“Competir atenta contra el aprendizaje”: Alfie Kohn experto en educación

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La escena es común: termina una competencia escolar y los participantes reciben un diploma o regalo simbólico, que los felicita por su participación. En un bando están los padres que celebran este gesto, pues creen que se trata de una estrategia para proteger el fortalecimiento de la autoestima de sus hijos. Pero no son pocos los apoderados que levantan la voz, alegando que premiar a todos es injusto hacia los que ganaron y que lo único que se consigue es que los pequeños no quieran dar lo mejor de sí.

Alfie Kohn –conferencista, académico, escritor y educador estadounidense conocido por sus controversiales puntos de vista sobre educación y paternidad– no está de acuerdo con ninguno de estos dos grupos. Desde su casa, en Boston, dice con ironía:

No quiero decir que darles premios a todos sea bueno; más bien me parece un poco inocuo; al final, no es más que una expresión de cariño. Si yo critico estas competencias y la entrega de premios es desde una mirada más profunda: es el concepto mismo de competitividad y esfuerzo a toda costa el que me parece negativo”.

¿Por qué afirma que la competitividad es nociva?

Lo que yo quisiera es ver más juegos cooperativos que competitivos. La competitividad como valor destruye las relaciones humanas, porque la idea que está en su base es que los demás son potenciales obstáculos para mi éxito. Esto crea desprecio hacia uno mismo, junto con incentivar la agresividad y estimular la trampa, el engaño, la estafa. Además, evita el surgimiento de conductas cooperativas, que a la larga se traducen en una mayor productividad. La gente rinde más y se siente mejor consigo misma cuando tiene éxito, pero además es parte de una comunidad en la que todos se apoyan.

Kohn, padre de dos hijos preadolescentes, está habituado a disparar hacia las bases mismas del sistema educativo occidental: los rankings de notas, que estimulan la competitividad entre instituciones, son uno de sus blancos favoritos. Por algo la revista Time lo calificó como “el más franco y abierto crítico de las notas, pruebas y tests” que hay en Estados Unidos. Columnista habitual de influyentes medios de comunicación, como The Washington Post y The Huffington Post, ha escrito más de una decena de libros sobre estos temas. Uno de los más conocidos es El Mito de las tareas, donde asegura que el hábito de enviar actividades para que los niños hagan en la casa, después del colegio, no refuerza los contenidos, como se cree, sino que solo consigue que los escolares pierdan interés en aprender.

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Kohn acaba de lanzar una nueva publicación: El mito del niño malcriado. Desafiando la sabiduría convencional sobre niños y paternidad, volumen en el que profundiza en la filosofía que le ha dado fama.

Quise escribir este libro –dice– porque hay un cúmulo de ideas sobre cómo son los niños y sobre cómo debieran ser enseñados, que no solo carece de respaldo científico, sino que además se basa en valores que son muy conservadores, como la evaluación excesiva del esfuerzo y la competencia.”

Kohn agrega que en Estados Unidos reina la idea de que los niños están recibiendo todo “demasiado fácil”, sin haber hecho suficiente trabajo ni haber sido tan persistentes.

Por esta razón, habría toda una generación de niños malcriados, consentidos, que no saben lo que es la frustración, a la que se evalúa como ‘vital’ para aprender a sobrevivir en este ‘mundo cruel’ ”, agrega.

Usted cuestiona el valor del trabajo duro como camino hacia el éxito. ¿Por qué?

En Estados Unidos, la última moda en educación es la necesidad de instalar la persistencia en los niños; para mí se trata de un sofrito de la antigua ética protestante sobre el valor del trabajo.

¿Qué le dice la palabra ‘meritocracia’?

Me parece muy difícil afirmar que alguien tuvo éxito sobre la base de sus méritos. En el caso de los niños, me parece peligrosa esta idea, porque, para forjar la creencia en su propio valor fundamental como personas, necesitan sentir apoyo incondicional, independientemente de sus ‘méritos’. ¿Estamos más preocupados de seleccionar a los mejores y ponerlos como ejemplo, o de que todo niño tenga acceso a una buena educación?

 Si estas ideas no tienen respaldo científico, ¿de dónde vienen?

El esfuerzo a toda costa es un punto de vista muy conservador, porque reproduce las instituciones y valores que tenemos hoy, en vez de estimular el cambio social. Por eso, al final de mi libro, invito a los adultos a ayudar a los niños a convertirse en lo que llamo ‘rebeldes reflexivos’; que se escandalicen por las cosas escandalosas, que hagan preguntas incómodas, aunque no sean bienvenidas por las autoridades.

En una de sus columnas en ‘The Washington Post’ asegura que hoy se habla de ‘educación de calidad’ sin que las partes involucradas se pongan de acuerdo sobre lo que eso significa. ¿Cómo define usted esta discusión?
Cada vez que hago una conferencia, tanto frente a padres como frente a educadores, pregunto: “¿Cómo quieren que los niños sean cuando adultos?”. Y siempre responden que quieren que sus hijos sean felices y éticos, independientes y compasivos; que sean pensadores críticos y creativos, que amen aprender. Pero, cuando les pido que comparen estas metas con las características de sus colegios, descubren una enorme brecha, una profunda desconexión. El sistema educativo no está enfocado en ninguno de estos valores. Lo que parece motivar a los colegios es alcanzar puntajes. Y esto hace que los niños odien la institución y duden de sus propias capacidades. Aprenden que el objetivo de conseguir buenas notas es ser mejor que el resto.

Pero esos mismos padres dirían que sí quieren tener a sus hijos en colegios que demuestran buenos resultados en los ‘rankings’.

Si los padres dicen eso es porque no han sido invitados a pensar en el efecto destructivo de las notas y las pruebas estandarizadas. La investigación científica demuestra de manera consistente que, cuando los alumnos son evaluados de esta manera, suceden tres cosas: tienden a estar menos interesados en el aprendizaje por sí mismos; escogen siempre el camino más fácil si tienen la opción (no porque sean flojos, sino porque son racionales) y tienden a tener un pensamiento más superficial. En vez de hacerse preguntas del tipo ‘¿estamos seguros de que esto es así?’ o ‘¿esto no se contradice con lo que vimos la semana pasada?’, preguntan ‘¿qué entra en la prueba?’. Pero la ironía más triste es que mucha gente que no sabe sobre pedagogía o educación –me refiero a políticos o altos ejecutivos– hablan sobre los rankings como indicadores de calidad, cuando justamente atentan contra la calidad en su sentido más profundo.

SOFÍA BEUCHAT
El Mercurio (Chile) GDA

Fuente: EL TIEMPO

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27 thoughts on ““Competir atenta contra el aprendizaje”: Alfie Kohn experto en educación

  1. Creo que el intento de superación es loable, la competición es contra uno mismo , el ir superando tramos y circunstancias es el aprendizaje de la vida en cualquier sentido , el premio es el reconocimiento al esfuerzo no en la humillación del vencido.

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  2. Tiene razón el experto cuando dice que la competencia crea la destrucción del otro: no se debe competir para ganarle al otro sino competir por aprender lo profundo de los saberes, todos deberíamos ir hacía allá y no a los puntajes, por que al final eso siempre serán puntajes desprovisto de muchas cosas que los seres humanos necesitamos aprender y principalmente a reflexionar.

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    1. ¿Oposición? Pues de la única manera manera que nos ofrecen, pero si hubiera otras, como en Finlandia, pues mejor. La mente estrecha siempre piensa que las limitadas posibilides que se le ofrecen son las únicas y mejores posibles. La mentalidad del esclavo es la mentalidad estrecha, la que piensa que la excelencia es resultado de competir, y no ve lo que realmente produce: miseria moral. Lo realmente triste es no aspirar a algo mejor.

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    2. Otra pregunta, cómo te has sentido?, estoy convencido que algunos se han sentido mal, pero al mismo tiempo el ego aumentó y así se irá, si compite y gana otra vez, el ego aumentará más y más y esto es lo peligroso.

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  3. El sistema educativo. Lleva a cabo las reforzas educativas sin tomar encuenta los puntos de vista de los maestros y sobretodo el contexto aparte ven al alumno como un numero sin ponerse a pensar k son personitas, muy inteligentes y sobretodo. Es un amor incondicional.

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  4. Puras generalidades como cualquier otro charlatán de la educación. Lo importante es hacerse de un nombre con declaraciones polémicas y sin sustento. Si hay algo que alienta al alumno a superarse es la competencia, eso lo hace interesante. Aquellos que propugnan por la tan traída y llevada enseñanza lúdica, ¿que no es la competencia algo que incentiva a los competidores a ser mejores? Tendríamos que prohibir los deportes de competencia a la hora del recreo como el futbol, voleibol, ajedres, entre otros, porque enseña al alumno a ser egoístas, pensar sólo en ellos mismos.

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    1. Cierto Erasmo que hay un afán latente por crecer, por ser más. Es indudable que los estímulos de competencia animar a desarrollar ese potencial. También hay estímulos de cooperación, y también desarrollan una inteligencia social. Hay muchos tipos de estímulos que invitan a ganar, a aumentar nuestra capacidad: ¡totalmente de acuerdo! Ahora bien, en el ser humano hay diferentes puntos de conexión y según los que son tocados, la reacción es distinta. Por ejemplo, veamos qué cosas y a dónde se dirigen:
      a) La publicidad se dirige a lo inconsciente y compulsivo…..presión
      b) La comparación y cometencia entre personas al ego…….lucha
      c) La colaboración y apoyo mutuo en el juego al equipo…..cooperar
      d) La búsqueda de solución entre iguales a la creatividad..contribuir
      e) La integración en un todo armonioso existente…………….paz.
      f) La exploración de otros puntos de vista a la empatía…….amistad
      g) La implicación de cuidar a lo vivo en el entorno al tacto…unidad.

      SImplemente ¡tenemos mucho trabajo que hacer a este respecto!

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    2. es importante separar cuatro elementos para no echar todo en un mismo saco: formacion,educación, didáctica y pedagogía. es posible utilizar la competencia como elemento didáctico para el desarrollo de los proceso de aprendizaje. en tanto al deporte es mas las personas que practican y desarrollan la actividad fisica sin ninguna carga de competencia mas que el cuidado del cuerpo. lo nefasto esta cuando los procesos pedagogicos estan basados en la competencia y no en la socializacion del conocimiento y el pensamiento, En nuestras sociedades la competencia va desde negar al otro hasta eliminarlo, eliminarlo a muerte

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  5. Hmmm… a mi me parece que la tan denostada Competencia es un factor fundamental en la naturaleza, tan poderoso y necesario como la cooperación. La cooperación es (a menudo) la base de la superviviencia y la competencia, la base de la evolución.

    La escuela es el lugar donde se imparten conocimientos básicos y estandarizados para que los niños se adapten a la sociedad en la que viven. También es el entorno social más importante después de la familia, por lo que debe ser coherente con los valores que (supuestamente) se cultivan en el entorno familiar, reforzarlos y, en algunos casos, extenderlos. Lo que NO es la escuela es un centro de “Amor” ni se debe delegar en ella la educación de los niños.

    La educación se da en casa. Punto. Las evaluaciones son precisamente eso, una medida de tu progreso. El problema no está en las notas sinó en cómo, los padres en primer lugar, las interpretamos.

    Los padres son los primeros que deberían inculcar el valor y el interés por el aprendizaje, porque cuando eso se da, las notas vienen de la mano.

    Es en casa donde se le tiene que enseñar al niño que los “fracasos” forman la parte más fundamental de todo aprendizaje y, lejos de sentirse humillados por ellos hay que enseñarles a extraer conocimiento de todos y cada uno de los errores que cometan. Y cómo sabran si se equivocan o no? Pues por los resultados. Sí los resultados.

    Ya que queréis niños con pensamiento crítico, enseñarles a comprender, analizar y positivizar sus resultados en lugar de negarlos o intentar suprimirlos.

    Queridos Padres, los niños no tienen problema alguno, sois vosotros los que tenéis que empezar a despreocuparos de que vuestro hijo parezca más “tonto” que el del vecino.

    Fin.

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  6. Como me gustaría que estos pedagogos teorícos se metieran en una clase (con una semana les bastaba) y aprendieran que sus teorías son imposibles de llevar a la práctica. Pero claro, es más fácil lanzar fantásticas y preciosas iniciativas que no dejan de ser utópicas.
    Bajen a la tierra de una vez teóricos.

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    1. Soy maestro, y tengo que decirle que sí que se puede aplicar la pedagogía de la cooperación. Otra cosa es que el maestro quiera y sepa cómo llevarlo a la práctica. Por su comentario, deduzco que no es el caso. Le recomiendo que abandone esa actitud negacionista y se forme para ello. Lea, busque, estudie y verá que existen otros horizontes distinos a lo tradicional. Un saludo.

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  7. Resueno con abolir escenarios que alienten la competitividad y promover más aquellos de trabajo cooperativo, en grupo donde todos y cada uno aprecien sus valores, sus fortalezas…y así aprender a contar con los otros desde lo que realmente son y a respetarnos en la diferencia!

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  8. El mundo se ha construido a partir de la compwtencia desde q surge el hombre este ha sido competente con su semejante con su entorno creer q es nocivo seria matar la finalidad y el exito en el comercio como para nombrar un ejemplo. De q manera un joven buscaria la superacion si no hay una fuente que lo mitive a ser mejor. No creo en estos postulados mejor seria oportuno de establcer metodos para ejercer una competencia sana

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