Necesitamos formar personas íntegras y felices y esto se consigue cuando somos capaces de indagar en nosotros mismos al punto de darnos cuenta y descubrir qué es lo que nos motiva, qué nos apasiona de la mano de una educación que permita que esto sea posible…

Para profundizar en el tema se cuenta con la opinión de Sir Ken Robinson educador, escritor y conferencista británico. Experto en creatividad, calidad de la enseñanza, innovación y recursos humanos.

“Una de las características de la enseñanza es que hay una jerarquía en las asignaturas. En la mayoría de los sistemas está por arriba de esta jerarquía la lengua, las matemáticas y las ciencias y debajo de todo están las disciplinas artísticas. Hay pocos sistemas educativos, de hecho no conozco ninguno que enseñe danza con el mismo rigor con el que se enseña matemáticas. ¿Por qué hay esta jerarquía?, muchos dirán es evidente tiene que haber esta jerarquía, pero ¿por qué? Creo que hay dos motivos, el primero es económico, se cree que las materias que están arriba en la jerarquía son más relevantes para el mundo laboral. Te encuentras con afirmaciones como: “No te dediques al arte, jamás serás un artista ni te ganarás la vida con el arte”, “No hagas música, es muy difícil salir adelante como músico” (…) En nuestra cultura intelectual existe una asociación entre las ciencias y cierto tipo de conocimiento objetivo. Se cree que al trabajar con las ciencias, se trabaja con hechos y certezas que son las cosas que marcan diferencias en el mundo. Mientras que las disciplinas artísticas se asocian con los sentimientos y la expresión personal, por lo que está muy bien para entretenerse, pero no son importantes para la economía” Sir Ken Robinson

Por Evelyn E.

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Hacernos conscientes nos hará libres

LAGRIMA

Las heridas que arrastramos desde la infancia, las heridas primarias de desamparo, de abandono, de abusos y malos tratos, las hemos reprimido, las hemos desdibujado, nombrado de otra manera para exorcizarlas, las hemos negado y sepultado en el sótano oculto del inconsciente. Así nos educaron y desmontar la lealtad hacia nuestros criadores ahora, para hacernos conscientes, sería demasiado doloroso.

Pero aunque perdemos memoria factual acerca de lo que las causó, todas esas heridas constituyen improntas alojadas en un lugar sin tiempo, y prestas a actualizarse con cualquier detonante. Ese detonante puede ser cualquier persona, grupo de personas, evento o conjunto de eventos que nada tienen que ver con lo que originalmente causó nuestras heridas emocionales primarias.

Algunos seres humanos básicamente orientadas por el afán de poder, suelen aprovecharse de esta condición. ¿Y cómo lo hacen? Creando detonantes que actualicen nuestras heridas y provoquen la manifestación colectiva del odio y de la ira históricamente reprimida y acumulada desde la infancia que nunca estuvimos en condiciones de reconocer, nombrar ni mucho menos atribuir a quienes realmente la causaron ¿Y por qué lo hacen? Porque el odio y la ira es energía, es combustible que moviliza hacia la destrucción. Si esa energía se manipula hábilmente para que actúe como arma de guerra a favor de terminados intereses, les resulta muy provechosa.

Por eso digo: Revisemos bien. El origen de nuestro odio seguramente dista mucho de esa persona o de ese grupo de personas hacia quienes lo dirigimos. Reflexionemos. Al margen de lo que haya causado nuestras heridas, somos responsables de elegir el modo en que responderemos. Asumamos la responsabilidad sobre nuestras emociones y cómo gestionarlas. Asumamos la propia libertad de elegir si nos dejamos arrastrar y aplastar por la estampida del colectivo asustado, estresado y violento o decidimos optar por una forma digna, compasiva y respetuosa de tratarnos a nosotros mismos y a los demás, al margen de lo que suceda alrededor. Enfrentemos el compromiso con nuestra propia salud y bienestar, para encontrarnos en condiciones de ofrecer salud y bienestar a quienes nos necesitan, sobre todo y especialmente a los niños y niñas a nuestro cargo. Superemos nuestras heridas emocionales porque ellas nos hacen esclavos. El verdadero poder personal emerge cuando somos capaces de ser conscientes del origen de nuestras  emociones. Hacernos consciente, nos hará libres.

Berna Iskandar @conocemimundo

Fuente: Inspirulina 

El papel del juego imaginario en el desarrollo cognitivo de los preescolares

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La evidencia empírica sugiere que existen conexiones entre las habilidades cognitivas y el juego imaginario. Sin embargo, hoy la tendencia en muchos jardines infantiles es enfatizar las letras, los números, los colores y otras habilidades académicas. Según un estudio de la Universidad de Miami, si a los niños no se les da la oportunidad de realizar este tipo de juegos, sus capacidades relacionadas tanto con metacognición, solución de problemas y cognición social, así como de las áreas académicas, se verían disminuidas a largo plazo.

Existe evidencia empírica sobre las conexiones entre las habilidades cognitivas y el juego imaginario. Este ha sido un componente importante en el currículum de la enseñanza de párvulos en Chile y otros países. Sin embargo, distintos grupos están empezando a exigir que los jardines infantiles enfaticen en las actividades académicas: por un lado, los padres quieren que preparen a sus hijos para las exigentes pruebas de admisión a los buenos colegios. Y por otro lado, el Estado enfatiza más en “accountability” en los colegios, y los directores y los profesores exigen que los alumnos lleguen al colegio mejor preparados.

Así, la nueva tendencia en muchos jardines es a enseñar las letras, los números, los colores y otras habilidades académicas. Según un trabajo publicado por la psicóloga Doris Bergen de la Universidad de Miami, Ohio, estos hechos han provocado una disminución importante del entendimiento de la contribución de los juegos imaginarios en el desarrollo de las habilidades cognitivas.

Según Bergen, debido a que el desarrollo de la imaginación, el lenguaje receptivo y expresivo y la representación mental en todos los niños empiezan a la misma edad (entre 1 y 2 años), los investigadores han hipotetizado relaciones conceptuales entre estos procesos. Según la autora, el juego imaginario requiere la habilidad de transformar objetos y acciones simbólicamente; permite más diálogo social y negociación e involucra representación de roles e improvisación.

Muchas estrategias cognitivas ocurren durante el juego, como planeamiento común, solución de problemas y la fijación de metas. La investigación reciente en psicología del desarrollo sugiere que hay un “espacio de trabajo mental” en el cerebro que explica el fenómeno de imaginar, lo cual enfatiza la relación importante entre juego y cognición.

Según Bergen, es probable que el juego imaginario enganche con muchas áreas del cerebro, porque involucra emoción, cognición, lenguaje, acciones sensomotoras y puede promover el desarrollo de conexiones sinápticas.

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Durante mucho tiempo, la relación entre el juego imaginario y el desarrollo cognitivo ha sido un tópico de investigación entre educadores y psicólogos. Por ejemplo, estudios lo han vinculado con preparación en matemática, habilidades lingüísticas y de alfabetización, funcionamiento cognitivo y control del impulso, competencia representacional y habilidades para solucionar problemas. La investigación reciente ha explorado la relación del juego imaginario con la teoría de la mente, estrategias cognitivas, competencia social y lingüística y el desarrollo de habilidades académicas.

Los estudios que examinan la relación entre el juego imaginario y el desarrollo de representación mental (teoría de la mente) son inconclusos, pero sugieren que es un facilitador importante en el pensamiento abstracto. Los estudios que investigan las estrategias cognitivas concluyen que el juego imaginario (1) provee un contexto para el desarrollo de auto-regulación; (2) fomenta el uso de narrativas más elaboradas; (3) ayuda a la memoria narrativa y, (4) promueve la solución de problemas. La investigación sobre el juego imaginario influye en la información sobre competencias lingüísticas y sociales, que son cruciales para el éxito en el colegio. Estos estudios sugieren que los juegos imaginarios con pares pueden ayudar a los alumnos en estas áreas.

Finalmente, dos estudios longitudinales encontraron que los alumnos que tenían más oportunidad de realizar juegos imaginarios en el jardín tenían mejores hábitos y, con el tiempo, mejores habilidades de lectura y mejor rendimiento en matemática desde séptimo básico en adelante. Los investigadores especulan que no hay una relación con el rendimiento en matemática antes de séptimo básico porque las habilidades que se utilizan desde primero a séptimo básico son más de memorización, y que los procesos operacionales formales que los alumnos desarrollan en séptimo básico pueden venir de sus experiencias del juego imaginario.

El nuevo énfasis en la preparación académica, como enseñar las letras, números, colores y otras habilidades, ha quitado tiempo del juego imaginario en la edad preescolar. Según Bergen, esta tendencia ha tenido un impacto negativo sobre el juego imaginario, lo cual requiere períodos extendidos sin interrupción para desarrollar complejidad.

La evidencia muestra claramente que el juego imaginario es un componente importante en el progreso del desarrollo personal, social y académico de los niños. Por eso, la autora concluye que los educadores deberían resistirse a las políticas que reducen el tiempo de estas actividades lúdicas tanto en jardines infantiles como en escuelas primarias.

Según la psicóloga de la Universidad de Miami, si a los niños no se les brinda la oportunidad de realizar este tipo de juegos, sus capacidades relacionadas tanto con metacognición, solución de problemas y cognición social, así como de las áreas académicas: alfabetización, matemática y ciencias, se verían disminuidas a largo plazo. Es muy probable que estas complejas habilidades multidimensionales que involucran muchas partes del cerebro, prosperarán en un ambiente rico que promueve el juego imaginario.

Fuente: educarchile

Dile que le quieres, Laura Gutman

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Cerremos los ojos y recordemos lo más hermoso que nos han dicho nuestros padres: Princesa…rey de la casa…mi vida…eres un encanto…cariño…mi corazón…mi amor…mi cielo…qué guapo…qué listo…

¿Estamos sonriendo?

Tal vez algunos de nosotros no logremos traer estos recuerdos, y en su lugar aparezcan sin permiso otros: qué tonto eres…pues sólo sabes mentir…que si sigues así se lo diré a tu padre…eres malo…no te quiero… ¿acaso no comprendes?…  ¿eres sordo?…distraída como su madre…

¿Estamos compungidos?

Lo que nuestros padres -o quienes se ocuparon de criarnos- hayan dicho, se ha constituido necesariamente en lo más sólido de nuestra identidad. Porque somos los adultos quienes nombramos cómo son las cosas. Por eso lo que decimos, es.

El niño pequeño no pone en duda lo que escucha de los mayores. Puede ser doloroso o gratificante, pero en todos los casos, la interpretación de los adultos es absolutamente certera para el niño que aprende a traducir al mundo a través del cristal de los mayores.

En este sentido, la intención con la que hablamos con los niños es importante. Si los amamos de verdad, seguramente nuestras palabras estarán cargadas de sentimientos cariñosos y suaves. Pero si estamos llenos de resentimiento, destilaremos odio aún cuando los niños no tengan nada que ver.

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Es verdad que hay situaciones donde el niño se equivoca o hace algo inadecuado. Pues bien. Una cosa es conversar sobre eso que “hizo” mal, y otra cosa es que ese acto lo convierta en alguien que “es” malo. Sólo nuestro rencor puede confundir entre lo uno y lo otro. Si el niño, de tanto escuchar a sus padres diciendo lo mismo, se convence de que es malo, quedará atrapado por ese circuito donde “es” en la medida que es malo, y para ser malo, tiene que seguir haciendo todo lo que haga enfadar a sus padres. En ese punto, ha perdido toda esperanza de ser amado sin condiciones.

Para el niño “eternamente malo a ojos de sus padres”, siempre aparecerá otro individuo que actuará el personaje opuesto: “el eternamente bueno”. A veces es alguien tan cercano como el propio hermano o hermana, u otra persona muy próxima a la familia. Allí, en ese personaje, -no importa qué es lo que haga- recaerá toda la admiración y será nombrado por los padres como  alguien “bueno, inteligente y listo”. Esta es la prueba fehaciente de que no se trata de lo que cada uno es o hace, sino de la necesidad de los adultos de proyectar polarizadamente, nuestros lados aceptados y nuestros lados vergonzosos en otros individuos, para no hacernos cargo de quienes somos. Y también para dividir la vida en un costado bien negro y en otro bien blanco, de modo de tener cierta sensación de claridad. Que por supuesto no es tal.

Parece que los adultos necesitamos mostrar todo lo que los niños hacen mal, cuán ineptos o torpes son, para sentirnos un poquito más inteligentes. Es una paradoja, porque al actuar de esta forma, es obvio que somos increíblemente estúpidos.

Sin embargo las cosas son más sencillas de lo que parecen. Decirles a los niños que son hermosos, amados, bienvenidos, adorados, generosos, nobles, bellos, que son la luz de nuestros ojos y la alegría de nuestro corazón; genera hijos aún más agradables, sanos, felices y bien dispuestos. Y no hay nada más placentero que convivir con niños alegres, seguros y llenos de amor. No hay ningún motivo para no prodigarles palabras repletas de colores y sueños, salvo que estemos inundados de rabia y rencor. Es posible que las palabras bonitas no aparezcan en nuestro vocabulario, porque jamás las hemos recibido en nuestra infancia. En ese caso, nos toca aprenderlas con tenacidad y voluntad. Si hacemos ese trabajo ahora, nuestros hijos -al devenir padres- no tendrán que aprender esta lección. Porque surgirán de sus entrañas con total naturalidad, las palabras más bellas y las frases más gratificantes hacia sus hijos. Y esas cadenas de palabras amorosas se perpetuarán por generaciones y generaciones, sin que nuestros nietos y bisnietos reparen en ellas, porque harán parte de su genuina manera de ser.

Parece que nuestra generación es bisagra en la evolución de la sociedad occidental. A las mujeres nos toca aprender a trabajar y lidiar con el dinero. A ser autónomas. Nos toca aprender sobre nuestra sexualidad. A re aprender a ser madres con parámetros diferentes de los de nuestras madres y abuelas. Y nos toca aprender a amar. Por eso es posible que sintamos que es un enorme desafío y además es mucho trabajo, esto de criar a los niños de un modo diferente a como hemos sido criadas. Es verdad. Es mucho trabajo. Pero se lo estamos ahorrando a nuestra descendencia. Pensemos que es una inversión a futuro con riesgo cero. De ahora en más… ¡sólo palabras de amor para nuestros hijos! Gritemos al viento que los amamos hasta el cielo. Y más alto aún. Y más y más.

Laura Gutman
Psicopedagoga

http://www.lauragutman.com.ar/

SIN PRISAS “Elogio a la Lentitud”

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Cierta vez una liebre desafió a una tortuga a una carrera, y esta última aceptó a condición de que le otorgaran algo de ventaja. Dieron señal de largada; la tortuga comenzó su marcha y pronto fue alcanzada por su competidora que se burló de ella. Viendo que llevaba la delantera, la liebre decidió descansar hasta que llegase la tortuga, sin prever que podría quedarse dormida. Fue entonces cuando la que se suponía más lenta alcanzó a la más veloz y ganó la competencia. La fábula de la liebre y la tortuga es célebre por sus diversas moralejas, y también, si se quiere, una síntesis del slow parenting, una tendencia en educación con dos décadas de tradición en los países anglosajones que comienza a echar raíces en Hispanoamérica.
El término acuñado no es nuevo. Forma parte del proceso de experiencias a ritmo pausado extendidas globalmente como slow food, slow cities, slow travel, slow school, slow education. Su traducción estricta es crianza lenta, y se la equipara conceptualmente a la paternidad simple, distendida, sin apuros por sortear etapas y con la aspiración de ofrecer buena parte de la educación de los hijos en casa.
Es lo opuesto a la formación hiperactiva que predomina en los hogares desde las últimas décadas y que se vincula con padres sobreprotectores que enseñan a sus hijos a vivir con agendas topeadas de actividades extracurriculares de lunes a domingo, con la idea de preparar a los pequeños para un mundo competitivo.
El nuevo paradigma alcanzó la cima cuando Carl Honoré, el padre intelectual de la tendencia, publicó In praise of slowness, un bestseller con el que fundó el movimiento. ¿Por qué tenemos tanta prisa? ¿Cómo se cura esa auténtica enfermedad que es nuestra actitud ante el tiempo? ¿Es posible, e incluso deseable, hacer las cosas con más lentitud? Éstas fueron algunas de las interrogantes que se planteó Honoré una noche mientras leía un cuento a su hijo. Estaba acelerado, subía el volumen de la voz sin necesidad, se salteaba palabras y se comía párrafos o páginas enteras para terminar más rápido. Estaba muy apurado, pero ¿para hacer qué? Ninguna respuesta fue lo suficientemente convincente y comenzó a indagar en sí mismo para conocer las causas de esa actitud.
Correcaminos
La investigación que inició Honoré para reorientar su propia paternidad y entender por qué llevaba una vida de correcaminos se moldeó a las distintas corrientes slow. Incluso, resulta paradójica la velocidad con la que se popularizó esta contracultura que aboga por el fin de la sobreprotección y el inicio de una forma más sencilla de afrontar la vida.
Para Ilse Lustenberger, psicóloga uruguaya especializada en familia y vínculos, el slow parenting es el resultado de los cuestionamientos de muchos padres y expertos acerca del rumbo que tomaron las nuevas generaciones a las que no se les daba la oportunidad de equivocarse, de explorar por sí mismas o se les promovía aun en las fallas para evitarles la frustración. Esto provocó niños debilitados que se sienten inseguros y fracasados cuando se embarcan en actividades en las que no son buenos. “Si bien no hay una escuela teórica, esta modalidad está formada por conceptos y nociones del ámbito pediátrico, cultural, social, educativo. Es un estilo contrario a la tendencia generalizada de programar actividades después de la escuela, de sobreprotegerlos o de resolver los problemas por ellos. Es una filosofía de vida, que enfatiza la importancia del juego, del acceso a la naturaleza e intenta que la tecnología esté al servicio del aprendizaje y de lo lúdico”.
slowlife-logo
En Uruguay la movida se instaló con timidez hace varios años. Algunos de sus seguidores envían a sus hijos a centros educativos que sostienen una doctrina acorde con las prácticas slow, donde valoran el desarrollo progresivo de la creatividad del niño, que si es avasallado con múltiples tareas, simplemente no tiene espacio para jugar. “Hoy en día tienen cien juguetes en los estantes, en las cajoneras, en las bauleras, y no pueden usarlos por falta de tiempo. Jugar es una necesidad básica del ser humano. Refiriéndonos al infante, es como el aire que necesita para respirar, jugando crece, elabora, despliega situaciones de la vida a partir de su imaginación y de sus fantasías. No necesita que le compremos todo lo que está en el mercado, al contrario, eso lo atiborra de información, y lo deja en medio de tantas opciones que se le hace más difícil elegir. Menos es más”, añadió la experta.
Las consecuencias del apuro traspasa el escenario lúdico. En un mundo acelerado el niño se ve arrastrado por los adultos y comienza a vivir los ritmos de ellos. Los promotores del slow aseguran que hay que detenerse y reflexionar para desandar ese camino y respetar los espacios infantiles. La consecuencia de estas actitudes se resumieron en los términos hyper parenting, es decir padres que proporcionan múltiples actividades, y helicopter parenting, los que cuidan y sobreprotegen con obsesión. Es preciso preguntarse para qué, por qué, qué los motivó a hacer del niño un adulto en miniatura.
La experiencia de vivir con lentitud ofrece sentido común y proporciona pautas para desarrollar una crianza en singular, sin copiar modelos generalistas. Recordar esto, remarcó la psicóloga, calma a los progenitores porque, de lo contrario, buscan mil recursos y se agobian con lo que tienen que hacer en lugar de hacer lo que ellos consideren que es mejor para su familia. “Es preciso trabajar con los padres, ofrecerles espacios de reflexión, porque muchos deben aprender de modelos diferentes, no tienen por qué saber siempre qué hacer. Actualmente apostamos a la prevención, es decir promover salud y no curar cuando ya está el problema instalado”.
Escuela para padres
Alejandro de Barbieri, logoterapeuta experto en análisis existencial, trabaja con los padres. Desde su perspectiva uno de los principales asuntos a desentrañar se relaciona con los roles que ocupan en la crianza de los hijos. “¿Quiénes son los expertos? Los padres creen que somos nosotros, y con eso estamos viviendo una tragedia educativa”, respondió De Barbieri parafraseando a Jaim Etcheverry, quien en 1999 publicó un libro que aborda estos conceptos. “La tragedia son los padres permisivos educando a hijos tiránicos. Ése es el producto de los enfoques deterministas que les sugirieron durante décadas que no tocaran a los niños para no traumarlos y les hicieron caso, derivando la tarea a los expertos. Los padres dicen que ellos no tienen nada que ver y que son los educadores, los psicólogos, los psicopedagogos, los psiquiatras los que deben hacer lo que ellos no hacen. He constatado que ellos creen en esto y por eso es importante ayudarlos a recuperar la experticia, porque si claudicamos nunca nos conectaremos con nuestros hijos”.
De Barbieri trabaja reubicando las responsabilidades, indagando las causas por las que los adultos se sienten culpables y sobreprotegen a los niños, ayudándoles a que pierdan el miedo a equivocarse y que dejen que sus pequeños fracasen. Se trata de restaurar el rol de cada uno. Llevado al slow parenting, les propone una reducción consciente de la agenda y luego por añadidura la de sus hijos. No se trata de inculcar una negación de la vida posmoderna, pero sí de sentarse y meditar una verdadera planificación familiar para vivir mejor el proceso, con menos estrés. ¿De qué vale hacer todo lo que uno debe hacer por su bien, si lo hace preocupado por otras cuestiones? ¿De qué vale ir a clase de reiki o yoga apurados por el tic tac del reloj?
“Los padres se preguntan a menudo cómo hago para que mis hijos sean felices. Les sugiero que se pregunten cómo hacen ellos para ser felices. Ésa es la base de todo. Preguntate a ti mismo cada día cómo hacés para llegar a tu casa feliz y verás que poco a poco te verás jugando en el piso con ellos, escuchando música, acompañándolos. Lo esencial para empezar es bajar el aceleramiento y eso tiene que ver con pequeñas acciones; con una cena en familia sin televisión se previenen la depresión y las adicciones, se enseña a entender a los demás, a tener empatía y a comunicarse”.
Para toda la vida
Todo lo que engloba el movimiento no propone un cambio radical o un aislamiento, sino una posición firme para no dejarse arrastrar por la corriente. No se trata de dejar de lado la tecnología, aunque sí de apagar el celular mientras se comparte tiempo en familia, o al menos silenciarlo. La esencia está en encontrar el equilibrio; ésa es la palabra clave para todo el proceso que comenzará con la llegada de los hijos y se prolongará durante toda la vida. “Más allá de la traducción literal, esta tendencia significa vivir el momento con plenitud, intensamente centrados, atentos y disfrutando el presente”, complementó Lustenberger.
Que sea lento no significa pasivo, todo lo contrario, es estar activo aceptando el ahora sin resignarse. “Enfocarse en esto es bajar la velocidad del ritmo de vida, es detenerse a observar, a valorar el aquí y el ahora como momento único. Tal vez este punto de vista sea el más atractivo y destacable, porque es compartido por muchos seres humanos en estos tiempos. Detenerse para avanzar, que es lo contrario a correr sin llegar”.
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DESDE LA GESTACIÓN
Durante el embarazo, la lactancia y en el desarrollo del niño, detenerse tiene que ver con un estado de atención plena, de paz interior, de integridad y dignidad, es vivir el ahora y no estar esperando siempre el después inmediato. La psicóloga Ilse Lustenberger reflexionó sobre el tema y mencionó que es preciso tener la cabeza bien puesta en estas etapas. “La embarazada primero debe conectarse consigo misma y con su embarazo, para luego conectarse con el bebe in utero. No es una tarea emocional fácil y como siempre es en singular, depende de cada mujer gestante y de su entorno”. 
“Lo importante es disfrutar de esa etapa, y no pensar en estimulación. Dedicar un momento del día a acariciar la panza y hablarle o contarle algo lindo, sin exigencias y si hay ganas. Esperar el tiempo para recibirlo y darle la bienvenida a este mundo. Que no se guíen por modelos rígidos, sino por sus afectos, de lo contrario es otra exigencia instalada. Hay que hacer lo que realmente se siente como bueno y beneficioso en cada situación. Esto es salud mental, a fomentarla, y a reproducirla”.
MANDAMIENTO SLOW
Carl Honoré el promotor más visible del slow parenting redactó en su libro Elogio de la lentitud un decálogo con consejos. Aquí algunos de los más famosos:
• No permita que la agenda gobierne su vida. Muchas de las cosas allí planteadas son postergables.
• Cuando comparta tiempo con su pareja e hijos desconecte el teléfono.
• Tómese tiempo para comer y beber; son unos de los placeres de la vida.
• Pase más tiempo a solas. Escuche su voz interior y no tema al silencio.
• Disfrute de la música con calma.
• Escuche los sueños de las personas que le rodean, sus miedos, sus alegrías.
• Escriba un ranking de prioridades. Si lo primero es el trabajo, redáctelo de nuevo.
• No crea que sus hijos pueden seguir su ritmo. Es usted quien debe desacelerar e ir al de ellos.
• El virus de la prisa es una epidemia mundial. Si lo contrajo, reflexione y trate de curarse.

Padres slow en un mundo acelerado. ¡Es posible!.

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La maternidad slow, me parece un tema tan interesante como necesario y me atrevería a decir que obvio.  Antes de la existencia del movimiento slow maternidad y despacio ya eran dos términos inseparables.  ¿Acaso hay algo que merezca más la pena ser vivido con lentitud que el parto, la maternidad o la niñez?

No hay más que mirar a una madre para darse cuenta de que amamantar, bañar a un bebé, mimarlo y cuidarlo durante el día es un acto de paciencia infinita.  Es fácil comprender que no hay otra manera de vivir esta experiencia que despacio, con consciencia y de un modo pleno. El estrés y la prisa no deberían nunca estar invitados a la fiesta de la vida. Impiden a las mujeres disfrutar del embarazo como una lenta y hermosa espera, rompen los ritmos necesarios en que el bebé debe crecer y crea niños acelerados, casi obligados a adaptarse a la velocidad de sus padres.

 Cuando esto sucede no sólo el niño esta renunciando a algo que le beneficia sino los propios padres. Están dejando pasar la oportunidad de recordar cómo era la vida sin relojes. ¿Desde cuando no lees un cuento de principio a fin con total concentración y disfrute? ¿Cuánto hace que no juegas despreocupado como cuando eras niño? Ahora puedes volver a ser quien tu imaginación dicte y, por si fuera poco, tienes a tu lado al mejor compañero de juegos que jamás imaginaste: tu hijo.

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 ¿Qué tal si vas al parque y te llenas de arena? ¿Y si después das un paseo de su mano sin mirar el reloj, escuchando y observando la manera en que descubre el mundo?.No digo que sea fácil compaginar una maternidad/paternidad slow con el ritmo de trabajo actual, con la velocidad y circunstancias de nuestro tiempo. Los padres con prisas sin tiempo ni ganas, la ausencia de creatividad en los juegos con sus hijos o la inscripción en guarderías muy tempranamente no hace que esos padres sean peores que otros ni mucho menos que quieran menos a sus  hijos. Sólo están siguiendo un ritmo que quizás les han impuesto antes a ellos o simplemente no se han parado a pensar que las cosas pueden ser diferentes.

Pueden serlo y cada vez más historias dan prueba de ello. Hay madres que dejan su trabajo por iniciativa propia porque desean disfrutar plenamente de su maternidad. Otras muchas han iniciado ya el camino del emprendimiento que les permita trabajar en lo que más le gusta desde casa o andan a la búsqueda de un trabajo más flexible. De la misma manera existen madres y padres que continúan con sus trabajos de igual manera que antes pero encuentran herramientas y soluciones para que esto afecte lo menos posible a sus hijos, respetando sus ritmos y su espacio propio, enseñándolos a ser slow desde pequeños, no obligándolos a dejar de ser niños antes de tiempo.

Yo creo que merece mucho la pena reflexionar sobre esto y comenzar a generar cambios…

Fuente: Universo Flow

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Que no llegue la noche…

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“Volvámonos locos. Soltemos las riendas que nos sujetan y nos amarran a una realidad caduca. Crucemos todas la esquinas y dejemos que nuestras miradas siempre salvajes se filtren por las fachadas y husmeen en todos los corazones que aún laten pidiendo permiso. Caminemos contra el viento, si hace falta, para dar la vuelta al mundo y regresar a nuestras vidas y recuperar la risa, el misterio, el hambre que nos hacía llegar al amanecer sin sueño y a la noche sin tregua. Amemos lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Apreciemos lo que tenemos sin dejar de ansiar…

Seamos inoportunos e imprudentes. Que nos digan que no y nos miren de reojo con cara de pena. Que se crean que van a amedrentarnos con sus caras de marmota cansada y envuelta en una rutina insoportable. Ya vendrán. Ya se darán cuenta de que nuestra locura es vida y un día querrán compartirla. Mientras, que nos maldigan… Luego, tendamos la mano, si hace falta.

Seamos todo lo que nos han dicho que estaba prohibido ser si es lo que queremos y necesitamos. Si por una vez, nos damos cuenta de que la vida real está al otro lado de la valla, donde siempre nos dijeron que no se podía pisar. Al otro lado de ese muro al que nunca nos permitieron trepar … Y gritemos esas palabras que siempre nos dijeron que no se podían pronunciar. Pisemos la línea, pongamos el dedo en la llaga, saltemos encima de nuestras conciencias amodorradas y rompamos algunas normas que no sean para nosotros sagradas… A ver qué pasa. A ver si el mundo se desmorona y el cielo cae. A ver si la luna se esconde y la tierra deja de dar vueltas… A ver si sólo cambiamos nosotros y nuestro mundo y para el resto no sucede nada más que tener que ver cómo vivimos según nuestros anhelos. No vendamos nuestros principios, vivámoslos como merecen y merecemos.

Demos la vuelta. Equivoquémosnos cada día. Dejemos nuestras vidas expuestas al sol para que cicatricen. Aireemos nuestras penas y miserias para que la brisa que pasa se las lleve y nos deje ávidos de nuevas historias y sin un solo pensamiento que nos haga temer el futuro y dar un paso atrás. Tengamos todo el miedo necesario, pero no dejemos que el miedo nos tenga…

Lloremos todo lo llorable. Riamos todo lo risible. Sintamos todo lo que somos capaces de sentir sin escondernos de sus miradas. Que nos vean soñar y amar, que sepan que nos ilusionamos y no nos avergüenza. Que sepan lo que sentimos y que esa sea nuestra bandera. Que envidien nuestras esperanzas y copien nuestros deseos, que sueñen con tener el valor que tenemos nosotros de plantar cara para vivir sin más ataduras que el respeto y la cordura de nuestras locuras controladas.

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Seamos lo que soñamos. Luchemos por ser lo que soñamos. Desatemos esas pasiones que tenemos enlatadas y sujetas… Que nada nos haga retroceder ni pensar que no podemos, que no merecemos, que no necesitamos.

Que no nos entiendan, aunque entendamos. Que no nos acepten, aunque aceptemos. Poco importa lo que piensen, aunque lo respetemos, porque lo que realmente importa es lo que pensamos… Que no creamos que lo sabemos todo… Que sepamos escuchar a todos, incluso a nosotros mismos… Que siempre nos quede una cuesta por subir y un reto por alcanzar.

Salgamos de nuestros cascarones seguros y demos una vuelta por otros mundos. Aunque haga frío y tengamos miedo, aunque a veces no tengamos claro el destino o no recordemos el camino de vuelta.

A veces, para llegar a uno mismo hay que salir de uno mismo y dar mil vueltas.

Que no llegue otra noche sin haber apurado el día…”

MERCEROURA la rebelión de las palabras

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Imágenes: Amanda Cass