Los neurocientíficos afirman que las palabras que usamos cambian nuestro cerebro

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Las palabras que optamos por utilizar, literalmente, pueden cambiar nuestro cerebro. El Dr. Andrew Newberg, un neurocientífico de la Universidad Thomas Jefferson , y Mark Robert Waldman, un experto en comunicaciones, escribieron el libro, “las palabras pueden cambiar tu Mente”

En el libro, escribe: “una sola palabra tiene el poder de influir en la expresión de los genes que regulan la tensión física y emocional”. Cuando usamos palabras llenas de positividad, como el amor y la paz, podemos cambiar la forma en que nuestro cerebro funciona mediante el aumento del razonamiento cognitivo y contribuimos en el fortalecimiento de las áreas de nuestros lóbulos frontales.

Utilice más palabras positivas que negativas con mayor frecuencia y podrá activar los centros de motivación del cerebro, conduciéndolos a la acción. En el extremo opuesto, cuando el uso de palabras negativas es frecuente, ciertos neuroquímicos contribuyen a la gestión del estrés y éste se produce en nuestra vida.

Todos y cada uno de nosotros estamos programados inicialmente para preocuparnos. Es parte de nuestro cerebro primitivo que nos protege de situaciones de peligro para la supervivencia.

 Así que cuando permitimos que las palabras negativas entren en los conceptos de nuestros pensamientos, estamos aumentando la actividad en el centro del temor de nuestro cerebro (amígdala), y hacemos hincapié en los productores de hormonas que inundan nuestro sistema.

Estas hormonas y neurotransmisores interrumpen los procesos de lógica y el razonamiento en el cerebro e inhiben la funcionalidad normal. Newberg y Waldman creen que “las palabras de enfado envían mensajes de alarma a través del cerebro, y parcialmente se encierran los centros de la lógica y el razonamiento, que se encuentra en los lóbulos frontales.”

Un extracto de su libro nos dice cómo usar las palabras correctas, que literalmente, puede cambiar nuestra realidad:

“Al mantener una palabra positiva y optimista en su mente, se estimula la actividad del lóbulo frontal. Esta área incluye centros de idiomas específicos que se conectan directamente a la corteza motora responsable de su puesta en práctica. Y a medida que nuestra investigación lo ha demostrado, cuanto más nos centramos en las palabras positivas, más empieza a afectar a otras áreas del cerebro.

Las funciones en el inicio del lóbulo parietal pueden cambiar, y así se cambia su percepción de sí mismo y las personas con las que interactúa. Una visión positiva de sí mismo le propulsará a ver lo bueno en los demás, mientras que una imagen negativa de sí le pondrá en la dirección de la sospecha y la duda de los demás

Con el tiempo, la estructura de su cerebro también cambiará en respuesta a sus palabras, pensamientos y sentimientos conscientes, y creemos que los cambios en el tálamo afectan a la forma en que percibimos la realidad “.

Un estudio de la Psicología Positiva da más detalles sobre los efectos del uso de palabras positivas. Un grupo de adultos de edades comprendidas entre los 35 y los 54 años. Los próximos tres meses mostraron que sus niveles de felicidad siguieron aumentando, y sus sentimientos de depresión continuaron disminuyendo.

Cuando nos centramos y reflexionamos sobre las ideas y las emociones positivas, podemos mejorar nuestro bienestar general y aumentar la funcionalidad de nuestro cerebro.

 Si nota que su vida no es positiva, trate de controlar la cantidad de veces que usa las palabras negativas. Es posible que se sorprenda al descubrir cuán simple es la solución para una vida mejor -. Cambie sus palabras, cambie su vida (Texto traducido por el equipo de El Secreto , Originalmente publicado en El Espíritu Ciencia )

Mónica Esgueva: “El inconsciente nos puede sabotear la vida”

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La coach Mónica Esgueva da claves para potenciar nuestra mente y desarrollar nuestras capacidades en su nuevo libro ‘Los 3 pilares de la felicidad’.

A diferencia de otras sociedades, el mundo occidental lleva poco tiempo dedicando horas al estudio de la mente. A día de hoy, saber cómo podemos lograr todo el potencial de nuestro cerebro y lograr su máximo desarrollo es un reto que está estrechamente ligado al desarrollo de la neurociencia y sus descubrimientos. Mónica Esgueva ha querido ir más allá con su libro Los 3 pilares de la felicidad y aborda el estudio de la mente desde un planteamiento integrador que bebe de tres aspectos distintos: el inconsciente, las tradiciones religiosas orientales y los recientes descubrimientos de la neurociencia. Esgueva cree necesario un cambio que debe pasar por el propio individuo y en el que prácticas como la contemplación o a la meditación tengan un papel predominante. La escritora considera que el desarrollo de la espiritualidad moderna no tiene porque tener a la religión como intermediaria y aboga porque el ser humano se cuestione regularmente sus actos y decisiones, además de buscar todo aquello que necesita para ser feliz en su interior, y no fuera.

-Asegura en la introducción de su libro que las personas que desean desarrollarse y buscar una mejor versión de sí mismas son una minoría. ¿Por qué nos cuesta tanto salir de nuestra zona de confort?
-Nos hacemos cómodos. Nos cuesta muchísimo cambiar los patrones de pensamiento y de comportamiento. Una vez que los tenemos integrados, van solos. Diría que vamos en automático, y todo aquello que no sea automático requiere de un esfuerzo. Somos vagos y no nos gustan los esfuerzos.

¿Siempre hemos sido vagos o hay algún punto de inflexión en la historia del desarrollo humano?
Creo que la tentación de ser como siempre hemos sido y pedir resultados diferentes es demasiado fácil. Esto es imposible, es una locura. La mejor definición de locura nos la dio Einstein: “La locura es seguir haciendo las cosas de igual modo y esperar resultados diferentes”. Sin embargo, esto es lo que hacemos.

-Nadie nos ha enseñado a vivir…
-Nos han enseñado poco a pensar y nada a vivir. No tenemos las herramientas y no nos damos cuenta de que esas herramientas están en la mente. Nos gusta que todos nuestros deseos se cumplan cuando y como nosotros queramos. Esto no ocurre nunca.

-¿Llegaremos a entender la mente algún día?
-Esa sería la gran esperanza, pero pienso que tienen que cambiar muchas cosas. Por una parte, la neurociencia está descubriendo muchísimas cosas sobre el cerebro, que para mí no es la mente, sino su aspecto físico, y, por otra parte, las grandes filosofías orientales tienen mucho que enseñarnos porque llevan siglos estudiando la mente. Nosotros sólo llevamos estudiándola hace apenas un siglo. Es muy poco tiempo. Aunando las dos perspectivas podríamos llegar a conocer la mente de una manera mucho más amplia y completa.

-¿La neurociencia ha despreciado la espiritualidad y la filosofía?
Sí. Sobre todo porque no piensan que sea algo científico. Todo lo que ellos sienten que no pueden replicar en el laboratorio y observarlo desde fuera, no existe. Lo que se está descubriendo, por ejemplo, en física cuántica, es que el observador influye en lo observado. Eso cambia muchas cosas porque las réplicas no son absolutamente objetivas y constantes. Si tuvieran la unidad de adentrarse también desde dentro de la mente como se ha hecho en muchas filosofías orientales con la contemplación, por ejemplo, descubrirían que también hay una ciencia de la mente.

-¿Cuál?
-Hay un mapa que se tiene que seguir para poder lograr resultados. ¡Y son replicables! Eso sí, desde la experiencia. Esto es lo que tiene que aprender la comunidad científica; hay una parte de la mente que sólo se puede estudiar desde dentro, desde la experiencia.

-¿Cuál cree que ha sido el gran avance de la neurociencia en los últimos años?
-Muchas cosas. Darnos cuenta de que tenemos un lado izquierdo y un lado derecho del cerebro, y que son complementarios. Nuestro equilibrio está en tener los dos desarrollados porque vivimos en una sociedad que sólo da preponderancia al lado izquierdo, el lado más racional, el numérico, el del lenguaje…

-¿Y qué alberga nuestro lado derecho?
-Es muy potente. Capta el lenguaje no verbal, lo abstracto, es muy creativo: nos conecta con la música, con el arte, con lo trascendental. Nosotros somos un todo y hemos vivido muchos años sólo con una mitad del cerebro.

-¿Cuándo se dio cuenta de que el inconsciente podía ser un pilar básico para lograr nuestra felicidad?
-Cuando hice el master en Programación Neurolingüística (PNL). Ahí aprendí que el inconsciente es el 90% de nuestra mente. Al descubrir eso me di cuenta de que hemos ido acumulando experiencias, pensamientos, protecciones, etc. Es decir, que tiene una existencia a pesar de que a nosotros nos parece que todo eso se ha olvidado y que no ha tenido ninguna importancia. El psiquiatra Carl Jung es uno de los grandes en el descubrimiento de las partes de las sombras del inconsciente: aquello que reprimimos, que ocultamos, que no nos gusta de nosotros mismos. Eso pasa al inconsciente de una manera bastante dañina porque creemos que eso no saldrá y acaba saliendo en forma de enfermedades.

-El inconsciente nos pone muchas ataduras…
-Muchísimas. De algún modo nos llega a esclavizar y puede sabotear nuestra propia vida. Conscientemente, queremos ir hacia una dirección, y si el inconsciente cree que por ahí no tenemos que ir, nos pondrá todos los impedimentos posibles para que no lo logremos.

-¿Cómo podemos evitar convertirnos en esclavos de nuestra propia mente?
Lo primero es hacer un trabajo de autoconocimiento; no quedarnos sólo con los efectos de nuestro comportamiento inconsciente que ha quedado registrada en nosotros sino ir a la raíz de las cosas y cuestionarnos por qué hacemos las cosas como las hacemos. También tenemos que ser capaces de abrir nuestra mente y perspectivas para darnos cuenta de que quizás tenemos que aprender otras cosas y poner en tela de juicio aquello que dábamos por sentado. Desde otro lugar, se nos abren nuevas posibilidades; desde el lugar en el que siempre hacemos las cosas, tendremos siempre los mismos resultados. Si queremos tener resultados diferentes deberemos cambiar algo.

-Cuestionarnos más. ¿Hay que hacerlo cada día?
-Diría que regularmente. Soy bastante contraria a la rigidez, me gusta la flexibilidad en la vida, pero sí que hay que hacerlo constantemente. Por eso la meditación y la contemplación son tan importantes, porque vivimos unas vidas en las que no tenemos tiempo para eso. El día a día absorbe y es una máquina que nos va rompiendo poco a poco y nos separa de nosotros mismos. Nos hacemos máquinas automáticas y llega un momento en el que nos hemos salido del camino desde hace tiempo y entonces nos preguntamos, “¿qué hago yo aquí?”

-En nuestra cultura hay quién relaciona la contemplación o la meditación con una pérdida de tiempo…
-El no hacer nada está muy mal visto (Sonríe).

-¿Eso es porque nos da miedo acercarnos a estas prácticas, o es lo que nos ha impuesto nuestra sociedad a lo largo de los años?
Tenemos la manía de que la acción por la acción es positiva. Somos como los hámsteres con la rueda, caminamos o corremos rápido pero no vamos a ningún sitio. Si no nos paramos, no tenemos ningún camino y no vamos a ningún lugar. Hay que pararse y saber si donde estamos es donde queremos estar y ver hacia dónde queremos ir.

-¿Por qué huimos del silencio?
El silencio, la quietud, es esencial para todos; el problema es que nosotros no lo contemplamos así. Sin silencio, sin un espacio propio para uno mismo, para estar con uno mismo, no podemos buscar ese camino. Al final, todo eso que solemos buscar fuera con una fruición tremenda está dentro. Buscamos llenar espacios y vacíos que tenemos dentro con cosas de fuera. ¡Esto no se puede cumplir nunca!

-Cada vez tenemos más cosas materiales con las que distraernos. Se hace difícil buscar dentro cuando fuera nos están ametrallando con estímulos…
-Por eso hace falta un esfuerzo propio, una toma de conciencia de que hay poner limites a la distracción. No es cuestión de estar aislados y de encerrarnos dentro de una cueva para siempre, creo que simplemente es buscar espacios para uno mismo. Esto proviene de un conocimiento interno, de una autoconciencia muy grande.

-Para ello es necesario fuerza de voluntad y, sobre todo, mucha disciplina. ¿Hemos demonizado esa palabra en los últimos tiempos?
-La palabra disciplina nos suena mal, y cuando hablamos de ella huimos en dirección contraria. Seguramente, es debido a un hecho cultural. Se ha vivido tan mal en épocas anteriores que ahora huimos de ella. Quizás deberíamos cambiar de palabra y hablar de constancia o de perseverancia. La disciplina también está mal vista porque parece que nos la imponen desde fuera. Para conseguir lo que quiero, necesito practicar y dedicarle tiempo; proviene del “yo quiero”, no del “yo debo”.

-¿Tenemos que aprender a vivir sin expectativas?
-Sí. El problema con las expectativas es que la vida nunca es exactamente como nosotros queremos que sea. El movimiento que yo invitaría hacer es el de ser capaz de aceptar de corazón que la vida no es como nosotros queremos que sea, y que está bien. Para eso, hace falta un cambio trascendente que desde la superficialidad de la sociedad occidental es imposible. Si piensas que la vida es terriblemente injusta, jamás aceptarás que lo que te está dando la vida es lo mejor que te puede traer.

-¿Pecamos de victimismo?
-Tremendamente. ¡Es mucho más fácil! Si la culpa la tienen otros yo ya no tengo nada que hacer. Me puedo quejar, puedo criticar, puedo lanzar balones fuera… Cuando dejas de ser víctima y tomas las riendas de tu vida, significa que te tienes que esforzar, que tienes que ocuparte, no preocuparte, que debes tener constancia y que no puedes abandonar en el camino. El cambio consiste en pasar del victimismo a la responsabilidad.

-Uno de los parámetros de la espiritualidad moderna habla de la lucha como algo inútil. Eso tampoco nos lo han enseñado en ningún sitio…
-Hay que tener mucho cuidado con la lucha porque la lucha desgasta tu energía vital. Si la perdemos luchando contra molinos de viento no la estamos dirigiendo en algo productivo. La lucha inútil es cuando estamos luchando contra aquello que ocurre, sólo perdemos el 100% de las veces. Seguimos luchando contra las cosas que están ocurriendo y que no nos gustan. Pero te gusten o no, ¡están ocurriendo! Acepta lo que ocurre y desde ahí empieza a cambiar.

-¿Las emociones siempre serán más fuertes que la razón?
Las emociones son la voz del inconsciente, nos están dando un mensaje. Las emociones tienen que ser escuchadas, y escuchar esas emociones no significa que vayamos a actuar en función de todas las emociones que sentimos. Si no lo hacemos, se esconden, se reprimen y van al inconsciente. De ahí salen en forma de neurosis, de enfermedades, de miedos, de estrés, de depresión…

-¿El desarrollo de la espiritualidad moderna pasa por realizarla al margen de las religiones?
-En mi opinión, sí. Es una época de cambio muy grande en muchos aspectos de la sociedad y la religión no es una excepción. Hay muchas personas que ya sienten que no necesitan dogmas establecidos para conectarse con lo trascendental. Eso es algo propio del ser humano y no necesitamos del intermediario de una religión.

-Qué ve usted más complicado, ¿salir de esta crisis económica que nos acecha o que la sociedad occidental se impregne de esta espiritualidad a la que damos la espalda?
El cambio de la sociedad tiene que venir por el cambio de los individuos. Si empezamos a cambiar el edificio desde el tejado se nos da a derruir. El cambio depende de que los individuos a nivel personal busquen ese viraje porque se den cuenta de que lo que hay ya no les llena. Si cada uno de nosotros empieza a cambiar, la sociedad por reflejo lo hará. Cuando nos quejamos de los políticos nos tendríamos que mirar a nosotros y ver qué clase de comportamiento tenemos en nuestra vida personal. ¿Seguimos criticando? ¿Odiando? ¿Ponemos una zancadilla si podemos o damos una mano al que lo necesita? ¿La paz que pedimos fuera, la estamos buscando dentro o estamos en continuo conflicto con la gente de nuestro alrededor? No podemos pedir fuera lo que no tenemos dentro.

Fuente: LA VANGUARDIA

61HEpHMaGpL_opt.jpgPara más información y compras del libro de Mónica Esgueva entra a este enlace: Los tres pilares de la Felicidad

 

“La felicidad se puede medir y se puede enseñar”

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Martin Seligman, padre de la psicología positiva, director del centro Penn.
Tengo 73 años. Nací en Nueva York y vivo en Filadelfia. Casado, 7 hijos y 4 nietos. Doctor en Psicología Experimental y en Humanidades. Soy centrista. Creo que Dios llega al final y no al principio, a muy largo plazo nosotros crearemos a Dios. Desapareces cuando ya nadie se acuerda de ti.
¿Qué le llevó a estudiar las fortalezas humanas?

Cuando me nombraron presidente de la Asociación Americana de Psicología me propuse hacer bien mi trabajo y me dediqué a preguntar por el mundo qué hacíamos bien y qué hacíamos mal los psicólogos.

Eso es curioso, humilde e inteligente.

Descubrí que investigar y tratar los aspectos negativos y patológicos del ser humano (la ansiedad, el estrés, la depresión, el suicidio, las adicciones…) sabemos hacerlo muy bien; pero nadie se ocupaba de los aspectos positivos, de manera que la psicología no explicaba a la gente cómo llevar una buena vida.

De eso se encargaron algunos filósofos.

…Y no se trata de mostrar a la gente cómo no estar deprimido, no enfadarse o no tener ansiedad, sino de enseñarle a ser feliz. Me propuse estudiar las bases del bienestar psicológico y de la felicidad; y las fortalezas y virtudes humanas, todo dentro del marco de la ciencia.

¿A qué conclusiones ha llegado?

Que las emociones positivas, la calidad de las relaciones, en definitiva, la felicidad, se pueden medir y se pueden enseñar.

Pero uno tiene su carácter.

Se puede cambiar. Yo era un pesimista depresivo y he aprendido a ser optimista y alegre.

Pues cuénteme cómo.

Si analizamos las estadísticas de violencia, riqueza real, sanidad, educación, no hemos hecho más que progresar. La queja sobre el mundo en el que vivimos hay que repensarla, y en la vida personal hay que cambiar de actitud.

Sin señalar lo negativo, ¿cómo lo mejoras?

Supongamos que identificando los aspectos negativos de un paciente la psicoterapia consigue sacarlo de su pozo (lo que sólo ocurre en el 65% de los casos), es decir, que pase de menos diez a cero; pero así no se consigue que sea feliz.

Eso es mucho pedir.

Las habilidades (optimismo, templanza, coraje, humanidad, autoestima, gratitud…) están por encima de cero. Potenciar nuestras fortalezas es una forma de potenciar el bienestar.

¿Cómo lo hizo usted?

Durante veinte años investigué el pesimismo. Pero personalmente, cuando me sorprendía pensando de manera negativa, reconocía esos pensamientos pesimistas y buscaba argumentos realistas que los desmontaran.

¿Hay que discutir con uno mismo?

Sí, hasta desmontar la negatividad. Luego, para alcanzar el bienestar, hay que centrarse en cómo potenciar y desarrollar aquellas áreas en las que eres bueno en lugar de dedicarte a la prevención de lo problemático.

Aplíquelo, por ejemplo, a la depresión.

Las investigaciones demuestran excelentes resultados con la estimulación de emociones positivas como la alegría, la esperanza o la ilusión.

¿Hay pruebas científicas?

Muchísimas. Hemos demostrado que esas fortalezas humanas que se pueden aprender son eficaces barreras del trastorno mental. Y los estudios muestran que el optimismo tiene un efecto directo sobre nuestra respuesta inmune.

Deme un ejemplo.

En EE.UU. hemos medido condado a condado el pesimismo, la infelicidad y el aburrimiento; y resultan ser predictores mucho más eficaces de los infartos que la etnia, los ingresos, la educación, el sedentarismo o la obesidad.

Increíble.

Preocupados por la alta tasa de estrés postraumático en el ejército norteamericano (5%), me encargaron un estudio y un plan de choque. Y de nuevo el principal predictor no resultó ser la intensidad o crudeza del combate, es decir, el trauma en sí, sino el hecho de ser una persona catastrofista, que aumenta un 30% el riesgo de tener estrés postraumático.

Deme una pequeña herramienta.

Hay 24 virtudes que trabajar, pero, por ejemplo, en las relaciones es fundamental pasar de una actitud constructiva pasiva (“¡Felicidades por tu discurso!”) a la constructiva activa (“¿En qué momento te aplaudieron?”, ¿Qué dijiste?”, “¿Qué fue lo más emocionante?”…).

Eso sí es empatía.

La psicología siempre ha considerado que los motivos de la tristeza, la depresión o la ansiedad venían de fuera, pero hoy sabemos que dependen de lo que tú piensas sobre lo que te ha acontecido, eso es lo que genera el sentimiento.

Una cosa es lo que pasa fuera y te afecta, y otra, la falta de autoestima.

Es el mismo proceso, por eso en muchas escuelas de Estados Unidos enseñamos a los niños las habilidades del optimismo y hacemos un seguimiento en la pubertad, así hemos conseguido reducir a la mitad la tasa de depresiones.

¿Todo pasa por el raciocinio?

Yo trabajo sobre las estructuras cerebrales, ¡y estamos haciendo avances increíbles en neurociencias! Dentro de un mes se publicará un avance importantísimo sobre la indefensión aprendida (la sensación subjetiva de que no podemos hacer nada ante una situación). Steve Miller ha encontrado los circuitos cerebrales que la activan y desactivan. Yo los llamo los circuitos de la esperanza, podremos desactivar la depresión.

¿Cuáles son los elementos esenciales que pueden elevar el grado de felicidad?

Aumentar las relaciones y las emociones positivas, el compromiso (poner en práctica las fortalezas personales), el sentido y el logro (establecer metas que nos motiven a conseguirlas).

Fuente: La Contra. La Vanguardia 

“El hombre se pierde por no saber utilizar sus propios recursos mentales”. Entrevista a José González, psicólogo experto en programación mental positiva

Tengo 73 años, pero no creo en la edad cronológica. Soy profesor de Pedagogía Terapéutica y psicólogo clínico. De joven me sentí viejo y ahora me siento joven. Nací en Ourense. Llevo 50 años en Barcelona. Estoy casado y tengo 4 hijos y 5 nietos. Creo en un Dios no punitivo y en el poder de la mente para alcanzar todo lo uno que se proponga.

¿Por qué de joven se sintió viejo?
Empecé mis estudios tarde y tuve que luchar contra la dislexia, que me hacía suspender ciertas asignaturas. Hice la mili cuando mi quinta estaba licenciada y me vi como el viejo de la compañía. Monté una empresa, que otros hicieron zozobrar, lo que me sumió en una profunda depresión, acompañada de litiasis, hiperplasia de próstata y de unas deudas insalvables. En una palabra, me sentí acabado.

¿Terminaron ya sus desventuras?
Absolutamente todas.

¿De qué modo lo ha logrado?
Cuando tenía 40 años y estaba en medio de la tormenta, conocí al Sr. Silva, que me instruyó en su “Mind Control”, que empecé a poner en práctica con entusiasmo. Me gustó tanto, que lo profundicé, amplié y adapté para que se pueda aplicar a cualquier persona en toda circunstancia.

¿Es válido para todo tipo de personas?
Las personas positivas lo tienen más fácil; a las que no lo son, les hago trabajar el auto-concepto y la autoimagen, que, de ordinario, traen bajo mínimos; una vez se ven con la capacidad y el cambio se va operando en ellas, se apuntan al éxito, que, antes o después, todas esperan alcanzar.

¿En qué consiste?
En aprender, en estado de relajación profunda, a programar la mente para conseguir el objetivo que uno se proponga, visualizando el resultado final alcanzado.

¿En concreto, qué hace Ud. para tener salud y sentirse joven?

Además del ejercicio y la dieta, como recomienda, por ejemplo, el Dr.Izquierdo (Univ.Navarra) y las investigaciones del gerontólogo Dr. Willcox en el “Programa Okinawa”, ciudad en la que viven los más viejos del planeta, hago mi programación mental diaria para tener salud y sentirme joven, visualizándome joven y haciendo lo que hacen los jóvenes, dentro de lo que es prudente y razonable. Hoy por hoy, me siento considerablemente mejor que cuando tenía los 40 años. Cuesta creer que la mente pueda influir de esa manera sobre el propio cuerpo.

El Dr. Joe Dispenza, que sufrió un accidente tan grave en sus vértebras dorsales, que, según todos sus colegas, lo relegaría de por vida a una silla de ruedas, es un ejemplo vivo de la capacidad de la mente humana: hoy consulta, hace ejercicio físico como un deportista y da conferencias por el mundo.El hombre se pierde por no saber utilizar sus propios recursos mentales.

¿Cómo lo consiguió?

Estudioso de la neuroplasticidad o capacidad del cerebro para modificar los circuitos que conectan las neuronas, (coautor del film “Y tú qué sabes” y autor de “Desarrolla tu cerebro”), asegura que los pensamientos provocan reacciones químicas que influyen directamente en la salud y contribuyen a crear una nueva realidad.

¿Y si uno no consigue visualizar?
El visualizar, el imaginar o el pensar en lo que quieres obtener, estando relajado, tiene el mismo valor; pero no solo es posible obtener resultados viendo el efecto, sino también limpiando la causa que lo produce.

¿?
Sí. Se llama Ho´oponopono y es el sistema que usaban los chamanes hawaianos y que aprendió y propagó el Dr. Ihaleakala Len, que tan impresionantes resultados le ocasionó en el Hospital del Estado de Hawai.

¿Cómo retira la causa que produce el problema?
En el subconsciente está todo lo culturalmente heredado y todo lo experimentalmente vivido por cada uno, con todos los conceptos erróneos, imaginaciones equivocadas y conductas desatinadas, que dan lugar, tanto en nosotros como en los demás, a carencias, conflictos y limitaciones. Se trata de barrer del inconsciente toda la basura que nos impide alcanzar la meta.

¿Se pueden simultanear los dos?
Efectivamente. Eso significa apuntalar el efecto, con la visualización creativa, y, al mismo tiempo, barrer la causa que lo ha originado, con lo que se acorta el plazo para la consecución del objetivo.

¿Qué hago del miedo al fracaso?
El miedo a fracasar es impensable, o usas el poder de tu mente positiva o eres pasto de tu mente negativa, que atrae hacia ti lo que quieres evitar. El poder negativo de la mente nadie nos lo ha de enseñar, es de común dominio; por eso hemos de saber usar el poder mental positivo y tener fe en nuestra programación.

9788441428331.jpg Si quieres acceder a compras y más información sobre el libro de José Silva entra  a este enlace: Método Silva De Control Mental

Fuente: El Blog Alternativo

“La música puede variar profundamente el cerebro”

 

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Stefan Koelsch, doctor en neurociencia, músico y psicólogo, neurobiólogo y sociólogo

Tengo 43 años. Divorciado y con dos hijos. Fundé la cátedra y soy profesor de psicología musical de la Universidad Libre de Berlín. Los políticos en Alemania y en Europa deberían estar más formados: no saben expresarse y muy pocos saben pensar. Creo en algo espiritual.

¿Sabe en qué creo?

No, ¿en qué cree?

Cuando los humanos están en armonía, cuando cooperan, emerge la cohesión social, entonces aparece un sentimiento de unidad, de comunión, y esto es lo que yo entiendo como un momento espiritual.

¿Me está hablando de la música?

Sí, eso es lo que tiene de especial la música, nos une.

Y se especializó en estudiar qué ocurre entre nuestro cerebro y la música.

Sí, todas mis especialidades han acabado aplicadas a la música (neurociencia, psicología biológica, neurobiología y sociología especializada en cognición). Quería entender cómo funciona la mente, y la música es la mejor herramienta para ello.

¿Por qué?

Es capaz de llegar a cualquier función cognitiva y afectiva del proceso mental, y por tanto a su correspondiente estructura en el cerebro. Puedes investigar distintas memorias, como la auditiva-sensitiva, la memoria a largo plazo, el aprendizaje, la integración visual y auditiva, el proceso de los errores…

¿Y a nivel afectivo?

Estudiamos el sistema emocional, la relación existente entre lo emocional y lo cognitivo y cómo se desarrolla en los niños.

Parece demasiado.

Pues es sólo una pequeña parte, también investigamos los aspectos terapéuticos de la música en pacientes con depresión, con parkinson y con enfermedades autoinmunes.

¿Y qué han descubierto?

Hay pacientes con afasia que no pueden hablar pero pueden cantar. Les enseñamos a cantar unas frases y luego las modulamos hasta que consiguen recitarlas.

Interesante.

Podemos ver a través de resonancias magnéticas que la música puede variar profundamente nuestro cerebro.

¿Hasta qué punto nos puede perturbar la música, deprimirnos o violentarnos?

Si la obligasen a escuchar música que no le gusta, sacarían lo peor de usted; si escuchara música que la entristece, acabaría con una depresión, y sabemos que la música puede ser utilizada como tortura y para manipular a las personas.

¿La percepción de la música es universal?

Uno de mis alumnos de doctorado se fue a África a estudiar a individuos que no habían escuchado nunca la música occidental. Les puso música alegre, música triste, divertida y música que daba miedo para ver si podían reconocer la emoción. Sus expresiones eran claramente reconocibles, lo que demuestra que la música occidental es universal.

¿Cuál es su investigación más citada?

Soy conocido por haber descrito la superposición del lenguaje y la música, ambos comparten la misma red, pero en los extremos se especializan. Es como una cooperación entre música y lenguaje. El cerebro no distingue entre música y lenguaje, especialmente en los cerebros infantiles.

¿Cómo aplicar su descubrimiento?

Los bebés no saben lo que significa leche o duerme, pero entienden la música del lenguaje. Aprendemos las palabras a través de su musicalidad. Por eso es muy importante que escuchen música, porque nuestros cerebros son musicales por naturaleza.

Entonces, ¿hay que estimular el lenguaje musical a los niños?

Sí, los niños a los que se les estimula el lenguaje musical aprenden más rápido los procesos del lenguaje, los matices, la sintaxis y la habilidad de escucha; y tienen menos problemas de dislexia. Cantar o hacer música es muy beneficioso para ellos.

¿Cómo se utiliza la música en los tratamientos de los trastornos afectivos?

Estamos haciendo un estudio con personas que padecen depresión, les hacemos tocar y cantar juntos. Mejoran y no tiene efectos secundarios como las drogas, pero todavía no podemos dar conclusiones científicas.

¿Qué otros experimentos curiosos me puede comentar?

Provocamos a personas diferentes emociones y vemos qué redes inician, mantienen o finalizan dichas emociones y qué procesos cerebrales provocan que se acelere el corazón, que suden las manos, se dilaten las pupilas o se altere la digestión, de hecho todos los órganos reaccionan, incluidas las hormonas y el sistema inmunitario.

¿Cuál es su objetivo?

Ayudar a pacientes que tengan algún problema en alguno de estos órganos.

¿Hombres y mujeres perciben la música de manera distinta?

Las mujeres son capaces de procesar la música con los dos hemisferios, mientras que los hombres lo hacen sólo con uno. Algo muy parecido sucede con el lenguaje, por eso los problemas de lenguaje se dan más en niños que en niñas. Después de un trauma físico o mental en el hemisferio izquierdo, los hombres tienen más dificultades para poder volver a aprender el lenguaje.

¿Cree en el poder de la música?

Conozco a mucha gente, yo incluido, que no hubiera sobrevivido sin la música. Yo casi muero, y la música me ayudó a sobrevivir. Es increíblemente poderosa y debemos tener cuidado de que no sea utilizada de mala manera.

¿Qué le ocurrió?

No quiero hablar de ello, pero creo que la música tiene efectos regeneradores a nivel biológico.

Fuente: LA VANGUARDIA. La Contra

 

“El amor a uno mismo es el sentimiento más malentendido y olvidado”

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Verónica Andrés y Florencia Andrés son madre e hija, y más allá de su relación personal, han unido fuerzas para invitarnos a observar de qué modo nos movemos por el mundo, a ser más conscientes de las motivaciones y efectos de nuestros actos, o a tomar las riendas de nuestro presente. Las autoras argentinas aportan en el libro: Confianza totalinformación sobre coaching, inteligencia emocional, liderazgo, motivación y neurociencias. Nos revelan también el poder que tienen nuestros pensamientos, palabras y emociones, y nos brindan ejemplos y estrategias para aprovechar nuestro tiempo de otra manera e intentar vivir mejor. La fórmula parece fácil de asimilar, eso sí, el paso decisivo será saberla aplicar a nuestra vida diaria.

-Vamos primero al concepto global del libro. ¿Qué entienden ustedes por confianza total?
-Florencia Andrés: Es un conjunto de habilidades que se pueden sintetizar en la habilidad para creer en uno mismo, para superar miedos, para usar el poder de los pensamientos y de las emociones a nuestro favor y para transformar sueños en metas alcanzables. Lo interesante es ver, que este concepto de confianza total, es algo con lo que todos hemos nacido, es innato, y eso quiere decir que si lo hemos perdido, lo podemos recuperar.

-Está claro que la pregunta es, ¿cómo recuperarla? En su libro, dejan claro que hay una gran parte de trabajo interior. ¿Es esa la llave de todo?
-Verónica Andrés: Lo que nosotros le queremos devolver al lector es el poder que le ha otorgado al exterior, a la opinión de los demás y a sus comentarios negativos. Le queremos devolver el poder que tienen sus propios pensamientos, mucho más allá de lo que sucede en el mundo externo. Los hechos, los acontecimientos, no dependen de nosotros, pero sí que depende de nosotros la interpretación que le demos a esos acontecimientos. Y eso es lo que cambia el resultado. Fíjate que esto no es nada nuevo, alguien podría decir, ahora está de moda con estos del coaching como dicen ustedes. Quien dijo “no podemos cambiar nuestras circunstancias, pero sí que podemos elegir cómo responder frente a ellas” fue Epíteto, que era un esclavo romano que vivió en el silgo I, y que llegó a ser luego un consejero del mismísimo Marco Aurelio. Siempre hubo a lo largo de la historia de la humanidad personas que supieron utilizar las circunstancias a su favor. Hay un espacio que es la libertad de elegir cómo responder frente a lo que me sucede. Y eso es lo que nosotros proponemos a las personas a lo largo del libro, libertad para elegir lo que pienso, libertad para elegir lo que digo, libertad para elegir mis acciones y para modificar el curso de la vida que vas llevando por los acontecimientos externos.

-Quedémonos con la palabra “elegir”. Exponen en el libro que hay dos paradigmas en el mundo que lo mueven todo y que son el amor y el miedo. ¿Por qué somos tan autodestructivos y siempre solemos quedarnos con los segundo?
-Verónica: En piloto automático, cuando las cosas salen mal y el peligro te acecha, lo que responde en nuestro cerebro, es una parte muy antigua de la que estamos dotados desde que el hombre estaba en la selva. Es el cerebro reptiliano, el centro de las funciones autónomas. Esa parte del cerebro que tenemos en común con los reptiles, prepara todas las reacciones automáticas de huir o luchar frente a un peligro. Es la parte de nuestro cerebro que no siente, reacciona.

-¿Cuándo se activa?
-Verónica: El mundo moderno nos presenta diferentes situaciones que pueden ser vividas como peligrosas, que a veces son peligros reales, pero que otras veces son peligros imaginarios. Eso nos coloca en una situación defensiva o violenta. Puede servirnos en caso de que haya un peligro muy real, pero normalmente no necesitamos de esa reacción tan automática que podemos necesitar si viene un ladrón y nos persigue. Nosotros necesitamos conectar más el cerebro emocional con el cerebro pensante, que cuando trabajan en armonía nos llevan a tomar las mejores decisiones.
-Florencia: Uno de los frutos del paradigma del miedo, y que tiene mucho que ver con ser autodestructivo, es el perfeccionismo. El perfeccionismo es un camino de infelicidad garantizada, porque nadie es perfecto. Es mejor buscar la excelencia.

-¿Cuál es la diferencia entre alguien que busca el perfeccionismo y el que busca la excelencia?
-Florencia: Su actitud frente al error. El perfeccionista cada vez que se equivoca sufre y se siente mal consigo mismo, y si trabaja con otros hace sentir mal a los demás. Quien busca la excelencia frente al error, siempre se hace la pregunta de, ¿qué aprendí de él? Y capitaliza sus errores, y allí es cuando el error se convierte en oportunidad de aprendizaje y dejamos de ser tan duros con nosotros mismos.

-¿También en épocas de crisis?
-Verónica: Frente a las crisis es importante conocer este doble significado de ver que la crisis es la oportunidad de despertar talentos que estaban dormidos.

-Filosofía oriental total…
-Verónica: Sí, filosofía oriental pero fíjate que la teoría del desafío como concepto la acuñó un inglés, Arnold J.Toynbee, describiendo lo que hacían los egipcios con los desbordes del Nilo, “o sucumbían o se agrandaban”. Descubrieron como encauzarlo y transformaron el desierto en la base fértil del Nilo que permitió florecer su civilización. En realidad las crisis vienen a nosotros, y lo hacen de todos los tamaños y colores para que nosotros nos superemos, siempre y cuando nos demos cuenta de que en la crisis está la oportunidad. De lo contrario, sucumbimos.

-¿Tener miedo puede ser positivo?
-Florencia: Decimos que todas las emociones vienen con un mensaje concreto a nuestra vida. Cuando aprendemos a escuchar qué mensaje traen, es cuando las emociones nos empiezan a jugar a favor y se puedan convertir en una brújula para saber qué acción tomar. Muchas veces el miedo sano nos puede estar indicando que hay algo real que proteger, que nos tenemos que preparar más, que nos faltan recursos para que ese miedo baje. Si lo escuchamos y lo atendemos, estamos haciendo que bajen las posibilidades de que suceda aquello que tememos. Si no atendemos a ese miedo es cuando podemos caer en estados de ansiedad, o de desmotivación. Al prepararnos, ese miedo pierde su fuerza.

-¿Estamos faltos de una educación emocional que nos enseñe a acompañar el miedo en lugar de intentar combatirlo?
-Verónica: No solamente no nos enseñan, sino que en realidad lo que nos enseñan es el camino contrario. Me quedé pensando en tu pregunta anterior y en porqué somos tan autodestructivos. La investigación ha demostrado que a un niño se le dan un promedio de 45 comentarios positivos por día, contra más de 400 negativos. Está documentado. Imagínate, si de temprana edad lo que empezamos a recibir son comentarios negativos hacia nosotros mismos, qué vamos a interiorizar con respecto a nosotros mismos. ¿Por qué somos tan duros con nosotros? De todos los juicios que recibimos los seres humanos a lo largo de nuestra vida, el más duro es el que hacemos nosotros con nosotros mismos. Esa es la mala noticia, la buena es que es algo que podemos modificar. Nosotras decimos en el libro que nos han enseñado todo al revés, que la letra con sangre entra, que no le digas a alguien que lo ha hecho bien porque se agrandará, y es todo lo contrario. Los seres humanos estamos preparados para funcionar bien con emociones positivas. Nuestro cerebro es como un paracaídas, no funciona si está cerrado. ¿Qué lo cierra? Las emociones negativas. ¿Qué lo abre? Las emociones positivas. El reconocimiento, la alegría, la celebración. También darle la bienvenida a la tristeza, al enojo. Pero hemos descartado lo positivo por temor a crear seres arrogantes. Todo lo contrario, la celebración y el reconocimiento en justa medida nos devuelven de nosotros mismos una buena imagen, que es lo que necesitamos para ponernos metas y atravesar desafíos.

¿Qué diferencia hay entre la confianza y la autoestima?
-Verónica: La autoestima es un juicio de valoración que hacemos acerca de nosotros mismos. Todos tenemos una imagen de nosotros mismos cuando miramos hacia dentro, cómo nos sentimos con respecto a esa imagen es la medida de la autoestima. La confianza es la fuerza interior con la que nacemos y que nos permite atravesar retos y desafíos. Están relacionadas, decimos que la autoestima es la confianza que no se puede fingir. Podemos tener mucha confianza, pero si de verdad no tengo autoestima, es decir, una sana valoración de la persona, no habrá meta que me alcanza. La autoestima no debe depender, ni de mis aciertos ni de mis desaciertos. Tengo un valor intrínseco. ¿Por qué? Porque soy ser humano.

-¿Pueden describirme algunas acciones que nos sirvan para cultivar nuestra autoestima de manera diaria?
-Florencia: La autoestima se reconstruye reconociendo lo que hacemos bien, nuestros talentos, nuestros logros. Es algo que también recomendamos en nuestros cursos, hacer una lista con los cien logros que hayas tenido en tu vida. Un logro no tiene porque ser grandes cosas, puede ser aprender a cocinar tal cosa, o ir de viaje a tal sitio. Es importante hacer una lista con cien logros para subir tu autoestima.
-Verónica: Sí, reconocer cuáles son mis talentos, hacer una lista simultánea de cuáles son los talentos que tenemos. Estamos más acostumbrados a pensar en lo que no sabemos hacer que en lo que sabemos hacer. Eso hace que demos por sentados los talentos que tenemos.
-Florencia: Y luego tres cosas muy cortitas. Dejar de compararnos, no sirve para nada y siempre nos comparamos con alguien que está en mejor posición. Dejar de quejarnos, la queja parece aliviadora pero no soluciona nada. Y dejar de escondernos, que tiene que ver con reconocer cuáles son nuestros talentos.
-Verónica: Y tiene que ver también en proponernos tener un sueño. En el momento en que yo empiezo a pensar cuál es mi sueño, salgo al mundo, corro las cortinas y digo “aquí estoy”. Atravesando el miedo que va a venir con la meta nueva, pero sabiendo que voy a crecer dentro de este sueño, y eso hace que aumente tu autoestima.

-¿Por muy mal que esté la situación? Se lo digo porque puede haber lectores que estén atravesando por momentos personales duros y no vean la luz del túnel desde hace tiempo…
-Florencia: Dos cosas, primero recordar que no podemos elegir nuestras circunstancias externas, es cierto, si se enferma un familiar, me echan del empleo, o me deja mi pareja, son cosas que no podemos elegir. Pero siempre podemos elegir cómo responder a eso, cómo interpretarlo. Y si lo interpreto como una desgracia, o como el fin del mundo, lo será. Si decido preguntarme, ¿cuál será la oportunidad que hay en esta crisis? Quizás la encuentre, o por lo menos sospechar. ¿Habrá una oportunidad en esto que estamos atravesando? Eso hace que mi cerebro busque. Hay que recordar que los momentos de incertidumbre pueden despertar talentos en nosotros que no sabíamos que teníamos y que nunca se despertarían si todo estuviera bien.

-¿Sabemos perdonar y quitarnos piedras de encima?
-Verónica: No sabemos, porque no nos damos cuenta del peso que nosotros mismos estamos acarreando. Muchas veces no perdonamos porque creemos que perdonar es ser condescendiente con lo que el otro ha hecho, y hay cosas que no puedo perdonar, claro que sí. Tenemos que ser conscientes de que perdonar es liberarme a mi mismo del peso que voy acarreando, y de un resentimiento que me estanca y no me permite fluir. Eso genera un estado de ánimo negativo. En el momento en el que yo decido perdonar, me alivio y entro en paz, y esa paz me da energía para seguir viviendo alegre y feliz, con nuevas metas. Todos necesitamos de perdón, porque no hay ningún ser humano que no se haya equivocado, así que cuando perdono al otro, en el algún punto estoy perdonando algo de mí.

-Aseguran en su libro que los pensamientos tienen mucho poder. ¿Cómo podemos cambiar los pensamientos negativos por positivos?
-Verónica: Convirtiéndonos en observadores de nuestros pensamientos, nosotras decimos que tenemos que silenciar al crítico interno. El crítico que está todo el día diciéndome que esto no me va a salir, o no lo podré hacer. Hay que dar lugar a que salga el observador, ¿cómo observo lo que estoy pensando? Escuchándote a ti mismo, y haciéndote estas preguntas, ¿este pensamiento me sirve? ¿Me abre los caminos o me los cierra? ¿Me hace sentir bien o mal? Porque si no me abre los caminos, me hace sentir mal y no me da ninguna posibilidad, ¿qué hago? Sabiendo que los pensamientos no son verdades absolutas, los pensamientos son pensamientos, y por lo tanto hay que elegir uno que me haga sentir bien, que me abra los caminos y que me de posibilidades.

-Ya no es un secreto que socialmente no está muy bien visto expresar las emociones, especialmente las negativas, como la tristeza o el dolor. ¿Estamos logrando cambiar esta tendencia y darle la importancia que merecen las emociones?
-Florencia: Sí, a partir de la neurociencia y de las escuelas de negocios que han demostrado que el 75% del éxito laboral depende de factores ligados a la inteligencia emocional, y sólo el 25% tiene que ver con el coeficiente intelectual. A partir de este tipo de descubrimientos, hay mucha más conciencia de la importancia de saber manejar las emociones con inteligencia. Para ello, hay que conocerlas, a veces no sabemos ni lo que sentimos. Tenemos que saber a qué me invita esta emoción. La neurociencia ha demostrado que nuestros cerebros están diseñados para contagiar emociones, quiera yo o no. Las emociones han dejado de ser parte de tu vida privada, si voy a una reunión enojada, acabaré contagiando a los demás. La buena noticia es que las emociones se propagan como un virus, pero las que más rápido lo hacen son la alegría y la cordialidad.

-Un tabú establecido desde hace tiempo es el de que la gente no cambia. Ustedes parecen no estar de acuerdo en su libro…
-Verónica: Sí, hay una frase muy famosa en un tango argentino que dice, “si soy así, qué voy a hacer”. Como diciendo, yo soy así, no puedo cambiar, es muy pesimista. El nuevo paradigma, que tiene que ver con la investigación, afirma que el lenguaje no solamente describe al mundo, crea al mundo. De manera que los seres humanos sí que podemos cambiar si nos damos permiso, y si empezamos a ser conscientes de que lo que decimos crea una realidad, la pregunta es, ¿qué realidad quiero crear?

-Se han convertido durante todos estos años en observadoras de la actitud del ser humano ante la vida, ¿cuál dirían que es la más común?
-Verónica: Hay ciertos temas que son universales, y lo que más ha fallado es el amor por nosotros mismos, es el sentimiento más mal entendido, el más difícil de todos, el más olvidado. Creo que ese es el gran tema y la gran necesidad de los seres humanos. A partir de aquí, todo lo demás es posible. Como decimos nosotras: ¿Imposible? Yo, soy posible, y a partir de aquí, todo es posible.

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Fuente: La Vanguardia

 

Evânia Reichert: También los adultos deben conocer sus límites a la hora de educar y relacionarse con la infancia.

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Evânia Reichert es escritora, periodista y profesora del Programa SAT, creado por Claudio Naranjo. Se declara de izquierdas y ecologista pero está convencida de que la auténtica revolución empieza por educar bien y que la inteligencia no depende tanto del adn como de los besos y abrazos que recibimos en la infancia -y también a lo largo de la vida. Lo explica en detalle en su libro “Infancia, la edad sagrada”, de Ediciones La Llave.

¿Cómo influye en la construcción del cerebro el afecto que se recibe en la primera infancia?

Aunque la investigación que llevo a cabo sobre el desarrollo del niño es esencialmente interdisciplinar, creo que también es importante poner de relieve este tipo de información. Sobre todo porque la neurociencia aporta una contribución muy concreta, comprensible para cualquier persona, y también para satisfacer a los que necesitan “evidencias científicas” para entender la urgencia de la prevención biopsicológica, el binomio salud-educación y la interacción entre el cuerpo, la psique y el ambiente.
El contacto corporal afectivo genera bienestar y esa sensación agradable libera una hormona que estimula la sinapsis, las conexiones entre las neuronas y la formación de redes neuronales, promoviendo aún más el desarrollo temprano del cerebro. Del mismo modo, también la hormona del estrés, el cortisol, puede ser crucial para la promoción de la poda de las sinapsis, causando déficit en el desarrollo y las matrices de la depresión y la ansiedad, algo que puede marcar negativamente la constitución psíquica de una persona. En las últimas décadas, la neurociencia ha demostrado con pruebas de tecnología punta la relación directa entre el afecto, el desarrollo temprano del cerebro, el estrés y la depresión. Pero nada de esto es nuevo. De hecho, el psicoanálisis y sus herederos siempre hablaron de todo esto, en el campo de la subjetividad. Lo importante es que hoy en día tenemos más evidencia de que en los primeros años de vida la maduración biopsicológica, alimentada por el afecto, da lugar a virtudes como la capacidad afectiva y el sentido humanista, el reconocimiento mutuo y la alegría. Estas contribuciones abren, aún más, nuevas vías para el trabajo de prevención de los trastornos biopsicológicos, incluso entre personas que no tienen en cuenta la subjetividad de los niños como un tema importante. Desde el año 2000, la Organización Mundial de la Salud ha insistido en la urgencia de la prevención en la infancia como una manera de hacer frente al crecimiento de la depresión y la hiperactividad en la infancia, la adolescencia y la vida adulta.

¿Qué transmitimos en la gestación?

En el pasado se creía que el útero era un lugar seguro y tranquilo, pero hoy se sabe que muchas veces el ambiente uterino puede ser un lugar de tensión y ansiedad. La gestación es el período de la formación del temperamento carácter, que es innato, una mezcla de la genética y las condiciones emocionales del ambiente uterino. Lo ideal sería que el embarazo fuera muy tranquilo porque el bebé recibe a través de la placenta, toda la carga de ansiedad y el estrés que vive la madre. Del mismo modo, el niño en formación recibirá las sensaciones océanicas de tranquilidad y bienestar, siempre que la madre esté saludable y tranquila. Este no es un compromiso sólo de la madre, sino todo el entorno social: el respeto y el celo con el estatuto especial de una mujer embarazada, por el simple hecho de que lleva una nueva vida en su vientre.

¿Qué transmite específicamente la madre?

El bebé siente lo que siente la madre. Una mujer embarazada puede transmitir muchas cosas a su hijo, tanto positivas como negativas. El feto, el bebé y el niño pequeño son expertos en captar el inconsciente parental, la energía del ambiente, la tensión o la paz que está en el aire. La madre transmite su amor a su bebé, su paz, la aceptación de que se le desea, las conversaciones de amor con él, los nutrientes y la atención a la dieta y la salud en este período. Del mismo modo, una madre ansiosa también pasa al feto la ansiedad, y más tarde en la lactancia, la leche también puede perderse debido a la tensión emocional vivido en la familia. Un bebé en gestación en un útero muy agitado tiende a estar muy agitado después, insertándose este rasgo en su carácter. El autismo también puede venir del embarazo, aún no se sabe cuáles son sus causas, si son genéticas o ambientales, pero es un comprometimiento que se da en el inicio de la vida, así como también la psicosis.

¿Qué transmite el entorno?

El entorno afecta a la unidad materno-infantil, promoviendo la tranquilidad y el bienestar o la angustia y la tensión. Todos en la familia, en la guardería, la escuela o en el medio social, deben velar por el desarrollo inicial de un niño como algo sagrado.

La llegada a este mundo, ¿es un entorno inhóspito, por mucho que lo dulcifiquemos?

Podría no ser inhóspito, pero aún así, la mayoría de las veces aún lo es. Yo digo que sigue siendo inhóspito, porque creo que un día estas conductas sin humanización serán vistas como una limitación, como algo impensable que sucedió en el pasado. En la mayoría de los hospitales, al menos en los países que siguieron el paradigma estadounidense de medicalización del parto – como es el caso de Brasil – los procedimientos de rutina del personal del hospital se realizan inmediatamente después del nacimiento, incluso si el bebé es fuerte y está bien , aunque no es una necesidad vital. Antes de que el bebé se quede con la madre, el equipo médico practica los procedimientos de rutina: el peso, la aspiración repetida de la vías respiratorias, exposición al ruido, tacto grosero y abrupto, etc. Es decir, la subjetividad del niño y su madre no es prioridad, incluso cuando está bien. En Europa, el paradigma ha sido siempre el nacimiento con un mayor respeto a la madre y el bebé. Sin embargo, el aumento del número de partos por cesárea en muchos países europeos es alarmante y muestra un cambio, yo diría un retroceso. Por todas estas razones, es importante y urgente que se hable de la humanización del parto y del periodo postnatal. Hay nacimientos, aunque el riesgo sea el normal, que se convierten en un momento de violencia impresionante, porque no hay una conducta de humanización. El momento del nacimiento es el primer registro – somático – de cómo es el mundo al que llegamos. Es necesario reducir al máximo el impacto del pasaje entre el espacio intrauterino y el extrauterino, ya que este momento es ya de por sí impresionante. Humanizar el parto significa no sólo la reducción de las cesáreas, sino la humanización de todo el proceso de nacimiento, respetando la subjetividad de la madre y del bebé. Este es un momento sublime. Quien se dedica a atender partos, también debe mirar este momento desde un nuevo paradigma: el de la humanización. Vivimos en un tiempo magnífico en el que podemos desarrollar la humanización tanto en lo que respecta al personal médico y comadronas como también a la tecnología y recursos médicos, cuando sean necesarios.

¿Cómo facilitar la adaptación del bebé a la vida fuera del útero materno?

En el primer mes, sobre todo en los primeros diez días de vida, es necesario el respeto al estado de extrema sensibilidad del bebé, que aún se encuentra en un estado similar al intrauterino. Por supuesto, es un momento de fiesta y alegría para toda la familia, pero para cultivar la autorregulación y el respeto biopsicológico hacia este nuevo ser, hay que preservarlo de todos los excesos, porque todavía es muy sensible. Creo que los padres deben acordar con amigos y familiares que las visitas se pospongan, o se reduzcan y organicen para después de los 15 primeros días, de modo que la casa tenga intimidad, tranquilidad y, sobre todo el silencio. Hasta 28 días de vida el bebé es todavía un recién nacido. Este tiempo también hace posible que la madre y el padre puedan apropiarse del intenso proceso que es aprender a cuidar a su bebé y entenderlo. Como ya decía Winicott, es en el silencio y la relajación donde el bebé comienza la integración gradual de soma y psique. Poco a poco, el bebé va a adaptándose y saliendo de su interior hacia el otro. La visión de Wilhelm Reich entiende que el núcleo psicótico se forma a temprana edad, debido a la imposibilidad de la integración y la falta de contacto profundo entre el bebé y la madre, o con la persona que cumple la función materna.

¿Cómo podemos transmitir confianza en el bebé para afrontar la vida más tarde, en la infancia y en la etapa adulta?

La confianza, que es la fe en sí mismos y en la vida, es la primera virtud que desarrollamos ya en el inicio de la vida. Eric Erikson trajo este mapa correcto y orientativo sobre la crisis normativas de cada edad. Indicó que la confianza básica se constituye en el primer año de vida, como resultado de la atención temprana y buenos vínculos entre los padres y los bebés. Su polaridad, la desconfianza básica, puede llegar a ser dominante cuando el niño no ha sido cuidado y atendido en sus necesidades emocionales básicas. Estos son puntos clave que deben ser conocidos y fortalecidos en el sentido común, a nivel popular. Cada vez es más urgente trabajar con la prevención de los trastornos biosicológicos. Actualmente, tenemos un crecimiento significativo de los episodios psicóticos, y en veinte años, según la OMS, la depresión será la enfermedad dominante en todos los países, superando el cáncer y las enfermedades cardiovasculares. Cuando la sociedad entienda que la matriz de la depresión es oral, o sea, que ya está inscrita como enfermedad desde el inicio de la vida, la prevención biopsicologica pasará a ser un asunto muy urgente para evitar la agravación de esta que ya es una calamidad mundial. En los primeros años de vida si el niño tiene la suerte de recibir un buen trato, y cuidadores suficientemente buenos, podrá formar una especie de fondo de reserva para el resto de las etapas de la infancia, la adolescencia y la vida adulta.

 ¿Cómo acompañar en el desarrollo a lo largo de la infancia?

Me encanta la metáfora “los árboles no dejan ver el bosque”. Creo que esta es una buena frase para que nos trabajemos. Ver sólo el árbol, o ver al otro de forma reducida, es nuestro gran problema hoy en día: no vemos la totalidad, la totalidad de las cosas. Por lo tanto, es urgente educar a los adultos, porque realmente reproducen las marcas de su infancia en sus modos de educar. Wilhelm Reich creó el primer proyecto de prevención de las neurosis, en 1920, en Austria, y dijo que el adulto tiene que autoconocerse para no ser tan automático en esta reproducción de los patrones recibidos de la familia de origen. Claudio Naranjo aportó después todo un estudio completo sobre el legado del patriarcado que cargamos en nuestro propio legado de educación.
Debemos tener la humildad y la grandeza de reconocer esto, si no, no vamos a salir de esta crisis. La escasa importancia que se le da a la subjetividad de un niño, desde el momento del nacimiento hasta la edad adulta, es la manifestación más clara de cuán adentro estamos aún de una sociedad patriarcal. Está en quiebra y en colapso, por suerte, pero todavía en vigor. El cuidado de los niños es una cuestión de ciudadanía. Para cambiar el nivel de conciencia de los adultos con respecto a la determinación del cuidado biopsicológico con las nuevas generaciones, para pensar en la construcción de un mundo más humano y menos violento, es necesario aprender lo que necesita un niño, en qué se está formando en cada edad desarrollo, de modo que se pueda estimular en la medida justa, cultivando la autorregulación en la educación.

¿Se puede “enseñar” a ser una buena persona, a amar, a confiar en la vida?

Creo que esto puede ocurrir a través del cultivo del respeto biopsicológico, el respeto al tiempo del niño y de buenos vínculos en la relación adulto-niño, niño-niño, adulto-adulto. Los niños amados y respetados realmente se convierten en buena gente y serán buenos padres, buenos cuidadores. El fondo de reserva recibido en el inicio de la vida, el reconocimiento mutuo y la afectividad desarrollada serán pilares para convertirse en seres humanos humanizados y no brutalizados.

¿Cuáles son los principales errores que deberíamos evitar en la educación en la infancia?

Las recetas y consejos sobre lo que está bien o mal, hablando en la educación y cuidado de los niños, son un peligro. Este es uno de los grandes males de nuestro tiempo, creo: los recetas y la desconexión con el conocimiento esencial. Tenemos miles de publicaciones que son recetas para la pronta resolución de los problemas educativos. Literalmente hablan de cómo educar a un niño de un año, dos años, cinco años, 12 años. Cómo hacer que coma, cómo hacer que duerma, cómo hacer que amen… Las recetas de aplicación generalizada, sin tener en cuenta la subjetividad de cada niño, cada familia, cada cultura, pueden ser muy perjudiciales. Un ejemplo absurdo que circula por ahí es la peligrosa frase: “deje que el bebé llore hasta que se duerma, para que aprenda a dormir solo.” Un bebé, un recién nacido o un niño de cinco o seis meses, es incapaz de explicar el desgaste psicológico que esto le provoca. Tiene que ser servido en sus necesidades. Si le dejamos llorar, va a terminar durmiendo, pero sólo después de haber llorado mucho, de haberse colapsado. El bebé va a registrar que no tiene sentido pedir más, que no va a ser atendido en su necesidad. O bien se agitará hasta el extremo, cuando necesite algo. Es importante saber que cada niño tiene su propia historia y ninguna regla se aplica a todos. Las recetas sirven solamente para resolver un problema inmediato y no para pensar en la formación integral de la persona. El otro inconveniente es que, a través de dichas recetas, se evita que los padres piensen, estudien y tomen posesión de su sabiduría maternal y paternal, que conoce desde las entrañas y el corazón lo que es mejor para su hijo. Yo creo que conociendo las etapas de la infancia, cultivando la autorregulación en materia de educación, trabajando para no reproducir de forma automática las neurosis del adulto en el más pequeño, acertaremos más y nos sentiremos menos culpables de la violencia cotidiana que ejercemos con nuestros hijos. O incluso, de la violencia que los niños ejercen con los padres y profesores, fortaleciendo el filiarcalismo que a veces se ejerce en el interior de los hogares. Esta es otra manifestación del fracaso de prácticas educativas sin consistencia, que sólo hacen lo contrario de lo que vieron, andando al revés. En lugar de simplemente querer hacerlo bien, lo mejor es sensibilizarse, aumentar la conciencia, crecer como persona, buscar maneras de construir una nueva maternidad, y paternidad que cultiven el respeto biopsiocológico y el amor como una pedagogía relacional.

La disciplina, tener en cuenta a los demás, ¿dificulta o desarrolla la sensación de libertad?

Los niños respetados son pacíficos y respetuosos. Los pequeños necesitan mucha libertad para expresarse, pero también de límites amorosos que promuevan el sentido de autorregulación biopsicológica en sus aspectos organísmico, psicoafectivo y psicosocial. Los límites son esenciales para que exista respeto personal e interpersonal. Este es el gran problema hoy: la falta de respeto por sí mismo, el otro, a la naturaleza, entre muchas otras cosas. Sin embargo, cabe señalar que antes de hablar sobre los límites a los pequeños, tenemos que hablar acerca de los límites de los adultos. Estos, en su mayoría no han aprendido todavía a tener límites en su modo reactivo de tratar a los niños y niñas. Movidos por sus heridas de la propia infancia, los padres y los educadores tienden a ser muy reactivos y automáticos en sus formas de actuar y entender al niño, sin tener en cuenta la subjetividad de los niños en cada edad. Wilhelm Reich dijo que los adultos tienen una compulsión a educar, lo que traduce muy bien el comportamiento promedio de los padres y educadores, incluso en nuestros días. Hay una cierta pretensión adulta de hallarse siempre en lo correcto en relación con los niños. Reich afirmó y, más recientemente, Claudio Naranjo también: hay que educar al educador – ya sea madre, padre, maestro o cuidador -, pues el adulto reproduce las marcas de su infancia en su manera de educar. La expresión “dosis óptima”, procedente de Reich, se refiere al cultivo de la autorregulación en la educación de un niño, lo que requiere que el adulto y el entorno social también se autorregulen.

 ¿Cómo ayudar al niño o a la niña a que construya una imagen de sí misma positiva sin que acabe siendo esclava de esa imagen?

Comprendiendo que la autoestima se forma a lo largo de las fases de la infancia, desde el primer año de vida: en primer lugar surge la confianza en sí mismo, y después la autonomía, la estima por su identidad sexual, operacional y existencial. Yo creo que la discriminación entre los valores fundamentales y valores pseudosociales es determinante para que el niño aprenda la diferencia entre el amor propio y la vanidad, el consumismo y la necesidad real, la cooperación y la competencia, por ejemplo. Apoyarse en los valores fundamentales da consistencia a la estima personal. El cultivo de la autorregulación en la educación, es decir, el respeto biopsicológico y vínculos suficientes buenos, aliados con los propósitos de la educación para el ser y el convivir, propuestos por Edgar Morin, son una buena manera segura de llegar a un mundo más humano, más justo y menos enfermo. Como dice Claudio Naranjo, en este momento histórico el renacimiento se dará por la vertiente de lo psicológico. Y esto parece cada vez más claro,  pues la crisis actual es de naturaleza psicológica y de proporciones sin precedentes. Basta con mirar el creciente consumo de drogas psiquiátricas, el impresionante aumento de episodios psicóticos, la adicción a las drogas alarmante, la depresión y la crisis existencial de este tiempo.

 ¿Cómo ayudar a una criatura para que esté abierta, en el presente y en el futuro, a los cambios de la vida y de sí misma?

Promoviendo el desarrollo del ser, la libre expresión respetuosa, la autenticidad, la creatividad, las relaciones humanas. Permitiendo que el niño entienda que las pérdidas son parte de la vida. Permitiendo que sufra, cuando eso se deriva de los hechos de la vida, dejando que exprese su dolor y acogiéndolo. Una vez más, insisto en esto: no existen modelos o recetas a seguir. Tanto un niño sano, como un niño enfermo o un hijo discapacitado o un adolescente o un joven o un adulto o un anciano, todos nosotros siempre necesitamos lo mismo: ser vistos y reconocidos en nuestra individualidad, sin estigmas, con respeto y amor.

 ¿Cómo transmitir unas creencias y actitud flexibles (contra la rigidez de pensamiento), de amor y confianza en la vida?

La rigidez en el pensamiento y en las relaciones es la propia rigidez del carácter. Cuanto más patológico es el carácter de una persona, más rígido es. Cuanto más autorregulada y saludable, más flexibles serán sus creencias y actitudes. Podemos hacer mucho por la apertura y la flexibilidad biopsicológica de las nuevas generaciones si nos fijamos en la infancia con un sentido de la prevención de los trastornos psicoafectivos y psicosociales. La prevención comienza desde el nacimiento por medio del respeto a la subjetividad de la madre y del bebé. La fluidez es una habilidad desarrollada cuando hay respeto biopsicológico, cultivo de la autorregulación y buenos vínculos entre el niño y la familia en todos los años de la infancia. Hecho esto, los años siguientes serán más fluidos, aunque las condiciones de vida se vuelvan difíciles. Después de todo, hay un fondo de reserva, hay una base psicoafectiva para seguir adelante.

Por Marié Morales.

Fuente: crecejoven

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“La adicción a la prisa nos impide ser felices”

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Encuentro con el impulsor del Movimiento Slow, quien publica ahora “La Lentitud Como Método”, con nuevas herramientas para vivir mejor en un mundo cada vez más veloz.

Hace una década publicó “Elogio de la lentitud”  , un best seller internacional que se convirtió en el manifiesto del Movimiento Slow y que dio origen a un sinfín de movimientos: desde la comida lenta, las ciudades lentas o el sexo lento hasta el club de la pereza, en Japón.

Ahora, con La lentitud como método, Carl Honoré quiere pasar de la filosofía y los estudios científicos y sociales a ofrecer herramientas para ser eficaz y vivir mejor en un mundo veloz. Para él, la gran revolución del siglo XXI será pasar de hacer las cosas lo más rentable y rápido posible a hacerlas lo mejor posible y pensando a largo plazo; y es aplicable a todo: planeta, política, trabajo, salud, relaciones, sexo.

– Por qué se puso a investigar sobre el tiempo?
– Fue un momento epifánico: una noche, a la hora de la lectura del cuento, mi hijo pequeño me preguntó: “Papá, ¿por qué esta vez sólo hay tres enanitos?”.

– ¿…?
– Me saltaba líneas, párrafos y capítulos porque siempre tenía prisa.

– Es una triste realidad muy extendida.
– Yo me di cuenta de que había perdido la brújula y que debía reconectar con mi tortuga interior. Como periodista, quise entender mi adicción a la prisa y me puse a investigar en todos los campos.

– ¿Y descubrió que la prisa mata?
– Mata, nos lleva a cometer enormes errores, nos roba nuestro tiempo y nos impide ser felices. Vivimos en la hiperactividad y la hiperestimulación, y eso nos resta capacidad de gozo, de disfrute, de acceder al placer de cada momento. Mire qué bonito día hace.

– Precioso, sí.
– ¿Dará un paseo y comerá en una terraza al sol, o lo hará rápidamente en la oficina para poder ir al gimnasio?

– Es una opción bastante común.
– A mí eso del gimnasio me parece una metáfora del mal uso del tiempo. Podemos encontrar momentos de ejercicio mucho más sanos y agradables que estar encerrados en una jaula tecnológica con música, pantallas y sudor ajeno; pero somos adictos a las soluciones rápidas y empaquetadas.

– ¿Por qué hacemos eso?
– La industrialización trajo la idea de que el tiempo es oro y empezamos a contar minutos y a darles un valor económico. El tiempo se asoció al dinero y eso no nos deja vivir. Las soluciones rápidas conllevan errores que luego hay que subsanar con más tiempo y más dinero.

– Pero insistimos…
– Sí, porque por cada hallazgo, por cada solución rápida, por esos pequeños triunfos, recibimos una descarga química; eso, unido a que estar ocupado y estresado es signo de prestigio, lleva a que literalmente nuestra relación con el tiempo nos haga infelices. Debemos aprender de nuevo la lentitud.

– Primero habrá que valorarla.
– No hay más que informarse: todas las grandes ideas son el resultado de horas en soledad mirando el cielo, pensando y planificando. Cuando surge la chispa, esa brillante intuición no es más que el resultado de tu base de datos, de relacionar una idea con otra. Las investigaciones sugieren que se requieren diez mil horas de práctica para dominar una disciplina hasta el punto de poder dar los saltos intuitivos que diferencian a los mejores de los mediocres.

– Me está hablando de dedicar horas.
– Le estoy diciendo que son los detalles ínfimos y cotidianos los que marcan la diferencia, y para percibirlos y trabajarlos nuestro objetivo ha de ser el largo plazo.

– ¿Pensar en lo pequeño para llegar a lo grande?
– Para llegar a lo óptimo. Si no tiene tiempo de hablar con su pareja, de jugar y reír con sus hijos, ¿qué relación espera tener? Si en general dedicamos más tiempo a mirar la tele que a mirarnos a los ojos, ¿espera que la pasión se instale en su vida? ¿Qué cree que lamentará más su marido en su lecho de muerte, haberse perdido partidos del Barça o no haber amado más profundamente?

– Entiendo.
– John Wooden, considerado uno de los mejores entrenadores de la historia del deporte universitario, batió el récord al ganar diez campeonatos en diez años. Enseñaba a sus jugadores a ponerse las medias, cómo enrollarlas, meter la punta del pie e ir desenrollándolas. Decía que las medias arrugadas causan ampollas que afectan al rendimiento, pero sobre todo que la atención a los pequeños detalles que pasan inadvertidos es la diferencia entre ser campeones y casi campeones.

– ¿Qué nos aconseja para convertirnos en campeones?
– Acepte la incertidumbre, que es consustancial a la vida y que en esta sociedad llevamos muy mal. Reconozca las equivocaciones, porque eso permite cambiar la óptica y encarar el mundo con más frescura intelectual. Y, sobre todo, juegue.

– ¿A qué?
– A explorar sin prejuicios. Hoy la ciencia nos dice que el juego puro nos reorienta el cerebro y nos provoca una expansión de creatividad. Es otra manera de pensar que nos conecta con el otro para argumentar, desafiarnos, crear.

– Requiere esfuerzo.
– Buscamos atajos que tratan los síntomas del problema en vez de la causa y queremos que la solución nos entregue un punto final, pero para los problemas complejos no hay punto final.

– Su música de fondo es el tic tac…
– Gracias a las nuevas neurociencias sabemos que simplemente mirando un reloj al ser humano le entra angustia. Yo lo he desterrado.

Fuente: Clarín.com

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Joe Dispenza: “Si quieres otra realidad, debes convertirte en otra persona”

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Joe Dispenza, doctor en Quiropráctica, bioquímico y neurocientífico
La ley del cambio:
Nuestra personalidad y nuestra realidad se han construido según cómo pensamos, actuamos y sentimos. Con mucha disciplina, entrando a diario en nuestro cerebro, podemos, según Dispenza, crear nuestra realidad. En su último libro, Deja de ser tú (Urano), explica cómo y propone un aprendizaje de cuatro semanas. Quiropráctico con una vida de película, tuvo una lesión que le hizo replantearse las capacidades de nuestro cerebro y se convirtió en bioquímico y neurocientífico. “Primero investigué las remisiones espontáneas de enfermedades y analicé qué tenían en común las personas que lo conseguían. Luego decidí reproducirlo, y todo lo que es reproducible se convierte en una ley”.

Lleva años defendiendo que podemos llegar a controlar nuestra mente y la realidad.
La mente determina la experiencia exterior, porque todo se reduce a campos de energía, de modo que nuestro pensamiento altera constantemente nuestra realidad. Es posible cambiar circunstancias de la realidad si sabemos cómo.

Pues debo de ser muy torpe.
Si sostiene los mismos pensamientos, si lleva a cabo las mismas acciones y vive con los mismos sentimientos y emociones, su cerebro y su cuerpo seguirán igual; pero cada vez que aprende algo establece nuevas conexiones que cambian físicamente su cerebro.

Nos pasamos la vida aprendiendo.
No todos. Aun así, aprender no es suficiente. Has de aplicar lo que aprendes, y cuando empiezas a experimentar las emociones de esa experiencia, entonces literalmente das nuevas señales a tus neuronas y creas nuevas sinapsis: a eso se le llama evolución.

Si fuera tan sencillo…
Siempre estamos creando un futuro, lo que pasa es que solemos crear el mismo, reafirmamos nuestra personalidad. Vivimos dirigidos por una serie de pensamientos, conductas y reacciones emocionales memorizados (temor, culpabilidad, falta de autoestima, enfado, prejuicios…) que son muy adictivos y que funcionan como programas informáticos instalados en el subconsciente.

¿Dónde está el cambio?
En ser más grande que las circunstancias de tu vida. O somos las víctimas de nuestra realidad o los creadores.

Suena a autoayuda.
Si analizamos grandes personajes de nuestra historia, vemos que todos ellos pensaron e imaginaron un futuro el suficiente número de veces como para que su cerebro cambiara literalmente, hasta el punto de que sentían esa experiencia deseada como si ya hubiera sucedido.

Primero crearon el cambio en ellos.
Cambiar significa ir más allá del entorno, el cuerpo y el tiempo. Podemos hacer que el pensamiento sea más real que cualquier otra cosa, y lo hacemos a diario: si estamos conduciendo por una carretera pero concentrados en nuestro pensamiento, no vemos la carretera, no sentimos nuestro cuerpo y no sabemos cuánto tiempo ha pasado. Ese estado es el que utilizamos para crear.

Absortos en la emoción.
Pero la mayoría de las personas están pensando en sus problemas en lugar de pensar en las posibilidades.

Pero pensar en algo no lo hace real.
Una vez tenemos una visión, nuestro comportamiento debe responder a las intenciones. La mente y el cuerpo deben trabajar juntos. Tenemos que escoger de manera distinta de como hemos escogido para que pueda suceder algo nuevo. Si quiere crear una nueva realidad personal, tiene que, literalmente, convertirse en otra persona.

¿Cómo?
Mediante un programa de meditación desligada de misticismos que pretende que el cerebro y el cuerpo no respondan de forma predecible. Se trata de que se convierta en una habilidad, de abrir la puerta del sistema operativo, de todos esos programas subconscientes donde realmente ocurre el cambio.

Pongamos, por ejemplo, la ansiedad…
El escáner de alguien con ansiedad o con depresión es el mismo: el cerebro empieza a segregar química como si eso que teme la persona estuviera sucediendo, y con el tiempo esa química se convierte en adictiva.

¿Cómo salir del bucle?
Meditación significa familiarizarse con. Si haces conscientes tus pensamientos y tus hábitos automáticos y observas las emociones, empiezas a objetivizar tu mente subconsciente. Si te familiarizas con los aspectos de ti mismo que crean la ansiedad (o lo que quieras cambiar), durante la vigilia observarás cuándo empiezas a sentirte de esa manera y serás capaz de cambiarlo.

¿Y a partir de ahí?
Si decides quién quieres ser, cuál es el gran ideal de ti mismo, qué pensamientos quieres tener, qué conductas quieres demostrar, qué emociones quieres experimentar; si te recuerdas cada día quién ya no quieres ser y quién quieres ser y empiezas a pensar en nuevas formas de ser, cuanto más pienses en ello y más lo planifiques, más estás instalando los circuitos en el cerebro.

Cuanto más te observes a ti mismo, menos serás tú mismo.
Exacto. Si podemos enseñar al cuerpo a confiar en el futuro y vivir en la alegría, creamos nuevas conexiones. Una atención clara y una emoción elevada cambian el destino. Pero requiere disciplina. El simple pensamiento positivo no funciona, porque la negatividad está instalada en el subconsciente. Los cambios verdaderos consisten en ser consciente de tus reacciones inconscientes.

¿Y qué dicen sus colegas?, ¿le tratan de esotérico, chiflado…?
Hay una división intelectual: tengo colegas que defienden teorías similares a las mías y somos tan científicos como los que defienden modelos más convencionales. Pero yo propongo que se pruebe y se juzgue.

Fuente: La Contra. La Vanguardia

“Hay que aplicar los hallazgos psicológicos a la pedagogía”. Noemi Paymal

Noemi -La Contra

Tengo 54 años. Nací en París y vivo en Bolivia. Me casé dos veces y tengo 4 hijos. Licenciada en Antropología. Los niños de hoy tienen talentos innatos excepcionales, y debemos facilitarles las herramientas para que los desarrollen. Siento que vivo conectada a algo superior.

Como antropóloga y según múltiples estudios puedo asegurar que los niños nacidos a partir del año 2000 tienen mayor percepción y sensibilidad en los ámbitos fisiológico, afectivo, emocional, ético, conductual, cognitivo, social, psíquico y espiritual.

¿Cuál ha sido su campo de trabajo?

Sobre todo América Latina, pero me he reunido con especialistas de todo el mundo que corroboran nuestros estudios. Creamos un centro en Ecuador en el que reunimos pediatras, psicólogos, psicopedagogos y antropólogos para concretar esos cambios que observábamos en los niños.

¿Y?

Los psicólogos afirman que los niños de hoy son más precoces y maduros, y los pediatras corroboran que los niños de dos años están haciendo cosas que corresponden a los de cuatro. Las estadísticas que hemos realizado cifran ocho casos atípicos sobre diez.

Eso es mucho.

Sabíamos que la sobreestimulación daría como resultado niños precoces, pero el fenó- meno va más allá: la velocidad de cambio es muy fuerte y rebasa la capacidad educativa.

Cuénteme.

Son autodidactas, con alto desarrollo psicoemocional y, si se lo permitimos, muy autónomos desde muy pequeños. Su inteligencia emocional está supradesarrollada, lo que les proporciona velocidad de entendimiento. Asimilan las cosas como un todo y de inmediato.

¡Superniños!

Funcionan por asociación, basta un elemento visual, táctil, auditivo, cognitivo… para que se desarrolle la memoria o la comprensión. La inteligencia emocional es más importante que el coeficiente intelectual.

¿Y cómo se educa?

Artes, teatro, danza, música; todos los juegos o cuentos creativos donde el actor o el héroe manejan adecuadamente las emociones, ejercicios que refuercen la autoestima y los pensamientos positivos. Y recomiendo prestar mucha atención al saludo inicial de la clase y a la despedida de la jornada.

¿Cómo aprenden estos niños?

La enseñanza se debe basar en lo visual y en el movimiento más que en lo verbal. Incentivar actividades ligadas a la creatividad, la imaginación, lo artístico. Dejarles que hagan varias tareas a la vez (está en su naturaleza). Proponerles ejercicios que desarrollen la intuición y el pensamiento ráfaga o flash (extremadamente rápidos). Educarlos en la contención, no en los límites. Hay que darles responsabilidad y confianza.

Parece lógico.

Utilizan todas las inteligencias. Las clásicas son la lingüístico-verbal y la lógico-matemá- tica (las que se trabajan más en la escuela), pero hay que contemplar la espacial, la corporal-kinestésica, la intrapersonal, la intuitiva… Ellos utilizan toda esta paleta de inteligencias y lo hacen simultáneamente. Si sólo les transmitimos conocimientos a nivel verbal estamos desperdiciando sus capacidades. ¡Es extraordinario este proceso!

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¡…!

Hay antropólogos norteamericanos que están planteando que vamos por el camino de pasar del Homo sapiens al Homo noeticus (el hombre de conciencia).

Convendría.

Hemos observado que los fenómenos paranormales son frecuentes en estos niños: en juegos de clarividencia aciertan alrededor de un 70% sin entrenamiento, saben de antemano quién va a visitarles, contestan antes de que se les formule la pregunta y perciben los sentimientos de los demás.

¿Por qué el cambio en esta generación?

Hay una aceleración tecnológica obvia, aún así no es normal que todos los países estén viviendo una crisis educativa. Una de las teorías apunta a que estamos atravesando los umbrales de una nueva civilización.

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¿Y qué significa?

Que nacen niños con perfiles psicoemocionales ya modificados y pautas de aprendizaje diferentes. Requieren de nuevos paradigmas, un nuevo lenguaje, una nueva ética y pedagogía. Y la apertura de mente y corazón en las personas que les acompañan.

¿Qué propone?

Un cambio de mirada hacia la pedagogía que atienda a todos los niveles de desarrollo del ser humano, pero para conseguirlo es necesario que padres y educadores no estén estresados, también hay que ocuparse de su bienestar. A partir de ahí, introducir en los colegios herramientas biointeligentes.

¿En que consisten?

Prácticas pedagógico-terapéuticas de desarrollo integral que trabajen a la vez el cuerpo físico, mental, emocional y espiritual: contacto con la naturaleza, artes marciales, relajación y técnicas de aumento de la capacidad de percepción. Incorporar la música sistemáticamente; equilibrar lo práctico y lo cognitivo. Hay que aplicar los descubrimientos de la psicología a la pedagogía.

¿Y los hallazgos neurológicos?

También. Por ejemplo: los niños deben tener en la clase su botella de agua y beber cuando ellos quieran, no cuando diga la maestra, porque el agua ayuda a las conexiones neuronales. El movimiento ancla los pensamientos: por lo tanto no era ninguna tontería aprender las tablas de multiplicar cantando y moviéndose. Y como hay tanto que no conocemos, debemos confiar más en la inteligencia corporal. No se trata de estudiar más materias, sino con más sentido.

Por IMA SANCHÍS

Fuente: La Contra. La Vanguardia