Me amo así sin condiciones…

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Les comparto con mucho cariño una afirmación que nos puede ayudar a aceptarnos y amarnos cada día más. Con nuestras luces y también con nuestras sombras.

Sobre todo en esos momentos en que nos sentimos más vulnerables que nunca. Cuando sentimos que algo no va bien, cuando sentimos que cometimos un error. Cuando nos nos sentimos merecedores…, al mismo tiempo que sentimos que lo  único que necesitamos no es más que un abrazo y alguien que nos diga: Te amo así sin condiciones…

Porque somos maravillosamente imperfectos…


“Me amo infinitamente, me apruebo, me acepto completamente…

Me amo cuando  grito, y también cuando mi voz es calma.

Me amo cuando critico y juzgo, y también cuando acepto y respeto las creencias del otro.

Me amo cuando me equivoco, y también cuando acierto.

Me amo cuando lloro, y también cuando río.

Cuando caigo, y también cuando me levanto.

Cuando tengo miedo, y también cuando logro vencerlo.

Cuando me avergüenzo,

cuando tengo rabia,

cuando tengo dolor,

cuando me duele,

cuando no puedo más…,

me detengo, me escucho, me reconozco y me acepto.

Me amo infinitamente, porque el amor es sin condiciones.

Me abrazo, me cobijo…

Me acepto, me miro, me tiendo una mano, me suelto, me relajo, integro, libero,  me despreocupo, porque sé que siempre pase lo que pase estaré ahí para mí.

 Me amo infinitamente, me apruebo, me acepto completamente…

Porque me amo así, sin condiciones.”

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Imágenes: Amanda Cass

 

                                                 1932487_10205060856181554_3718532437824620895_n-1-4 Evelyn Elorza H.

                                                                             Educadora Diferencial

                              Líder de Talleres  Heal Your Life® , basados en la filosofía de Louise Hay
                                                            
                                                                                     Creadora de:
                                               “Cambiemos el Mundo, cambiemos la Educación”
                                                    https://cambiemoslaeducacion.wordpress.com

Nos tratamos a nosotros mismos igual que como nos trataron nuestros padres

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Quiero empezar este artículo con esta cita, extraída del libro: “El Poder está Dentro de Ti” de Louise Hay

“Cuando llegamos a adultos llevamos dentro 25.000 horas de cintas grabadas con la voz de nuestros padres. ¿Cuántas horas de esas cintas crees que te dicen que eres un ser maravilloso? ¿Cuántas te dicen que te aman y que eres inteligente y brillante? ¿O que eres capaz de ser lo que desees ser y que cuando seas mayor serás una gran persona? En realidad, ¿cuántas horas de esas cintas te dicen “No, no, no” en todas sus formas?
No es nada extraño que nos pasemos la vida diciéndonos “no”, “debería”. Lo que hacemos no es otra cosa que imitar esas viejas cintas. Sin embargo, son solo cintas, no la realidad de nuestro ser. No son la verdad de nuestra existencia. Son solo grabaciones que uno lleva dentro, y se pueden muy bien borrar o volver a grabar”.

La verdad es que es una cita que llama a la reflexión y es esta reflexión la que quiero compartir con ustedes.

Desde el momento que emprendí mi camino de autoconocimiento he podido percatarme de muchas cosas que eran totalmente desconocidas para mí  hace un tiempo atrás. Cuando nos damos el trabajo de indagar en nosotros mismos, en nuestra historia, salen a la luz muchos aspectos de nuestra vida que yacían allí guardados, intocables, innombrables, rechazados, nuestra sombra. Ahora que menciono esto, hay una cita que ahora cobra significado para mí, la primera vez que la leí, algo me remeció, pero no lograba darle un significado a fondo, pues ahora la entiendo perfectamente:

“Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz, sino haciendo consciente la oscuridad” Carl Jung.

Esto pone de manifiesto que si queremos mejorar, cambiar algo que no nos gusta o no nos parece bien en relación a nuestra vida en cualquier ámbito, lo mejor que podemos hacer es hacer un viaje, un viaje a nosotros mismos. Y lo más importante es aceptar y reconocer que en este viaje nos tocará hacer estación en paisajes desconocidos y a veces poco agradables, nos enfrentaremos con dolores, miedos, angustias, aspectos de nuestra persona que no nos gustan…, parajes que no se veían porque no estábamos dispuestos a dar luz a ese lugar oscuro donde se encontraban , lo rechazábamos, por lo tanto eran invisibles, invisibles para nosotros solo, porque estaban allí, esperando ser descubiertos. Es aquí donde cobra real importancia el no seguir rechazando esta zona, sino atreverse a sumergirse en ella, reconocerla, comprenderla, integrarla, aceptarla…,iluminarla finalmente.

He expuesto lo anterior porque quiero llegar a nuestra infancia, lugar en donde comienzan a tomar forma y hacerse lugar estos sitios sombríos, estas sombras que a veces nos da miedo y rechazo ver y reconocer. Todo lo que hayamos vivido en nuestras infancias dio origen a la persona que somos ahora.

Todo aquello que escuchamos, vimos, sentimos, pensamos cuando éramos niños quedó guardado, grabado (como menciona la cita ) en lo más profundo de todos nosotros.

Todos esos NO que escuchamos, todos esos “deberías ser o tener…” Todos los: “Eres un mal niño”, “Eres egoísta”, “Todo lo haces mal”, “No sirves para nada”, “Por qué no eres como tu hermano” …, y podría seguir y seguir porque estas viejas cintas no acaban.

¿Te has visto alguna vez en una situación y te has escuchado diciéndote a ti mismo alguna de estas expresiones? O pueden ser otras también. ¿O te has visto negándote la posibilidad de algo que sabes que te hace feliz?

¿Cuántos NO habremos escuchado en nuestras infancias?, deben haber sido muchos para que hoy en día haya tantas personas que se niegan la posibilidad de ser y/o tener lo que les hace felices. Pues cuando somos adultos nos damos cuenta de este exceso de NO, cuando inconsciente y/o conscientemente nos lo decimos a nosotros mismos en muchos ámbitos de nuestra vida, negándonos así la posibilidad de expresarnos en plenitud.

¿Cuántos deberías escuchamos? Tienen que haber sido también bastantes para que hoy en día haya tantas personas que no se aceptan y se aman tal y como son. Porque al decirnos “debería…” no hacemos otra cosa que reproducir la no aceptación y la imposición de ser “distintos” que vivimos cuando éramos niños, cuando teníamos que ser sin discusión, lo que nuestros padres y nuestro entorno en general pedía y quería de nosotros.

-“Deberías ser más obediente”

-“Deberías compartir tus cosas”

-“Deberías sacar buenas calificaciones”

-“Deberías ser más ordenado”…

– “Deberías…, deberías…”

Esto era lo más fácil, en vez de indagar en el porqué de nuestras conductas cuando pequeños; no nos dejaban elección, solo nos quedaba adaptarnos a lo que se esperaba de nosotros. Puede que nuestras conductas hayan sido el  fiel reflejo del interior, del mundo interno de nuestros padres, la oportunidad que tenían de ver y dar luz a sus propias sombras…,pero no se aprovechó.

Ya lo he dicho en otro artículo que es desde la aceptación  y la aprobación de todo nuestro ser, con nuestras luces y sombras que  podemos mejorar algo o cambiar algo en nuestras vidas. Desde el rechazo y desde la imposición es difícil que lo logremos.

amarte a ti mismo

Lo que podemos hacer ahora que somos adultos al hacernos conscientes de estas grabaciones que llevamos con nosotros, es “reeditarlas”. Esto podemos hacerlo mirándonos al espejo, mirándonos a los ojos y decirnos de manera consciente todas esas cosas maravillosas que nos gustaría que alguien nos dijera o que nos hubiera gustado haber oído cuando eramos niños y nunca las escuchamos. Podemos hacerlo todos los días, dediquemos unos minutos de nuestro día a nosotros mismos. En un principio puede parecer difícil, esto depende de cada persona, ya que a medida que repetimos estas afirmaciones, sin querer se nos vendrán pensamientos o sentimientos acerca de nuestra persona que nos pueden ayudar a descubrir qué es lo que aún nos impide aceptarnos y amarnos.

-“Te amo y te acepto exactamente tal como eres”

-“Así tal como eres, eres maravilloso (a)”

-“Te amo mucho, infinitamente”

-“Eres capaz de lograr todo lo que te propones”

-“Confío en ti”

-“Eres una buena persona”…

Y así puedes decirte a ti mismo todo lo bello que desearías escuchar o haber escuchado.

De esta manera todas esas viejas cintas que ya no nos sirven, poco a poco irán quedándose en el pasado, se irán regrabando.

No nos critiquemos por nada. Eliminemos y liberémonos de los “debería”, y cambiémoslos por “podría”, ya que cuando te dices a ti mismo “debería…” suena como si estuvieras imponiéndote algo (tal como nos lo hacían cuando éramos niños) y esto da lugar a frustraciones, culpas, rabia. En cambio si actúas desde el “podría…”, lo haces desde la elección, de esta manera sí veras cambios positivos, ya que estamos actuando a partir de la “elección”, y no de la “imposición”. Y por último, cuidémonos y no nos neguemos cosas que sabemos que nos hacen felices. 

Lo que menciono ahora puede parecer fácil, solo repetir y repetir frases positivas acerca de nosotros mismos, sin embargo lo importante es “creer en ellas” y para creer en ellas, en definitiva para volver a creer en nosotros mismos, es necesario que iniciemos nuestro trabajo interior. Basta con que te decidas a hacerlo y ya verás que la vida y el universo se encargarán del resto, ¡da el primer paso! Decidámonos a hacerlo, seamos  capaces de sumergirnos en ese lugar sombrío al que nos da tanto miedo penetrar…

“Esto es lo que todos queremos de niños, ser amados y aceptados exactamente como éramos, no cuando somos más altos, o más flacos, o más lindos. Pero no vamos a obtener esto de otras personas hasta que podamos obtenerlo de nosotros mismos. Sin embargo, mi mensaje es siempre el mismo: ámate a ti mismo. Amarte a ti mismo es la cura milagrosa y el camino hacia la paz”. Louise Hay

                                                     1932487_10205060856181554_3718532437824620895_n-1-4 Evelyn Elorza H.

                                                                             Educadora Diferencial

                              Líder de Talleres  Heal Your Life® , basados en la filosofía de Louise Hay
                                                            
                                                                                     Creadora de:
                                               “Cambiemos el Mundo, cambiemos la Educación”
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¿Cómo desarrollar la creatividad de los niños?

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Los niños ven el mundo con otros ojos, interpretan la realidad a su manera y son capaces de convertir lo ordinario en extraordinario. La creatividad infantil es una capacidad que si no se estimula corre el peligro de bloquearse y desaparecer a medida que el pequeño crece. En este artículo se explica por qué es importante fomentar la creatividad infantil y se detallan juegos y pautas para conseguirlo en casa. 

Creatividad infantil, ¿por qué es importante fomentarla? 

La creatividad es uno de los atributos más apreciados en numerosos ámbitos, no solo los artísticos. El reciente informe de la Fundación Botín ‘¡Buenos días creatividad!‘ (2012) señala que la creatividad “ha sido y es fundamental en el progreso y bienestar social” y puntualiza que es clave para encontrar soluciones a los retos que se nos presentan cada día.

Incluso la Comisión Europea, para destacar la importancia de la imaginación, declaró el 2009 como el Año de la Creatividad y la Innovación.

“La creatividad ayuda al niño a encontrar soluciones distintas para un mismo problema”

Desde el punto de vista educativo, la creatividad es también un talento cada vez más en alza. Ser creativo en el aula ayuda a los pequeños a encontrar soluciones distintas para un mismo problema, una capacidad que les hace más resolutivos.

Aunque los niños nacen con una capacidad innata para crear e imaginar, esa creatividad corre el peligro de bloquearse y diluirse con el paso de los años si son expuestos a un entorno rígido que no estimule esta capacidad.

Desarrollar la creatividad de los niños: pautas

“Un ambiente imaginativo en casa propicia la creatividad infantil”.

¿Qué papel juegan las familias en la creatividad de sus hijos? Martina Leibovici, psicoterapeuta experta en familia, señala que los padres pueden ayudar a que los hijos conserven su creatividad natural. Para ello, insiste, los progenitores deben ser conscientes de que esta cualidad es clave en las vidas y en el futuro de sus hijos.

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Estas son algunas pautas que pueden seguirse en casa para cuidar y estimular la imaginación del niño:

  • Respetar el juego infantil. Atiborrar a los menores de actividades extraescolares y llenar su agenda de obligaciones y actividades no es lo más apropiado para potenciar su creatividad. Los pequeños necesitan disfrutar de tiempo prolongado de juego libre, en el que su imaginación sea la que guíe sus actuaciones e impulse su capacidad de ser creativo.
  • Proporcionar un entorno inspirador. ¿Por qué no crear un espacio para que los niños den rienda suelta a su creatividad en un rincón de su habitación? Algunas ideas son colocar murales en los que puedan pintar con libertad, contar con cajas en las que guardar los tesoros que encuentren y recopilar todos los juegos y juguetes que inspiren su creatividad.
  • No dirigir sus juegos. A los pequeños les gusta saltarse las normas e idear nuevas formas de jugar, como construir una torre en vez de la figura prediseñada con los bloques de un puzle. Esa es su creatividad natural. Hay que dejar que prueben. Los adultos no deben intervenir si el pequeño quiere utilizar sus juguetes de un modo diferente (siempre que no haya peligro de hacerse daño o romperlos). Al contrario, es importante valorarle y animarle a idear y crear otras maneras de divertirse.

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 Cuatro juegos y actividades creativas para niños

  • Visitar museos y exposiciones. Ver a través de los ojos de un niño una obra de arte u otro objeto de una muestra puede ser toda una aventura para un adulto. La visita al museo es una ocasión idónea para entrenar su capacidad creativa.

    Los pequeños pueden ser invitados a inventarse una historia sobre una imagen u objeto que observen o a que expliquen a su manera lo que ven en un cuadro.

  • Leer y leer cuentos. Los cuentos divierten y entretienen a los niños, pero además potencian su capacidad creativa y su imaginación.

    Los adultos pueden proponer a los pequeños que imaginen otros finales para sus historias favoritas o pedirles que relaten una nueva si cambian alguno de los acontecimientos de la narración.

  • Creatividad en grupo. Además de fomentar el espíritu creativo y la imaginación del menor, los juegos grupales les ayudan a desarrollar otras habilidades, como la expresión oral y la memoria.

    Una propuesta consiste en iniciar una narración con dos pequeñas frases (“érase una vez un niño llamado Pablo que salió una mañana a navegar en un barco“). El siguiente participante debe continuar el relato con otras dos nuevas frases que continúen el hilo de la historia (“cuando estaba en alta mar, divisó a lo lejos una isla desierta“) y así de forma sucesiva. Poco a poco, entre todos conseguirán crear un divertido cuento para el que solo habrán necesitado derrochar imaginación.

  • Interpretar figuras. Un interesante ejercicio creativo para practicar con los niños es tumbarse en la hierba o recostarse en una butaca para contemplar las nubes y que el pequeño interprete qué representa cada una de ellas.

    Otra actividad divertida para estimular la creatividad en este sentido es el juego de las sombras. Tan solo es necesario un foco de luz y una pared donde reflejar diferentes sombras creadas con las manos. El siguiente paso es pedirle al niño que cuente qué supone para él.

Fuente: EROSKI CONSUMER

Aceptar nuestra vulnerabilidad nos hace fuertes

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“Quizá nuestro dolor nos esté mostrando que necesitamos fijar un límite, que estamos yendo en dirección equivocada o quizá esté disparando un profundo proceso curativo. 
Está bien sentirnos heridos, llorar, curarnos” Melody Beattie

Yo creo que fueron muchas las veces que en nuestra infancia nos habrán dicho: “No llores, no pasa nada”, “Cuando dejes de llorar te compro…”, “Llorar no es de fuertes”. Si eras niño seguro escuchaste: “Los niños no lloran”. Con estas frases creció en el fondo de cada uno de nosotros una necesidad poco saludable que nos indica que debemos ser capaces de ser “fuertes”, reprimiendo nuestro llanto, nuestra angustia, pena, preocupación, dolor…, escondiendo nuestra vulnerabilidad y el pensar que somos capaces de soportarlo todo como  “superhéroes”. Se ha creado en nosotros una especie de miedo y rechazo al dolor. Sin embargo ya no somos niños, somos adultos y es nuestra tarea buscar las herramientas necesarias para enfrentar nuestras penas, dolores y angustias…, sin que esto signifique escapar de ellas.

“Hoy no tenemos por qué temerle tanto al dolor. Éste no tiene por qué agobiarnos. Nos estamos volviendo bastante fuertes para manejar nuestros sentimientos cuando nos sentimos lastimados”. Melody Beattie

A veces podemos sentir que el miedo, la angustia, la inseguridad, la tristeza nos invaden, pero no los dejamos expresar porque cuando eramos niños quizás no nos dieron esa libertad. Es entonces que ahora como adultos nos lo hacemos a nosotros mismos, acallando a ese niño interior asustado, inseguro, triste que quiere expresarse, pero ahora somos nosotros quienes no lo dejamos. Aguantándonos, evadiendo, huyendo, luchando para no aceptar que somos vulnerables. Tenemos nuestros días en los que lo único que queremos es llorar, donde nos sentimos afligidos, pero no nos permitimos expresarnos con libertad.

Dejemos de escapar, abracemos lo que nos pasa. No eres una  “superwoman” ni un “superman” que pueden con todo.  Somos vulnerables, hay cosas que nos hacen daño, que nos agobian, que nos emocionan, que nos afectan.

Si queremos llorar, lloremos, abracemos a nuestro niño interno que se siente angustiado por algún motivo, no le demos la espalda como quizás lo hicieron otros con nosotros cuando eramos pequeños.

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No pensemos que por llorar un día nuestro día se verá arruinado, no tenemos la obligación de andar con una sonrisa en la cara sabiendo que nos quebramos por dentro. Ahora con el tiempo he aprendido que  el dicho que dice “Al mal tiempo buena cara”, no quiere decir que sonriamos porque sí, aunque sepamos que lo único que queremos es llorar, expresar nuestra pena o dolor…, no es esconder que nos hemos visto afectados por algo, no significa darle la espalda a mi tristeza, a mi miedo…Para mí este dicho significa tener la capacidad de permitirte experimentar con plenitud todas tus emociones, que cuando tenemos una dificultad somos fieles a nosotros mismos permitiéndonos el regalo de sentir,  porque si lloro un día no le hará mal a nadie, menos a mí. Significa sacar un aprendizaje de nuestros momentos no tan buenos, sin que esto signifique negarme la posibilidad de sentir mi dolor, de sentirme vulnerable. Las emociones se vuelven negativas no cuando permitimos expresarlas, sino cuando en esa expresión nos desbordan de tal manera que interfieren de manera negativa en nuestra vida por falta de herramientas para su regulación. No es lo mismo llorar un día porque me despidieron del trabajo, permitirme sentir la rabia, la decepción, la frustración que esto me pudo originar, que pasar llorando un mes por la misma situación y no poder superarlo.

“Lo único que necesitamos es que cuando sea apropiado, nos permitamos sentirnos vulnerables para sentirnos heridos y tomemos responsabilidad de nuestros sentimientos, de nuestras conductas y de lo que necesitemos hacer para cuidar de nosotros mismos. No tenemos que analizar nuestros sentimientos ni justificarlos. Necesitamos sentirlos y no dejar que controlen nuestra conducta”. Melody Beattie

El mejor regalo que podemos dar a nuestros hijos es permitirles expresar sus sentimientos libremente sin restricciones. Cuando tengan ganas de llorar que lloren, cuando quieran reir que rían…Nuestra tarea como padres y guías es y será cobijarlos, apoyarlos, acompañarlos, sostenerlos; darles las herramientas para que puedan expresar estas emociones sin que lleguen a hacerse daño a sí mismos ni a los demás, darles las herramientas para su regulación. Ojalá llegue el día en que las frases: “No llores, no pasa nada”, “Los niños no lloran”, “Llorar es de niñas”, y otras cuántas más queden eliminadas de nuestro vocabulario.

Que no nos de miedo que nuestros hijos nos vean llorar, no nos escondamos, si ellos ven que nosotros aceptamos estas emociones lo harán ellos también. Junto con esto expliquémosles que la gente también llora por diversos motivos y que el sentir pena, dolor, tristeza, miedo es válido. Esto les permitirá aceptar sus emociones, el llanto en este caso como algo natural, algo de lo que no hay que avergonzarse. Y el día de mañana les ayudará a gestionar y regular sus emociones de manera saludable.  Se permitirán sentir en plenitud, sin esconder ni rechazar lo que sienten. Aceptarse con sus miedos, aflicciones…, ser auténticos.

Enseñémosles a ser fuertes permitiéndoles que acepten y abracen su vulnerabilidad…

“Estar en recuperación no significa ser inmune al dolor; significa aprender a cuidar amorosamente de nosotros mismos cuando nos sintamos dolidos”. Melody Beattie

Por Evelyn E.

Las citas de Melody Beattie aparecen en su libro: “El Lenguaje del Adios”  Ve y compra en Amazon

 

El yoga como una herramienta para impulsar el cambio de paradigma en la educación tradicional actual

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Me preocupa muchas veces ver que se emplea el yoga y/o el mindfulness en ámbitos educativos exclusivamente para relajar y tranquilzar a nuestro alumnado. Es como si estuviéramos  aprovechando solamente una muy pequeña parte de toda el potencial de esta práctica física/mental y filosofía de vida tan positiva y holística. Como un diamante en bruto, si pulimos sus diferentes lados, brillará más y mejor, apreciaremos todos sus colores, toda su potencialidad.

¿Qué más nos puede ofrecer el yoga en la educación? Aquí les ofrezco solamente tres otras joyas que compartimos en nuestra formación de profesores, OM Shree OM. ¡Hay muchísimas más! Pero para hoy, día Internacional del Yoga, espero que sirvan para empezar el diálogo: ¿Cual es el verdadero propósito del yoga dentro de un sistema educativo? ¿Estamos aprovechando todo su potencial?

El yoga proporciona otra forma de asimilar información

Gracias a estudios recientes en la neurociencia, sabemos que el cerebro no es la única parte de nuestro cuerpo que aprende. De hecho está comprobado que aprendemos a través del cuerpo.  El cerebro percibe información por nuestro sistema nervioso que a su vez, está conectado con nuestros sentidos, todos. Redes neurológicas reaccionan al estímulo de las redes sensoriales. El intercambio es inmediato y es bidireccional. Funcionan estos sistemas como un dúo, cada parte recibe y da información constantemente. Sabiendo esto, hemos de utilizar el cuerpo, el movimiento inteligente de las asanas para mejor informar al cerebro y así aprender la materia que sea, de una manera más completa. Es todo lo opuesto a escuchar exclusivamente una lección estando sentado. Cuando aprendemos algo con el cuerpo o moviendo el cuerpo, con todos los sentidos activados, lo interiorizamos verdaderamente, lo aprendemos mejor.

También es importante mencionar aquí el fenómeno de “conocimiento directo”, que ocurre muchas veces cuando la mente está tranquila y atenta. Simplemente “captamos” información. Entendemos algo sin que tuviéramos que entender todos los pasos que llevan lógicamente a ese aprendizaje. De hecho, esto es un don de todos los niños entre 0 y 5 años o hasta la activación del lado izquierdo del cerebro. Hay cosas que simplemente saben, que sabemos o entendemos…

El yoga mejora el vínculo entre profesor y alumnado

En los momentos de silencio y quietud que se comparte en una práctica de yoga, podría ser durante la meditación, una práctica de mindfulness o en una relajación guiada, se siente que todos somos seres con cuerpo, mente y también espíritu. Somos seres con una naturaleza espiritual que se siente en estos momentos de conexión interior. Tanto el profesorado como el alumno aprende de estas experiencias el respeto mutuo. Se crea un mayor vínculo entre ambos.  Lo que muchas veces ocurre a estos niños y  maestros más adelante es lo que llamo “la enseñanza con apego”. Los profesores empiezan a individualizar sus lecciones buscando la manera de hacerles llegar uno por uno a cada uno de sus alumnos.  Esto es un efecto secundario del amor y el afecto que se genera y se siente en la práctica.  Aquí podríamos hablar horas acerca de la inteligencia emocional y como siento que el yoga es la mejor manera de enseñarlo…

El yoga enseña y practica una buena postura corporal, favoreciendo un cuerpo en crecimiento sin dolor

Al enseñar una buena postura corporal, evitamos dolores en todo el cuerpo que tarde o temprano llegarán si no estamos educados al respecto.  Empoderemos a nuestros jóvenes enseñándoles a una edad temprana cómo aliviar esas molestias que ocurren por malos hábitos posturales. Todos sabemos que es difícil concentrarnos en cualquier tarea si sentimos un dolor en el cuerpo.  La mitad de los adolescentes que enseño sufren dolores cervicales y lumbares que les roba la atención entre otras cosas.

Nadie lo duda, el yoga es una herramienta de tranformación y transmutación que puede ayudar a impulsar los grandes cambios que hacen falta realizar dentro de nuestro sistema educativo tradicional. Juntemos nuestras voces, analicemos bien la práctica  para poder aprovechar su máxima potencia para que pueda brillar plenamente en la vida de nuestros niños y docentes.

Te invitamos a nuestro primer festival de yoga para familias este verano en Almería, España. Forma parte del diálogo. Forma parte del cambio.

www.omshreeomyogafestival. com

Love

Christine McArdle Oquendo
Fundadora de OM Shree OM, una formación de profesores de yoga para niños/as, padres/madres y docentes.

fb: Yoga para Niños, Om Shree Om

artículo publicado en Europapress el 21 de Junio 2015, Día Inernacional del Yoga

Fuente: CHRISTINE MCARDLE OQUENDO

Los padres perfeccionistas y sus hijos: una vida de carencias

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Educar a los niños con una actitud en la que no se permiten los errores podría crear en ellos inseguridades y otros problemas de autoestima

Vanessa Van Petten escribe sobre paternidad y adolescencia en el blog RadicalParenting.com. Su próximo libro¿0btengo mi permiso antes o después de ser castigado? será publicado en septiembre.

¿Cómo saber cuándo exigir a los hijos para formar personas fuertes y capaces, y cuándo estamos exagerando y truncando su posibilidad de ser felices y sentirse contentos con quienes son en realidad?

La frase “quiero ser perfecto” fue buscada 14,800 veces en Google este mes. Con ello y los miles de artículos de autoayuda, internet se revela como el faro de los inseguros que buscan desesperadamente lograr la perfección.

Mientras nuestra sociedad se obsesiona cada vez más con la idea de la perfección, los padres y sus hijos son los más vulnerables a esta infección.

Constantemente leemos sobre los padres helicóptero, mamás y papás que, en el nombre de la perfección, están siempre encima de sus hijos asegurándose de que hagan lo que deben estar haciendo.

Para muchos padres, el sentimiento de deficiencias y la búsqueda de la impecabilidad son una terrible combinación que crea una curva infinita de nuevos posibles logros que no serán satisfechos, pues la perfección permanente es un logro imposible.

Los padres pueden sufrir a la hora de adoptar la mentalidad de perfección, pero los niños también cargan con esto.

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Un sentimiento patético

Shamima, de 17 años, explica lo que muchos adolescentes piensan: “Si cometes un error, la impresión que tienen las demás personas de ti se verá afectada, y eso nos hace patéticos”.

La actitud perfeccionista de un padre también prepara a sus hijos para toda una vida de insuficiencias.

Shamima agregó que los adolescentes saben que otros estudiantes en su escuela tienen habilidades más fuertes. “Cuando reciben sus calificaciones, hay una fuerte sombra de remordimiento. Por dentro los estudiantes creen que sus padres anhelan que sean los mejores”.

La competencia frenética y poco saludable

Es uno de los mayores efectos secundarios de la búsqueda de la perfección por parte de los padres. En lugar de ver los logros de los amigos como inspirativos o positivos, Shamina comparte que sus amigos exitosos “son como montañas que producen una sombra sobre otros compañeros. La mayoría de los adolescentes se sienten desmoralizados y sienten que no valen nada, a menos que se les compare con algo más bajo”.

Este trágico sentimiento también lo comparten muchos adolescentes que sienten que no pueden estar felices por sus amigos porque sus propios padres esperan logros superiores.

Amy Chua, una madre tigre, defiende criar a los niños con expectativas irracionalmente altas. En su artículo en The Wall Street Journal, Chua dice que “los padres chinos exigen calificaciones perfectas porque creen que sus hijos las pueden obtener”.

Algunos padres y adolescentes combaten esta actitud.

Krithika Varagur, una jóven de 16 años fundadora del Fondo Juvenil de Alfabetización, dice que los padres que rechazan los consejos de Chua no están “condenando a sus hijos al fracaso, o peor aún, a la mediocridad. Se puede tener un estilo de vida relajado y una buena dinámica familiar y lograr el éxito”.

También dijo que después de llorar por haber sacado un 9, sus padres fueron quienes le dijeron que lo superara. La pregunta que los adolescentes quieren que sus padres respondan es: ¿cómo pueden aceptar la imperfección?

Lo más importante es que los perfeccionistas no pueden disfrutar su éxito porque siempre piensan que lo pudieron haber hecho mejor. Esto hace que los niños oculten sus errores para mantener una imagen perfecta.

Los padres con imperfecciones naturales pueden enseñar a sus hijos a aceptar los errores y a aprender de ellos.

Esto significa que hay que hablar de los fracasos tanto como de los éxitos, recompensando a los niños cuando intentan aprender de los errores y eliminando el estigma de las decepciones.

Gema, de 19 años, lo dice así: “No creo en la fórmula mágica paternal, quizás porque no hay un ser humano perfecto”.

En ocasiones, la imperfección puede generar crecimiento, alivio y niños maravillosamente imperfectos.


Lo más importante
  • La frase ‘quiero ser perfecto’ fue buscada 14,800 veces en Google este mes
  • Los padres y sus hijos son los más vulnerables a la ‘infección de la perfección’
  • La actitud de perfeccionismo de un padre prepara a sus hijos a toda una vida de deficiencias

Fuente: CNN México

El nuevo paradigma educativo

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Mientras nuestra realidad global se tambalea, pareciera que no disponemos de los medios para hacer frente a los desafíos medioambientales, sociales, políticos, financieros, morales y espirituales que se nos presentan. Una nueva educación se antoja fundamental si queremos sentar las bases de la sociedad armónica que todos anhelamos.

La Educación hoy

Si el propósito del aprendizaje es sacar una buena puntuación en un examen, hemos perdido de vista el verdadero motivo del aprendizaje.” – Jeannie Fulbright

Esta cita pone de relieve una triste realidad. El sistema tradicional de calificaciones y evaluaciones entraña graves consecuencias para los educandos: los niveles de estrés, desconfianza, miedo y ansiedad a los que sometemos a los estudiantes, sobre todo en sus fases de desarrollo más tempranas, suponen un peligro para su equilibrio emocional, mental, físico, anímico y espiritual. Se educa no para la sabiduría, la comprensión y el análisis crítico de la realidad, sino para dar la talla en pruebas de dudosa validez.

Se trata de una educación carente de humanidad. Una educación en la que las escuelas no están al servicio de las niñas y los niños, sino más bien todo lo contrario. Una educación orientada al cumplimiento de objetivos deshumanizados y carentes de ética y moral. El estudiante debe encajar en un sistema basado en una visión adulta de la realidad que no tiene en cuenta sus necesidades. Esto ha generado problemas terribles, como los trastornos de déficit de atención, que en palabras del gran Claudio Naranjo “son una respuesta sana a una educación insana”.

No existe en la educación tradicional una voluntad de desarrollo íntegro. Solamente será reforzado aquello que favorezca la perpetuación de un sistema que todavía nos afanamos en llamar, vaya usted a saber por qué, democrático.

La única solución posible a los graves problemas de nuestro turbulento mundo moderno es atender firmemente a una de las áreas más abandonadas por todas y todos: la educación. Pero parece como si a nadie le interesara la educación: las administraciones públicas la ningunean, muchos maestros no muestran voluntad de crecimiento ni pasión por su profesión, los alumnos no se sienten involucrados en la vida escolar más allá de lo que se ven obligados a realizar y las familias se desentienden de todo como si nada tuviera que ver con ellos. ¿Cuál es el problema de fondo, entonces?

Podemos decir que se trata de una enfermedad que se ha transmitido desde todos los frentes institucionales, sociales, culturales y familiares de nuestra sociedad. La violencia, el crimen, la delincuencia y la impunidad han puesto en marcha un engranaje difícil de detener, pues son demasiado fuertes los intereses que tratan de perpetuarlo. Cuanta mayor sea la ignorancia, mayores posibilidades de seguir alimentando este engranaje, con los consecuentes beneficios (dinero y poder) repartidos entre las castas dominantes; la educación, que es el catalizador para el cambio, debe ser ninguneada. De lo contrario, amenaza con transformar el borreguismo en independencia, libertad y empoderamiento. La salud de la educación es tan desgraciada porque interesa que así sea.

Les recomiendo la lectura de esta entrevista a Nuccio Ordine, gran experto en Giordano Bruno, en la que convoca a los grandes pensadores de todas las épocas para manifestarse contra la destrucción de la educación y la cultura por parte de los políticos y de nuestra capacidad de reacción. El autor afirma que “todos los ámbitos de nuestra vida están contaminados por la idea del beneficio y del lucro. Ya no educamos a las nuevas generaciones en el amor por el bien común, por el desinterés, por lo gratuito. Los educamos al revés, en el amor al dinero, a lo útil, al beneficio personal”.

El nuevo paradigma educativo

Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil.”

Y así lo han venido demostrando gran cantidad de eruditos, entre los que destaca Sir Ken Robinson. En su tesis otorga especial importancia a la imaginación, la creatividad, la diversidad, el error como base para el crecimiento, y sobre todo el amor por lo que hacemos. “La gente produce lo mejor cuando hace cosas que ama, cuando está en “su elemento”. Cada individuo debe buscar “su elemento”, es decir, debe ser capaz de encontrar por sí mismo o mediante la ayuda de otros sus aptitudes, sus pasiones, sus actitudes y sus oportunidades. Tenemos la obligación de descubrir qué se nos da bien y qué nos encanta hacer”, afirma el autor. “Los niños son creativos y no les importa equivocarse, se atreven hasta con lo desconocido y luego siguen a otra cosa. Pero el sistema educativo no admite el error. Todo el sistema está basado en la prohibición y la corrección del error. Confundimos educar con domar y condicionar. Educamos en un sistema que tiene miedo a la libertad, prohíbe el error y mata la creatividad.”

Necesitamos una pedagogía en la que podamos crear a lo largo de nuestra vida estudiantil capacidades para desenvolvernos en la sociedad de forma más humana, equilibrada y creativa. Una enseñanza holística que promueva el desarrollo completo de individuos libres, pensantes, que poseen capacidades creativas necesarias para la vida práctica. Necesitamos también familias que participen activamente en la formación de sus hijas e hijos (Alejandro Jodorowsky afirma que la educación comienza por enseñar a los padres a ser padres), y equipos docentes formados por personas que aman profundamente su trabajo y más profundamente aún a los niños para los que trabajan, pues es por y para ellos que deben manifestar este impulso divino. Solo así los estudiantes mostrarán un interés genuino por el aprendizaje al reconocer este entusiasmo en sus modelos (padres y maestros); con una experiencia académica plagada de armonía, belleza (¡belleza!), atención, solidaridad y comprensión, los conocimientos transmitidos serán asimilados más profundamente.

Google, la mayor y más influyente empresa del mundo, ha modificado recientemente sus métodos de selección de personal. Sus amplios estudios y recopilaciones de datos (y en esto no hay nadie más experto que ellos) han concluido que la nota final de primaria, secundaria, básico o universidad no tiene ninguna relación con el tipo de empleado que el individuo será en el futuro. Lo que prevalece es la voluntad, la pasión, el esfuerzo, la entrega, el trabajo en equipo y sobre todo la confianza en uno mismo. Traten de deducir ahora por qué los ejecutivos de Google, Microsoft u otros gigantes tecnológicos tienen a sus hijos en escuelas Waldorf.

La figura de la maestra o maestro

Lo primero que influye es la personalidad del educador; lo segundo, su manera de obrar; sólo en tercer lugar, lo que dice.” – Rudolf Steiner

La verdadera tarea del maestro es saber reconocer y honrar las capacidades innatas de la niña y el niño para poder potenciarlas. Esto genera satisfacción y alegría, de modo que estas niñas y niños felices ya no sienten la censura de una sociedad fría que parece no tenerles en cuenta.

Es imposible concebir el educar de verdad sin amor. Ese mismo amor lleva al maestro a la búsqueda de su propia superación para tener un mayor espectro que ofrecer al alumno y poder despertar en él su más alto potencial. Ser educador requiere una gran conciencia de sí mismo, pues inevitablemente se convertirá en un referente digno de ser imitado. El maestro, consciente de esta responsabilidad, la asume y la hace suya como base para su propio crecimiento personal. Debe centrarse no solamente en lo que hace, sino también en lo que es.

En esta misma línea, se exige un maestro no autoritario, no impositivo; sino uno que posea una autoridad cedida por el alumno; ya sea por amor o admiración. La autoridad del maestro no viene con el cargo. Un maestro verdadero debe ganarse su autoridad.

La transmisión de conocimientos es parte vital de la educación, en eso parecemos estar todos de acuerdo. La forma, sin embargo, es lo que nos divide. Contar historias es, en este sentido, fundamental, mucho más que memorizar datos compulsivamente. Al escuchar una historia, el cerebro activa las mismas partes que cuando experimenta algo. Una buena maestra o maestro deberá ser un contador de historias excepcional.

A pesar de que todos somos contadores de historias natos, no es tan sencillo transmitir una buena historia. Ofrecer información trascendente a nuestra audiencia y causar un impacto positivo no es tarea fácil. Debemos conjugar sabiamente piezas tan importantes como hechos concretos, emociones sugeridas y valores transmitidos. ¿Cómo convertirnos entonces en buenos contadores de historias? La respuesta puede parecer irónica, pero muchos expertos apuntan en esta dirección: debemos convertirnos primero en buenos receptores de historias. Debemos aprender a escuchar historias, lo cual no es para nada tan simple como pudiera parecer, pues se nos da mejor oír historias que escucharlas.

Aprender a escuchar nuestras propias historias sería un paso apropiado. Un maestro debería ser un ejemplo de individuo que ha aprendido a prestar cuidadosa atención a lo que suele decirse a sí mismo, a las historias que acostumbra a contarse, y plantearse si son útiles para su propio desarrollo y el de los alumnos que decidió libremente acompañar.

Conclusión

La Divinidad duerme en las rocas, respira en las plantas, sueña en los animales y se despierta en los seres humanos”Proverbio Hindú

Se nos antoja imperativo cambiar nuestra visión de la educación para asegurar una sociedad libre de los estigmas que nos afectan. Necesitamos el compromiso de maestras y maestros, familias, instituciones y gobiernos que reconozcan la chispa divina que mora en el interior de cada niña y cada niño. Debemos honrar, potenciar y proteger esta luz. La responsabilidad, como siempre, es de todos y cada uno de nosotros. Hagamos que lo recibido en la escuela no se diluya en el hogar, y viceversa. Hagámoslo entre todos. Necesitamos, más que nunca, “seres humanos libres capaces por sí mismos de impartir propósito y dirección a sus vidas” (Rudolf Steiner).

  Por Jorge Benito

Fuente:  

Luis López González: “La meditación equilibra las emociones de los niños”

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Los niños y niñas ¿están demasiado estimulados?

Hay muchos estudios que demuestran que los niños y niñas de hoy en día estan sobreestimulados. Están sometidos diariamente a más inputs de los que un cerebro puede, racionalmente, integrar y gestionar. Ante esta situación es muy difícil que puedan construir cualquier cosa: aprendizaje, pensamiento, arte…

¿Cómo les afecta esta sobreestimulación?

De entrada, les afecta con una agitación extrema. Nuestros niños no tienen espacio para el aburrimiento, siempre necesitan más y más y más estimulación. El cerebro está diseñado para tener ratos de descanso y no tener estimulación. Durante el día el cerebro del niño no descansa, no pasa por ratos de relajación. Uno de los factores que más inciden y que está científicamente demostrado,  es que los niños que pasan horas delante de las pantallas desde los 3 años pierden habilidades cognitivas: la memoria, la atención, capacidades básicas como el cálculo o la abstracción. Esto se traduce en agitación, irritabilidad y dispersión.

¿La escuela contribuye a este bombardeo de estímulos?

Sí, principalmente por dos prácticas muy arraigadas ya. En primer lugar, por el exceso de información general que reciben: Los niños y niñas están durante más de seis horas sentados recibiendo inputs, sin capacidad de poder escoger según su interés. Les limitamos su capacidad creativa. Por otro lado, y esto ha llegado con la introducción de las TIC en el aula, la rapidez con la que les exigimos que respondan a estos inputs. No les damos tiempo a procesar, a integrar los conocimientos. Todo sucede demasiado rápido.

¿Qué beneficios cree que aporta introducir en el aula ejercicios de relajación y meditación? 

Los beneficios se han estudiado en profundidad. Las técnicas de relajación y concienciación ayudan a los niños a equilibrar sus emociones. A nivel individual podemos distinguir diversos tipos. Por un lado los beneficios físicos, que tienen que ver con la salud y el bienestar del niño o niña. Por otro lado, podemos distinguir también los efectos que mejoran las capacidades cognitivas de cada persona: mejoran la atención, la memoria, el cálculo, etc. Si esto se sistematiza, a la larga mejora el rendimiento escolar. Mejoran también las habilidades y competencias emocionales, hablamos de la autoestima, de la asertividad, regulación emocional. También debemos mencionar los beneficios a nivel “espiritual”, aunque a veces este concepto nos asuste abordarlo: la expansión de la conciencia, la sensibilidad con el entorno y con los que nos rodean, etc.

A nivel de grupo, ¿también aporta beneficios dentro del aula?

Sí, ¡por supuesto! Se crea un mejor clima de aula: podemos ver como aumenta la predisposición de los alumnos, y que mejora la relación entre compañeros. También se ha demostrado que mejora la convivencia. Los partes disciplinarios y los conflictos dentro del aula disminuyen. A nivel global, mejora el objetivo de la escuela, que es educar a las personas. A nivel grupal, mejoran las relaciones humanas y también la relación con el profesorado.

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¿Qué acogida cree que tienen estas prácticas dentro de la comunidad educativa?

En primer lugar, creo que hay que destacar que en este sentido no se aprecia diferencia entre la titularidad de los centros, ya sean públicos o privados. La relajación y la meditación ha llegado a las aulas, generalmente, por necesidad: hay conflictos en clase y los profesores no sabemos que hacer, así que vamos probando cosas. Sin embargo, ahora llega como recurso psicopedagógico, que es lo que promovemos nosotros desde el grupo de investigación ICE de la Universidad de Barcelona. Lo que nosotros pretendemos es mostrar la meditación y la relajación como una competencia específica. Es decir, una persona del siglo XXI debe tener competencias emocionales, debe saber regular el estrés, etc.

¿Pero existen reticencias clara hacia ello?

No sé que tanto por cierto hay de personas reticentes a aplicar estas prácticas en el aula, si bien sí podemos decir que vienen generadas por el desconocimiento. Lo que sí hemos detectado es que cada vez la demanda es mucho más grande. La gente se da cuenta que esto tiene un rigor científico. Globalmente, la respuesta es súper positiva, no solo de los profesores, sino también de los padres, con los que también realizamos formaciones.

¿Cómo responden los alumnos y alumnas frente a estas técnicas?

Muy positivamente: el 90 por ciento del alumnado les gusta, le ven sentido y además piden a los profesores que se impliquen en el programa TREVA, que no se convierta en un tiempo corto que pasa desapercibido.

Hemos hablado de los beneficios para los alumnos pero, ¿y los profesores? ¿Obtienen beneficios de aplicar estas técnicas en clase?

También se han hecho investigaciones acerca de esto y los resultados son muy positivos. En el caso de nuestro programa, los docentes son el vehículo para transmitir estas prácticas y para ello es indispensable que ellos integren en sí mismos la práctica para poderla reproducir. Trabajamos en formaciones en las que durante 20 horas son ellos los que reciben como individuos la práctica y posteriormente trabajamos la transmisión: cómo introducirlo en el aula, qué ejercicios hacer, cuándo hacerlos, etc. Es muy diferente la relajación que haremos con niños de 3 años que la que haremos con alumnos de bachillerato.

Cuando hablamos de este tipo de prácticas, ¿hablamos de técnicas exclusivamente o de la introducción de disciplinas completas o tradiciones filosóficas como el yoga o el tai-chi?

Esto es muy importante que lo tengamos claro. No es lo mismo practicar una disciplina que incluye unos ejercicios psicosomáticos concretos que el hecho de aplicar técnicas que están estudiadas, como respirar de forma consciente, atender el propio cuerpo, etc. No hablamos de una escuela o de una filosofía, sino de prácticas concretas que nos ayudan a desarrollar diferentes habilidades.

Los niños, ¿utilizan las técnicas que aprenden en otros ámbitos fuera del aula?

Sí, hace poco en una formación una de las presentes explicó que iba en el coche con su hija y estaba en un atasco monumental, y en un ataque de rabia empezó a tocar el claxon como una loca. Su hija la miró y le dijo “Mamá, ¿y si respiras? El atasco no irá más rápido por mucho que toques el claxon”. Sí que tiene incidencia, sí. Los niños lo aplican en situaciones que les estresan, como los exámenes, o en momentos emocionales difíciles, como en discusiones o conflictos.

¿Qué pautas propondría a profesores que quieren introducir estas prácticas en sus aulas?

En primer lugar, que se formen, pero que se formen orientados al uso pedagógico. Hay mucho docentes que empiezan a practicar disciplinas como el yoga pero, por ejemplo, el programa TREVA está pensado y diseñado para trabajar en el aula, dentro del marco horario de las clases y en contextos educativos. Yo recomiendo que, si no se han formado, que no lleven a cabo prácticas de este tipo porque puede generar frustración.
Es importante que haya una progresión. Si nunca has trabajado la confianza con tus alumnos, no puedes pretender llegar un día al aula y que todos los alumnos cierren los ojos cuando se lo pidas. No se trata de introducir la meditación de un día para otro. Hay que introducirla de forma pausada y observar cómo responden.

Fuente: Tiching

Para más información: Programa TREVA

¡Despierta!

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La asertividad es la capacidad de decir que “no” de forma adecuada y sencilla; de plantear los pensamientos, sentimientos y opiniones personales sin pasar a llevar a los demás. La timidez o la incapacidad de proponer las propias necesidades y la agresividad o exposición de los pensamientos pasando a llevar al resto son los dos polos de la asertividad. ¿Cómo no caer en ellos? Trabajando con los niños en dos aspectos básicos. Por un lado, en su seguridad personal: hacerlos sentir que lo que sienten y piensan es válido; y por otro, su empatía o la toma de perspectiva social: que sean capaces de ver y sentir con el otro las implicancias de su conducta.

Trabajar su autonomía.

La autonomía es la sensación de poder y de capacidad, la sensación de que soy capaz de… ¿Cómo hacerlo? Los padres deben permitir a sus niños expresar sus posiciones: lo que opinan y creen frente a diversos temas. “¿Qué piensas de esto?, ¿qué sientes cuando te pasa esto?”. Por otro lado, deben ayudarlos a ponerse en el lugar del otro. “¿Qué crees tú que le pasó al niñito cuando todos se rieron de él cuando se cayó?, o ¿qué crees tú que le pasa a alguien si se enferma y nadie lo llama?”

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Educarlos en el lenguaje emocional.

La capacidad de ponerse en el lugar del otro y de expresar lo que uno siente de manera adecuada se educa hablando con los hijos. Simplemente eso. Hablando. “¿Cómo te sentirías si te equivocaras y todos se rieran de ti?, ¿cómo te sientes tú cuando alguien te reta?, etc.” Con estas simples preguntas, los padres les van dando lenguaje emocional. “No sé, me da rabia”. “¿Qué sientes ganas de hacer?” “Pegarle al que me retó”. “¿Qué otra cosa más podrías hacer distinta a pegarle?” Y así, los adultos pueden guiarlos. Cuando son más grandes y dicen: “Tengo ganas de llorar”, y los padres contestan: “Eso se llama pena”, les van dando lenguaje emocional, les ayudan a poner en palabras sus propios sentimientos y pensamientos, les enseñan a expresarse.

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Validar sus expresiones.

Al validarlas, los padres dan seguridad. “Entiendo que te dé verguenza pedir el vuelto”. Con esa simple frase, la madre está validando los sentimientos de su hijo; y al hacerlo, favorece que él se crea a sí mismo y sienta que lo que siente, es siempre válido. No que esté bien o que esté mal. Es válido. Una vez dicho esto, la madre debe ayudarlo a hacer la diferencia: “Sin embargo -y pese a tu verguenza- es bueno que le digas al señor que te pase el vuelto, es bueno que le expreses tu opinión para que te dé tu plata a cambio”.

Permitirle elegir o actuar dentro de ciertas posibilidades.

Para encaminarlos, pueden hacerlo entre alternativas cerra- das. “¿Hoy te quieres poner el chaleco rojo o el azul?”. “El rojo”. “Ok”. Es importante ofrecerles alternativas y validar sus elecciones. Al preguntarles: “¿Qué ropa te quieres poner?”, no se debe decir: “¡Ay, que atroz cómo quedaste!”, porque ahí es donde se cae en contradicciones: si se les da la oportunidad de optar por algo, hay que reforzarle esa autonomía para que así confíen en su propio criterio.

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Ayudarlos a enfrentar a los adultos.

Hay una cultura muy poco respetuosa del niño: se le subvalora en términos de sus posiciones, posturas y capacidad de razonamiento, se espera poco de ellos. “Dentro de este contexto, si vas al supermercado y mandas a tu hijo a hacer una cola, es típico que viene una señora y lo pasa a llevar. ¡El adulto no lo respeta porque es niño!”, explica la psicóloga María Elena Vigneaux. Y agrega: “Un niño frente a un adulto está en desigualdad de condiciones, por lo tanto, es natural que tenga cierto temor”.

Para ayudarlo, hay que enseñarle a plantear su punto de vista de forma adecuada y con fundamentos, previniéndolo de que eso puede ser ingrato y que puede tener respuestas poco asertivas. Jamás culparlo o decirle: ‘¡Ay, cómo no te atreves!’. Decirle, en cambio: “La señora cometió una falta de respeto, no te respetó. Si tú puedes y tienes la oportunidad, la próxima vez le hablas, con respeto, desde lo que a ti te pasa: Señora, yo estoy en la cola, por favor respéteme”.

Fuente: HACERFAMILIA

Amarse a uno mismo, la clave a la hora de ser padres

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En todo individuo capaz de amar a los demás se encontrará una actitud de amor a sí mismo. Si un individuo es capaz de amar productivamente, también se ama a sí mismo; si sólo ama a los demás, no puede amar en absoluto.” Erich Fromm

¿Amarse a uno mismo? ¿Qué es amarse  a uno mismo? Nos parece extraño o difícil dar con la respuesta ¿no? Este concepto es tan lejano para algunos, por no decir para la mayoría, porque no nos han dicho cómo amarnos a nosotros mismos, qué es el amor a nosotros mismos, nunca se nos dijo o se nos enseñó a hacerlo. Para la mayoría debe ser hasta “narcisista” y una locura pensar en un sentimiento que pensamos que lo “adecuado” y lo “normal” es vivirlo proyectado en el otro, yo amo y soy capaz de amar porque tengo a alguien (que no soy yo ) a quien amar. Lo más común es que se hable del amor a la pareja, a la familia, a los animales, a la naturaleza, hasta amor a la vida, ¿y el amor a nosotros mismos? 

Louise Hay escritora y oradora reconocida a nivel mundial en su libro Usted puede sanar su vida , pone especial énfasis en este tema. Plantea que la causa de todos nuestros problemas, de todo tipo, tienen su raíz en la falta de amor hacia nosotros mismos. Esa falta de aprobación, aceptación, valoración, amor hacia nosotros, hacia nuestra persona, tal y como somos.

Nuestra cultura y sociedad en general nos han educado y condicionado a pensar que en la medida que yo doy amor a otro yo estoy bien, es decir,  en la medida que el otro está bien, por consiguiente yo lo estoy, como si fuera algo que se proyecta y gana poder de afuera hacia dentro, sin pensar en la posibilidad de que podría ser totalmente lo contrario, porque “cuando yo me amo soy capaz de dar y entregar amor al otro”, “cuando yo estoy bien, el otro está bien”. Veamos y hagamos la comparación con un regalo. Cuando yo obsequio algo a alguien, el regalo existe ¿no?; entonces podríamos decir que pasa los mismo con el amor, ¿cómo voy a obsequiar, dar amor si no tengo dentro de mí? ¿De dónde saco ese precioso obsequio que quiero regalar? ¿De una tienda? ¿Prestado? Un regalo cualquiera sí que puedo ir a buscarlo a una tienda, pago y me lo dan. ¿Sin embargo el amor?, solo debemos sacarlo de dentro, de nuestro interior. Si quiero amar de manera saludable, obsequiar amor, ese regalo lo saco de dentro.

Hay un término “El sacrificio”, tan sobrevalorado hoy en día. Exigirnos, agobiarnos, pasar nuestros límites, sufrir  con tal de dar y entregar al otro,  sacrificarnos…,“dar hasta que duela”. El otro es más importante, el otro necesita…y  haré lo imposible por el otro, hasta que me duela, porque si no duele no, no, no es válido. Mis necesidades están en segundo plano siempre, me privaré, exigiré…,primero el otro y detrás yo, no quiero ser “egoísta”, ¡no!, por ningún motivo. Yo no puedo pensar que soy importante, ¿que dirán de mí?  ¿Parece saludable todo esto? Ya decía Erich Fromm en su libro  “El arte de amar” : “Antes de comenzar el examen del aspecto psicológico del egoísmo y del amor a sí mismo, debemos destacar la falacia lógica que implica la noción de que el amor a los demás y el amor a uno mismo se excluyen recíprocamente. Si es una virtud amar al prójimo como a uno mismo, debe serlo también -y no un vicio- que me ame a mí mismo, puesto que también yo soy un ser humano”. 

El egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos, son realmente opuestos”.

Erich Fromm

“El amor es la cura milagrosa: si nos amamos aparecen los milagros en nuestra vida”

Louise Hay

Nadie nos ha enseñado a amarnos. No obstante cuando nacemos somos puro amor, inocentes, curiosos, todo es nuevo, queremos descubrir el mundo. Sin embargo es en ese contacto directo con ese mundo que queremos descubrir que ese amor infinito que traíamos hacia nosotros mismos se va apagando. Cuando somos niños nos miramos y valoramos a través de nuestros  padres. Cualquier conducta, palabra, sentimiento, creencia que un niño ve o escucha hacia sí mismo que venga de sus padres la hace suya. “Eres un mal educado”, “Eres un niño malo”, “Eres un egoísta”, “Tú tienes la culpa”, “Siempre te metes en problemas”…, a través de todo lo que vemos y escuchamos vamos formando nuestra autoestima, vamos incrementando o apagando ese amor a nosotros mismos con el que todos nacemos. Y no es solo a partir de nuestros padres que vamos formando nuestro autoconcepto, sino que nuestros maestros, amigos de la infancia, familiares, medios de comunicación…, también  tienen una cuota de responsabilidad.

Si un niño crece en un ambiente donde el miedo, la frustración, la rabia, el estrés, el sufrimiento…están a la orden del día, con unos padres que se sobreexigen, que no se escuchan, que se castigan y critican de diversas formas, en resumidas cuentas que no se aceptan, que no se aman…, ¿podrá sentir amor y/o aprender a amarse a sí mismo? Cómo entonces como padre puedo enseñarle a mi hijo a amarse, a respetarse, a tener un autoconcepto positivo de sí mismo, si yo como padre no lo tengo, no me amo…Y si como padres nuestra intención es entregar y dar amor a nuestros hijos de una manera saludable, un amor que no presiona, que no frustra, que no sobreexige, que respeta, que libera…, empecemos primero por dárnoslo a nosotros mismos. A veces es imposible no caer en el intento, pero no te preocupes, somos humanos, cometemos errores, lo importante es disfrutar del viaje emprendido, tomar conciencia. En la medida que aceptemos que como padres muchas veces erramos, nuestro viaje se hará más placentero, más liviano. Nos han dicho mil veces hasta el cansancio que errar es malo, pero no es así, el error es aprendizaje, oportunidad. Lo importante es que a través de la aceptación hacia nosotros mismos, de nuestros errores queramos ser cada día mejores personas, “ser la mejor versión de nosotros mismos”.

En ocasiones sabemos lo mucho que nos cuesta aceptar a nuestros hijos tal y como son. Nos formamos expectativas alejadas de la realidad, idealizamos, en vez de permitirnos descubrir lo mucho que pueden entregarnos, quiénes son realmente, y esto pasa porque si ni siquiera nosotros hemos podido aceptarnos tal cual somos, siempre será difícil por no decir imposible aceptar a nuestros hijos y ayudarlos a ser quienes realmente son, con sus caídas, defectos, virtudes, si no empezamos primero por nosotros mismos.

Si tu hijo ve que te amas y aceptas tal y como eres, lo hará él también. No olvides nunca que es el ejemplo la mejor herramienta a la hora de educar a nuestros hijos. “Nuestros hijos son el fiel reflejo de nosotros mismos”.

El amor a nosotros mismos pasa por no criticarnos, no ser duros con nosotros, no sobreexigirnos, conocer nuestros límites y respetarlos, aprender a decir NO cuando queremos decir no, y decir SÍ cuando queremos decir sí. Conocernos, saber cuáles son nuestra necesidades, lo que queremos, escucharnos…Porque somos importantes, valorémonos, aceptémonos, somos perfectos con nuestras defectos y virtudes, amémonos así tal y como somos. Tratemos de ser mejores cada día, de aprender de nuestros errores, pero eso no significa sobreexigirnos, presionarnos, sufrir hasta más no poder… Somos maravillosos, cada uno en su manera única y especial.

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Seamos amables con nosotros mismos, autocompasivos, cuidémonos, si esto no lo hacemos nosotros ¿tenemos que esperar que alguien más lo haga? Démonos un minuto cada día alejados de todo sin distracciones externas, démonos un minuto para estar con nosotros mismos, respiremos hondo, hablemos con nosotros, escuchémonos, sepamos qué nos pasa, qué pensamos, qué sentimos, qué necesitamos, qué queremos. Concedámonos deseos, hagámos lo que nos gusta, cumplamos un sueño, hagámonos regalos, démonos cariño… Qué fácil es hacer esto para otros y cuánto nos cuesta hacerlo con nosotros mismos, es tan simple, pero nos han hecho creer que es tan complicado.

Si hemos hecho algo que no salió como queríamos, si hemos cometido un error, no nos castiguemos, nos nos critiquemos, por el contario démonos apoyo y digámonos “No te preocupes, no pasa nada, para la otra lo harás mejor”, verán qué lindo se siente. Seamos nuestros cuidadores, nuestros amigos. Acéptate, apruébate, ámate. Si te das cuenta que no lo haces, descubre qué es lo que te impide amarte, aceptarte y trabaja en ello, no te preocupes nunca es tarde,  pero empieza ahora…

Recuerda que nunca es tarde cuando se trata de nosotros mismos… Date el lugar que mereces.

 Ámate para que así enseñes a tus hijos a amarse y a amar al otro.

En la medida que me amo y me acepto, amo y acepto al otro…

El amor a nosotros mismos, comienza por no criticarnos jamás por nada. La crítica nos inmoviliza en la pauta misma que estamos intentando cambiar. Entendernos y ser amables con nosotros mismos nos ayuda a salir de ella. Recuerde los años que se ha pasado criticándose sin resultado alguno. Haga la experiencia: apruévese y vea qué es lo que sucede”. Louise Hay

Aquí les dejo un video para complementar lo recién dicho, que nos enseña a aceptarnos más y a criticarnos menos, espero te sirva:

Por Evelyn E.

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