Nuria Pedrals: Cómo educar para la felicidad

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Sus argumentos pertenecen a la vanguardia científica del mundo. Sus objetivos:  descubrir y cultivar el talento de los niños. Su estrategia: una mirada positiva de la vida y del ser humano.

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La risa de Nuria Pedrals se escucha desde el primer piso de su oficina. Es una risa que le sale del alma y que asombra a quien la escucha, ya que nadie imaginaría que esta mujer frágil sea capaz de cortar el aire con una sola carcajada.

Sin embargo, mientras habla y explica en qué cree, qué la mueve y qué quiere hacer cada día de su vida, uno comprende que esa risa es su himno: la identifica plenamente en su cruzada por influir desde una visión positiva de la vida y del ser humano, de la crianza y de la educación, para una mayor felicidad de la personas.

Nuria Pedrals, casada y madre de dos hijas, ocupó durante diez años el cargo de Directora General Estudiantil de la Universidad Católica.
– Ahí hicimos varios estudios sobre cómo llegaban los novatos a la universidad: con altos niveles de  estrés y muchos con depresión. Al preguntarnos cómo prevenir esto, nos encontramos con las investigaciones de Martin Seligman sobre psicología positiva y con el trabajo de muchos otros investigadores que desde la neurociencia estaban confirmando su teoría acerca del bienestar emocional.

¿Qué le impactó de la teoría de Martín Seligman?
– Muchas cosas, entre otras, él fue quien describió y comprobó el concepto de “desesperanza aprendida”. Señala que niños y adultos sometidos a situaciones que creen que no pueden cambiar, sufren tal indefensión que se resignan y no siguen luchando. Frente a esto, Seligman señala que la salida está en enseñarle a esos niños y adultos a visualizar y potenciar sus fortalezas. Eso es mucho más importante que visualizar y empequeñecerse frente a las debilidades. Sobre todo porque es a través del autoconocimiento de las propias fortalezas que la persona puede sentir bienestar. Seligman prefiere usar “bienestar auténtico” que el término de felicidad.

Usted en sus conferencias insiste en que hoy la ciencia está abocada a investigar sobre la felicidad. ¿Qué se ha descubierto al respecto?
– La neurociencia ha descubierto cosas maravillosas de nuestro cerebro: el cerebro es plástico, cambia en función de la conducta. Por ello, una persona capaz de ejercer hábitos tan simples como agradecer, ser más generoso, no rumiar todo lo malo que le pasa…, predispone su cerebro a lo positivo. Si haces eso día a día, el área y las vías del cerebro más vinculadas a las emociones positivas se van haciendo más fuerte, por decirlo de un modo sencillo. Por otro lado, se ha descubierto que el cerebro no hace tantas distinciones entre la violencia física y la verbal, por eso es tan importante cuidar el lenguaje, el trato. Incluso se han hecho descubrimientos acerca de la importancia de la mirada porque hace posible la empatía emocional entre las personas. También se ha avanzado mucho en el conocimiento de las neuronas espejo, que permiten ponerse en el lugar del otro y sentir dolor empático, por ejemplo.

LA FELICIDAD TIENE QUE VER CON SEGUIR UN LLAMADO INTERIOR”

¿Qué relación tienen las fortalezas con la felicidad?
– Martin Seligman, junto con el investigador de la Universidad de Michigan, Christophefer Peterson hicieron una investigación en muchos países y culturas y concluyeron que todos los seres humanos, independientes de su raza y credo, valoran las mismas virtudes. Ellos identificaron virtudes universales, que se viven o concretan a través de determinadas  fortalezas. Cada persona tiene distintas fortalezas, pero lo importante es que van asociadas a una suerte de llamado interior en cada persona. La felicidad tiene que ver con hacer caso a ese llamado interior.

¿Qué aportes entrega esta teoría a la crianza de los hijos?
– ¡Tantas cosas! Primero, a mi me fascinó que estos grandes investigadores y padres de la psicología positiva tienen consideración con la naturaleza de cada cual. Es una mirada hermosa del ser humano centrada en sus fortalezas y no en sus debilidades.

UNA GRAN CRÍTICA DEL SISTEMA EDUCATIVO CENTRADO EN LOS LOGROS”.

¿La educación hoy ayuda a que los niños conozcan sus fortalezas?
– No, creo que no. Porque la educación está centrada en los resultados y eso mata algo muy básico que es la motivación intrínseca del amor por el conocimiento.  Todos nacemos con curiosidad y con ganas de aprender, es algo propio del ser humano. Pero lo que más enfatizamos como papás, como profesores y como país,  es qué nota se saca, en que ranking está, que carrera puede estudiar con esto. Ese esquema educativo privilegia el logro, pero la educación tiene que ver también con  el proceso y tiene que ver no sólo con qué aprendes, sino cómo lo aprendes y qué habilidades vas adquiriendo a medida que aprendes.

¿Qué países han aplicado en su sistema educativo la teoría de Seligman y Peterson?
– En Australia, contrataron a este equipo y la experiencia es impactante. Su teoría se ha cristalizado en un proyecto que se llama PERMA y que se enseña a los profesores. Es una sigla que en inglés se refiere a las emociones positivas que sientes al trabajar o estudiar; involucramiento en lo que haces; relaciones que construyes; significado trascendente de tu actuar y logros, entendidos como capacidad de visualizar objetivos y perseverar hasta conseguirlos. PERMA demuestra como el compromiso con tus fortalezas es lo que conduce a un proyecto de vida que da bienestar.

Fuente: HACERFAMILIA

Slow Parenting

El llamado Slow Parenting es un estilo de paternidad simplificado, paciente y consciente,  que propone dejar a los niños desarrollarse en función de sus propios logros sin controlar rígidamente o en exceso su formación, ocio y seguridad.

Debemos esta idea a la enfermera canadiense Jean Alice Rowcliffe, que trabajó más de 30 años como cuidadora en hogares de EEUU y Reino Unido (trabajando incluso para la Casa Real Británica). Toda esta experiencia acumulada y el contacto con muy diversas familias la llevó a embarcarse en una particular misión: recordar a las familias el valor de la paternidad en sí, enseñarlas a relajar el ritmo de crianza disfrutando de cada momento del desarrollo del niño. Considera que no es necesario organizar cada minuto de la vida de los pequeños, porque ellos ya cuentan con una forma de aprendizaje: el juego. En efecto, uno de los lemas de este estilo educativo dice: “el trabajo de los niños es jugar”.

Los niños necesitan jugar, aburrirse, equivocarse, caerse… porque todo ello es en sí un aprendizaje”.

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Rowcliffe reacciona contra la cultura de la sobre-estimulación, obsesionada con la perfección y la preparación, ultra planificada y que sólo valora el logro. Este tipo de educación produce niños que carecen de herramientas para el autodescubrimiento y la exploración. Por el contrario, el Slow Parenting cuenta con un decálogo en que se insta al juego, a reducir el contacto con la tecnología y aumentarlo con la naturaleza, que recupera el sentido de comunidad y de familia como primeras escuelas del niño e insiste en que los niños necesitan límites y momentos de tranquilidad, frente a la saturación y las apretadas agendas de hoy en día:

Diez Principios del Movimiento Slow Parenting: 

1. Apague la tecnología durante al menos una hora cada día (más es preferible).

2. SEA el padre, deje de tratar de ser amigo de su hijo.

3. Cultive la capacidad de observar a su hijo y a otros niños, y tenga en cuenta esas observaciones. Fíjese en las diferencias en el desarrollo de diversas edades.

4. Las casas son las primeras escuelas, los padres son los primeros maestros. Comprenda y valore la importancia de su papel.

5. El trabajo de un niño es jugar.

6. Usted da vida, pero NO es la vida de su hijo.

7. Está bien decir que no. Establezca límites.

8. Menos es más, la creatividad a menudo nace del aburrimiento.

9. Entienda, respete y honre a la comunidad (familia), tanto dentro como fuera del hogar

10. Aprenda a cultivar los espacios tranquilos durante el día y hágase el tiempo para vaciar la mente.  Ábrase a la gratitud y a la admiración. (Traducción realizada de la página Slow Parenting Movement)

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Uno de los lemas de este estilo educativo dice: “el trabajo de los niños es jugar”.

Con estas características, el Slow Parenting se circunscribe también dentro del Movimiento Slow, donde cuenta con defensores como Carl Honoré, autor del libro Bajo Presióny embajador de la filosofía Slow, basada en simplificar la forma de vida, bajar el ritmo de actividad y disfrutar más, comer despacio, caminar, descansar.

El Slow Parenting no renuncia a la formación de los padres ni a que aprendan distintos estilos y herramientas parentales, pero aboga por el sentido común y porque cada familia encuentre la fórmula que mejor se adapte a ella.

Fuente: Universo UP

Entrevista a Sir Ken Robinson: “Tu tribu sabrá ver en tus fallos la semilla de tus éxitos”

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La mayoría de la gente no disfruta de su trabajo…

 ... Si es que tiene la suerte de tener uno.

O la desgracia de conformarse con cualquiera. Afortunadamente, también
conozco gente que goza con lo que hace.

 ¿Cómo lo lograron?

Todos tienen en común que encontraron su elemento: ese lugar del que le hablaba donde coinciden tus habilidades con tus aficiones; lo que sabes hacer con lo que te gusta.

 No todos nacen talentudos…

Es que todos tenemos talento si sabemos descubrirlo. Algunos con suerte lo descubren ya de niños con facilidad y el apoyo de su entorno y otros deben esforzarse para hallarlo: a veces contra su familia y amigos.

 Y hay profesiones que son pura rutina.

No hay tareas rutinarias; sólo hay modos rutinarios de hacer una tarea.  Piense en cocinar, por ejemplo: puede ser un obligado aburrimiento o una creación excelsa.

 Si todos tuviéramos un talento diverso, la inteligencia no se podría medir.

Es que no se puede medir: los test fueron un invento supremacista. En realidad, el talento es tan personal como la huella dactilar y hay tantos modos de ser inteligente como personas. No se trata de cuán inteligente eres, sino de qué modo eres inteligente.

 Al final, el talento no paga las facturas.

Si haces algo a disgusto, acabas haciéndolo tan mal que al final no podrás ni pagar las facturas. Y eso pasa en la economía global: las tareas que se hacen de forma rutinaria acaban yéndose al país donde las hacen por menos. Sólo quien innova retiene el valor.

 ¿Tan mal ve usted la educación?

Ya le he dicho que la educación se ha reformado, pero no se ha  transformado. Y no pido que se exija menos en el cole, sino más al cole: debemos concentrarnos en localizar y potenciar ese talento único de cada uno. Nuestra escuela aún genera uniformización, pasividad y conformismo.

 Es que también hay cada alumno…

Pero todos tienen un potencial, porque ser creativo no es un don que tienen algunos elegidos; es lo que nos hace humanos. Si eres persona, eres creativo. Y se aprende a ser más creativo como se aprende a leer. Es una facultad innata que todos desarrollamos.

 ¿Cómo se desarrolla la creatividad?

¿Cuántos sentidos hay?

 Oído, vista, olfato, tacto, gusto…

Y el sentido del equilibrio; el cinestésico o propiocepción (la percepción de uno mismo y su relación con el espacio)… Y está además el termoceptivo… Pero ¿sabe por qué usted ha pensado sólo en los cinco sentidos?

 ¿…?

Por comodidad, que es la enemiga de la creatividad. Cuando algo nos parece evidente, no hacemos ningún esfuerzo por entenderlo. Así que usted me ha repetido los cinco sentidos y así se ha perdido la posibilidad de repensarlos y descubrir otros.

 ¿Y si no descubro mi supuesto talento?

Para empezar, no se ponga límites, y menos en el tiempo. La creatividad, como la vida, no es lineal. Puedes ser un niño creativamente viejo o un nonagenario creativamente joven. Y cada día el cerebro es diferente.

 Sí, pero ¡qué hago para descubrirlo!

Lo estoy investigando ahora mismo. Se trata de hacer dos viajes: uno hacia el interior de ti mismo y otro hacia el exterior para proyectar tu talento. Y no son trayectos siempre consecutivos: pueden ser simultáneos.

 Deme más pistas.

Conózcase. Y si usted quiere conocer a alguien: ¿qué hace? Pasar tiempo a solas con él: pase más tiempo conociéndose.

Creatividad

 ¿Y cuando me conozca?

Llegará un momento en que disfrutará de su propia compañía. Entonces encontrará y podrá sacar partido a su propia tribu creativa.

 ¿Quién es mi tribu creativa?

Las personas con quienes puedes ser tú mismo: generaciones literarias; equipos de investigadores; bandas rockeras o colegas con quienes inventas cosas: son quienes se aceptan y reconocen mutuamente el talento y lo hacen crecer juntos.

 ¿Puede ser sólo un amigo?

Fue mi caso: un profesor vio talento en un chaval poliomelítico de barrio y apostó por él. Tu mentor y tu tribu son quienes saben ver en tus fallos la semilla de tus éxitos.

 ¿Cómo me ejercito?

La creatividad es inteligencia aplicada a una tarea concreta y compartida con complicidad: genio solitario es un oxímoron.

 ¿Y el esfuerzo, el sudor, las lágrimas…?

Esfuerzo, claro, el mismo que hace un niño para ganar una carrera en el cole: sufre, pero también se divierte. La diversión incluye el sudor, pero nadie arriesga, innova ni experimenta si no disfruta haciéndolo.

 Pues deme algunos truquillos…

Invente nuevos juegos con los juguetes de siempre; juegue a médicos con plumas de indio; replantee lo obvio hasta que deje de serlo… No acepte nada de antemano ni dé nada por sentado. Y compártalo todo.

 ¿Y si me roban las ideas los colegas?

Regale sus ideas y verá cómo por ensalmo aparecen otras mejores aprovechando el espacio que dejaron las que regaló.

 ¿Y si se ríen de mis ideas?

¡Ríase con ellos! Crear no es algo que te pasa, sino lo que haces cuando te pasa algo.

 ¿Cómo sé que he llegado?

Porque ser creativo no quita energía: la da. Las horas parecen minutos; las ideas fluyen y tú con ellas. Estás fuera del mundo y al mismo tiempo dentro de él.

Fuente: La Vanguardia. La Contra

ESTIMULAR LA MEMORIA Y EL APRENDIZAJE

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Bruno es un apasionado de los mapas. Con sólo cinco años, sabe situar sin equivocarse dónde está Australia, Chile o Islandia y es capaz de dibujar de memoria mapa mundis detallados. Cuando va a la biblioteca, le gusta pasar la tarde mirando atlas infantiles. Y a pesar de que sus padres le instalaron algunas aplicaciones educativas infantiles en la tableta y el ordenador, a él lo que le apasiona es explorar ciudades, barrios, islas en Google Maps. Se puede pasar horas navegando por el mundo.

Su maestra en el colegio ya se ha percatado del interés del niño sobre este tema y lo ha aprovechado para reforzar su escritura y lectura, así como competencias como expresión oral y trabajo en grupo. Suele encargarle que busque información sobre algún país y que luego se lo explique al resto de compañeros. Incluso el curso pasado elaboraron entre todos los alumnos del grupo un mapa del mundo “humano”, en el que dibujaron cómo iban vestidos, qué comían, dónde vivían, entre muchas otras cosas, chavales de otros países de su misma edad.

“Se trata de aprovechar aquello que les interesa para motivarlos y así propiciar el aprendizaje”, explica Gloria León, la maestra de Bruno. Y es que eso que los docentes ya intuían desde hace tiempo lo están demostrando los últimos y recientes estudios en neurociencia: sin emoción, no hay aprendizaje que valga. Podemos hincar los codos y repetir y repetir, tratando de memorizar como loros, pero eso sólo –y tal vez- nos permitirá aprobar un examen, pero no aprender. Y sin conocimientos adquiridos, no hay razonamiento crítico. Ni tampoco intuición, que es la esencia, entre otros, de la creatividad.

“Hasta ahora desde la ciencia habíamos hablado de la memoria, de la atención, del aprendizaje, pero de forma desperdigada sin tener en cuenta los códigos básicos que lleva el cerebro inscritos, tan esenciales como comer o beber. Aprender y aprender bien nos ha permitido sobrevivir y llegar hasta aquí; si no, ya nos hubiéramos extinguido”, explica el neurocientífico Francisco Mora, catedrático de la Universidad Complutenses de Madrid y autor de Neuroeducación. Sólo se puede aprender aquello que se ama (Alianza Editorial), quien intenta concienciar a los docentes de la necesidad de emocionar a sus alumnos en cada clase.

La motivación

Para empezar, coinciden en señalar científicos expertos en el cerebro y docentes, es esencial la motivación a la hora de enfrentarnos ante una tarea o un aprendizaje. Varía en función de cada edad. Por ejemplo, para los estudiantes universitarios, una buena motivación es pensar que al cabo de un tiempo acabarán trabajando de médicos, arquitectos, profesores. Tal vez, para una persona mayor que se embarca en un curso de un nuevo idioma, su motivación es el puro placer por aprender. En el caso de niños más pequeños, esas motivaciones tienen que venir desde el maestro.

“El maestro tiene una gran responsabilidad, la de cincelar con las mentes de los alumnos, de la misma manera que Miguel Ángel de un trozo de mármol consiguió hacer algo tan bello como el David –opina Mora-. No le puedes decir a Pedrito que esté atento en clase. Tú, como maestro, cuéntale algo curioso, interesante, con ilusión y ya verás cómo abre los ojos de par en par, espontáneamente. Eso quiere decir que está abriendo la puerta del conocimiento, que es la atención. No hay conocimiento sin atención”.

Esa motivación puede venir dada por una gratificación. “Cualquier aprendizaje debe comportar una gratificación. Es una forma de estimular al cerebro a que siga haciéndolo”, considera el profesor de genética de la Universidad de Barcelona y divulgador científico David Bueno. Y para este experto en neuroeducación, la mejor manera de motivar a alguien es mediante reconocimiento social. “Si a un niño o un adolescente le ha costado mucho aprender alguna cosa, una vez lo consigue, lo mejor que podemos hacer para continuar manteniéndole motivado es reconocer su esfuerzo delante de los compañeros de clase y también en casa. Somos animales sociales con un enorme cerebro social. Y eso funciona más que regalarle un pez de colores o cualquier otra cosa”.

¿De memoria?

Aunque solemos pensar que nuestro cerebro es una especie de superordenador que se encarga de archivar aquello que aprendemos de forma ordenada y organizada, clasificando los recuerdos por palabras clave para que luego sea más fácil recuperarlos, lo cierto es que es un poco chapucillas. Y se asemeja más a un enorme baúl en el que se van depositando los recuerdos conforme los adquirimos, pero sin ningún orden preciso.

Y en función de la importancia de esa información o bien se deposita en la memoria a corto plazo, aquella que usamos por ejemplo para recordar una dirección o la lista de cosas que debemos comprar en el mercado. O bien en la de largo plazo, la que necesitamos para el pensamiento crítico y profundo, si es que resulta realmente importante. Ese conocimiento no se guarda tal cual, sino que se descompone en fragmentos de información que quedan almacenados en distintas redes neuronales. Y al recordar, esos pedacitos de conocimiento vuelven a recuperarse y a unirse. Para que algo que aprendemos pase una memoria a otra se necesita que se active la amígdala, una región del cerebro encargada de las emociones.

“Cualquier cosa que aprendamos que esté vinculada a las emociones, tiene muchas más probabilidades de acabar almacenada en la memoria a largo plazo, que una cosa aséptica”, explica David Bueno, al frente del blog de divulgación criatures.ara.cat/elcerbell. Aprender como un “lorito de repetición”, sin comprender ni interiorizar aquello que memorizamos, tiene poco sentido. Con frecuencia, ese conocimiento dura hasta el examen y luego, desaparece.

Este profesor de genética pone como ejemplo algo que suele hacer en sus clases con jóvenes universitarios. Cuando debe explicarles una fórmula para resolver muchos problemas de genética, antes de escribirla en la pizarra, les cuenta una anécdota sobre Tartaglia, el científico que la enunció. “Les digo que Tartaglia no se llamaba así, que eso era un apodo porque era tartamudo. Los estudiantes suelen estallar en risas. Y lo mejor es que así ya no se les olvida la fórmula, porque he apelado a su cerebro emocional”.

Y aunque la memoria no tiene el mismo peso que hace medio siglo, en el sentido de que ahora tenemos un acceso inmediato a la información, por lo que ya no hace falta recordar tantas cosas, eso no significa que no sea importante. Para Jaume Sarraona, catedrático de pedagogía de la Universidad Autónoma de Barcelona, “seguimos necesitando aprender algunas cosas de memoria para usar en la vida cotidiana, como por ejemplo las tablas de multiplicar o un vocabulario determinado en inglés, o si somos estudiantes de medicina, los huesos y demás partes del cuerpo.”

Y eso implica que también debemos aprender muchas cosas de memoria, como listas, que tal vez sea difícil encontrar motivantes. Una buena opción para ayudarnos son los recursos nemotécnicos, como las rimas que solemos encontrar divertidas y, en cierta manera, eso ya estimula a nuestra amígdala.

Otro gancho es la repetición, “es una técnica muy eficaz -considera Sarraona-. Porque cuanto más repetimos una cosa, más se graba en nuestra mente. Pero no repeticiones de lorito, sino implicándonos en el aprendizaje. Debemos enseñar a nuestros alumnos a sentirse emocionados por aquello que hacen”.

Explicarle aquello aprendido a otros puede resultar una buena táctica, porque en este caso además se activa el cerebro social, la parte más nueva del órgano rey, que hace que las cosas queden mucho más fijadas. Además, como se suele decir popularmente, sólo llegamos a comprender algo cuando somos capaces de hacérselo entender a otros. Además, “el contacto con los demás es también fundamental en el aprendizaje, porque activa nuestro cerebro social y nos recarga las neuronas”, añade Bueno.

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La importancia de los hábitos

Las pautas de sueño y alimentación influyen también enormemente en nuestra capacidad de aprendizaje. Las horas de descanso, para empezar, son básicas. Varían en función de la edad pero todos debemos descansar de forma regular para poder consolidar nuevos aprendizajes. Al parecer, es como si cerebro utilizara esas horas para repasar y reforzar una y otra vez las nuevas conexiones cerebrales que se establecen con cada nuevo recuerdo. Asimismo, una dieta sana y equilibrada, rica en ácidos grasos Omega 3, resulta fundamental para el buen estado de las neuronas.

También el deporte resulta influyente. Estudios científicos recientes han demostrado que al practicar ejercicio se segrega una proteína que estimula la formación de nuevas conexiones neuronales e incluso de nuevas células nerviosas justamente en los centros de memoria. “No se debe dejar nunca a los niños sin patio. Pedagógicamente es absurdo. Porque en ese rato están corriendo, chutando el balón, saltando… recargando sus neuronas de energía para poder aprender cosas nuevas. Castigar a los chavales sin ir al fútbol o al baloncesto tampoco es deseable por la misma razón”, considera Bueno, que apostilla “los chavales tienen que ir tanto a la biblioteca como al gimnasio”.

Manteniendo en forma la memoria

A menudo vamos por la vida con el piloto automático puesto. Como cuando llevamos un tiempo conduciendo del trabajo a casa y nos percatamos de que no somos conscientes del trayecto porque estábamos pensando en nuestras cosas. “Es el enemigo número uno del cerebro: el piloto automático”, sentencia el profesor de genética David Bueno, quien explica que cualquier cosa que haga trabajar al órgano rey puede ser un potente estímulo para la memoria. Y recomienda algo tan sencillo como intentar cambiar de recorrido cada día en nuestro camino hacia el colegio y el trabajo. La lectura es también un buen ejercicio, como aprender un idioma nuevo o un instrumento. En el fondo se trata de plantearle retos continuamente, para que deba estar siempre activo, considera Francisco Mora. En Australia lo tienen claro. Y por ejemplo en los carteles luminosos de las autopistas muestran preguntas tipo Trivial para ir implicando a los conductores y que no se duerman –ni pongan el piloto automático- al volante.

La necesidad de una rutina

A menudo una de las cosas que más dificultan el estudio es carecer de una rutina, porque lleva a la dispersión. Helena Matute, catedrática de psicología experimental de la Universidad de Deusto, recomienda disponer de un espacio cómodo, con luz, con una silla confortable, en silencio, en el que cada día ponernos a trabajar. Repetir esa rutina acaba generando conductas propicias para el estudio e incluso una posible concentración. Es como si el cerebro se preparar de forma automática al encontrarse en ese contexto para estudiar.

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Sin estrés

El peor aliado de la memoria es el estrés. Intentar que los niños hagan muchas cosas es totalmente contraproducente, aseguran los neurocientíficos. Si bien una ansiedad moderada puede mejorar nuestra productividad, cuando es elevada y sostenida en el tiempo nos puede abocar al fracaso. “Si a un alumno le cuesta una determinada materia y lo inflamos a deberes para que la refuerce, lo que conseguiremos es justamente el efecto contrario, que se bloquee y sea incapaz de aprender”, indica Bueno.

 Léelo en PDF aquí: Estimular la memoria y el aprendizaje

Fuente: CRISTINA SÁEZ, Periodismo reflexivo sobre ciencia, arte, tecnología y pensamiento

 

“VUELVE A JUGAR”, sobre la importancia de volver a la naturaleza (documental)

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Estos años que llevo leyendo e investigando sobre métodos de educación y crianza conscientes, me han llevado a conocer información relevante que antes no manejaba, me alegro por esto, y me alegro y me hace feliz también compartirla con ustedes. Es así como sé y pude darme cuenta de la gran importancia que tiene la “naturaleza” y el “juego” en cuanto al desarrollo “integral” de nuestros niños y jóvenes.

Para profundizar en la importancia que tiene la incorporación del juego libre y la naturaleza a nuestra vida y en especial a la vida de los niños, les comparto este documental titulado “Vuelve a Jugar”, totalmente recomendado. Cuenta con la opinión de expertos en el tema y las experiencias de un grupo de niños y jóvenes cuyas vidas estaban sumergidas la mayor parte del tiempo en videojuegos, televisión, Internet, celulares…, y cómo cambió su mirada después de que participaron de un campamento al aire libre, que los hizo valorar todo lo que nos puede entregar la magia de la naturaleza.

Asimismo da a conocer cómo hoy en día a causa de las nuevas tecnologías, nuestras actuales generaciones están cada vez alejándose más y más de la posibilidad de experimentar, maravillarse y disfrutar de todo aquello que puede ofrecernos el tener una vida en contacto con el mundo real y los beneficios que esto contribuye.

En el documental se cuenta también con el testimonio de Richard Louv, conocido por acuñar el término “Trastorno por Déficit de Naturaleza”. En su libro “Volver a la Naturaleza”, nos habla sobre los efectos negativos que conlleva el alejamiento de una vida al aire libre y al mismo tiempo plantea los beneficios de retomar el contacto con el medio natural.

No permitir a los niños estar al aire libre entraña un riesgo. Es arriesgado criar a las futuras generaciones bajo arresto domiciliario virtual. Hay un riesgo para su salud, tanto física como psicológica”. (Richard Louv)

Aquí les comparto otras de las citas más destacadas que podemos encontrar en el documental, que llaman a la reflexión:

Dr. David Suzuki, Genetista: “Los jóvenes actuales son la generación que menos tiempo pasa al aire libre de toda la historia y presumimos de que tienen gran cantidad de información, la enciclopedia británica completa está ahí, la biblioteca del congreso de Washington, todo lo que se pueda imaginar está ahí, excepto el mundo real”

Dra. Diane E. Levin, autora del libro: “¿Infancia en Control Remoto?”: “Los niños, en especial los más pequeños como más aprenden es tocando, haciendo, palmando, controlando, dominando, lo que está pasando ahora es que sus experiencias cada vez son más virtuales, de esta forma se debilita el cimiento más básico y fundamental que necesitarán para su desarrollo posterior”

Dra. Dilafruz Williams, Profesora de liderazgo y políticas educativas : “La influencia de los medios y la influencia del mundo virtual en sí misma puede no ser mala, pero si se convierte en el marco dentro del cual los jóvenes experimentan la vida, se crea la expectativa de que esa es la norma, y de que todo debe encajar dentro de esa norma, ahí es donde radica el problema”.

Dra. Susan Linn, Profesora de Psicología, Facultad de Medicina de Harvard:  “Los niños nacen con una capacidad increíble de jugar, y es un mecanismo innato que facilita y potencia la resolución de problemas, la creatividad y la empatía, así como la capacidad de sanar y de encontrar significado a la vida”

Trond – Viggo Torgersen, Ex defensor del Niño de Noruega: “En lugar de tomar el almuerzo en casa podemos llevar a los niños a un parque y comer allí y ellos descubrirán cosas y empezarán a jugar, porque eso es a lo que la naturaleza invita, a jugar, a investigar cosas, e investigar es algo muy importante, las preguntas son la fuente de todo”.

Martin Leblanc, Director de Educación Juvenil, Club Sierra:  “Tenemos la posibilidad de cambiar el rumbo que llevamos ahora mismo con el calentamiento global y el cambio climático, pero nosotros no vamos a ser la generación que sufra las consecuencias, eso le va a tocar a las generaciones siguientes y a las que aún no han nacido. ¿Cómo podemos esperar que realmente les importe su entorno natural, si nunca lo han disfrutado?”

Richard Louv: “No debemos  cargarlos con más información, sino ponerles en una situación en la que puedan sentir lo que es maravillarse, es así de simple”

Entonces les hago la invitación a que vean este documental, muy enriquecedor y del cual aprenderán muchísimo. Es un documental que invita a la reflexión. Dense el tiempo para verlo en familia junto a sus hijos. Compártanlo… De esta manera de a poquito todos juntos podremos ir sembrando conciencia.

Por Evelyn E.

Augusto Cury: “El sistema educativo está enfermo y crea alumnos enfermos”

El psiquiatra asegura en su nuevo libro ‘Hijos brillantes, alumnos fascinantes’ que es necesario enseñar a los jóvenes a proteger sus emociones.

Poner música ambiente en las aulas para desacelerar el pensamiento de los alumnos o enseñar a los profesores a expresar en clase los rostros del conocimiento, como sus propios desafíos o angustias, son algunos de los métodos que pregona Augusto Cury en su nuevo libro Hijos brillantes, alumnos fascinantes. Según el médico psiquiatra, la juventud se ha encerrado en sí misma, ha perdido la ilusión y la capacidad de discusión, en algo que califica como “una profunda crisis de la sociedad de la información, que no forma pensadores, sino repetidores de ideas”. Cury cree que el maestro es uno de los profesionales más importantes en el mundo actual, aunque dispara con bala hacia un sistema educativo que “no enseña a actuar ante el fracaso y que no protege las emociones de los más jóvenes”. Según el psiquiatra no basta con utilizar técnicas pedagógicas, sino que es necesario estimular algunas funciones de la inteligencia para desarrollar la inventiva y la capacidad de pensar antes de razonar y de proteger la emoción. Su diagnóstico no puede ser más fatalista, una sociedad que sufre estrés y ansiedad crónicos, que genera alumnos e hijos en continuo conflicto, con sus padres y profesores. Los cambios que propone pueden parecer revolucionarios, pero no son ni complejos, ni profundos. Según él, con 10 minutos a la semana, bastaría.

-Señor Cury, ¿usted se considera un vendedor de sueños?

-Sí, porque la vida sin sueños es como una mañana sin rocíos, un jardín sin flores o una mente sin construcción de ideas. Todo ser humano deber ser un vendedor de sueños. Los sueños no son deseos, son proyectos de vida que debemos controlar y que nos permiten abrir la ventana de la mente para que seamos autores de nuestra propia historia.

-Suena bien. De todas formas su libro no tiene un fondo tan optimista. En la deserción inicial nos viene a decir algo así como que los jóvenes de hoy en día lo quieren todo rápido y fácil, y no luchan por sus ideales. ¿Dónde está la luz del final del túnel?

Pienso que hemos querido proteger a nuestros hijos con una vida fácil, rápida, dándoles todo al momento y privándolos de la capacidad de cuestionar, de no conformarse con el sistema. Los jóvenes de hoy no se contraponen al sistema porque han sido contaminados con el veneno del consumismo. Son consumidores de productos de servicios, no consumidores de ideas. Tenemos que estimular las funciones básicas de su inteligencia en un doble ámbito: el teatro de nuestra casa y en el teatro de las aulas. Así lograremos rescatar el placer por vivir, la conciencia crítica, el pensamiento imaginativo y estos jóvenes se tornarán pensadores y no repetidores de ideas.

-¿En qué momento educativo nos perdimos? Hemos pasado de la disciplina a la sobreprotección en pocas generaciones….
-En muchos puntos importantes. Es una sociedad que lo quiere todo rápido y pronto, es un fast food intelectual y emocional. En segundo lugar hay un exceso de información en la sociedad moderna, especialmente provinente de televisión y de internet. Esa información es registrada en el córtex cerebral estimulando la virtud de la memoria y la construcción del pensamiento a una velocidad nunca antes vista. Esto ha provocado una ansiedad colectiva y consecuentemente, una insatisfacción continua hacia la industria del entretenimiento. Otro punto importante es la manera cómo los profesores transmiten las informaciones en las aulas. No estimulan el arte de la duda, solo transmiten las informaciones sin expresar el rostro del conocimiento. De esta forma los alumnos se convierten en una platea de espectadores pasivos, tanto los niños, como los adolescentes o los universitarios.

-Interpreto que el problema no es del profesor en sí, sino del sistema educativo actual.
-Sí. Los profesores son los profesionales más importantes de la sociedad, pero el sistema educativo está enfermo y produce persones enfermas que no desarrollan las funciones más importantes de la inteligencia.

-Los profesores le dirán que cada vez tienen más alumnos, las aulas están saturadas, deben hacer más horas, el calendario escolar no para de crecer ¿Qué pasaría hoy en día si un profesor acude a su director para pedirle poner música clásica de fondo o redistribuir sus alumnos en semicírculo y no en filas como sucede en su libro?

-Ahí hay un problema muy serio, tienes razón. Los profesores participan de un sistema de arriba para abajo que les controla. Tiene que seguir todo un sistema engrasado. Está claro que debería haber un número menor de alumnos por aula, y un currículum escolar más flexible para individualizar a los alumnos.

-Sí, pero el profesor no sólo no ha ganado esa libertad que usted pide sino que ha perdido autoridad, muchas veces por parte de las familias de los propios alumnos. ¿Cómo se puede luchar contra eso?

-Hay una crisis generalizada en todos los sistemas, y es cierto que ellos están perdiendo autoridad. Para ello no sirve de nada hacer una ley, es como hacer una ley para que los jóvenes no tomen drogas. Los profesores deberían ser entrenados para encantar a los alumnos, para poder teatralizar las clases y utilizar una tonalidad de voz que no sea monótona. Eso significa gastar entre 5 o 10 minutos por semana para hacer una pausa. No dar clases de física o de matemáticas, sino contar algún periodo de su vida para estimular los registros privilegiados en el inconsciente de los alumnos.

-¿Qué propone?

-Que hablen de los días más difíciles de su vida, los momentos de crisis como pérdidas personales o frustraciones. Es fundamental. Todos los profesores que de alguna forma nos marcaron son personas que transmitieron sensibilidad y fueron humanizados. Si gastan este tiempo hablando de sus historias podrán ayudar a los alumnos a entender que la vida es como una pieza teatral existencial, hay risas y llantos, lágrimas y aplausos, fracasos y éxitos….

-Nos han entrenado para el aplauso, no para el llanto ni para el fracaso. El resultado es de sobras conocido por su colectivo, se están llenando las consultas de los psiquiatras con ansiedades y frustraciones. Para mal de la sociedad. Está claro.

-Efectivamente, porque como bien dices no nos han entrenado para el fracaso. Nosotros estamos cada vez más alertados. El 20% de los adolescentes están desarrollando depresión, y eso en el pasado era algo muy raro. Hoy es cada vez más común y se manifiesta con agresividad o insociabilidad. Los padres y los profesores no consiguen en muchos casos percibir los síntomas y eso se agrava. La sociedad moderna vive una situación de estrés y de insatisfacción crónica. Somos máquinas de trabajar y de estudiar, y no seres humanos que desarrollamos el arte de la observación, la interiorización, el trabajo de los fracasos y frustraciones….

-En su libro, el profesor Romanov lloran antes sus alumnos. Los alumnos lloran ante sus padres, y los padres delante de sus hijos. Eso en la sociedad actual se da más bien poco….

-Eso es otro problema serio, vivimos en una sociedad donde maquillamos nuestros comportamientos, tenemos que ser superhéroes, personas que no pueden cometer errores o fracasar. Esta sociedad moderna está pasando por una crisis sin precedentes, y la primera cosa que debemos lograr es aceptar nuestras propias dificultades, reconocer nuestras miserias, para poder rescribir nuestra historia y superar nuestras crisis. No hacerlo, lleva a los jóvenes a esconder sus conflictos, y muchos son los que canalizan estos conflictos para tomar drogas o alcohol y desarrollar enfermedades psicosomáticas como depresiones o ideas de suicidio. El suicidio está aumentando en todo el mundo, 450.000 personas se suicidan al año en todo el mundo. Es muy grave.

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-Y eso genera también frustración en los padres.

-Sí, es evidente. Además, la superprotección de los hijos no genera capacidad creativa o capacidad de enfrentamiento con el dolor o dificultades imprevisibles. Por eso nosotros estamos recomendando cambiar y hacer una cirugía en las relaciones entre padres e hijos, profesores y alumnos. Los educadores deben hablar sobre sus lágrimas para que los adolescentes aprendan a llorar las suyas. También deben hablar sobre sus fracasos para conquistar a los adolescentes.

-¿Somos la generación que menos conocemos a nuestros padres?

-Sí, es verdad, parece una paradoja pero es así. Somos la generación que más conversa sobre cosas exteriores pero no sobre las áreas más íntimas de nuestra personalidad. Los padres gritan para que sus hijos les respeten. Para que haya respeto tiene que haber liberación, y para que haya liberación tiene que haber conocimiento. Como no hay ninguna de las dos cosas los padres gritan para ser un poquito escuchados.

-¿Qué impulsa un niño a pegar a sus padres?

-El exceso de información produce lo que yo llamo síndrome del pensamiento acelerado. Este síndrome roba energía del córtex cerebral y causa algunas consecuencias que han sido la base de la violencia en todo el mundo. Por ejemplo, la irritabilidad, la insatisfacción crónica, la fluctuación emocional, dificultad para colocarse en el lugar de los demás, dificultad para proteger las emociones. Este cuadro lleva a los jóvenes a estar a un estado de ansiedad extrema que choca con sus padres. Son síntomas de una sociedad enferma.

-¿Que más tiene que pasar, y sin entrar en dramatizaciones, para que nos demos cuenta de que si no cambia la calidad del sistema educativo actual, se seguirán llenando las consultas médicas?

-Pienso que una de las cosas más importantes es que aprendamos a estimular a los jóvenes a proteger la emoción. Hay que entrenarlos para que disminuyan las expectativas puestas en los demás, cuanto más retorno esperamos, más frustraciones tenemos. Las personas próximas son las que más nos decepcionan, y más daños pueden causarnos. Hay que aprender que detrás de una persona que hiere, hay una persona herida. Nunca hay que exigirnos más a nosotros mismos, las peores personas son las que se convierten en verdugos de si mismas. También hay que aprender a contemplar lo bello y a hacer de las pequeñas cosas un espectáculo para nuestros ojos. La emoción es la más democrática de todas las funciones psíquicas.

Fuente: La Vanguardia

Digamos no a la propaganda que avala el castigo físico…

Es increíble la variedad de propaganda que circula en las redes sociales que valida la violencia y que ve como algo natural  propiciar  golpes a los niños. Y lo insólito y peor no es la propaganda en sí, sino que los comentarios de la gente, que falta poco para que celebren el hecho de que tuvieron una infancia donde el castigo físico era la manera que sus padres adoptaron para “educar”, “poner límites”, teniendo la intención que en un futuro fueran adultos “de bien”. He llegado a ver comentarios como: “Los papás de antaño sí que sabían hacerse respetar”. ¿De qué respeto hablan?, ¿desde cuándo el golpear a un niño fue sinónimo de respeto?

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Sé que muchas de las personas que aún ven como algo normal recurrir al castigo físico como método de educación, tratan de convencerse de su efectividad diciendo: “Mi mamá me pegaba y aquí estoy, no soy ni traumado, ni tengo problemas”, “gracias a que mi mamá me pegó no soy ni vago, ni delincuente”. No obstante, les digo que no todo lo que se puede ver a simple vista es la realidad. Para darnos cuenta y tomar conciencia de todo lo que llevamos en nuestra “mochila” de experiencias, hay que darnos el tiempo de sumergirnos en nuestra historia de manera “consciente”.

No es un trabajo fácil. Una vez te embarcas en el viaje salen a flote un sinnúmero de heridas que cada uno de nosotros lleva. Heridas de distinto tipo, unas más intensas que otras. Lo fundamental es hacernos conscientes de estas para su posterior sanación. Asimismo la aceptación y el perdón juegan un rol fundamental.

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Con este artículo mi intención no es juzgar a aquellos padres que recurrieron a dichos métodos a la hora de proporcionar “educación” a sus hijos, una educación que creían era la correcta. Muchos de estos padres solo siguieron modelos impuestos y quizás no tuvieron la capacidad de tomar conciencia y pensar que tal vez existían otros paradigmas educativos basados en el respeto. ¿La causa?, puede que hayan sido sus estilos de crianza (basados en golpes), la sociedad, la presión, la falta de información…, pueden ser muchas; aunque para mí ninguna justificable.

Es por eso que cuando aún veo circulando estas imágenes y fotos, me digo ”Cuánto nos queda aún por sanar, por tomar conciencia”.

Sé que hoy en día más que escuelas para niños necesitamos escuelas para “padres”, y no solo para padres sino escuelas para TODOS. Escuelas que nos ayuden a “desaprender” y “reaprender”. Que nos reeduquen y nos ayuden a replantearnos nuestras creencias. Que nos ayuden a tomar conciencia de nuestros condicionamientos. Porque somos una sociedad condicionada, es la verdad. Condicionada por la familia, la sociedad, la educación, la cultura… Escuelas que nos ayuden a SANAR. Siempre he dicho que los que requerimos urgentemente una educación liberadora e integradora somos “nosotros” los adultos.

Como una vez leí de Chamalú:

“Precisamos escuelas para desaprender para adultos, liberarlos de tantas creencias  falsas y hábitos inoportunos”.

A veces sueño y me imagino a padres de la mano de sus hijos caminando felices en dirección a sus escuelas. Escuelas donde los hijos descubren y aprenden poco a poco su rol y/o misión en la vida, y escuelas donde los padres reaprenden y toman conciencia de su rol como padres, guías, maestros, amigos. Ustedes me dirán, ¿pero actualmente dónde están estas escuelas para padres? Yo les respondo y los invito a hacer un simple ejercicio: Llama a tu hijo, míralo a los ojos, de manera sincera, entregada, ya verás que al cabo de segundos podrás darte cuenta que por el momento…, él es tu mejor escuela.

Digamos no a los golpes contra nuestros niños. Digamos no a la propaganda que no hace otra cosa que avalar el castigo físico como método educativo. 

Al conectarnos verdaderamente con nosotros y por consiguiente con nuestros peques, se darán cuenta que  los golpes y métodos poco conscientes de educación serán algo del pasado, lejano…, será solo algo necesario de aceptar, sanar y perdonar, pero nunca de MANTENER y PERPETUAR.

Por Evelyn E.

Este libro puede ser de tu interés: “Las cinco heridas que impiden ser uno mismo”

 O artículos como este: Las 5 heridas de la Infancia.

5 pasos para sanar nuestras heridas emocionales.

El aburrimiento es beneficioso para los niños

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Muchos niños están hiperestimulados por culpa de la televisión, los teléfonos móviles o las videoconsolas, entre otros. Y cuando dan muestras de que están aburridos, sus padres se afanan por distraerlos de la manera más rápida posible. Sin embargo, los expertos afirman que aburrirse tiene múltiples beneficios. En este artículo se citan algunos de los errores que se cometen en la lucha contra el tedio de los pequeños y cómo fomentar el aburrimiento saludable en los menores.

El aburrimiento forma parte de la infancia, aunque muchos progenitores se ponen nerviosos cuando sus hijos están aburridos, así que intentan distraerlos de cualquier forma. Sin embargo, puede ser una experiencia muy saludable. Estar aburrido, sin saber qué hacer, invadido por el tedio, es el mejor escenario para que aflore la creatividad

En el año 2007, la investigadora Teresa Belton, de la Universidad de Educación y Aprendizaje Permanente de la Universidad de East Anglia (Reino Unido), publicó un artículo en el ‘Cambridge Journal of Education’, en el que defendía que el aburrimiento es fundamental para el desarrollo del aprendizaje y la creatividad. Una idea con la que coincide Mònica Dosil, psicóloga del ISEP Clínic Castelldefels (Barcelona), que asevera que “los menores necesitan momentos de soledad e introversión para poder generar nuevas ideas y pensamientos“.

Cuando el niño se aburre

Estar aburrido, sin saber qué hacer, invadido por el tedio, es el mejor escenario para que aflore la creatividad”.

Cuando un niño empieza a mostrar signos de fastidio (resopla, se pone de mal humor, protesta, etc.), muchos padres optan por suministrarle juguetes o distracciones. “¿Por qué no juegas con la videoconsola?” o “¿quieres que te ponga la televisión?” son algunas recomendaciones que esgrimen. En muchos casos, como señala Dosil, esta ansiedad por complacer y entretener a los hijos de forma tan rápida está causada por “el sentimiento de culpa por no tener tiempo para estar con ellos o por carecer de recursos personales para jugar con ellos”.

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Otro fenómeno habitual es que muchos de ellos tienen un número elevado de juguetes y muy fácil acceso a Internet, televisión, videoconsolas, etc. Viven en entornos que no les dejan espacio para que tengan que poner en marcha estrategias nuevas para divertirse. De este modo, se frena su creatividad. Dosil señala que los momentos en que los niños están aburridos “promueven que los pequeños construyan sus propios recursos de entretenimiento y puedan desarrollar la creatividad, generadora de la inteligencia emocional”.

Alternar diversión y tedio

Es importante que los menores alternen momentos de actividad y de no actividad, de estimulación y de tedio. Carlos G. Torrico, psicólogo del centro ePsicología, en Leganés (Madrid), asegura que la principal característica del sistema nervioso de los niños es “la falta de inhibición cortical, lo que explica que no puedan parar quietos”. Desarrollan esta inhibición a medida que crecen. Pero, para lograrlo, necesitan experimentar el aburrimiento, “porque les permite ejercitar este mecanismo de inhibición”, añade.

Como bien conocen los progenitores, los pequeños no pueden parar quietos y toleran mal los momentos en los que están aburridos, ya que necesitan acción. Pero ese malestar es momentáneo. Cuando se aburren, muchos protestan o se sienten mal, pero luego, “en la mayoría de los casos, se adaptan y logran sacar provecho de esa situación”, añade Torrico. Este estado de hastío, tan incómodo y agobiante al principio para los niños, no solo les ayuda a la generación de soluciones creativas, sino que “favorece la motivación, la autonomía, la resistencia a la frustración y el bienestar”.

Fomentar un aburrimiento saludable

Pero, ¿cómo ayudarles a que se aburran? En primer lugar, hay que acostumbrarse a que se quejen cuando están aburridos. Además, como aconseja Torrico, “es necesario simplificar el entorno al máximo“. Si uno tiene a mano la televisión, la videoconsola o un teléfono móvil, es probable que se enganche a ellos antes que ponerse a pensar un juego nuevo.

Fomentarles el tedio saludable no consiste en dejarlos en su habitación con un par de lápices y unas hojas blancas, y abandonados a su suerte. Si uno no está habituado a aburrirse, habrá que acompañarlo durante los primeros días en los que se le deje aburrirse.

Y, como recomienda Mònica Dosil, “se le pueden hacer preguntas para que él se haga responsable de la generación de ideas sobre lo que puede hacer”. Es mejor opción ¿a qué te gustaría jugar?que “¿por qué no juegas con estos muñequitos?”. Si el pequeño no reacciona, los padres pueden enumerarle algunas altervativas, como: “aquí tienes muñequitos, colores y hojas y una pelota, ¿no te animas a jugar?”.

Una elección que propone el especialista de ePsicología es “tener un tarro del aburrimiento, que tenga papelitos con multitud de actividades y juegos que se pueden hacer”. El objetivo es que el menor se haga responsable de decidir qué hacer para jugar.

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La importancia de la lectura

Un niño al que le gusta leer es difícil que se aburra. Cuando llegue el aburrimiento, siempre podrá coger un libro y sumergirse en el placer de la lectura. Como explica Carlos G. Torrico, “el fomento de la lectura es un factor muy importante para proveerlo de una herramienta infalible para combatir el tedio”.

Para ello, es necesario que haya muchos libros en casa (novelas, cuentos…) y de diferentes temáticas. Y la mejor manera de despertar la pasión por la lectura es que pueda elegir los libros que más le interesen, leer un poco cada día y que “los padres lean con él”.

JOSÉ A. RODRÍGUEZ

Fuente: EROSKI CONSUMER

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Me imagino una escena cotidiana donde un niño le dice a su madre: “Mamá estoy aburrido”, ¿qué creen ustedes que haría la madre ante esta situación? No es muy difícil acertar con la respuesta. Puedo asegurar que lo primero que haría una madre hoy en día ante esta situación, sería buscar cualquier alternativa o estímulo “externo”, ya sea videojuego, televisión, juguete, actividad…, con tal de que el niño se ocupe en algo que supuestamente lo va a sacar de este “estado” tan temido por todos actualmente.

Ahora me pregunto, ¿cómo vamos a incentivar entonces la creatividad, la imaginación, la curiosidad de nuestros niños, si en realidad no les damos el espacio apropiado? Todos hablamos de la creatividad, de conservar la curiosidad, el asombro, de potenciar la imaginación; sin embargo no nos hemos puesto a pensar que es en los momentos de aburrimiento donde pueden salir a relucir nuestra habilidades y dones más particulares.

Muchas veces he leído que personajes reconocidos se descubrieron y tuvieron contacto con sus talentos precisamente cuando no tenían “nada que hacer” . Fue allí donde salieron a la superficie sus capacidades, capacidades que cada uno de nosotros posee y serían  fáciles de descubrir si no viviéramos en una sociedad sobreestimulada desde lo exterior, lo que hace que poco a poco se vaya perdiendo nuestra aptitud de crear e inventar.

Todos somos curiosos por naturaleza.  Me atrevería a decir que hasta “inventores” por naturaleza. Sin embargo al pasar los años, poco a poco esta capacidad, esta “lamparita mágica” se va apagando. Puedo decirles que yo he vuelto a encender la lamparita, la vida el último tiempo me ha regalado muchos momentos de aburrimiento y los he sabido aprovechar…, he descubierto que me encanta escribir. Recuerdo que lo hacía cuando era niña, me gustaba escribir poemas, citas para pensar, canciones…, no me di ni cuenta cuando todo esto comenzó a alejarse, lo que sí sé es que lo he recuperado y no lo dejaré irse otra vez.

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Aunque suene sorprendente, es en esos momentos en que nos “aburrimos” donde inventamos, creamos, descubrimos, imaginamos; que no tenemos la posibilidad de experimentar si estamos siempre ocupados o tenemos estímulos externos.

Permitamos que nuestros peques “se aburran”, esto les permitirá sentir e inventar guiados por su curiosidad. Saldrán a flote una infinidad de dones que muchas veces se esconden y son invisibles a raíz de tantas actividades dirigidas.

Puede que vivamos más conectados que nunca exteriormente:  tecnologías, internet, redes, televisión, pero no olvidemos que la conexión más importante es la que hacemos con nosotros mismos.

Yo estoy perdiendo el miedo a aburrirme, espero que poco a poco tú lo pierdas también…

PD: ¿A que no sabes cómo se me ocurrió escribir este texto?, creo que la respuesta ya la conoces.

Por Evelyn E.

Elsa Punset, “Ante el mundo hay sólo dos actitudes: o miedo o amor”

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Soy hija del ‘baby boom’ de los 60. Nací en Londres, me crié en EE.UU., Haití, Madrid… y vivo en Londres. Tengo dos hijas pequeñas. Máster en Humanidades por Oxford, me dedico a la pedagogía de la gestión emocional. Soy adogmática. Me permito sentir el misterio.

¿Vivió en Haití?

Siendo niña, sí. Por eso sé que en Europa vivimos de espaldas a los riesgos que allí amenazan las vidas: allí viven intensamente, aquí vivimos anestesiados.

Pues bendita anestesia.

Pero pagamos un precio: aquí la vida no late. Y, aburridos, llegamos a deprimirnos. Y nos afanamos en distraernos.

¿Y qué propone?

Adiestrémonos en gestión emocional. La ciencia demuestra que todo –hasta un pensamiento– arranca de una emoción: ¡somos animales más emocionales que racionales!

Pobre Descartes, qué viejo se queda…

Sí, pero ¡en las escuelas todavía no enseñamos a nuestros niños a gestionar sus emociones! ¡Qué atraso!: hacerlo reportaría fabulosas bendiciones para ellos y la humanidad.

¿Se puede enseñar a sentir?

Nos enseñan a desconfiar, recelar, sospechar, despreciar, odiar… ¡Que nos enseñen a amar! Nos enseñan que el mundo es peligroso, pudiendo enseñarnos que es fabuloso.

¿Lo es?

Hay sólo dos modos de relacionarse con el mundo: desde el miedo o desde el amor. Sentir curiosidad por el mundo es amarlo, es lo mismo. ¡Es lo que sienten los niños peque- ños! Esa inocencia radical, ese amor, curiosidad… es lo que luego nos enseñan a perder.

¿Por qué hacemos eso?

La educación aún premia las emociones defensivas ante el mundo, en lugar de premiar las emociones amorosas hacia el mundo.

Será por algo, ¿no?

Porque seguimos anclados en lo que hace 100.000 años resultó útil para sobrevivir en entornos cuajados de peligros: herramientas –miedo, angustia, tristeza, ira…– que hoy quedan anticuadas y son ya un lastre.

¿Recibió usted de sus padres la educación correcta?

Me dieron las dos cosas que hoy se sabe que son los dos puntales de la felicidad.

¡Dígamelas, por favor!

Una: afecto. Dos: sentido de control sobre tu vida.

Explíqueme esto.

Recibir afecto en la infancia infunde confianza y seguridad ante el mundo. Estudios sobre resiliencia –capacidad para remontar tremendos reveses– demuestran que niños tratados horriblemente que se agarraron a una mirada amorosa… pudieron remontar.

Puntal uno: amor. Puntal dos…

Soberanía sobre tu vida. Mis padres jamás hablaron de “la suerte”, sólo de cómo actuar: eso te enseña a ser el piloto de tu vida.

¿Qué emociones premia usted al educar a sus hijas?

Las ayudo a identificar cada una de sus emociones: así entienden qué está pasándoles.

¿Hay emociones positivas y negativas?

No. Hay emociones útiles e inútiles. Si un día están tristes, las entreno a no temer a la tristeza y a saber qué está mostrándoles.

¿Y qué muestra la tristeza?

El temor por una pérdida: por una ausencia, una carencia, porque algo termina… Si comprendes eso, ¡lo llevas mejor! Si no, esa tristeza puede agobiarte, angustiarte… y hasta llevarte a medicarte sin necesidad. Eso se hace mucho por aquí. Porque no escuchamos lo bastante las voces de nuestras emociones. Habitúate a escucharlas y entenderás tus pasiones. Y una vida con pasión y sentido es más feliz.

¿Cómo puedo descubrir mi sentido?

Al levantarte, cuestiónate: “¿Qué me hace hoy levantarme?”. El psicólogo Viktor Frankl lo planteó más crudamente: “¿Qué impide que hoy me suicide?”. Lo que se esconde tras la respuesta es tu sentido.

¿Y luego?

Aliméntalo. De lo contrario, podrías matarlo de hambre. Hazte regalos emocionales. Quizá sea apuntarte a una clase de baile… ¡Siembra tu vida de pequeños cambios!

Feliz

¿Eso me hará más feliz?

Conozco un estudio hecho sobre 5.000 personas: un 10% declararon ser felices. Pues bien, se observó que esas 500 personas habían seguido un patrón común…

¿Cuál? Cuente.

Se habían marcado una meta. La habían puesto por escrito (o se la habían contado a conocidos), en una especie de compromiso público. Habían establecido metas volantes, etapas menores en el camino hacia su gran objetivo. Y cada vez que alcanzaban una meta volante, se gratificaban con algo.

Tomo nota.

Un amigo mío indio me dijo: “A vosotros os entierran a los 80 años, pero os morís a los 20”. Me hizo pensar… Hoy sabemos que nuestro cerebro es muy plástico: ¡podemos reinventarnos cada día durante 80 años! No lo hacemos. ¡Atrevámonos, pues es posible!

Excitante: reinventarte cada día.

Abrámonos a la realidad…, que incluye el misterio. Darle la espalda a lo inconsciente y a lo misterioso nos priva del 80% de la realidad, ¡la convierte en plana y aburrida!

¿Cómo aconseja mirar la realidad?

La ciencia nos habla de lo que sabe, pero no puede hablarnos de lo que no sabe. No prescindas de todo eso. ¡Permítete inventar preguntas y soñar respuestas! Es esa capacidad de inventar y soñar (y no sólo la de analizar) la que nos hace plenamente humanos.

Gracias, maestra.

¡Los maestros son los niños! Ellos nacen libres, con esa inocencia radical abierta al misterio, a la confianza en la vida y al amor al mundo. Si la conservásemos…, ¡seríamos siempre creativos y felices!

UnEspacioKidsfriendly

VÍCTOR-M. AMELA

Fuente: La Contra, la Vanguardia

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