¿Qué son las neuronas espejo y qué aportan a la educación?

empatia-1

En el video, el Dr. Mario Vestfrid habla sobre cómo opera el aprendizaje por imitación, del rol de las neuronas espejo en la convivencia escolar y la importancia de enseñar con el ejemplo en los primeros años de vida.

El aprendizaje es una de las herramientas más poderosas e importantes que tenemos como especie humana, dado que no venimos equipados para la supervivencia como otros animales. Algunos neurobiólogos afirman que esta capacidad está relacionada con redes de “neuronas espejo”, un grupo de células nerviosas implicadas en la construcción de nuestra vida social y cognitiva en cuanto responsables de la empatía.

Propuestas por primera vez por el neurobiólogo italiano Giacomo Rizzolatti, las neuronas espejo serían un tipo de células que se activan indistintamente cuando llevamos a cabo una acción o simplemente cuando la vemos o escuchamos de otros, haciéndolas propias. Se cree que utilizamos diferentes sistemas de estas unidades para entender e interpretar las acciones, las intenciones y el significado social de los comportamientos y emociones de los demás.

Esto explicaría en parte nuestra capacidad de aprender de la experiencia indirecta y de sentirnos identificados con los demás, hecho que en el caso humano se remitiría a la adquisición de nuevas pautas de comportamiento para enfrentarnos al mundo y adecuarnos al resto. Es por ello que para Rizzolatti, las neuronas espejo “podrían cambiar la comprensión de la cultura, la empatía, la filosofía, el lenguaje, la imitación, el autismo y la psicoterapia”.

Aprendizaje por imitación y conducta social.

El aprendizaje es un proceso personal que no sólo depende de la carga genética, sino también del entorno próximo y del contexto socio-cultural. Para Giacomo Rizzolatti, la existencia de las neuronas espejo sería la demostración de que “estamos diseñados para aprender por imitación”, una línea de investigación que podría ser clave para comprender cómo opera el aprendizaje durante los primeros años, incluso antes del desarrollo del lenguaje.

Un motivo para dar importancia a la estimulación temprana no sólo en la promoción de las habilidades cognitivas y emocionales de nuestros niños sino también por el peso que puede cobrar en el desarrollo de lo social, en un momento en que la plasticidad cerebral —la capacidad adaptativa del sistema nervioso central— es mucho mayor. Esto también puede ser un llamado de atención sobre lo que miran nuestros niños en la televisión o para analizar los ejemplos que les entregamos como adultos.

Se atribuye a las neuronas espejo la interpretación e interiorización de las intenciones y el estado emocional de los demás, lo que resultaría clave en el proceso de socialización y adquisición de pautas de comportamiento en los primeros años. Estos hallazgos no sólo resultan útiles para optimizar nuestro rol educativo y la convivencia escolar en base a cómo opera nuestro cerebro sino también a pensar en posibles aplicaciones médicas para corregir problemas que pueden causar disfunciones en lo relacional.

Según el Dr. Christian Keysers, las emociones sociales como la culpa, el orgullo, la vergüenza, el desagrado estarían relacionadas con la actividad de las neuronas espejo en la ínsula. Por su lado, científicos como Marco Iacoboni creen que el autismo puede resultar de un daño o disfunción en ciertos sistemas de estas células, esenciales para la socialización, lo que abre posibilidades de tratamiento.

La historia

Todo comenzó en 1996 cuando Giacomo Rizzolatti y su equipo investigaban el funcionamiento de neuronas motoras en una región de la corteza de los monos macacos y uno de los científicos entró con un cono de helado. Al llevárselo a la boca, la máquina acusó el movimiento del primate aunque éste no había hecho nada.

De ahí la teoría sobre este tipo de neuronas a la vez motoras y sensoriales a las que se ha denominado neuronas espejo, neuronas especulares e incluso neuronas copionas, que se han localizado en la corteza premotora, en el lóbulo parietal posterior, en el surco temporal superior y en la ínsula. Ejemplos simples serían el “contagio” del bostezo, el estornudo y el llanto o la ocurrencia de fenómenos de masa.

Sin embargo, no existe consenso en la comunidad científica sobre la existencia ni sobre el funcionamiento de estas células nerviosas, por lo que se requiere reunir más evidencia en seres humanos.

Fuente: Educarchile 

Carl Honoré: “Los límites son necesarios porque dan seguridad al niño”

Carl-Honoré-advierte-de-que-nuestra-sociedad-prioriza-lo-urgente-frente-a-lo-importante

Hace unos años, Carl Honoré se descubrió a punto de comprar la colección Cuentos para dormir en un minuto, apta para cumplir con la rutina de la lectura nocturna a sus hijos. Se dio cuenta, entonces, de que no le gustaba la carrera contrarreloj en la que se había transformado su vida y escribió, para él y para todos, Elogio de la lentitud, un libro que se convirtió en un éxito.
No hace mucho, a raíz de un comentario de una profesora de su hijo, cayó en la cuenta de que estaba en un tris de convertirse en uno de esos padres ansiosos e inseguros obsesionados en hacer de su retoño el mejor pintor del universo. De sus reflexiones e investigaciones surgió  Bajo Presión  un alegato en favor del sentido común a la hora de educar a los hijos.

– Su libro no es un manual para padres, sino una denuncia de la sobreestimulación a la que están sometidos los niños hoy.
– Sí. Los adultos secuestramos la niñez de forma nunca vista a lo largo de la historia y, desde el instinto de intentar hacer lo mejor para nuestros hijos, hemos caído en el exceso, lo que provoca un efecto negativo, tragicómico. Porque aún queriendo lo mejor, la forma en que educamos a nuestros hijos les provoca problemas de salud mental, física…

-Tal vez lo que se intenta es prepararlos de la mejor manera posible para que puedan sobrevivir en una sociedad muy competitiva.
-Trasladamos a nuestros hijos la filosofía laboral ¿Cómo lo hago para mejorar algo, en este caso a nuestros hijos? Aplicamos la cultura del perfeccionismo, que tiene que ver con la del consumo, la que nos vende la idea de que todo tiene que ser perfecto, la casa, el cuerpo, las vacaciones, nuestros hijos… La cultura del managemet contagia toda nuestra vida, y todo acaba reducido a objetivos y metas. Tenemos miedo, pero no somos capaces de darnos cuenta de que las incertidumbres y las dudas son ingredientes básicos de la tarea de educar a los hijos.

-También sucede que los padres proyectan en sus hijos sus propias frustraciones.
Muchos padres viven a través de sus hijos. Sus éxitos son los nuestros y sus fracasos también. Estamos demasiado involucrados en la vida de nuestros hijos. En cierto modo los chicos han pasado a ser mi mismo yo, un proyecto de vanidad. La línea entre padres e hijos se borra, la familia se democratiza, y eso está muy bien pero, a la vez, desaparece la línea que divide el papel de cada uno. Cuando eso pasa, algo tan importante como la disciplina, las reglas, el saber decir “no”, lo tiramos por la ventana. Los niños necesitan límites para sentirse seguros y también para desenvolverse en la sociedad y para relacionarse con los otros.

-Puede ser que los padres se preocupen por sus hijos en lugar de ocuparse de ellos.
-Esta es mi tesis. Los niños no están con los padres. Los padres despreciamos lo pequeño, lo simple, lo barato, y los niños lo que más necesitan es nuestra presencia, atención, que estemos. Esta es una línea fácil de cruzar. La mayor expresión del amor hacia nuestros hijos es estar con ellos. Cuando la paternidad acaba siendo un cruce entre el desarrollo de un producto, un proyecto laboral, y el deporte de competición todos salimos perjudicados, padres e hijos, porque nos estamos negando los principales placeres, como compartir, estar, reír…

-¿Conocerse?
-Sí, conocerse. La paternidad es un viaje hacia el descubrimiento y como todos los viajes comporta incertidumbres, dudas, errores. La gente que acepta eso transforma la paternidad y la maternidad en una aventura muy rica, mucho más interesante eso que fabricar un producto. El resultado entonces son niños más completos y más sanos.

papas

– Los docentes se quejan de que no pueden con los niños porque llegan sobreprotegidos de casa.
– No sólo eso. Los niños no aceptan las normas pero tampoco las críticas. Estamos en un cambio cultural muy amplio, que es el de la cultura del no envejecer nunca, la glorificación de la juventud, del “peterpanismo”. Es bueno salir de esa idea de que el mero hecho de ser padres nos limita la vida, pero nos olvidamos o tiramos por la ventana la de que padres e hijos tienen papeles diferentes. Los profesores están en una especie de callejón sin salida. Los niños no saben comportarse y los padres no saben lo que quieren, siempre están preocupados. Tenemos muchas señales de que hemos perdido la brújula y el control en la crianza de nuestros hijos. Lo veo en el entorno social de Londres. Los padres siempre están vigilando el colegio con lupa, pendientes de que la maestra se equivoque. Siempre están como helicópteros sobrevolando el colegio, y eso a los chicos les hace daño, les perjudica y les preocupa. Tienen miedo, por ejemplo, de que su padre les mire los deberes. El empeño en darles lo mejor, hacer de ellos los mejores, es lógico, pero les estamos negando algo muy importante, y es que aprendan a zafarse de situaciones complejas y difíciles, en las que no serán los mejores. Con nuestra actitud les impedimos a que aprendan a desenvolverse bien en la vida.

-¿A usted le enseñaron a ello?
-Yo tuve una educación bastante buena en Canadá, y aunque también me vi inmerso en alguna situación que no me gustaba, mis padres no intervinieron, dejaron que me espabilara. En los últimos años de bachillerato tuve un profesor de Biología al que odiaba, pero tenía que seguir estudiando la asignatura para acabar el bachillerato. De esa experiencia aprendí muchas cosas, entre ellas a llevarme bien con alguien que no me gustaba. Si a nuestros hijos siempre les damos las circunstancias perfectas no les preparamos para el mundo real.

-¿Nos preocupamos en exceso de la formación académica y deportiva de nuestros hijos y nos olvidamos de la emocional?
– Es que lo académico y lo deportivo es más fácil y el saldo es más visible. La empatía, la generosidad, la solidaridad no las puedes poner en un currículum. Educar en esos valores es más difícil y costoso. Uno de los resultados de obsesionarse con la hiperactividad de los hijos es que refuerza el egoísmo y se ve al otro como un rival, como alguien que le puede quitar el puesto en la universidad, en el equipo de fútbol.… Estamos creando consumidores egoístas y eso debemos cambiarlo. El mercado pide personas creativas, que sepan trabajar en equipo y nosotros estamos educando chicos que no saben hacer eso. El futuro está en la creatividad y ni nuestro sistema escolar ni nuestra sociedad los forma para ello, al contrario. Son chicos que siempre tienen la respuesta correcta, no saben crear, sólo aprenden la receta que les enseñamos. Hay que tirar la receta y darles espacio para ser creativos.

-Los padres no ponemos límites pero buscamos “súper nanis” para que los pongan por nosotros o nos enseñen a ponerlos. ¿Tenemos miedo a enfrentarnos con nuestros hijos?
-Hemos llegado al punto de contratar a consultores en paternidad. Volvemos al miedo, que está en la raíz de este momento cultural. Hemos perdido la confianza en ser padres. Cuando los niños nacen ya nos hemos leído 50 libros sobre la paternidad, hemos ido a clases, nos hemos empapado de artículos sobre ello. Este bombardeo de consejos, a veces contradictorios, hace que nuestra confianza sea mucho más vulnerable. Se supone que el objetivo de toda esta industria es dar más confianza, pero paradójicamente hemos perdido la capacidad de buscar la voz interior que todos llevamos dentro. Conocemos mejor a nuestros hijos que nadie, sin embargo los educamos como si nos hiciera falta leer un manual de instrucciones o mirando lo que hace el vecino. Nos dejamos llevar por la corriente de pánico y perdemos esa voz interior. El libro lo escribí para recuperar la confianza en mi mismo como padre.

– ¿La ha recuperado?
– Sí.

– ¿Ha mejorado la relación con sus dos hijos?
– Sí. Me siento más relajado con ellos, no estoy tan apurado. No estoy siempre atento, les dejo más a su aire y la verdad es que tienen pasión por lo que hacen. Mi hija, por ejemplo, baila flamenco. Le encanta y disfruta.

– ¿También hacen actividades extra escolares?
– Sí, pero las que les gustan. Con frecuencia los chicos hacen las actividades extra escolares que sus padres quieren o, en el caso de los adolescentes, para armar un currículum impecable.

– ¿Los niños son más felices ahora que antes?
– Es muy difícil responder a eso. Hay muchos indicios de que no, y eso se ve en el aumento de los problemas psicológicos y la enorme cantidad de chicos que reciben medicamentos para controlar su estado de ánimo. Eso es muy mala señal. Hay una gran felicidad falsa, tanto entre adultos como entre niños, que es un producto del consumismo. Compramos un ipod nuevo o la última minifalda de Prada para ser felices, pero ¿eso genera felicidad? No. Es una felicidad artificial, poco profunda, no duradera. Espero que la crisis financiera nos ayude a resituar este materialismo sin límites al que hemos llegado y nos haga reflexionar. Despreciamos lo sencillo, lo cómodo, lo simple, ese palito con el que nuestro hijo puede jugar durante horas. Nos sentimos mal si nuestro hijo no tiene un juguete electrónico de 85 euros, no sólo porque lo tiene el hijo del vecino, sino porque en la caja nos dice que es muy útil para su mayor desarrollo cognitivo. El mercado manipula nuestros miedos, nuestras angustias para vender más y más. ¿Qué pasará ahora cuando la gente deje de tener tanto dinero? Con un poco de suerte recuperaremos el palito y nos daremos cuenta de que eso sí tiene un efecto sobre el desarrollo cognitivo del niño.

– Entre esa actitud excesiva y el pasar de los niños, no hacer nada, ¿dónde esta el punto intermedio?
-Esta pregunta es incontestable. El punto de equilibrio es distinto en cada caso. No hay una actitud perfecta. Ahora estamos en el exceso y de lo que se trata es de trasladar el péndulo hacia el equilibrio. Yo no puedo decir a la gente lo que tiene que hacer, pero sí apuntar los indicios que indican cuando no se está en la buena dirección. Cuando los niños no hablan de las actividades extraescolares, cuando tienen ojeras, problemas de salud, duermen mal o se duermen en el coche entre actividad y actividad, es que algo no va. Hay que poner límites a la presión social y tratar de ubicar la brújula personal de cada uno para que tu hijo haga lo que más le convenga a él y no al vecino o a tu compañera de oficina. Hay que aplicar el sentido común.

– Ese sentido común no siempre se encuentra.
Ser padre es difícil, duro y agobiante. No es un sueño de vacaciones. El problema es que en lugar de pensar y aceptar que todo saldrá bien, invertimos en el lugar equivocado.

Te puede interesar: Recuperemos nuestra voz y luz interna a la hora de ser padres

Fuente: La Vanguardia

“A los niños no se les enseña a concentrarse” , ELINE SNEL Directora de la Academia de Enseñanza de Mindfulness

Eline-Snel

La holandesa Eline Snel, directora de la Academia Internacional de Enseñanza de Mindfulness, es famosa en todo el mundo por su método de meditación para niños, recogido en “Tranquilos y atentos como una rana”, un libro que ha vendido 150.000 ejemplares en 27 países. Empezó en esto en los años 80, cuando nació su primer hijo, que durante nueve meses estuvo llorando sin parar. «Una matrona me enseñó el primer principio del mindfulness: ‘Cuando acunes al bebé, simplemente acúnalo; cuando llore, dedícate sólo a oír su llanto. En otras palabras, atiende al momento presente. No intentes cambiar las cosas‘. Ahí vi lo importante que era estar calmada y atenta con un niño nervioso y estresado.

¿Tienen los niños de hoy en día un problema de concentración? ¿Hacen demasiadas cosas a la vez?

Estoy convencida de que los niños del siglo XXI tienen muchos problemas de concentración, demasiadas distracciones. Nuestro cerebro no está hecho para hacer muchas cosas al mismo tiempo, funciona mejor si se hace una cosa detrás de otra. Los niños de hoy en día están muy atareados. El botón de encendido les funciona muy bien, pero ¿dónde está el de pausa?

¿Qué les aporta el mindfulness?

Los profesores a menudo les dicen: «Por favor, concentraos», pero no les enseñan cómo hacerlo. El mindfulness les da desde pequeños una visión de cómo funciona su cabeza, de cómo se distraen y de cómo pueden influir en su propia mente para estar más tranquilos y ser más conscientes. También aprenden cómo manejar los momentos de estrés. Algunos niños rumian muchos las cosas y tienen pensamientos dolorosos. El mindfulness les ayuda a concentrarse en su respiración, en vez de estar preocupándose.

mindfulness-children011

¿Cuándo empieza a verse el cambio?

Con practicarlo sólo unos pocos minutos al día, sus cerebros cambian, de forma que reaccionan a los conflictos de una manera consciente, en lugar de gritando, pegando o haciendo bullying. La agitación se reduce y la calma aumenta en el aula. A las pocas semanas la atmósfera es más tranquila en la clase y después en la escuela entera.

DSC00654

¿Qué ventajas tiene para el docente?

Lo que mejor funciona para los profesores es un curso de ocho semanas llamado MBSR, que les calma y les hace más resistentes al estrés, lo que repercute en que sus alumnos se vuelvan más calmados.

OLGA R. SANMARTÍN

Fuente: EL MUNDO

41sKQnJI0+L._AC_US160_Para compras y más información de los libros de Eline Snel entra a este enlace  Libros de Eline Snel

Padres con baja autoestima: ¿de verdad hacemos todo tan mal con los hijos?

32407_will-arnett-christina-applegate-padres-estresados-sin-pegar-ojo

La falta de autoestima en los padres hace creer que todo se hace mal con el niño. Y esta percepción, motivada por un nivel demasiado elevado de exigencia, donde el único objetivo es el éxito de los hijos, también puede redundar de forma negativa en la autoestima de los pequeños. Por eso, como se explica a continuación, conviene seguir algunos consejos que ayudan a valorarse más como padres, entre ellos, reconocerse el esfuerzo y no los resultados, así como centrarse en los aspectos positivos de la vida cotidiana.

Padres con baja autoestima: la sensación de hacer las cosas mal

Valorarse poco como padres tiene consecuencias negativas sobre los hijos”

Tener una buena autoestima es fundamental por varias razones. Como padres o madres, se destacan dos que, además, están íntimamente relacionadas. La primera tiene que ver con la propia calidad de vida: una autoestima baja nos hace sentir mal. Y la segunda es que repercute en los hijos: a menudo, la baja autoestima de los padres redunda en una baja autoestima en los niños, de manera que el problema se convierte en una especie de mal hereditario.

La Psicología define la autoestima como la evaluación general que una persona hace de sí misma. Es “la valoración positiva o negativa que hacemos de nosotros mismos y cómo nos sentimos al respecto”, definen los especialistas Eliot R. Smith y Diane M. Mackie en su libro ‘Social Psychology’, (Psychology Press, 2007). Es decir, no se trata de lo que una persona es en realidad, sino de la percepción que tiene sobre lo que es.

Esa apreciación que los adultos tienen de sí mismos en su rol de padres o madres, en muchos casos, resulta negativa. Aparecen ideas como “lo hago todo mal”, “no sirvo para esto”, “todos los padres lo hacen mejor que yo”, etc. Y esto puede ser el origen de un círculo vicioso: la baja confianza en uno mismo conlleva realizar peor las cosas. Y esos deficientes resultados refuerzan la visión negativa que esa persona tiene de sí misma y de su forma de actuar.

images

Las expectativas irreales causan una baja autoestima en los padres

“En muchas ocasiones, esa sensación de no hacer nada bien viene determinada por unas expectativas irreales o inalcanzables”, explica Amelia Fuentes Valenzuela, psicóloga especializada en infancia y coordinadora del Máster de Psicología Infantojuvenil de la Asociación Europea de Psicología Clínica Cognitivo Conductual (AEPCCC).

La idea de que los hijos tienen que ser perfectos causa estrés en padres y madres”.

Para esta experta, son dos los principales motivos que empujan a muchas personas a sufrir más de lo que disfrutan de la experiencia de ser padres: no ser capaz de armonizar la vida laboral con la familiar, que supone un esfuerzo físico y emocional considerable, así como una excesiva autoexigencia. La idea de que los hijos tienen que “ser perfectos” en todo lo que emprenden parece haberse extendido. Pero valorar a los niños (y, por añadidura, a los padres) por sus resultados y logros obtenidos solo provoca estrés, decepciones e insatisfacción.

Cinco consejos para potenciar la autoestima en los padres

Sobre la primera de estas causas (no ser capaz de armonizar la vida laboral con la familiar), no hay mucho que se pueda cambiar o, al menos, puede resultar difícil. En cambio, sí se pueden tomar medidas con relación a la segunda. A continuación, se enumeran cinco consejos para potenciar la autoestima de los padres proporcionados por la psicóloga Amelia Fuentes para potenciar la autoestima de los padres.

  1. Valorar el esfuerzo, no los resultados:La misión principal de un padre o una madre es la de propiciar el aprendizaje y el crecimiento de su hijo en un entorno seguro, que le brinde posibilidades de experimentar y que facilite su felicidad. Si los objetivos por los que se mide la valía del niño están basados en los resultados, existe el riesgo de que la valoración del pequeño (así como la de sus padres) se vea afectada de forma negativa.

    Para sentirse realizados como padres hay que ser consciente de todo lo que se desea hacer y se hace por los hijos”.

    Resulta mucho más idóneo destacar el esfuerzo, pues de esa manera se transmite el valor del trabajo, más allá de que se obtengan éxitos o no. El éxito no se puede controlar, pero sí el esfuerzo realizado en una tarea, que, además, es más cercano y medible. Además, el esfuerzo que se estima no es solo el de los niños sino, también, el de los padres. Lo apropiado es valorar el papel de los padres por las tareas del día a día que propician que los hijos se desarrollen como personas felices. Ocuparse cada mañana de que los pequeños desayunen, contarles un cuento, explicarles por qué algo que han hecho no está bien, etc. El éxito para sentirse realizados como padres está en ser conscientes de todo lo que se desea hacer y se hace por sus hijos.

    Un dato importante: los objetivos de los adultos respecto a la crianza deben incluir no solo obligaciones sino, también, actividades que les resulten agradables compartir con los hijos. A menudo, se deja de lado el tiempo de disfrute, que también son momentos fundamentales para los niños.

  2. Organizar horarios semanales:Es importante que esta organización incluya actividades conjuntas, sobre todo, actividades agradables. Las tareas extraescolares son muy importantes, pero se deben pensar otras actividades, más placenteras, de entretenimiento y, de ser posible, de ocio activo. Lo idóneo es que tanto las tareas como los horarios estén pactados entre todos los miembros de la familia.

    “Es fácil salir mal parado en la comparación con otros padres”. 

  3. Evitar las comparaciones con otros padres: Esto es imprescindible. Cada persona es única y cada sistema familiar es especial. Por eso, no es posible compararse como padres con ninguna otra persona. Además, hay que tener en cuenta que, en situaciones sociales, muchas personas proyectan una imagen que retrata lo mejor de sí mismas, que esconde los problemas y aspectos negativos. Si uno se compara con esa imagen, lo más probable es que siempre salga mal parado.
  4. Centrarse en los aspectos positivos: Una buena técnica para lograrlo es utilizar un momento al final del día para conversar sobre las cosas positivas realizadas -o vividas- por cada miembro de la familia durante la jornada. Esta actividad fomenta la comunicación y resalta aspectos positivos, al tiempo que evita centrarse en los problemas, dificultades y fracasos. Además, posibilita que cada miembro de la familia apoye y se sienta involucrado con las experiencias de los otros, de una forma natural.
  5. Ser conscientes de lo que se vive: A veces resulta difícil, pero se disfruta muchísimo más de la paternidad o maternidad, si se hace el esfuerzo de no contaminar los momentos compartidos con los niños con preocupaciones propias de otros ámbitos, en particular del trabajo. Para quien es capaz de centrar toda su atención en lo que vive en ese momento, el nivel de satisfacción será muy superior.

timthumb

Fuente: EROSKI CONSUMER

“Averigüe si fue o no un hijo feliz y sabrá ser un padre feliz”

plantilla-fotos-destacadas2

Durante generaciones, las mujeres éramos, ante todo, madres. Esa era nuestra máxima identidad social y por ella éramos valoradas.

¿Y eso era bueno o malo?

Eso no garantizaba a los hijos ser mejor criados: más amados ni protegidos.

¿Y hoy ya no son madres ante todo?

Hoy se valora sobre todo el papel que representamos en la esfera de lo público. Por eso, las madres sólo sentimos que “somos” si trabajamos: si somos autónomas económicamente y realizamos nuestros intereses.

Tiene su lógica.

Pero entonces entramos en contradicción con la función materna, relegada al ámbito de lo privado: silenciosa e invisible. Así que tendremos que conseguir que la función materna no entre en contradicción con las demás. Pero es complicado asumir ambas.

Si te organizas hay tiempo para todo.

No pensemos sólo como adultos. Pongámonos en la piel del niño totalmente dependiente de los cuidados maternos: su nivel de soledad y aislamiento, si su madre no le da la atención que necesita, es inmenso.

Para algo están las guarderías.

Están bien para atender a los niños cuando las madres trabajan. Pero en ellas los niños no están conectados “fusionalmente” con sus cuidadoras. Y los hijos necesitan –al final del día– entrar en contacto profundo y amoroso con su madre, siempre y cuando esta sea capaz de conectar consigo misma emocionalmente y, por tanto, con el niño.

Además tenemos bajas maternales, subsidios, ayudas… (o al menos teníamos).

Y ayudan. Pero, cuando criamos niños, estamos muy solas. E invisibles a ojos de los demás. Por eso, nos resulta más fácil regresar al trabajo, donde somos reconocidas.

Y no las culpo por ello.

Ni yo. Es normal. Hemos perdido la tribu, la familia extendida, las comadres, las vecinas. Estamos encerrados en pisos acompañadas por la televisión, el móvil y el ordenador. Debemos espabilarnos para estar junto a otras mujeres y hombres que quieran acompañarnos en la rutina con nuestros niños.

Debe ser duro no encontrar a tu madre aunque la tengas cerca.

Dura es la vida de los niños. Y la que nosotros mismos hemos vivido siendo niños, aunque no tengamos ninguna conciencia de ello. La mayoría hemos crecido sintiendo que el mundo de los adultos estaba muy lejos de nuestro mundo emocional. Con miedos que nadie ha aplacado. Con llantos que nadie ha calmado.

Lo pasado, pasado está.

Pero ahora es urgente que tengamos conciencia de cual fue nuestra realidad afectiva de niños. Si contactamos con lo que realmente nos sucedió, comprenderemos por qué nos resulta tan arduo permanecer con nuestros hijos pequeños: sencillamente, porque los niños nos obligan al contacto emocional íntimo. Y eso duele, porque resuena en nuestros sufrimientos infantiles.

2

¿No es usted muy categórica?

Sí, lo soy. Después de treinta años de trabajar con cientos de familias, aparece una evidencia: cuanto más desamparados estuvimos de niños, más nos hemos construido un personaje para sobrevivir. Y no estamos dispuestos a abandonarlo.

Tal vez porque nos sigue protegiendo.

Pero nos hace estar más atentos de salvarnos nosotros que de salvar al niño. Ese es el motivo por el que esperamos que los niños respondan a las necesidades de los adultos, y no al revés. Es hora de comprender a nuestro niño interno para ser capaces de acercarnos a quienes son niños hoy.

¿No mimamos a los niños demasiado?

Hoy los compensamos con objetos de consumo, pero si cuando la criatura esperó a su madre todo el día y, cuando finalmente llega, tampoco está toda ella con el alma puesta allí, le resulta enloquecedor.

¿Antes era mejor?

Tendríamos que acordar a qué nos referimos cuando decimos “antes”. Hace una o dos generaciones seguramente no era mejor. Somos hijos y nietos de madres reprimidas y sometidas, a nivel sexual, económico, social. Muchos de nosotros hemos sufrido las descargas maternas de tanta frustración.

¿Qué propone?

Que nos miremos hacia adentro. Que busquemos mecanismos para conocernos mejor, que seamos más conscientes de nuestras realidades emocionales. Y si devenimos madres, pidamos ayuda y compañía para ofrecer nuestros cuerpos y nuestros corazones abiertos a los niños pequeños.

¿De qué depende?

De la decisión consciente de ofrecer a nuestros hijos incluso aquello que no hemos recibido. Si descubrimos el nivel de desamparo del que provenimos, al menos sabremos con qué contamos y con qué no. En lugar de juzgar cómo deberían ser las cosas, o cómo debería portarse el niño, escuchémosle y tengamos en cuenta lo que nos quiere decir.

¿Cómo?

¿Cómo cortar el encadenamiento de desamparos? Con conciencia. Hay muchos sistemas de indagación personal. Yo he ido perfeccionando a lo largo de los años: la “construcción de la biografía humana” con la que intento dilucidar la distancia que hay entre lo que creo que me ha sucedido y lo que sucedió en verdad en la trama familiar.

Ustedes a ganar dinero con la terapia.

Le aseguro que se gasta mucho más en cosas menos necesarias.

Fuente: La Vanguardia. La Contra

Recuperemos nuestra voz y luz interna a la hora de ser padres

vidasol

Tu visión devendrá más clara solamente cuando mires dentro de tu corazón…Aquel que mira afuera sueña. Quien mira en su interior, despierta”. Carl Jung

Es verdad que hoy en día hay mucha angustia e inseguridad respecto a la educación de los hijos. La culpa, el estrés, el estar perdido, a veces llega a superar el disfrute que se puede llegar a sentir en la crianza, cuando te das el tiempo de ir con calma, respetando las reales necesidades de tus hijos y tus necesidades como padre también.

En los tiempos que atravesamos, en que la tecnología, las redes y las comunicaciones han sido capaces de entrar de tal manera a nuestro mundo, a nuestra intimidad, a nuestras familias; a veces se hace necesario saber filtrar y poner un límite a todo lo que este desarrollo conlleva.

Hablando sobre nuestros hijos, es verdad que esta oleada de nuevas tecnologías puede traer beneficios, así como también cosas no tan buenas si no se sabe equilibrar y supervisar el tiempo y el contacto que tienen los más pequeños con estos avances. Podemos encontrar una infinidad de información que nos habla de los pros y los contras de las nuevas tecnologías y su impacto en las nuevas generaciones. Plantean a qué edad debería un niño comenzar su contacto con todo tipo de aparatos electrónicos , el tiempo de exposición, el tipo de información que debería ver ; y se trata de encontrar el equilibrio con la finalidad de que salgan beneficiados y no nos arrepintamos después como padres de consecuencias negativas. Sin embargo, si nos ponemos a pensar en el mal uso de las nuevas tecnologías de la información, estas no solo pueden ser perjudiciales para nuestros niños, sino que también para nosotros los adultos.

Existe tanta información en la red cuya finalidad es darle una mano y ser quizás una luz en el camino para tantas personas que han decidido ser padres. Grupos de crianza, páginas web, blogs (como este) talleres online, artículos, grupos de discusión, libros…,pero OJO, no dejemos que esta luz en el camino nos encandile de tal forma que nos ciegue y no nos deje ver con claridad cuál es nuestra misión como padres.

Todos estos artículos relacionados con crianza y educación respetuosa, bien pueden ayudarnos si esta información la tomamos como consejos, como una guía; o bien pueden provocarnos totalmente lo contrario, cuando nos enfocamos y nuestro propósito es hacer al pie de la letra lo que indican profesionales, investigaciones científicas, sitios específicos…, y nos pasamos al extremo de ver lo que estos nos proporcionan ya no como una ayuda, sino como mandamientos que hay que seguir al pie de la letra.

A modo muy personal, todo lo que comparto desde esta página, lo cual hago con mucho cariño, lo hago para que aprendamos juntos, y cada uno como padre debe decidir entre seguir los consejos o no,  y/o  adaptar la información a las necesidades de sus  hijos y familias.

Creo que es tan importante a la hora de ser padres contar con la suficiente madurez emocional que nos permita encontrar el equilibrio entre lo que nos pueda proporcionar el entorno, por más válida que sea la información que nos llegue, y qué sentimos  como padres;  tomando en cuenta que nuestros hijos son seres únicos, y que lo que sirve o es beneficioso para una familia, no tiene por qué serlo ciento por ciento para la mía también. He aquí la importancia de conectarnos con nuestras necesidades y las de nuestros hijos, con nuestra propia luz, ya que si logramos conectarnos con esta, lo demás, lo que me llegue desde afuera, no será más que un consejo, que puedo seguir o no seguir, pero nunca una imposición y/o regla que debe ser cumplida.

Cuando te sumerges en tu mundo interno, encuentras una luz que no se puede apagar, la luz de la conciencia, brilla para todos, en todos” Alejandro Jodorowsky

¿No será entonces que más que alternativas que nos permitan saber desde el exterior qué es lo que debemos o no hacer respecto a la educación de nuestros hijos, necesitamos estrategias que nos ayuden a conectarnos con nuestra luz interior, con nuestra verdad como padres? No es fácil, porque desde pequeños nos han enseñado de muchas maneras a buscar “fuera”, lo que en realidad muchas veces tenemos dentro.

arbolsagrado

Bien dicen que la educación siempre ha fomentado y le ha dado más importancia a la razón, a la certeza.  Somos una generación marcada por la educación de nuestro hemisferio izquierdo, el lógico, el racional, el que cree y da validez a lo que se puede comprobar y medir, porque si no lo dice el resto y no se ha comprobado científicamente ¿nos cuesta creerlo no? Y esto lo hemos llevado a nuestra labor como padres. Porque mientras el estudio de tal universidad, o mi grupo de crianza  no me diga o confirme que lo que estoy haciendo es lo correcto, ¿tengo la duda no? ¿Y dónde queda entonces lo que siento, lo que intuyo, lo que dice mi voz interior, mi voz como madre y padre?

Creo que ha llegado la hora de empezar a conectar con esa parte dormida, adormecida, acallada, llamémosle hemisferio derecho, emociones, corazón, intuición. Esta parte que no nos educaron, nos nos estimularon,  esta parte tan nuestra que no quiere pruebas, estudios, aprobación o validez externa. ¿Cómo lo hacemos? He aquí nuestra tarea. Creo que lo primero es tomar conciencia sobre esto, lo demás ya vendrá por sí solo. Para empezar, solo nos queda volver nuestra mirada hacia dentro, confiar y escuchar…

Por Evelyn E.

Cómo aprender a ser feliz.

familia-feliz-y-unida

¿Se puede aprender a ser feliz?

¿Por qué algunas personas son felices con cualquier cosa y otras no pueden serlo, a pesar de tenerlo todo?

Es cierto, que existen personas que nacen con una predisposición a la felicidad. Sin embargo, durante la vida aprendemos a ser felices o a ser infelices.
Cuando somos pequeños, no nos damos cuenta de ese aprendizaje. Aprendemos a ser felices o infelices, no sólo a partir de las experiencias que vivimos, sino de la forma en que los adultos nos enseñan a vivirlas y a vivir cualquier tipo de problemas.
Si nuestros padres o uno de ellos, viven quejándose, fijándose sólo en el aspecto negativo de las cosas, sintiéndose derrotados o agobiados ante los problemas y dificultades, etc., probablemente nosotros actuemos de la misma manera.
Si por el contrario, ellos son personas positivas que siempre ven el lado “bueno” de todo lo que les sucede, resuelven los problemas con entusiasmo, confiando en obtener éxito, disfrutan de la vida, ríen con frecuencia, son personas activas, etc., no importa cual es nuestra carga genética, si aprendimos de ellos, seremos felices.

¿Esto quiere decir que si actualmente somos infelices, así tenemos que seguir siendo siempre?
No.
Quiere decir, que así como aprendimos una actitud, podemos aprender una diferente, que sustituya aquella que nos hace sufrir.
No podemos evitar el sufrimiento, que es parte de la vida. Pero podemos enfrentarlo con una actitud adecuada y superarlo o podemos vivirlo con una actitud inadecuada y aumentarlo.
Ser feliz no significa vivir en la carcajada en todo momento. Eso es imposible.
Ser feliz es un estado de bienestar general, basado en sentimientos de paz y armonía internas, autoestima y satisfacción personal, en el que los momentos positivos superan a los negativos y los logros predominan sobre los fracasos y en el que nuestra vida tiene un sentido y un significado.
Esto depende de nosotros y si no lo tenemos, trabajando adecuadamente, lo podemos obtener.

120726252_1

Elementos necesarios en el aprendizaje de la felicidad

Ser felices, es un estado de ánimo producto de una actitud elegida por nosotros.
Con mayor o menor consciencia, nosotros elegimos cómo queremos vivir nuestra vida. Por eso podemos elegir, aprender a ser felices.
Para ello necesitamos:

  • Aprender a:

    • Valorar el mundo que nos rodea.

    • Poner nuestra atención en los aspectos positivos y saborearlos.

  • Enfrentar los problemas y el sufrimiento con una actitud positiva, sabiendo que son pasajeros y que podemos aprender de ellos.

  • Vivir en el momento presente,

  • Conocernos a nosotros mismos para evitar conflictos internos,

  • Fortalecer nuestra autoestima.

  • Desarrollar un optimismo realista, es decir, basado en la convicción de que las situaciones que estamos viviendo, siempre van a darnos un resultado positivo, si sabemos: enfrentarlas adecuadamente y percibirlas objetivamente.

¿Que hacer?

El primer paso es saber qué te gusta. En ocasiones estamos descontentos y ni siquiera sabemos por qué. Quizás sabemos lo que no queremos o lo que no nos gusta, pero no siempre sabemos lo que nos causaría verdadera satisfacción. Averígualo.
Prueba diferentes actividades, retoma intereses que abandonaste hace muchos años, aprende nuevas cosas y descubre qué es lo que actualmente te da satisfacción.
Desarrolla diferentes intereses. La variedad es sumamente importante. Nuestro cerebro se acostumbra a una sola actividad y podemos caer en la monotonía.
Rompe con la rutina y desarrolla tu creatividad. Una vida variada e interesante es más satisfactoria, rica y feliz, que una vida predecible y sin ninguna variedad.
Busca actividades en las que realmente te involucres de forma tal, que el mundo a tu alrededor deje de existir. Cuando lo logres, disfrutarás de una sensación de paz y bienestar muy especial.

203296-944-629
Trata de promover la risa y el buen humor en tu vida diaria. Busca en libros, películas, con amigos, en Internet, etc., momentos de diversión y alegría.
No compres los problemas de los demás. Recuerda que la felicidad es una opción personal. Tú no puedes hacer felices a otras personas y ellos no pueden hacerte feliz a ti. Pueden compartir ciertos momentos y ayudarse, pero cada quien es responsable de sí mismo. Tú eres responsable de tú propia felicidad y de las decisiones que tomas cada momento.
Cuida tu cuerpo y tu salud. Mucha de nuestra infelicidad está relacionada con enfermedades, molestias físicas y problemas que podemos evitar con un estilo de vida sano.

1
Aprende a manejar tus emociones negativas, para no ser manejado por ellas. Muchas veces quedamos atrapados en el coraje, resentimiento, depresión, etc. y pasan los años sin que podamos salir adelante.
No te desgastes inútilmente, ni sufras innecesariamente.

Silvia Russek

Fuente: Crecimiento y Bienestar Emocional

La influencia de la tecnología en el desarrollo del niño

niño-con-tablet

Recordar los viejos tiempos en los que éramos niños puede ser útil para intentar comprender los problemas a los que se enfrentan los niños de hoy. Hace solo 20 años, los niños jugaban todo el día al aire libre, montaban en bicicleta, hacían deporte y construían fuertes. Los niños de antes, con su dominio de juegos imaginarios, creaban su propia forma de divertirse, que no necesitaba un equipamiento costoso ni la supervisión de los padres. Los niños de antes se movían… mucho, y su mundo sensorial era natural y sencillo. Antes, la familia pasaba gran parte del tiempo limpiando y trabajando en la casa, y los niños tenían obligaciones que cumplir a diario. La mesa del comedor era un lugar central en el que las familias se reunían para comer y hablar de cómo había ido el día, y después de cenar se convertía en el sitio en el que se hacían bizcochos, trabajos manuales y deberes.

Hoy las familias son diferentes. La influencia de la tecnología en una familia del siglo XXI está fracturando su base y causando una desintegración de los valores fundamentales que hace tiempo eran el tejido que las unía. Los padres tienen que hacer juegos malabares con la escuela, el trabajo, la casa y la vida social, y dependen enormemente de las tecnologías de la comunicación, la información y el transporte para lograr unas vidas más rápidas y eficientes. Las tecnologías del entretenimiento (televisión, internet, videojuegos, iPads, teléfonos móviles) han avanzado con tal rapidez que las familias apenas se han dado cuenta del enorme efecto y los grandes cambios que han supuesto en su estructura familiar y su estilo de vida. Un estudio llevado a cabo en 2010 por la Kaiser Foundation mostraba que los niños en edad de primaria consumen un promedio de 7,5 horas diarias de tecnologías del entretenimiento, el 75% de ellos tienen televisor en su dormitorio, y el 50% de los hogares estadounidenses tienen la televisión encendida todo el día. Ya no hay conversación en torno a la cena, sustituida por la gran pantalla y la comida para llevar.

o-FAMILY-ON-PHONES-facebook

Los niños recurren a la tecnología para la mayor parte de sus juegos, lo cual reduce los retos para su creatividad y su imaginación y los obstáculos necesarios para que su cuerpo adquiera un desarrollo sensorial y motor óptimo. Los cuerpos sedentarios y bombardeados con estímulos sensoriales caóticos generan retrasos en el cumplimiento de las etapas del desarrollo infantil, con las consiguientes repercusiones negativas en las aptitudes esenciales para la alfabetización. Los jóvenes de hoy, preparados desde el principio para la velocidad, llegan al colegio con problemas en su capacidad de autorregulación y de atención, dos elementos necesarios para aprender, y que al final acaban por ser problemas importantes de control del comportamiento para los profesores en el aula.

¿Cuál es, entonces, la influencia de la tecnología en el desarrollo del niño? Desde el punto de vista biológico, los sistemas sensorial, motor y de apego del niño, en pleno desarrollo, no han evolucionado para englobar el carácter sedentario pero enloquecido y caótico de la tecnología actual. La influencia de la tecnología y sus rápidos avances en el desarrollo del niño incluye un aumento de los trastornos físicos, fisiológicos y de conducta que los sistemas educativos y sanitarios están apenas empezando a descubrir y, desde luego, no comprenden todavía. La obesidad y la diabetes infantiles son ya epidemias nacionales en Canadá y Estados Unidos, y sus causas están relacionadas con el uso excesivo de las tecnologías. Hay diagnósticos de trastorno de déficit de atención e hiperactividad, autismo, trastorno de coordinación, retrasos en el desarrollo, habla ininteligible, dificultades de aprendizaje, trastorno del procesamiento sensorial, ansiedad, depresión y trastornos del sueño asociados al uso excesivo de las tecnologías y en alarmante aumento. Una mirada más detallada a los factores cruciales para cumplir las etapas de desarrollo y los efectos de las tecnologías en esos factores ayudaría a los padres, educadores y profesionales sanitarios a comprender mejor las complejidades de esta cuestión y a construir estrategias eficaces para reducir el uso de la tecnología.

144447129_XS

Cuatro factores críticos y necesarios para un desarrollo saludable del niño son el movimiento, el tacto, la conexión humana y el contacto con la naturaleza. Estos tipos de aportaciones sensoriales garantizan el desarrollo normal de la postura, la coordinación bilateral, los estados óptimos de excitación y la autorregulación que hacen falta para adquirir las bases necesarias para la escolarización. Los niños pequeños necesitan dos o tres horas al día de juegos activos para adquirir una estimulación sensorial apropiada de sus sistemas vestibular, propioceptivo y táctil. La estimulación táctiol recibida al tocar, abrazar y jugar es fundamental para el desarrollo de la praxis, las pautas planificadas de movimiento. Además, el tacto activa el sistema parasimpático, que disminuye el cortisol, la adrenalina y la ansiedad. La naturaleza y el espacio verde no solo ejercen una influencia tranquilizadora sino que restablecen la atención y fomentan el aprendizaje.

Fuente: EL HUFFINGTON POST