¿A qué y dónde juegan nuestros hijos hoy?

El futuro desarrollo social, académico y emocional de nuestros hijos depende en gran medida de sus juegos.

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En las sociedades industrializadas actuales, a causa del apresurado estilo de vida de las familias en general, de los cambios en la estructura familiar y del aumento de las actividades extraescolares, son muchos los niños que no pueden experimentar los saludables beneficios asociados al juego espontáneo. Paradójicamente, en otros países que no forman parte de la llamada sociedad del bienestar, en las que los niños carecen de casi todo, los pequeños disfrutan de mucho más tiempo libre para experimentar los inmensos beneficios asociados a esta actividad tan vital para su correcto desarrollo a nivel emocional, social, físico y cognitivo.

El juego espontáneo, el gran olvidado

En la educación de nuestros hijos existen diversas áreas importantes: Las académicas, las organizadas, las deportivas… Sin embargo, el juego espontáneo, a menudo el gran olvidado, es esencial para que puedan conseguir un equilibrio armónico, al posibilitar la adquisición de tres funciones básicas de la maduración psíquica de un niño, como son la asimilación, la comprensión y la adaptación a la realidad externa. Una actividad en esencia tan sencilla, les permite superar sus miedos, hacer nuevas conquistas y adquirir nuevas competencias, que irán alimentando la confianza y seguridad en sí mismos.

Cuando el juego espontáneo se realiza con el grupo de iguales, nuestros pequeños aprenden aspectos tan vitales para su vida futura adulta, como trabajar en grupo, compartir, negociar, resolver conflictos, desarrollar habilidades sociales, fomentar la capacidad de liderazgo o tomar decisiones.

Estrechar vínculos con nuestros hijos

Jugar con nuestros hijos es también, para nosotros, los padres, una magnífica oportunidad para estrechar unos vínculos que difícilmente el paso del tiempo quebrantará. Al compartir momentos de juego con nuestros príncipes y princesas, tenemos la inmensa suerte de poder participar de su particular visión del mundo y de recuperar, a través de su inocente perspectiva, muchos matices y aspectos de la vida que quizá los años nos han hecho olvidar.

Como padres, siempre deseamos lo mejor para nuestros pequeños y anhelamos ofrecerles las mejores oportunidades para su vida futura, cayendo en el error de llenar su tiempo libre de actividades extraescolares repletas de contenidos académicos o de a actividades muy pautadas o estructuradas, en las que el juego espontáneo o la relación con la familia tienen poca cabida.

Las apretadas agendas de los padres, sin duda, pueden conducir a una menor competencia emocional de los hijos, ya que para algunos niños, este estilo de vida apresurado, lleno de obligaciones, puede ser fuente de estrés, ansiedad o depresión. No caigamos en el error de pensar que si nuestros pequeños no participan en numerosas actividades extraescolares, no estamos actuando como buenos padres, al desperdiciar un tiempo libre maravilloso que podrían aprovechar para prepararse para la vida competitiva que les espera.

Salvo excepciones en las que nuestro hijo requiera algún tratamiento especializado por sus características individuales, los tópicos de la estimulación constante a todos los niveles, desde mi punto de vista, son sólo eso, tópicos. La mejor estimulación para cualquier niño es el amor y el juego compartido con nosotros siempre que podamos. Incluso en aquellos casos más particulares, los métodos tradicionales del juego y de la actividad compartida entre padres e hijos, constituirán la mejor garantía para su salud mental, emocional y física.

Father and son playing doctors.

No profesionalicemos nuestro papel de padres

Si deseamos para nuestros hijos los estándares de productividad y eficacia que aplicamos a nuestra vida profesional y no lo conseguimos, estaremos profesionalizando nuestro papel de padres y nos sentiremos frustrados. No debemos permitir que nuestra ajetreada vida nos prive de disfrutar de tan deseada maternidad y paternidad. Existen muchas actividades que podemos realizar conjuntamente con nuestros hijos en esos momentos libres que, inexcusablemente, debemos encontrar: Hablar con ellos, cocinar juntos, practicar algún deporte, leer, jugar, reír…

Como padres, probablemente no destacamos en más de una o dos áreas de nuestra actividad profesional. No debemos, por tanto, pretender que nuestros hijos lo hagan en todas y convertirlos en “superhéroes” desde su más tierna infancia. Aunque intentemos prepararles para el futuro, no podemos precisar qué habilidades necesitarán para su trabajo en la edad adulta. Lo que sí podemos hacer, es regalarles amor, confianza, capacidad de comprensión y dedicación, transmitiéndoles valores como la honestidad, la generosidad, la comprensión, la importancia del trabajo en equipo, la empatía…, que, sin duda, les serán de inestimable ayuda para que puedan desenvolverse en el mundo cada vez más complejo y desnaturalizado en el que les ha tocado vivir.

Nuestros hijos son el futuro

En contraste con el juego pasivo que nos ofrecen los videojuegos, las consolas, los ordenadores o la televisión, el juego no estructurado y espontáneo debería ser intemporal y prevalecer de generación en generación, sin que los avances tecnológicos lo releguen a un último plano.

Nuestros hijos son el futuro. Por ello, un reto importante para la sociedad actual, para la escuela y para nosotros como madres y padres, es lograr el desarrollo de su potencial intelectual de la forma más apacible posible, respetando su tiempo libre y los límites que cada niño por naturaleza pueda tener. La mejor forma de demostrar nuestro amor hacia nuestros hijos es dedicándoles el tiempo y el espacio que necesitan, escuchándoles, mimándoles, guiándoles y poniéndoles límites cuando sea necesario, para que el día de mañana sean adultos felices y seguros de sí mismos, con una sólida base afectivo-emocional que les permita afrontar cualquier problema que la vida les plantee.

Sin duda, no es tarea fácil, pero… si lo conseguimos, habremos sido, sin duda, los mejores padres.

Josefina Llargués

Fuente: Sloyu, slow down y vive el ahora

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