Autoestima, Educación Consciente

Cuando somos pequeños, aprendemos a sentirnos con nosotros mismos y con la vida según las reacciones de los adultos que nos rodean

“Cuando somos pequeños, aprendemos a sentirnos con nosotros mismos y con la vida según las reacciones de los adultos que nos rodean”
Louise Hay

Hoy esta cita de la maravillosa Maestra Louise Hay me ha encontrado…, por lo mismo la he querido compartir hoy contigo.

Nuestros primeros años, la infancia, sin duda es la etapa más importante de nuestras vidas. Qué tan amado, respetado, escuchado, contenido fue un niño cuando pequeño, es algo que lo acompañará toda su vida. Creo que nadie ha tenido padres o infancias “perfectas”. Sin embargo hoy de adultos, es nuestra responsabilidad tomar la decisión de sanar nuestras infancias, si así lo requerimos. Nutrir, amar y aceptar de una vez a ese niño o niña herida que llevamos dentro; y desde nuestra sanación y toma de consciencia entregar lo mejor a nuestros hijos.

El momento del poder es siempre el presente. Lo que importa en este momento es lo que usted decida pensar y decir ahora mismo”.

Louise Hay

Quiero compartirte un extracto del libro “Usted Puede Sanar su Vida” de Louise Hay, estoy segura que lo que leas te hará mucho sentido, a mí me pasó cuando llegó este hermoso libro a mis manos, cambío mi vida sin exagerar. Me ayudó a comprender lo importante que era trabajar en mí y sanar mi historia…

“Cuando somos pequeños aprendemos a sentirnos con nosotros mismos y con la vida según las reacciones de los adultos que nos rodean. Es así como aprendemos lo que ahora pensamos de nosotros y de nuestro mundo. Es decir, que si ha vivido usted con personas muy desdichadas y asustadas, culpables o coléricas, habrá aprendido muchas cosas negativas sobre usted y sobre su mundo: Nunca hago nada bien… es por mi culpa… si me enfado soy una mala persona… Esta clase de creencias generan una vida de frustración. Cuando crecemos, tenemos tendencia a recrear el ambiente emocional de nuestro hogar de la infancia. Es algo que no está ni bien ni mal; simplemente, se trata de lo que por dentro sabemos que es un “hogar”.

Nos tratamos a nosotros mismos tal como nos trataban nuestros padres. Nos regañamos y nos castigamos de la misma manera. Si escucha, casi podrá oír las palabras. Además nos amamos y nos animamos de la misma forma, si cuando éramos pequeños nos amaban y nos animaban. —Tú nunca haces nada bien, es por culpa tuya… ¿Cuántas veces se lo ha dicho usted a sí mismo? —Eres maravilloso, te amo… ¿Cuántas veces se dice usted estas palabras? Sin embargo, yo no echaría la culpa a nuestros padres. Somos todos víctimas de víctimas, y ellos no podían de ninguna manera enseñarnos algo que no sabían. Si su madre no sabía amarse a sí misma, ni su padre tampoco, era imposible que le enseñaran a usted a amarse a sí mismo; estaban haciendo todo lo que podían con lo que les habían enseñado de pequeños. Si quiere usted entender mejor a sus padres, hágales hablar de su propia niñez; y si los escucha con compasión, aprenderá de dónde provienen sus miedos y sus rigideces. Las personas que le hicieron a usted “todo aquello” estaban tan asustadas y temerosas como usted.

Creo que escogemos a nuestros padres. Cada uno de nosotros decide encarnarse en este planeta en un determinado punto del tiempo y del espacio. Hemos escogido venir aquí para aprender una lección determinada que nos hará avanzar por el sendero de nuestra evolución espiritual. Escogemos nuestro sexo, el color de nuestra piel, nuestro país, y luego buscamos los padres que mejor reflejen la pauta que traemos a esta vida para trabajar con ella. Después, cuando hemos crecido, es común que les apuntemos con un dedo acusador, clamando: “Mira lo que me hiciste”. Pero en realidad, los habíamos escogido porque eran perfectos para el trabajo de superación que queríamos hacer. De muy pequeños aprendemos nuestros sistemas de creencias, y después vamos por la vida creándonos experiencias que armonicen con nuestras creencias. Evoque su propia vida y fíjese con cuánta frecuencia ha pasado por la misma experiencia. Pues bien, yo creo que usted se la creó una y otra vez porque reflejaba alguna creencia que tenía sobre sí mismo. En realidad, no importa durante cuánto tiempo hemos tenido un problema, ni lo grande que sea, ni hasta qué punto pone en peligro nuestra vida.

El momento del poder es siempre el presente. Todos los acontecimientos que hasta el momento le han sucedido en su vida han sido creados por los pensamientos y las creencias que tenía en el pasado. Fueron creados por las cosas que pensó y las palabras que dijo ayer, la semana pasada, el mes pasado, el año anterior, hace diez, veinte, treinta, cuarenta o más años, según la edad que tenga. Sin embargo, eso es su pasado; está hecho y acabado. Lo que importa en este momento es lo que usted decida pensar y decir ahora mismo, porque esas ideas y esas palabras han de crear su futuro.”

Louise Hay

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