“La felicidad es una manera de estar en el mundo” Ferran Salmurri, autor del libro: “Razón y Emoción”

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Desde que apenas levantamos un palmo del suelo, nos enseñan a leer y a escribir, a hacer sumas y restas. Nos enseñan también a obedecer, a seguir unas normas y a pasar unos exámenes. Sin embargo, nadie, ni desde casa ni desde la escuela, nos educa a pensar. ¿Cómo vamos a ser felices si nadie nos ha enseñado a hacerlo?

Con esta idea, edifica el psicólogo Ferran Salmurri su última obra, ‘Razón y Emoción’ (RBA) en la que analiza y expone todas las claves para aprender a pensar, y por ende, a ser felices. Porque está convencido de que la felicidad puede aprenderse y enseñarse; sólo hace falta empezar a ser conscientes de ello. “Buscamos la felicidad y esto no es otra cosa que estar bien y sentirnos bien. Por ello, la felicidad no debe ser una meta en la vida, sino una forma de estar en el mundo”, afirma con rotundidad.

Este especialista en psicología lleva más de 44 años divulgando esta disciplina en aulas y en consultas, intentado aplicar lo que se dice en ellas a la cotidianidad de la vida. Con un enfoque cognitivo-conductual, Salmurri habla de emociones y moldea pensamientoscon el único fin de que la sociedad avance hacia una mejor educación emocional que le ayude a evitar sufrimientos innecesarios o a combatirlos con mejores recursos. “Necesitamos una educación más humana que mejore nuestras emociones, porque todos sentimos lo que pensamos. Somos fruto de nuestros pensamientos”. Sin embargo, pregunta el experto, ¿alguien nos ha enseñado a pensar?, ¿Alguien nos ha advertido qué tenemos que hacer cuando vienen dificultades?, ¿Nos han dado las herramientas necesarias para luchar cuando aparecen problemas? Su respuesta es clara y contundente: No.

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Con todo esto como telón de fondo, la pregunta que corresponde a continuación sería: ¿Cómo debemos entonces, enseñar a pensar? ¿Cómo debemos pensar para sentirnos bien y ser felices? Lo primero que hay que hacer, según indica el profesional, es parar y sopesar: “Reflexionar para qué vivimos y por qué hacemos lo que hacemos. Nadie nos educa para pensar en el ahora sino que se nos instruye siempre pensando y preparándonos para el futuro”. De hecho, hay estudios que dicen que sólo un 10% de las personas vive realmente en el presente. El pasado nos condiciona, y vivimos todo el tiempo preparando lo que vendrá después, pero nos olvidamos del aquí y del momento actual: “Somos fruto del pasado y nos jugamos el futuro, pero la vida es ahora”.

Lo segundo que debemos hacer es usar la inteligencia. “No la usamos cuando pensamos porque nos dejamos llevar por nuestras emociones, por tanto hay que saber pensar para gestionarlas, pero de una forma inteligente”.

Pero aún hay más: no sólo no se enseña a pensar sino que únicamente lo hacemos a obedecer y a cumplir órdenes. A los niños se les demanda cada vez cosas más complejas, se les alecciona a obedecer y a sentirse culpables cuando no han hecho algo bien. A pesar de estar en el siglo XXI, y de todos los avances palpables que se han ido sucediendo a lo largo de los años, “tenemos una educación primitiva emocionalmente, una educación donde predomina el castigo y la culpa”, expone Salmurri.

De igual modo que se nos enseña a través del castigo y de la culpa, se nos prepara desde pequeños a hacer las cosas para tener la aprobación y la estima de los demás en vez de la nuestra propia. “No se enseña a tener autoestima ni a tener las herramientas necesarias cuando vienen épocas de vacas flacas. Y algo muy relacionado con la felicidad”, afirma contundente, “es tener una buena autoestima”.Las personas más felices tienen, al menos, cuatro características importantes que las diferencian de las que no lo son: tienen la autoestima más alta, la percepción de que son personas más estables, capaces de dirigir su propia vida en base a ellas mismas y no a las circunstancias que les rodean, son más positivos a la hora de pensar y suelen tener más relaciones con los demás.

Para conseguir un estado de bienestar, y por tanto de felicidad, Ferran Salmurri desarrolla y enseña con profundidad en su libro las claves necesarias para ayudar a pensar mejor.

Entre otras herramientas se puede utilizar el pensamiento de forma positiva, es decir, potenciar las cosas que hemos hecho bien, no tanto las malas, y generar sentimientos de satisfacción. Al igual que la empatía, que no es otra cosa que tener en cuenta los sentimientos del otro, pues “mejora la convivencia”.

Otra práctica a mejorar es la reacción ante el error: “Una experiencia nunca es un fracaso, pues siempre puedes obtener algo positivo”. Al igual que hay que aprender a relativizar, o lo que es lo mismo, no tener una percepción exageradamente negativa de las situaciones que nos toca vivir.

Y, por supuesto, enseñar autoestima y a gestionar nuestra rabia, celos y miedos, “porque vivimos condicionados por el miedo”. La mejora de nuestros pensamientos y nuestra práctica cognitiva, concluye el psicólogo, es clave para alcanzar nuestros sueños.

Fuente: EL MUNDO

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