A meditar con tus niños. Cuatro técnicas sencillas para enseñarles cómo aquietar la mente

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“Meditar es una forma de acercarte a tus hijos y sus inquietudes”.

La felicidad es un estado natural en los niños siempre y cuando sus necesidades estén bien satisfechas. Entre estas necesidades están las más conocidas como el albergue, el alimento y el amor. Además hay una necesidad que en ocasiones se descuida y es la tranquilidad, la paz mental.

La tranquilidad o la relajación son espacios de descanso mental, muchas veces inducidos por la naturaleza. La relajación se experimenta esos domingos que nos quedamos en casa, sin prisa ni compromisos.Esos espacios son meditativos, o donde la mente está quieta. Son de gran importancia porque la gran mayoría de las teorías del desarrollo humano consideran el uso de la meditación, o el descanso mental como piedra angular en la salud holística del niño. Por ejemplo, su sistema endocrino (hormonal) obtiene su equilibrio a través de momentos meditativos.

Por otro lado, el desarrollo psicológico del niño deriva en una gran dosis de autoestima cuando se siente tranquilo y en paz consigo mismo, y así maneja mejor su atención, su energía y su motivación intrínseca. Otro gran beneficio de la meditación es su capacidad de prevenir enfermedades que afectan grandemente a la población infantil y juvenil, como la diabetes o el sobrepeso.Recientemente el doctor Dean Ornish compartió un estudio, de más de tres décadas, donde encontró que la yoga y la meditación, combinados con cambios en los hábitos,pueden prevenir e incluso revertir los efectos de las enfermedades crónicas. Es por estas y otras razones que los niños tienen una gran necesidad de experimentar y saber cómo utilizar técnicas meditativas para su desarrollo.

Técnicas sencillas para meditar con los niños:

1. La contemplación:

Al perder nuestra mirada en el vasto océano, al disfrutar de un lindo atardecer, al acostarse sobre la grama a mirar un hermoso árbol, experimentamos espacios de contemplación. En este estado meditativo nuestro cuerpo segrega seratonina y nuestro sistema nervioso parasimpático produce una reducción de nuestras reacciones por el estrés.

Es como si quitáramos el acelerador del auto y así disfrutáramos de esa reducción en la velocidad mental de nuestro cerebro hasta llegar a la quietud y detenernos.

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2. La respiración consciente:

Observar atentamente nuestra inhalación y exhalación durante unos minutos también nos permite aquietar nuestros pensamientos y preocupaciones. El mero hecho de tomar unas respiraciones profundas mejora nuestro insumo de oxigeno y la liberación del dióxido de carbono de nuestros pulmones.

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3. La observación consciente:

Los niños son curiosos por naturaleza, por lo tanto se les puede invitar a que observen con detenimiento un objeto. Por ejemplo una hoja, observar sus colores, su estructura, su contornos, sus diferencias y similitudes a otras hojas. Este proceso de atención al detalle los captura y les permite regresar a la magia del momento presente.

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4. El arte:

La pintura de mandalas les ofrece capturar mediante los colores la sabiduría primordial de los estados meditativos. Este ejercicio es tanto bueno para adultos como para niños y permite que nuestra mente se ilumine en la paz interior.Todas estas sugerencias pueden ser utilizadas para cuidar y salvaguardar la salud emocional, intelectual y física de los niños y jóvenes.

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Por Yakeen Carrión
Escuela de Artes Místicas: www.artesmisticas.com

Entrevista a Begoña Ibarrola, psicóloga y escritora: “Quiero cambiar el mundo a través de los cuentos, que las personas sientan la belleza y la importancia de sentir”

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Begoña Ibarrola es bien conocida en muchas casas de niños y niñas porque sus cuentos ocupan un lugar importante en las librerías de muchos hogares. No es para menos. Sus Cuentos para sentir, Cuentos para educar niños felices  y sus Cuentos para descubrir inteligencias han conquistado el protagonismo del momento del cuento en muchas familias gracias a historias llenas de emociones, sentimientos e invitaciones a reconocer sentimientos y expresarlos. Begoña nos concede esta entrevista en la que nos brinda grandes ideas para promover la educación emocional.

¿Qué implica la educación emocional y cómo podemos las madres y padres fomentarla?

La educación emocional es un proceso educativo, continuo y permanente que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo. Ambos constituyen los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral. En ese proceso, padres y madres tienen un papel fundamental. Es necesario comprender que la base de la educación emocional se forma dentro de la familia y no únicamente desde la escuela. Reconocer lo que sienten, saber expresarlo de forma adecuada, saber lo que sienten los demás, asumir las responsabilidades de cada momento, saber tomar decisiones son algunas de las habilidades que se pueden aprender en familia y que son necesarias para nuestro bienestar y para integrase de forma positiva en la sociedad. Antes de  nada, los niños deben entender que la emotividad no es algo sorprendente e incontrolable, sino un medio de  expresión de su personalidad, y como todo medio de  expresión, puede ser educado. Por este motivo, enseñarles a identificar, reconocer, y controlar sus emociones debería ser un objetivo prioritario en la educación de los hijos  y los padres deberían servir de modelos.

Puedo aportar algunos consejos para una buena educación emocional:

  • Acostumbrarse a hablar de emociones: No se trata de pasar al extremo de “monopolizar” las conversaciones normales con sentimientos, pero sí de expresar las emociones con mayor naturalidad en lo cotidiano.
  • Enseñar a identificar las emociones y ponerles nombre: Toda situación constituye una oportunidad para enseñar a nombrar emociones así como vincularlas a determinados gestos o rasgos no verbales.
  • Evitar realizar juicios acerca de las emociones del otro: Las emociones constituyen un indicador de algo que nos ocurre internamente. Cuando sentimos tristeza, rabia, alegría o enfado, esta sensación, que también se acompaña de una respuesta fisiológica, nos permite tomar conciencia de que algo nos está pasando y requiere nuestra atención.
  • Valorar todo tipo de emoción como una información valiosa sobre el mundo interior de nuestros hijos.
  • Aprender a controlar la expresión de todas las emociones, enseñando a través del ejemplo a regularlas de forma adecuada
  • Desarrollar la capacidad de los hijos de posponer la gratificación y valorar su capacidad de esfuerzo. Hoy en día, sabemos que cuanta mayor es la habilidad de un niño de posponer la gratificación que obtiene por la realización de una determinada conducta, mayor es su capacidad de esfuerzo, paciencia y control emocional.
  • Desarrollar la empatía hacia los hijos y ayudarles a que ellos la desarrollen según su edad
  • Favorecer su destreza social y el aprendizaje de las reglas de expresión emocional en los grupos, para que puedan tener unas relaciones interpersonales satisfactorias.
  • Crear un clima emocional que favorezca una comunicación profunda y sincera.

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¿Qué papel pueden tener los cuentos en la educación emocional? ¿Cómo podemos aprovechar ese momento los padres y madres para potenciar la educación emocional?

Los cuentos favorecen el autoconocimiento y la conciencia emocional. No sólo nos muestran lo que somos, sino lo que podemos llegar a ser; nos abren los ojos para mirar más allá de nuestra pequeña y limitada vida, y nos muestran las posibilidades de realización que se ofrecen a los seres humanos.

El cuento puede convertirse en el más precioso instrumento de liberación de la mente humana, una inagotable fuente de estimulación creativa, un tesoro de experiencias que enriquecen nuestra vida, pero, sobre todo, un espejo: el espejo que nos dice cómo somos en realidad: porque al leer un cuento casi siempre nos encontramos.

Pero los cuentos también enfrentan al lector con conflictos y le ayudan a ver las consecuencias de los actos. Toda acción tiene una consecuencia y a menudo en la vida una expresión de emociones descontrolada tiene consecuencias muy negativas y dañan a las personas que tenemos alrededor. La expresión adecuada de lo que sentimos mejora la convivencia y nos convierte en personas más respetuosas, por eso la regulación emocional es otra competencia que se aprende a través de los cuentos. Algunos relatos ayudan a desarrollar el optimismo, pues al final siempre acaban bien. En casi todos los relatos, los protagonistas tienen que pasar dificultades y solo cuando son capaces de superarlas encuentran lo que buscan o solucionan sus dificultades. Gracias a los cuentos, el lector también tiene la posibilidad de multiplicar o expandir su experiencia a través de las vivencias de los personajes y la oportunidad de explorar la conducta humana de un modo comprensible. Amplía la experiencia del mundo propio, le lleva a otros tiempos, otros lugares, otras formas de vivir y soñar, le asoma a realidades desconocidas que favorecen su empatía. No olvidemos que el desarrollo de la empatía es uno de los elementos más importantes para la prevención de la violencia y es una de las habilidades emocionales que ayudan a tener unas relaciones interpersonales más satisfactorias. Por último, los cuentos contribuyen al proceso de socialización, pues en ellos se aprenden valores de cooperación,  a conocer las normas morales y cómo son necesarias para convivir. Contienen mensajes educativos y valores morales importantes y ayudan a los niños a superar las dificultades con las que se encuentran a lo largo del crecimiento. De ahí que, a veces, el niño insista en la repetición del mismo cuento, porque necesita acabar de captar el mensaje que le transmite y la solución que ofrece a su propia problemática. Por lo tanto los cuentos transmiten valores sin ser lecciones, enseñan, sin dar consejos, orientan y guían al lector en este laberinto que es la vida.

 

¿Cómo empezaste a escribir cuentos? ¿Con qué objetivo?

Comencé a escribir pequeños relatos cuando era adolescente pero de una forma  más constante durante los años que estuve trabajando como terapeuta de niños y adolescentes con problemas de conducta y retraso cognitivo. Ellos eran mi inspiración y aparecían en mis cuentos como protagonistas con los cuales se podían identificar.En el trabajo terapéutico de forma tradicional, y sobre todo en Oriente, siempre se han utilizado cuentos. A mí me parecía un recurso muy interesante porque el cuento, además de captar su atención, les permitía vislumbrar un final positivo, aunque el protagonista estuviera viviendo situaciones difíciles. Me daba cuenta de cómo les ayudaba en su proceso personal y esa era mi única satisfacción, porque  nunca pensé que se podían publicar. Hasta que un buen día, una editora escuchó uno de mis cuentos en una conferencia y se interesó por ellos. Por lo tanto los primeros cuentos editados por la editorial SM bajo el título Cuentos para sentir, están dirigidos a niños con los que estuve trabajando, luego, al continuar la colección de Padres y Maestros con un segundo volumen, me resultó muy fácil volver a escribir porque los cuentos fluían con facilidad y conozco muy bien el alma infantil.

Cuentas que uno de los hermanos Grimm resistió una operación quirúrgica sin la ayuda de ningún calmante gracias a un relato. ¿Tienen tanto poder los cuentos?

Cuando un niño escucha un cuento se queda absorto, su atención se focaliza en lo que está escuchando y a nivel neurológico sabemos que un foco potente de atención puede disminuir el número de vías nerviosas que informan del dolor. La distracción es una de las estrategias cognitivas que se usan para el manejo del dolor en los niños en la actualidad, de modo que no es de extrañar lo que le sucedió a Jacob Grimm. El poder de los cuentos es inmenso y en la actualidad existen diferentes investigaciones que demuestran que el cerebro no diferencia entre algo imaginado y una experiencia real, por lo tanto cuando el niño escucha e imagina, en realidad está viviendo esas experiencias.

¿Nos podrías contar ejemplos de cómo los cuentos han ayudado en la educación emocional de los niños? ¿Qué comentarios recibes de tus cuentos y relatos?

Es muy emocionante recibir correos o mensajes en Facebook  de padres y madres dándome las gracias por mis cuentos. Muchas veces me describen situaciones muy difíciles de los hijos y cómo un cuento ha obrado la magia de su transformación, ayudándoles a comprender, por ejemplo, que un niño al que consideran amigo, le está faltando al respeto y en realidad no lo es o que deben sentirse orgullosos de cómo son sin prestar atención a la crítica de los demás. Otras veces son los propios niños que interiorizan un mensaje y le dan consejos a unos padres como el caso de una niña que al ver a sus padres discutiendo, se acercó a uno de ellos y poniéndole la mano en el hombro, le dijo: “Todos los problemas tienen solución, el caballito Quino tenía razón”, que es el final de un cuento que trata de tomar una actitud positiva ante los problemas y aprender a resolverlos.

Pienso que una  carta puede servir de ejemplo:

“Querida Begoña, y te digo querida porque formas parte de nuestras vidas, la de mi marido, mi hijo de 10 años y mi hija de 8. Te leemos cada día. Gracias a tus cuentos mis hijos han aprendido a identificar y poner nombre a las cosas que les pasan. Tenemos como libros de mesilla tus Cuentos para sentir, son un vehículo para comunicarnos y expresar nuestras cosas y un referente para decir: “vamos a hacer como el sol…hablar tranquilos y decir tranquilamente por qué nos sentimos enfadados” o “quiero ser como la lata y tener la esperanza de…o “como Crisol y confiar en mí misma y en que lo voy a conseguir”, y otros tantos ejemplos que te podría dar. Mil gracias. Tus admiradores.

¿Qué poso te gustaría que tus cuentos dejaran en los niños y en sus padres y madres?

En primer lugar te diré que no espero nada en concreto de mis cuentos ni deseo nada. Mi satisfacción al escribirlos y ver cómo las ventas aumentan cada año, ya son suficientes regalos pues supone que son valiosos para las personas que los leen. Pero sí me gustaría saber que después de su lectura, cada niño, además de divertirse,  se ha sentido un poco mejor o ha comprendido mejor a los demás o al mundo que le rodea. Yo quiero cambiar el mundo a través de los cuentos, quiero que cada persona cambie su corazón al leerlos, que sientan la belleza y la importancia de sentir, la maravilla que supone el establecer relaciones de afecto con los demás pero también que tengan estrategias para hacer frente a las situaciones difíciles y a los retos que, con toda seguridad, tendrán que afrontar a lo largo de su vida. Espero que los cuentos y las historias que en ellos aparecen puedan convertirse en herramientas de crecimiento personal, tanto para los niños como para sus padres y madres.

por 

Fuente: Gestionando Hijos

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El Primer Amor: Sobre la importancia del amor a uno mismo. Wayne Dyer

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He querido compartir un extracto del libro de Wayne Dyer Tus zonas erróneas , un libro lleno de sabiduría que te hace entender y ver la vida desde otra perspectiva, de una manera muy consciente. Al avanzar en su lectura puedes darte cuenta, reconocer y comprender muchas actitudes y hábitos aprendidos que nos alejan de nuestra felicidad. 

En el extracto que comparto a continuación Wayne Dyer nos plantea sobre la importancia del amor y la aceptación de nosotros mismos, qué factores y actitudes nos han alejado de este sentimiento, cómo hemos aprendido a no amarnos a lo largo de nuestra vida.

Tenemos la opción de hacernos cargo de nosotros mismos y nuestras vidas. Ser dueños de lo que pensamos y sentimos.  Una lectura recomendada sin duda.

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EL PRIMER AMOR

“La propia-estima no puede ser verificada por los demás. Tú vales porque tú dices que es así. Si dependes de los demás para valorarte, esta valorización estará hecha por los demás”.

Puede ser que tengas una enfermedad social, una enfermedad que no se pueda curar con una simple inyección. Es muy probable que te haya infestado el virus del desprecio a ti mismo; y el único remedio conocido para esto es una buena dosis masiva de amor propio, o amor a ti mismo. Pero quizá, como mucha gente en  nuestra sociedad, tú has crecido con la idea de que está mal amarse a sí mismo. Piensa en los demás, nos dice la sociedad. Ama a tu prójimo, nos predica la Iglesia. Lo que nadie parece recordar es lo de ámate a ti mismo, y sin embargo es eso precisamente lo que vas a tener que aprender para lograr tu felicidad en el momento-presente.

De niño aprendiste que amarte a ti mismo, algo natural en aquel entonces, era lo mismo que ser egoísta y consentido. Aprendiste a pensar en los demás antes que en ti mismo, a darles mayor importancia porque de esa manera demostrabas que eras una “buena” persona. Aprendiste a anularte y te alimentaron con conceptos como el de “debes compartir tus cosas con tus primos”. No importaba que fueran las cosas que más querías, tus tesoros personales, o que ni papá ni mamá pudieran no estar compartiendo sus juguetes de adultos con los demás. Incluso puede que te hayan dicho a menudo que “los niños callan cuando hablan los adultos” y que “debes saber cuál es tu lugar”.

Los niños se consideran hermosos e importantes por naturaleza, pero al llegar a la adolescencia los mensajes de la sociedad ya han echado raíces. La desconfianza en sí mismos está en pleno apogeo. Y con el pasar de los años esta sensación recibe constantemente refuerzos. Después de todo no debes andar por el mundo amándote a ti mismo. ¡Qué pensarán de ti los demás!

Las indirectas son sutiles y la intención que las alienta no es mala, pero logran mantener a raya al individuo. Empezando con los padres y la familia y siguiendo con el colegio y los amigos, el niño aprende estos encantadores modales sociales que son como la marca de ley del mundo de los adultos. Los niños nunca actúan así entre ellos a menos que sea para darles gusto a los mayores. Que digan siempre por favor y gracias, que hagan una venia, que se levanten cuando entra un adulto en la habitación, que pidan permiso para levantarse de la mesa, que aguanten las eternas caricias en las mejillas y las sobadas de cabeza de los adultos. El mensaje es muy claro: los adultos son importantes; los niños no cuentan. Los demás tienen importancia; tú eres insignificante. No te fíes de tu propia opinión era el corolario número uno, y había un enorme paquete de refuerzos que venían bajo el título de “buena educación”. Estas reglas encubiertas por la palabra “modales” te ayudaban a internalizar los juicios de los demás a expensas de tus propios valores. No es sorprendente pues que estas mismas preguntas y dudas, estas mismas definiciones que te niegan como persona persistan en la madurez. ¿Y cómo logran introducirse estas dudas de uno mismo? Quizá tengas problemas en el importante tema de amar al prójimo.

Pero el amor a los demás está relacionado directamente con el amor que te tienes a ti mismo.

EL AMOR: SUGERENCIAS PARA UNA DEFINICIÓN

El amor es una palabra que tiene tantas definiciones como personas hay para definirlo. Prueba ésta a ver cómo te va. La capacidad y la buena disposición para permitir que los seres queridos sean lo que ellos elijan para si mismos, sin insistir en que hagan lo que a ti te satisficiera o te gustase. Puede que ésta sea una definición practicable pero el hecho es que muy pocas personas son capaces de adoptarla para sí mismos. ¿Cómo puede llegarse al punto de poder dejar que los demás sean como quieren y eligen ser sin insistir para que se pongan a la altura de lo que esperas de ellos?  

Muy sencillo. Amándote a ti mismo. Sintiendo que eres importante, hermoso y que vales mucho. Cuando hayas reconocido lo que vales y lo bueno que eres no tendrás necesidad de que los demás apoyen y refuercen tu valor y tus valores ajustando su conducta a tus instrucciones. Si estás seguro de ti mismo y tienes confianza en lo que piensas, no querrás ni necesitarás que los demás sean como tú. En primer lugar, tú eres un ser único. Por otro lado eso los privaría de su individualidad, y lo que te gusta en ellos son precisamente esos rasgos que los diferencian y hacen que sean lo que son.

La cosa empieza a armarse. Logras amarte a ti mismo y de pronto eres capaz de amar a los demás, y eres capaz de hacer cosas por los demás al poder dar y hacer cosas para ti mismo primero que nada. Así no tendrás necesidad de artimañas para amar y dar. No lo harás porque esperas retribución o gratitud sino por el auténtico placer que sientes al ser generoso y amante.

Si tu ser no vale nada, o no es amado por ti, entonces es imposible dar. ¿Cómo puedes dar amor si no vales nada? ¿Qué valor tendría tu amor? Y si no puedes dar amor, tampoco puedes recibirlo. Después de todo, ¿qué valor puede tener el amor que se le da a una persona que no vale nada? El estar enamorado, el poder dar y recibir, todas esas cosas empiezan con un ser que es capaz de amarse totalmente a sí mismo (…)

Puedes desafiar todos tus sentimientos de acuerdo a tu habilidad de amarte a ti mismo. Recuerda siempre que en ningún momento y en ninguna circunstancia es más sano odiarse a sí mismo que amarse a sí mismo. Incluso si te has portado de alguna manera que te desagrada, odiarte a ti mismo sólo te llevará a inmovilizarte y a perjudicarte. Y en vez de odiarte a ti mismo, trata de tener sentimientos positivos. Que la equivocación o el error te sirvan de lección; haz el propósito de no repetirlos pero no los asocies con tu autoestima o autovaloración.

He aquí el meollo tanto del amor a uno mismo como a los demás. No confundas nunca tu propio valor (que es un valor dado) con tu comportamiento o con el comportamiento de los demás hacia tu persona. Y, lo repito, no es fácil. Los mensajes que nos manda la sociedad son abrumadores. “Eres un niño malo”, en vez de “Te portaste mal”. “Mamá no te quiere cuando te comportas de esta manera”, en vez de “A mamá no le gusta cómo te portas”. Las conclusiones que sacas de este tipo de mensajes son: “Ella no me quiere, debo ser un desastre” en vez de “no le gusto a mamá”. Ésa es su decisión; y aunque no me gusta que así sea, sigo creyendo que soy importante.

En su libro “Knots” (Nudos) el doctor R. D. Laing resume el proceso de internalización de los pensamientos de los demás para equipararlo con la propia autoestima.

Mi madre me ama. Yo me siento bien.

Yo me siento bien porque ella me ama. Mi madre no me ama.

Yo me siento mal.

Yo me siento mal porque ella no me ama.

Yo soy malo porque me siento mal. Yo me siento mal porque soy malo.Yo soy malo porque ella no me ama.

Ella no me ama porque yo soy malo.

No es fácil deshacerse de los hábitos de la niñez. Es muy posible que la imagen de ti mismo se base todavía en las opiniones de los demás. Si bien es cierto que tus primeras ideas respecto a ti mismo las aprendiste de la opinión de los adultos, no es cierto que tengas que cargar con ellas para siempre. Sí, es difícil desligarse de las viejas cadenas y limpiar las heridas abiertas, pero es aún más difícil aferrarse a ellas si uno considera las consecuencias que esto implica. Con un poco de práctica y entrenamiento mental, podrás hacer unas elecciones de amor a ti mismo que te sorprenderán. ¿Quiénes son las personas que aman con facilidad? ¿Son acaso las personas que tienen un comportamiento autodestructivo? No, jamás. ¿Son las que se humillan y se esconden en un rincón? No, por cierto. El volverse eficiente, el lograr dar y recibir amor eficazmente empieza en casa por uno mismo, con el propósito de terminar con los comportamientos emanados de la baja valoración de sí mismo que se han convertido en una costumbre y en una manera de vivir.

 Por Evelyn E. Creadora de la página Cambiemos el MUNDO, cambiemos la Educación.

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Para más información: Wayne Dyer

Aprendiendo a creer en mí: Listado de libros y cuentos recomendados para niños

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El amor hacia nosotros mismos, el creer y tener confianza en nosotros, el fomentar una autoestima positiva, el saberme capaz para lograr lo que deseo en la vida, el encontrar mi propósito, mi misión e ir tras ello…, muchas veces son temas que se dejan de lado o en segundo plano en la crianza y educación de nuestos niños, siendo que su importancia es notable a la hora de querer formar niños y por ende adultos sanos, felices y equilibrados. 

En la escuela nos enseñan letras, números, fórmulas, disciplina…, pero nadie nos enseña a CREER EN NOSOTROS. De nada servirá ni nos sirve todo tipo de información si no tenemos la capacidad para confiar en que podemos lograr lo que nos proponemos, si no me respeto, amo y valoro lo suficiente como para ir detrás de mis anhelos y deseos, si ni siquiera sé qué es lo que quiero y qué es lo que me hace feliz en la vida…Este podría ser nuestro punto de partida.

No olvidemos que dentro de cada uno de nosotros hay un poder infinito, una llama que si es debidamente cuidada, no se apagará y brillará por siempre. Ayudemos entonces a nuestros pequeños maestros, nuestros niños, a conservar este poder maravilloso con el que todos nacemos.

Es por esto que con mucho cariño he hecho una recopilación de libros que nos pueden ayudar como guías que somos, a que nuestros niños conserven esa luz y sabiduría que hay en todos y cada uno de ellos. 

“Todos estamos hechos para brillar, al igual que hacen los niños.

Hemos nacido para manifestar la gloria del universo que está dentro de nosotros.

No está dentro de alguno de nosotros, sino de todos.

Al dejar que nuestra luz brille, inconscientemente damos permiso a los demás a hacer lo mismo”. 

Marianne Williamson

¡YO PIENSO, YO SOY!: ENSEÑANDO A LOS NIÑOS EL PODER DE AFIRMACION, LOUISE HAY

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“Pensado para que los más grandes puedan compartirlo con los más pequeños, y en definitiva que sea una herramienta de cara a enfrentarse a los conflictos internos que se nos presentan en nuestro día a día. Tus pensamientos hacen tu vida, este es el mensaje que Louise L. Hay lleva enseñando durante casi 30 años. Ahora pensando en los niños, sale al mercado un título con el que los más pequeños podrán aprender y comprender la poderosa idea de que son ellos quienes deben tener el control de sus pensamientos y de sus palabras, y ser quienes llevan las riendas de sus vidas.En estas páginas se encontrarán la diferencia entre pensamientos negativos y afirmaciones positivas. Divertidas ilustraciones y textos sencillos con ejemplos de los efectos de los pensamientos positivos. Felicidad y confianza que los niños deberán llevar con ellos el resto de sus vidas”. Ve y compra en Amazon

¡NADA ME DETIENE!,

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“Nada Me Detiene! es un libro infantil del Dr. Wayne Dyer (Tus Zonas Erróneas) para niños de 4 a 10 años. En su interior se encuentran los principios básicos de La Ley de la Atracción aplicada a los niños. Está basado en el libro La Felicidad de nuestros Hijos, en el que el Dr. Wayne W. Dyer intenta enseñar a los padres cómo guiar a sus hijos hacia una vida feliz y lograda. Cada idea en ¡Nada me Detiene! utiliza una rima para explicar el concepto y va seguido de un ejemplo para ilustrar de qué manera un niño puede utilizar estas lecciones en su día a día”. Ve y compra en Amazon

¡Sin excusas!, Wayne Dyer, Kristina Tracy

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“¡Sin excusas! cuenta la historia de un niño que aprendió a evitar las excusas y así alcanzó su gran sueño de ser biólogo marino y trabajar con las tortugas. Esta obra está dirigida a aquellos niños que se encuentran en esa etapa de sus vidas en la que ponen justificaciones (“es muy difícil”, “no se me da bien”) cuando algo no les resulta sencillo o ven en ello una barrera difícil de superar”. Ve y compra en Amazon

¡ERES INCREIBLE! WAYNE W. DYER

” 10 Formas para que tu grandeza brille a través de ti Nunca es demasiado temprano para que los niños empiecen a entender que son seres únicos y poderosos; y que tienen todo lo necesario en su interior para crearse una vida feliz y llena de éxito. El Dr. Wayne Dyer ha recogido 10 conceptos de su libro para adultos 10 Secretos para el Éxito y la Paz Interior; y los ha interpretado para niños de 4 a 10 años. Cada idea en ¡Eres Increíble! utiliza una rima para explicar el concepto y va seguido deun ejemplo para ilustrar de qué manera los más pequeños pueden utilizar estas lecciones en su día a día”. Ve y compra en Amazon

Tejedor de Afirmaciones: Un cuento que aumenta la autoestima en los niños, creer en ellos mismos, mientras que reducen su estrés y su ansiedad,  Lori Lite

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“A los niños les encanta convertir su propia duda en confianza. Los niños se relacionan con el delfín mientras las criaturas del mar le muestran cómo creer en sí mismo. Observe la autoestima de su hijo crecer a la vez que las criaturas de mar tejen una red de relatos positivos.
Esta técnica de “sentirse bien” puede ser usada para reforzar la imagen de sí mismo, manejar el estrés, la ansiedad y alcanzar las metas. Esta historia alentadora le traerá una sonrisa a la cara y le dará una herramienta a su hijo que le durará toda la vida”. Ve y compra en Amazon

Serie de cuentos: Yo puedo, Tú puedes, Todos podemos, Mayra A Diaz

En la colección podemos encontrar cuentos como: 

¡Nunca, Nunca, Nunca Te Rindas! 

¡Sueños y Deseos!

¡El Tesoro Más Grande del Mundo!

¡Los Grandes También Fueron Pequeños!

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“Mayra A. Díaz, fundadora del sitio Mamás Expertas es la creadora de la serie Yo puedo, Tú puedes, Todos podemos. Como madre de tres hijos, Mayra entiende que la auto-estima se debe cultivar desde los primeros años y con esta misión en mente ha creado esta serie de historias que te ayudan a compartir con tus hijos e hijas los mensajes y las lecciones más importantes”.
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CUENTOS PARA ANTES DE DESPERTAR, NUNILA LOPEZ SALAMERO; MYRIAM CAMEROS SIERRA

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“Para todo (a)s lo(a)s niño(a)s herido(a)s que llevamos dentro. Para las heridas que llevan todo(a)s lo(a)s niño(a)s dentro. Para que nos curemos”. Nunila López

 “Para toda la gente que está dejando de ser un cubito de hielo y para Jan y Quico, Nora y Martín, Ada y Camí, Candela, Laura, Héctor y Yoel, mis pequeño(a)s descongelantes”. Myriam Cameros

“Los cuentos suelen ser infantiles, pero estos también gustarán a los adultos, por la trascendencia y actualidad de sus mensajes. Cuentos para antes de despertar habla de los últimos movimientos y revueltas sociales, la lucha contra la homofobia, la exclusión social, la violencia de género y los derechos de la mujer.Myriam y Nunila, reconstructoras de sueños rotos, nos regalan una nueva entrega de cuentos para reflexionar y emocionarnos, unos cuentos inspiradores y llenos de ternura que celebran la autenticidad y la solidaridad, nos hablan de la importancia de querernos y siempre, siempre, nos dejan con los ojos brillantes y una sonrisa en los labios”.  Ve y compra en Amazon

CUENTOS PARA EDUCAR NIÑOS FELICES, BEGOÑA IBARROLA

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“Como padres y adultos está en vuestras manos el adoptar una forma diferente de educar, orientada a promover un crecimiento sano, feliz y equilibrado; solo es cuestión de voluntad y conocimientos. Si quieres ayudar a tus hijos a realizar este importante aprendizaje, en este libro de cuentos vas a encontrar algunas pistas pa ra llevar a cabo esta tarea gratificante para ambas partes. El libro se divide en 10 puntos que la autora considera fundamentales para educar niños felices: darles amor incondicional, desarrollar su autoestima, impulsar su autonomía, desarrollar la confianza en sí mismo, valorar su esfuerzo y constancia, vivir con honestidad y sinceridad, respetar su individualidad, saber aplicar límites y normas, aportarle seguridad y educarle en paz y tranquilidad. Cada apartado contiene una explicación sobre el punto que se está tratando, dos cuentos relacionados con él y una ficha para que los padres puedan trabajarla con sus hijos”.  Ve y compra en Amazon

CUENTOS PARA SENTIR: EDUCAR LAS EMOCIONES. BEGOÑA IBARROLA

“Una recopilación de cuentos para que el niño pueda desarrollar su pensamiento emocional. Este libro es una recopilación de cuentos que pretenden guiar al niño a través del mundo de las emociones y los sentimientos. Los cuentos están clasificados por los diferentes sentimientos en torno a los cuales gira la historia (alegría , tristeza, miedo…) y están contadas de forma sencilla para que los padres o maestros puedan transmitirlos fácilmente a los niños”. Ve y compra en Amazon

CUENTOS PARA DESCUBRIR LAS INTELIGENCIAS. BEGOÑA IBARROLA

 “Howard Gardner, premio Príncipe de Asturias 2011 de Ciencias Sociales, lleva más de veinte años investigando y ha definido nueve tipos de inteligencia: lingüística, lógico-matemática, viso-espacial, musical, corporal-cinestésica, intrapersonal, interpersonal, naturalista y existencial. Todas ellas se pueden presentar con distinta intensidad y hay diferencias en la manera de recurrir a ellas y de combinarlas para llevar a cabo determinadas tareas, pero todas pueden ser estimuladas. Por eso es importante ayudar a los niños a descubrirlas y a valorarlas por igual.En este libro de la psicóloga Begoña Ibarrola, hay cuentos y propuestas de actividades orientados a favorecer el desarrollo de cada una de estas inteligencias. Así, los niños disfrutarán de los cuentos y, cuando se sientan identificados con uno o más personajes, podrán descubrir sus talentos. Los personajes de los cuentos son niños que se divierten juntos y se enfrentan a problemas mientras aprenden a convivir y a respetar la diversidad”. Ve y compra en Amazon

 Por Evelyn E. Creadora de la página Cambiemos el MUNDO, cambiemos la Educación.

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Los padres como maestros

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Cuenta una historia que unos padres entregaron unas monedas a su hijo. No se sabe cuántas eran ni tampoco si estaban hechas de oro, de plata o de cobre. Y el joven, indignado, les gritó: “¡Estas no son las monedas que me merezco! ¡Qué injusticia!”. Seguidamente pegó un portazo y salió de casa de sus padres con el corazón inundado de dolor.

Durante años, la lucha, el conflicto y el sufrimiento marcaron la vida de aquel joven. Sin monedas se le hacía muy difícil vivir. Por eso decidió ir a buscarlas a otra parte. Creyó que aparecerían al iniciar una relación de pareja. Poco después se casó, pero ni rastro de las monedas. Más tarde tuvo su primer hijo. “Seguro que las tiene él”, pensó. Un par de años más tarde confirmó que no era así. Movido por su tozudez, tuvo un segundo hijo. Pero las monedas tampoco estaban ahí.

Casado y con dos hijos, no conseguía llenar su vacío. Su vida carecía de sentido. Y seguía sufriendo. Hacia los cuarenta años, el protagonista de esta historia decidió buscar un terapeuta. Tras un profundo proceso de autoconocimiento, finalmente se liberó del dolor y por fin vio con claridad dónde estaban las monedas. Con lágrimas en los ojos, volvió a casa de sus padres, pidió disculpas y les agradeció todo lo que habían hecho por él. Y entre abrazos les pidió que, por favor, le devolvieran las monedas: “Ahora sé que son las que necesito para ser feliz y seguir mi propio camino”. Al salir de casa de sus padres y despedirse cariñosamente de ellos notó cómo la lucha, el conflicto y el sufrimiento comenzaron a despedirse de él. En el momento en que aceptó, tomó y agradeció las monedas de sus padres, se reconcilió consigo mismo y con la vida.

“Depender de su aprobación dificulta que seamos libres para seguir nuestro propio camino”

Este cuento, inspirado en el libro ¿Dónde están las monedas?, de Joan Garriga, ilustra el camino que todos podemos elegir para resolver parte de nuestros conflictos internos. No en vano, la sombra de papá y mamá es alargada. Y esconde alguno de nuestros peores temores y se nutre de las heridas que más nos cuesta curar. De ahí que muchos adultos se hayan distanciado emocionalmente de sus padres.

Debido a nuestra falta de madurez, los hijos solemos culpar a nuestros progenitores por el tipo de inseguridades, carencias y frustraciones que arrastramos desde la infancia y que se acentuaron durante la adolescencia. Y en definitiva, les negamos nuestro cariño porque ellos no nos quisieron como nos hubiese gustado. Sería maravilloso que todos los padres amaran a sus hijos como estos necesitan. Pero no es así. ¿Cómo nos van a querer nuestros padres si no saben apreciarse a sí mismos?

Nuestros padres y madres, antes de esa condición, son seres humanos. Y tienen sus propias heridas. Nos quejamos de nuestra mochila emocional cuando en general ellos cargan con una maleta bastante más pesada. Nuestros progenitores lo han hecho lo mejor que han sabido. Esta es una lección de la vida que muchos aprendemos demasiado tarde. Normalmente cuando nos convertimos en padres y comprendemos lo desafiante y agotador que puede ser educar a un hijo. De pronto recordamos que de un día para otro dejaron de ser los protagonistas de sus propias vidas.

“Debemos cuestionar cómo hemos interpretado nuestra historia familiar hasta poner en orden de dónde venimos”

Emanciparse emocionalmente de nuestros padres consiste en cortar definitivamente el cordón umbilical que nos mantiene atados a ellos. Depender de su aprobación dificulta que seamos libres para seguir nuestro propio camino en la vida. No en vano, convertirse en una persona adulta implica haber resuelto nuestros traumas de la infancia. El hecho de que sigamos en guerra con nuestros progenitores pone de manifiesto que seguimos sin sentirnos en paz con nosotros mismos. Por eso se dice que la adolescencia se sabe cuándo empieza, pero no cuándo termina.

Dejar de esperar algo de nuestros padres, incluyendo que nos acepten, que nos apoyen y que nos quieran. Así es como empezamos a aceptarnos, apoyarnos y querernos, fortaleciendo la autoestima y confianza en nosotros mismos. El indicador más fiable de que hemos conquistado la madurez emocional es que estamos agradecidos por todo lo que hemos recibido de nuestros padres. O, mejor dicho, por el aprendizaje derivado de cómo se han relacionado con nosotros. Es cierto que hay hijos que han heredado falta de afecto, malos tratos e incluso deudas. Sin embargo, el viaje de la emancipación implica comprender que en cada problema o adversidad se esconde un aprendizaje oculto, que es precisamente el que necesitamos para conocernos y saber verdaderamente para qué estamos aquí.

Al comprender y perdonar los errores de nuestros padres, nos liberamos de ellos. A partir de entonces, al mirar hacia atrás solo vemos gratitud. Y cada vez que caminamos hacia delante, nuestro corazón se llena de confianza. El primer paso para transitar esta senda consiste en cuestionar la manera en la que hemos interpretado nuestra historia familiar. Y seguir cuestionándola hasta que consigamos poner en orden el lugar de donde venimos, aceptando, valorando y agradeciendo de corazón las monedas que en su día nos entregaron.

Fuente: El País

Niños en Modo Slow

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Salgo de casa acompañada de mis tres enanitos, chequeamos que todo está en orden y hacemos una corta carrera hasta la puerta del colegio, que por suerte no ha cerrado aún. Hago el correspondiente reparto de besos antes de que entren y cuando los veo alejarse, suspiro aliviada.

Es tarde. No he conseguido llegar puntual al trabajo y tengo la impresión de que hoy todo se hará con retraso. Una sensación que no encaja con mi mirada a la vida. Y es que participo del movimiento Slow, que para mí significa aprovechar el tiempo con sentido común, y procurar no acelerar las cosas importantes: ¿quién puede hacer un buen caldo con malos ingredientes y cinco minutos de microondas?.

El fenómeno Slow llegó a España aproximadamente en el año 94, 8 años más tarde de la fecha en que se origina la corriente Slow food, buque insignia de este movimiento. Es una filosofía de vida que anima a bajar el ritmo, a prestar atención a los detalles de forma que se genere mayor calidad en nuestro día a día y en nuestras relaciones. Se trata de rescatar aspectos de la vida que se han ido perdiendo, porque vivimos contagiados de un ritmo de vida frenético y exigente marcado por la agenda económica. Hoy en día es una hazaña cumplir con el expediente y concentrar atención, tiempo y energía a cuidar la familia, amigos y además respetar el descanso.

El movimiento consta de muchos ámbitos, pero prefiero ir poco a poco (como buena “slower”) y dar una visión general centrándome en el aprendizaje mutuo entre grandes y pequeños.

Me gusta pensar en los niños como los grandes maestros del movimiento Slow: tienen la capacidad innata de hacernos aminorar el tempo, observar y percatarnos de aspectos que probablemente nos pasarían desapercibidos. Cuando son pequeños no saben distinguir entre un minuto y una hora y el decirles que tienen 5 minutos para vestirse o 20 para desayunar, es algo que se les escapa. Necesitan vestirse despacio para hacerlo bien y se toman la leche con Cola Cao al ritmo que les pide su pequeño estómago.

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Sólo hay que salir a pasear con un niño para darse cuenta de que cuando son pequeños, aún no han perdido la capacidad de seguir su ritmo interior. Se detienen y admiran con los pequeños detalles que encuentran en el camino: hojas de tropecientas formas y colores, piedras de formas infinitas e irrepetibles y que tocar, o escalones por los que subir y saltar en loop infinito. Ellos son susceptibles de sorprenderse con todo, y esa capacidad es clave para el desarrollo del pensamiento, la creatividad y el criterio.

Estar en modo Slow es hacer oídos sordos a las prisas innecesarias y disfrutar del presente en cada minuto, igual que los niños. Los adultos también podemos maravillarnos de nuestro niño interior si nos proponemos ajustar ciertas rutinas diarias.

Mis hijos son mis sensei. Su forma tan sencilla de ver la vida me hace reflexionar y me sirve de brújula para saber dedicar tiempo y dar valor a las pequeñas cosas cotidianas, que finalmente son las que acaban configurando mi realidad. 

Los niños reciben, perciben y transmiten. Cuando vamos acelerados, los aceleramos a ellos y cuando bajamos el ritmo, ellos también lo hacen. El estrés infantil es un mal cada vez más extendido y la mayoría de pediatras, psicólogos y especialistas, están de acuerdo en que un cambio en el estilo de vida es la mejor de las curas para este tipo de problema, causado en mucha medida por el ritmo acelerado que llevamos. No tenemos que llegar a la patología, para proponernos nuevos hábitos de vida. La salud se puede construir desde lo más sencillo, tratando de llevar una vida tranquila realizando pequeños cambios en aquellas cosas que hacemos con ellos todos los días.

El ajetreo laboral, los horarios pactados y los compromisos pre-adquiridos están a años luz de lo que un niño puede llegar a entender. Apostemos porque sigan fluyendo y disfrutando con las pequeñas cosas que les hacen felices a ellos y a nosotros. Si conocemos el lado más oscuro de la moneda, pongamos en valor nuestra experiencia para crear una realidad mejor, empezando por las generaciones que vienen.

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DIEZ CONSEJOS PRÁCTICOS PARA PREVENIR EL ESTRÉS INFANTIL

  1.  Haz las cosas con tiempo. Levántalos con tiempo suficiente para que desayunen tranquilamente antes de ir al cole. Evita prisas de última hora si debéis estar a una hora concreta en un sitio determinado.
  2. Una vez al mes llévalos al campo, a la montaña o a la playa. Con una excursión de unas horas es suficiente. Será un tiempo que os servirá a todos para desconectar y cargar pilas.
  3. Dedícales tiempo de calidad. Más vale dedicarles poco tiempo y de calidad, que mucho y no estar con ellos al 100%.
  4. Compartid tiempo sin interferencias. Cuando estés con ellos procura dejar el móvil en un lugar que no tengas a la vista, pero que sí puedas escuchar. Hoy en día tenemos muchas distracciones con el móvil que nos impiden estar realmente presentes.
  5. Organízate, ahorrarás tiempo. Puedes usar una plantilla de planificación semanal para saber qué actividades diarias tienen. Evitarás tener que acordarte a diario con lo que ahorrarás tiempo y energía. Para las comidas, puedes elaborar un menú mensual coordinado con el menú del colegio, para que tengan una dieta variada. Esto te facilitará la compra y te permitirá ahorrar, porque sólo comprarás lo que necesitas. Si lo elaboras una vez al mes, ya no tendrás que pensar cada día en las comidas: ya estarán planificadas de antemano y sólo tendrás que mirar a diario lo que toca.
  6. Haz actividades creativas con ellos. Pintar, cocinar, hacer manualidades. Crea situaciones para dar rienda suelta a su imaginación.
  7. Despierta tu mirada de niño. Haz el ejercicio de mirar las cosas como si fuera la primera vez.
  8. Sé más flexible. Adapta los planes a cada momento.
  9. Deja espacio para no hacer nada. Quedaos de vez en cuando en casa con ropa cómoda y haced aquello que surja. Prueba con hacerlo una vez al mes. Es bueno que de vez en cuando tengan tiempo libre y si no quieren, que no hagan nada.
  10. Para de vez en cuando y obsérvate. Baja el ritmo cuando sientas que hace falta.

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Fuente: The Positive Trend