Yoga para niños, jugando al equilibrio

 

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La práctica regular del yoga aporta a los pequeños ventajas tanto físicas como emocionales. En esta enseñanza se utilizan juegos y experiencias lúdicas para lograr que vean el yoga como algo no solo saludable, sino también muy divertido.

Los beneficios del yoga abarcan un amplio espectro. Como escribe el presidente de la Asociación Shiva -Shakti de Yoga Integral, José Manuel Vázquez Díaz, en la introducción a su libro Manual de Yoga Integral para occidentales, “el yoga es una manera de estar en forma física y mentalmente; una manera de descansar, de recuperar energía y lucidez. Además,a poco que profundicemos, el yoga se convierte en una herramienta de reflexión y toma de conciencia de uso diario”. Por estas razones, esta disciplina ancestral ofrece beneficios físicos y mentales de los que, sin duda, también pueden disfrutar los ni ños. Sin embargo, el yoga parece en un primer momento una práctica alejada de lo que puede interesarles. ¿Cómo convencer a los más pequeños, siempre en busca de emociones y movimiento, de que una actividad basada en la serenidad y la concentración también puede ser muy divertida? “La clave –responde Mar Fontova, profesora de Kundalini Yoga y de yoga para niños es que tiene que ser un juego. Porque los niños aprenden jugando”.

Encontrar la calma:

LAS CLAVES DE YOGA …

Al igual que en el caso de los adultos, las prácticas de yoga con niños se basan en tres grandes pilares:

• La respiración.

• Las asanas, o posturas.

• La relajación.

… PARA REDUCIR EL ESTRÉS

Hoy en día, los niños viven, al igual que los adultos, rodeados de estímulos. Desde la pantalla del iPad a la del ordenador o la del móvil, pasando por los mil y un reclamos de la televisión, todo parece invitarles a la dispersión. Además, las exigencias escolares especialmente a partir de cierta edad y los entornos ruidosos y bulliciosos de las grandes ciudades hacen que sus niveles de estrés sean, a menudo, más altos de lo que imaginamos. La práctica del yoga se convierte así también para ellos en una válvula de escape y en una forma de aprender a recuperar la serenidad.

APRENDER JUGANDO

El juego se convierte así en la llave de acceso para que los niños disfruten de una prácitca milenaria que no solo les ayuda a mejorar su condición física, sino también su autoconocimiento,e incluso su autoestima. Así, Mar Fontova, que imparte clases en el centro Anandaioga y en diferentes escuelas de Lleida, apunta que en las clases de yoga con ni ños “jugamos a respirar, jugamos a saltar y soltar emociones, jugamos a meditar, jugamos a hacer asanas de yoga que les dan equilibrio... Y, jugando, ellos incorporan estos ejercicios a su día día de una manera divertida”. Aprovechando el hecho de que muchas de las posturas de yoga (asanas) están inspiradas en el movimiento de los animales,o que pueden relacionarse con ellas, los juegos implican a menudo imitar el movimiento de un determinado animal, para lograr así captar la atención de los niños.

“A través del juego, los niños y niñas se familiarizan con el yoga,y poco a poco van incorporando ese aprendizaje a su vida diaria”.

PARA TODA LA VIDA

La infancia es un momento idóneo para iniciarse en el yoga, porque, como se suele decir, los niños son como esponjas, están en un proceso de aprendizaje constante, aprendiendo no solo a descubrir el mundo, sino también a relacionarse con él. Las enseñanzas que incorporan del yoga entre ellas, aprender a concentrarse, a relajarse, a escucharse y a gestionar mejor sus emociones les serán beneficiosas a lo largo de toda la vida. Un aprendizaje que, al hacerse a través del cuerpo, de forma práctica y lúdica, les resulta mucho más accesible y fácil de asimilar. “Si le dices a un niño que tiene que relajarse o tranquilizarse, muchas veces no es fácil para él porque no sabe exactamente qué es lo que le estás pidiendo –explica Fontova–. En las clases de yoga lo experimentan, tienen momentos de relajación, se tranquilizan, paran por unos momentos, y después, cuando quieren tranquilizarse en la vida diaria, saben qué emociones tienen que buscar y qué hacer para lograrlo.

CUERPOS EN FORMA

Pero los beneficios del yoga para los pequeños de la casa no solo se reflejan a nivel mental. El yoga es también un excelente entrenamiento físico que aporta múltiples ventajas. En esta disciplina se ejercita la conciencia corporal,y se hace especial hincapié en la correcta alineación de las diferentes partes del cuerpo, lo cual mejora la postura corporal y ayuda a evitar futuros problemas en la columna vertebral. Además, la práctica regular de yoga ayuda a los niños a desarrollar la elasticidad, la flexibilidad de las articulaciones y el equilibrio físico, lo cual, subraya Fontova “también repercute en el equilibrio mental”.

“El yoga ayuda a los niños a desarrollar la flexibilidad, la coordinación y el equilibrio y también a ser más expresivos y creativos”.

Por otro lado, mejora la coordinación y les ayuda a expresarse, a poder soltar,a poder crear,e incluso a ser más dinámicos. De hecho, el yoga está recomendado tanto para niños introvertidos y retraídos, a los que ayuda a ganar confianza en sí mismos y a abrirse a su entorno, como para niños muy activos e inquietos, a los que les puede enseñar a relajarse y a encontrar momentos de reposo y de calma.

NO COMPETITIVO

Al tratarse de un yoga especialmente adaptado para ellos, los niños pueden empezar a practicarlo muy pronto. De hecho, se aconseja comenzar las primeras clases con cuatro años, aunque pueden incluso empezar antes con el yoga en familia. Este se refiere a las clases en las que padres e hijos comparten ejercicios sencillos y divertidos a los que luego pueden jugar en casa, cuyos beneficios repercuten en toda la familia. Para asistir a una clase de yoga, el niño debe usar un pantalón y una camiseta cómodos, y la práctica se realiza, normalmente, con los pies descalzos. Una vez aprendidos los ejercicios, pueden practicarse en casa. Por otro lado, y a diferencia de otras prácticas físicas habituales en los niños, el yoga no es competitivo, porque en él lo importante es la evolución personal de la persona, tanto física como mental. Así, los niños se divierten y liberan estrés, en vez de alimentar nuevas presiones ligadas a la práctica de una actividad con ganadores y perdedores.

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Yoga en las escuelas:

Cada vez son más los centros de educación primaria que ofrecen  a sus alumnos la posibilidad de seguir cursos de yoga y meditación para mejorar su rendimiento y ayudarles a gestionar mejor el estrés. Es el caso de la escuela Sant Josep, en Sant Vicenç dels Horts, donde, desde 2010, se imparten clases de yoga en horario escolar. Según diferentes estudios, la práctica regular del yoga aumenta la atención y la capacidad de concentración de los niños,y con ellas sus resultados académicos. En Francia, la Asociación RYE (Recherche sur le Yoga dans l’Education), reconocida por el Ministerio de Educación francés, lleva treinta y cinco años formando a profesores para que puedan practicar técnicas de yoga y relajación a sus alumnos.

Nuria Berlanga

Fuente: La Vanguardia

“La música puede variar profundamente el cerebro”

 

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Stefan Koelsch, doctor en neurociencia, músico y psicólogo, neurobiólogo y sociólogo

Tengo 43 años. Divorciado y con dos hijos. Fundé la cátedra y soy profesor de psicología musical de la Universidad Libre de Berlín. Los políticos en Alemania y en Europa deberían estar más formados: no saben expresarse y muy pocos saben pensar. Creo en algo espiritual.

¿Sabe en qué creo?

No, ¿en qué cree?

Cuando los humanos están en armonía, cuando cooperan, emerge la cohesión social, entonces aparece un sentimiento de unidad, de comunión, y esto es lo que yo entiendo como un momento espiritual.

¿Me está hablando de la música?

Sí, eso es lo que tiene de especial la música, nos une.

Y se especializó en estudiar qué ocurre entre nuestro cerebro y la música.

Sí, todas mis especialidades han acabado aplicadas a la música (neurociencia, psicología biológica, neurobiología y sociología especializada en cognición). Quería entender cómo funciona la mente, y la música es la mejor herramienta para ello.

¿Por qué?

Es capaz de llegar a cualquier función cognitiva y afectiva del proceso mental, y por tanto a su correspondiente estructura en el cerebro. Puedes investigar distintas memorias, como la auditiva-sensitiva, la memoria a largo plazo, el aprendizaje, la integración visual y auditiva, el proceso de los errores…

¿Y a nivel afectivo?

Estudiamos el sistema emocional, la relación existente entre lo emocional y lo cognitivo y cómo se desarrolla en los niños.

Parece demasiado.

Pues es sólo una pequeña parte, también investigamos los aspectos terapéuticos de la música en pacientes con depresión, con parkinson y con enfermedades autoinmunes.

¿Y qué han descubierto?

Hay pacientes con afasia que no pueden hablar pero pueden cantar. Les enseñamos a cantar unas frases y luego las modulamos hasta que consiguen recitarlas.

Interesante.

Podemos ver a través de resonancias magnéticas que la música puede variar profundamente nuestro cerebro.

¿Hasta qué punto nos puede perturbar la música, deprimirnos o violentarnos?

Si la obligasen a escuchar música que no le gusta, sacarían lo peor de usted; si escuchara música que la entristece, acabaría con una depresión, y sabemos que la música puede ser utilizada como tortura y para manipular a las personas.

¿La percepción de la música es universal?

Uno de mis alumnos de doctorado se fue a África a estudiar a individuos que no habían escuchado nunca la música occidental. Les puso música alegre, música triste, divertida y música que daba miedo para ver si podían reconocer la emoción. Sus expresiones eran claramente reconocibles, lo que demuestra que la música occidental es universal.

¿Cuál es su investigación más citada?

Soy conocido por haber descrito la superposición del lenguaje y la música, ambos comparten la misma red, pero en los extremos se especializan. Es como una cooperación entre música y lenguaje. El cerebro no distingue entre música y lenguaje, especialmente en los cerebros infantiles.

¿Cómo aplicar su descubrimiento?

Los bebés no saben lo que significa leche o duerme, pero entienden la música del lenguaje. Aprendemos las palabras a través de su musicalidad. Por eso es muy importante que escuchen música, porque nuestros cerebros son musicales por naturaleza.

Entonces, ¿hay que estimular el lenguaje musical a los niños?

Sí, los niños a los que se les estimula el lenguaje musical aprenden más rápido los procesos del lenguaje, los matices, la sintaxis y la habilidad de escucha; y tienen menos problemas de dislexia. Cantar o hacer música es muy beneficioso para ellos.

¿Cómo se utiliza la música en los tratamientos de los trastornos afectivos?

Estamos haciendo un estudio con personas que padecen depresión, les hacemos tocar y cantar juntos. Mejoran y no tiene efectos secundarios como las drogas, pero todavía no podemos dar conclusiones científicas.

¿Qué otros experimentos curiosos me puede comentar?

Provocamos a personas diferentes emociones y vemos qué redes inician, mantienen o finalizan dichas emociones y qué procesos cerebrales provocan que se acelere el corazón, que suden las manos, se dilaten las pupilas o se altere la digestión, de hecho todos los órganos reaccionan, incluidas las hormonas y el sistema inmunitario.

¿Cuál es su objetivo?

Ayudar a pacientes que tengan algún problema en alguno de estos órganos.

¿Hombres y mujeres perciben la música de manera distinta?

Las mujeres son capaces de procesar la música con los dos hemisferios, mientras que los hombres lo hacen sólo con uno. Algo muy parecido sucede con el lenguaje, por eso los problemas de lenguaje se dan más en niños que en niñas. Después de un trauma físico o mental en el hemisferio izquierdo, los hombres tienen más dificultades para poder volver a aprender el lenguaje.

¿Cree en el poder de la música?

Conozco a mucha gente, yo incluido, que no hubiera sobrevivido sin la música. Yo casi muero, y la música me ayudó a sobrevivir. Es increíblemente poderosa y debemos tener cuidado de que no sea utilizada de mala manera.

¿Qué le ocurrió?

No quiero hablar de ello, pero creo que la música tiene efectos regeneradores a nivel biológico.

Fuente: LA VANGUARDIA. La Contra

 

Elsa Punset: “Quiero aportar a pequeños y mayores alegría e ideas para lidiar con las emociones”

 

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Elsa Punset se estrena como escritora de cuentos con El león jardinero, una fábula entrañable sobre el amor y la amistad. ¿Quieres conocer más detalles de la mano de la autora?

Vive rodeada de niños, a los que ella llama “pequeños filósofos” y con los que disfruta muchísimo. Ellos son los que inspiran este cuento: Elsa Punset quiere transmitir a través de “El león jardinero” (Ed. Destino)sus ideas en un lenguaje poético y tierno para responder a las preguntas de los más pequeños y para que aprendan a gestionar sus emociones. ¿Los protagonistas? Un león y un pájaro, dos extraños que se hacen amigos, ilustrados por Kim Amate. Pero, antes de seguir dando detalles, mejor dejamos que nos los cuente la autora.

Elsa, ¿por qué un cuento?

Llevo muchos años contando cuentos a mis hijos, pero nunca se me había ocurrido editarlos. Con esta historia llevo casi dos años y, cuando terminé “Una mochila para el universo” (Ed. Destino), pensé: “Es el momento”. Los personajes se levantaron y cobraron vida. Y así es como nació El león jardinero.

¿Qué mensaje quieres transmitir a los niños con este cuento?

Si los niños se tienen que quedar con una idea de este libro, que sea que lo que nos pasa, las emociones que nos embargan, lo que nos rodea, no nos tienen por qué manejar como marionetas. Porque podemos aprender a gestionar las emociones: potenciar unas y filtrar otras. Otra cosa que me encanta de este cuento es que en un momento en el que parece que si no te tiras en paracaídas, si no eres James Bond, si tu vida no está llena de eventos… no es emocionante. Es una especie de celebración de la magia en la vida cotidiana: es una aventura donde pasar, pasa relativamente poco, porque todo es interno. Les pasan cosas a los personajes que les cambian la vida, que es lo que nos pasa a los humanos con las emociones, pero no son cosas externas muy llamativas.

¿Por qué un león y un pájaro como protagonistas?

Lo primero que tuve claro es que serían animales, porque los niños tienen una enorme facilidad para relacionarse con todo lo que es diferente a ellos, incluyendo las demás especies. Por eso, creo que para un niño las fábulas siempre funcionan muy bien: para ellos es algo muy natural que, por ejemplo, un león tenga sentimientos. Me fui a un idioma que es muy cómodo para un niño. Por otro lado, yo quería un personaje que pareciese muy fuerte y otro que pareciese muy débil y así poder contar una historia de amistad entre dos seres muy diferentes.

Además, hay un componente didáctico, los niños pueden aprender en qué consisten las migraciones de los pájaros en invierno…

Sí, a medida que me fui documentando, me fue atrapando el hecho de que los pájaros recorren miles y miles de kilómetros en las migraciones y consiguen volver a su nido cada año, como nuestro protagonista. Esto es intuitivo, como una especie de meditación. Yo aquí quería ir dejando pequeñas pistas, no muy explícitas, para que los niños pudiesen reconocer cosas que ellos hacen de forma muy natural, guiados por la intuición, como lo que hace el pájaro para llegar al nido. Son emociones que les ayudan a vivir.

¿Dirías, entonces, que este cuento abre a los niños una ventana al mundo?

Cuando eres niño, este tipo de personajes, este tipo de cuentos, cualquier cuento, te ayuda a ver la vida de una forma que tú todavía no has podido desarrollar. Te aporta experiencia, te deja jugar con las emociones, con la vida, con las relaciones con los demás… Te imaginas qué podrías hacer con ellas. Por eso, para los niños, entrar en un mundo imaginario y ensayar la vida en sus cabezas es muy importante.

¿Y qué les puede aportar a los adultos?

Los adultos estamos siempre sobreocupados: sobreprotegemos en lo físico y, a menudo, abandonamos en lo emocional a los niños, porque no tenemos tiempo. No nos damos cuenta hasta qué punto un niño necesita que respondas estas preguntas o dejará de planteárselas. Yo no veo tanta diferencia entre un adulto y un niño: un adulto es un niño con más experiencia, más miedo y menos curiosidad y alegría. Somos lo mismo. Por eso, cuando me dicen: “¿Lo puede leer un adulto?”. Claro que lo puede leer un adulto: un adulto solo o un adulto con un niño (la lectura será distinta).

¿Te costó encontrar un final a esta fábula?

Este libro tiene un final abierto: el niño puede darle el que quiera. De hecho, mi hija pequeña me dice que quiere terminar el libro. Me dice: “Mamá, tenemos que escribir el final de El león jardinero“. Y yo le digo: “No, no. Tú deja que cada niño lo vea cómo quiera y escriba su propio final”. Como tan a menudo es la vida: las cosas pueden acabar de muchas formas distintas y yo quiero que los niños se den cuenta de que si ellos fuesen el león o el pájaro, son los que al final deciden cómo terminar las cosas. Las cosas no te ocurren, tú haces que las cosas ocurran: esa pequeña llave de libertad espero que la encuentren en El león jardinero.

Fuente: serPADRES

51VqaNwAvxL._SX325_BO1,204,203,200_.jpgPara compras y más información del cuento de Elsa Punset entra a este enlace: El León Jardinero

 

Anatomía de la Autoestima

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Desde un punto de vista emocional, todo lo que una persona no se da a sí misma lo busca en su relación con los demás: afecto, confianza, reconocimiento.… La independencia pasa por aprender a autoabastecerse.

Es hora de reconocerlo: por lo general somos una sociedad de “eruditos racionales” y “analfabetos emocionales”. No nos han enseñado a expresar con palabras el torbellino de emociones, sentimientos y estados de ánimo que deambulan por nuestro interior. Y esta ignorancia nos lleva a marginar lo que nos ocurre por dentro, sufriendo sus consecuencias.

“Los demás no nos dan ni nos quitan nada. Tan sólo son espejos que nos muestran lo que tenemos y lo que nos falta”

Debido a nuestra falta de conocimiento y entrenamiento en inteligencia emocional, solemos reaccionar o reprimirnos instintivamente cada vez que nos enfrentamos a la adversidad. Apenas nos damos espacio para comprender lo que ha sucedido y de qué manera podemos canalizar de forma constructiva lo que sentimos. De ahí que nos convirtamos en víctimas y verdugos de nuestro dolor, el cual intensificamos al volver a pensar en lo sucedido. En eso consiste vivir inconscientemente: en no darnos cuenta de que somos cocreadores de nuestro sufrimiento.

Por el camino, las heridas provocadas por esta guerra interna nos dejan un poso de miedos, angustias y carencias. Y la experiencia del malestar facilita que nos creamos una de las grandes mentiras que preconiza este sistema: que nuestro bienestar y nuestra felicidad dependen de algo externo, como el dinero, el poder, la belleza, la fama, el éxito, el sexo…

ROTOS POR DENTRO

“Sólo si me siento valioso por ser como soy puedo aceptarme, puedo ser auténtico” (Jorge Bucay)

Bajo el embrujo de esta falsa creencia y de forma inconsciente, vivimos como si trabajar en pos de lo de fuera fuese más importante que cuidar y atender lo de dentro. Priorizamos el “cómo nos ven” al “cómo nos sentimos”. Y no sólo eso. Este condicionamiento también nos mueve a utilizar mucho de lo que decimos y hacemos para que los demás nos conozcan, nos comprendan, nos acepten y nos quieran. Así es como esperamos recuperar nuestra estabilidad emocional.

Pero la realidad demuestra que siguiendo esta estrategia no solemos conseguirla, y que en el empeño terminamos por olvidarnos de nosotros mismos. Por eso sufrimos. Al ir por la vida rotos por dentro, nos volvemos más vulnerables frente a nuestras circunstancias y mucho más influenciables por nuestro entorno familiar, social y profesional. Lo que piensen los demás empieza a ser más importante que lo que pensamos nosotros mismos.

Al seguir desnudos por dentro, poco a poco nos vestimos con las creencias y los valores de la mayoría, y empezamos a pensar y a actuar según las reglas, normas y convenciones que nos han sido impuestas. A través de este “pensamiento único” es como se consolida el statu quoestablecido por el sistema.

LA CARENCIA COMÚN ES INVISIBLE

“Uno es lo que ama, no lo que le aman” (Charlie Kaufman)

A veces nos mostramos arrogantes y prepotentes al interactuar con otras personas, creyendo que esta actitud es un síntoma de seguridad en nosotros mismos. En cambio, cuando nos infravaloramos o nos despreciamos, pensamos justamente lo contrario. Sin embargo, estas dos conductas opuestas representan las dos caras de una misma moneda: falta de autoestima. Es nuestra carencia común. Y a pesar de ser devastadora es prácticamente invisible.

¿Qué es entonces la autoestima? Podría definirse como “la manera en la que nos valoramos a nosotros mismos”. Y no se trata de sobre o subestimarnos. La verdadera autoestima nace al vernos y aceptarnos tal como somos.

La falta de autoestima tiene graves consecuencias, tanto en nuestra forma de interpretar y comprender el mundo como en nuestra manera de ser y de relacionarnos con los demás. Al mirar tanto hacia fuera, nos sentimos impotentes, ansiosos e inseguros, y nos dejamos vencer por el miedo y corromper por la insatisfacción. También discutimos y peleamos más a menudo, lo que nos condena a la esclavitud de la soledad o la ira. Y dado que seguimos fingiendo lo que no somos y reprimiendo lo que sentimos, corremos el riesgo de ser devorados por la tristeza y consumidos por la depresión.

COMPENSACIÓN EMOCIONAL

“Si no lo encuentras dentro de ti, ¿dónde lo encontrarás?” (Alan Watts)

De tanto mirar hacia fuera, nuestras diferentes motivaciones se van centrando en un mismo objetivo: conseguir que la realidad se adapte a nuestros deseos y expectativas egocéntricos. Así es como pretendemos conquistar algún día la felicidad. Sin embargo, dado que no solemos saciar estas falsas necesidades, enseguida interpretamos el papel de víctima, convirtiendo nuestra existencia en una frustración constante.

Expertos en el campo de la psicología de la personalidad afirman que este egocentrismo -que se origina en nuestra más tierna infancia- condiciona nuestro pensamiento, nuestra actitud y nuestra conducta, formando lentamente nuestra personalidad. Así, la falta de autoestima obliga a muchas personas a compensarse emocionalmente, mostrándose orgullosas y soberbias.

Al negar sus propias necesidades y perseguir las de los demás, son las últimas en pedir ayuda y las primeras en ofrecerla. Aunque no suelan escucharse a sí mismas, se ven legitimadas para atosigar y dar consejos sin que se los pidan. De ahí que suelan crear rechazo y se vean acorraladas por su mayor enemigo: la soledad.

En otros casos, esta carencia fuerza a algunas personas a proyectar una imagen de triunfo en todo momento, incluso cuando se sienten derrotadas. Cegadas por el afán de deslumbrar para ser reconocidas y admiradas, se vuelven adictas al trabajo, relegando su vida emocional a un segundo plano. La vanidad las condena a esconderse bajo una máscara de lujo y a refugiarse en una jaula de oro. Pero tras estas falsas apariencias padecen un profundo sentimiento de vacío y fracaso.

La ausencia de autoestima también provoca que algunas personas no se acepten a sí mismas, y se construyan una identidad diferente y especial para reafirmar su propia individualidad. No soportan ser consideradas vulgares y huyen de la normalidad. Y suelen crear un mundo de drama y fantasía que termina por envolverles en un aura de incomprensión, desequilibrio y melancolía. Y al compararse con otras personas, suelen sentir envidia por creer que los demás poseen algo esencial que a ellas les falta.

El denominador común de esta carencia es que nos hace caer en el error de buscar en los demás el cariño, el reconocimiento y la aceptación que no nos damos a nosotros mismos. La paradoja es que se trata precisamente de hacer lo contrario. Sólo nosotros podemos nutrirnos con eso que verdaderamente necesitamos.

LO QUE PIENSAN LOS DEMÁS

“Cada vez que se encuentre usted en el lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar” (Mark Twain)

Cuenta una parábola que un hombre y su mujer salieron de viaje con su hijo de 12 años, que iba montado sobre un burro. Al pasar por el primer pueblo, la gente comentó: “Mirad ese chico tan maleducado: monta sobre el burro mientras los pobres padres van caminando.” Entonces, la mujer le dijo a su esposo: “No permitamos que la gente hable mal del niño. Es mejor que subas tú al burro”.

Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuró: “Qué sinvergüenza, deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va cómodo encima”. Entonces tomaron la decisión de subirla a ella en el burro mientras padre e hijo tiraban de las riendas. Al pasar por el tercer pueblo, la gente exclamó: “¡Pobre hombre! ¡Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro! ¡Y pobre hijo! ¡Qué será lo que les espera con esa madre!”.

Entonces se pusieron de acuerdo y decidieron subir al burro los tres y continuar su viaje. Al llegar a otro pueblo, la gente dijo: “¡Mirad qué familia, son más bestias que el burro que los lleva! ¡Van a partirle la columna al pobre animal!”. Al escuchar esto, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro. Pero al pasar por el pueblo siguiente la gente les volvió a increpar: “¡Mirad a esos tres idiotas: caminan cuando tienen un burro que podría llevarlos!”.

EL ÉXITO MÁS ALLÁ DEL ÉXITO

“Este gozo que siento no me lo ha dado el mundo y, por tanto, el mundo no puede arrebatármelo” (Shirley Caesar)

Los demás no nos dan ni nos quitan nada. Y nunca lo han hecho. Tan sólo son espejos que nos muestran lo que tenemos y lo que nos falta. Ya lo dijo el filósofo Aldous Huxley: “La experiencia no es lo que nos pasa, sino la interpretación que hacemos de lo que nos pasa”. Lo único que necesitamos para gozar de una vida emocional sana y equilibrada es cultivar una visión más objetiva de nosotros mismos. Sólo así podremos comprendernos, aceptarnos y valorarnos tal como somos. Y lo mismo con los demás.

El secreto es dedicar más tiempo y energía a liderar nuestro diálogo interno. Hemos de vigilar lo que nos decimos y cómo nos tratamos, así como lo que les decimos a los demás y cómo los tratamos.

La verdadera autoestima es sinónimo de humildad y libertad. Es el colchón emocional sobre el que construimos nuestro bienestar interno. Y actúa como un escudo protector que nos permite preservar nuestra paz y nuestro equilibrio independientemente de cuáles sean nuestras circunstancias. Los filósofos contemporáneos lo llaman “conseguir el éxito más allá del éxito”. Dicen que cuando una persona es verdaderamente feliz, no desea nada. Tan sólo sirve, escucha, ofrece y ama.

Podemos seguir sufriendo por lo que no nos dan la vida y los demás, o podemos empezar a atendernos y abastecernos a nosotros mismos. Es una decisión personal. Y lo queramos o no ver, la tomamos cada día.

BORJA VILASECA

Fuente: El País